Terapia basada en la Mentalización: ¿qué es y cómo nos ayuda?

La terapia basada en la mentalización es un tipo de terapia diseñada para el abordaje del trastorno límite de la personalidad. Esta fue diseñada en base a los hallazgos obtenidos en campos como el psicoanálisis, la teoría del apego y las neurociencias.

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El Trastorno Límite de la Personalidad (TLP) es un tipo de psicopatología cuya característica definitoria es la inestabilidad emocional. Las personas que la sufren poseen un pobre control de los impulsos, dificultades en referencia a su propia identidad e importantes problemas relacionales y de conducta.

El abordaje del TLP constituye todo un reto para la psicología, pues los pacientes con este diagnóstico a menudo muestran una respuesta pobre al tratamiento. Añadido a esto, es importante tener en cuenta que se trata de una condición crónica, donde es habitual la aparición de episodios de crisis y reagudizaciones. Es frecuente que estas personas abusen de todo tipo de sustancias, muestren conductas impulsivas e intentos de suicidio.

Por todo ello, este problema de salud mental consume una gran cantidad de recursos sanitarios, y aún con todo es inimaginable el sufrimiento de los pacientes con TLP y sus respectivas familias. En referencia a las alternativas de tratamiento disponibles para estas personas, cabe señalar que los fármacos no resultan suficiente.

Estos parecen mostrar una eficacia muy limitada, y en el mejor de los casos solo permiten un control superficial de los síntomas. Por esta razón, la psicoterapia es considerada en la actualidad el tratamiento de elección. Esta es la única forma de lograr un control del trastorno a medio y largo plazo, que permita estabilizar a los pacientes y mejorar su calidad de vida.

No obstante, existen muchas terapias psicológicas diferentes, siendo algunas diseñadas específicamente para el tratamiento del TLP. Una de ellas es la conocida como Terapia Basada en la Mentalización (TBM). En este artículo vamos a hablar acerca de esta terapia, en qué consiste y cómo puede ayudar a los pacientes que sufren TLP.

¿Qué es la terapia basada en la mentalización?

La TBM es una propuesta terapéutica pensada para personas con TLP, que fue desarrollada por Peter Fonagy y Anthony Bateman. Esta terapia fue desarrollada combinando los hallazgos obtenidos en campos como las neurociencias, el psicoanálisis y el apego. Uno de los pilares básicos que sustentan este modelo es la Teoría del Apego de Bowlby.

De acuerdo con este psicólogo inglés, el apego es una vinculación afectiva intensa, duradera, que se forma entre dos personas como resultado de una interacción recíproca y que tiene como fin mantener la proximidad para garantizar la seguridad, el consuelo y la protección. El apego comienza desde los primeros momentos de la vida, y lo hace a partir de conductas reflejas que posteriormente aumentan en complejidad.

Cuando se forma un vínculo de apego adecuado, existe una certeza de que la otra persona está ahí de forma incondicional, creándose así el terreno para que surja el amor y la comunicación. Todo este proceso tiene un correlato cognitivo, ya que cuando establecemos una relación de apego con otra persona construimos un modelo mental de esa relación, donde queda plasmada una representación de esa figura de apego y de cómo esta nos percibe a nosotros.

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Antecedentes y marco teórico de la TBM

Es más que conocido el trabajo de Mary Ainsworth con su diseño de la llamada “situación extraña”, por la que esta identificó tres patrones de vinculación distintos: seguro, inseguro-evitativo e inseguro-ambivalente. A partir de este brillante hallazgo otros autores posteriores indagaron más en el campo del apego, como fue el caso de Alan Sroufe.

Este autor realizó estudios en la década de los setenta que le permitieron relacionar el apego seguro con ciertas capacidades, como la tolerancia a la frustración, la flexibilidad o la auto-regulación emocional. De la misma manera, los niños con apegos ambivalentes tendían a ser mucho más inestables emocionalmente, con frecuentes episodios de pérdida de control e irritabilidad. Así, Sroufe concluyó que el apego en la infancia es crítico, ya que este se encuentra conectado con el desarrollo de importantes funciones importantes para relacionarnos con los demás y encontrarnos bien psicológicamente.

Tiempo después de que Ainsworth realizará sus trabajos en torno a la “situación extraña”, su discípula Mary Main replicó este estudio, aunque detectó que un porcentaje de niños sentían una angustia desmedida al separarse de su madre. Paradójicamente, cuando sus madres regresaban, los pequeños vacilaban y no sabían cómo actuar, mostrando conductas extrañas y poco comprensibles. Tras indagar al respecto, se descubrió que estos niños sufrían malos tratos físicos o psicológicos por parte de sus padres, por lo que sentían terror ante figuras que debían ser protectoras para ellos. Todo esto dio pie a la formación de un apego peculiar, que Main denominó desorganizado.

Main llegó a desarrollar, junto a su equipo, un instrumento para evaluar la calidad del apego en personas adultas: La entrevista de Apego Adulto (AAI). Los estudios que se llevaron a cabo con esta entrevista permitieron observar que, en aquellas personas con TLP, la prevalencia de apego inseguro tipo desorganizado era mucho mayor que en los adultos sin este trastorno.

¿Y qué tiene que ver todo esto con eso que llamamos “mentalización''? Lo cierto es que aquellas personas que se han podido vincular de forma segura con sus figuras de referencia son más hábiles a la hora de comprender sus pensamientos, emociones y representaciones mentales. En otras palabras, son más capaces de llevar a cabo eso que llamamos mentalización.

La mentalización se puede definir como la capacidad de comprender nuestros estados mentales y los de los demás (intenciones, pensamientos, deseos, creencias…), lo que nos permite predecir las conductas ajenas y propias. Mentalizar tiene que ver con comprender que quienes nos rodean no son meros objetos, sino individuos con mente y estados mentales propios.

Ser capaces de mentalizar es esencial para poder relacionarnos adecuadamente con los demás. Sin embargo, es fundamental tener en cuenta que no es una habilidad innata, pues como venimos diciendo su desarrollo depende de la calidad del apego que hayamos tenido. Así, es mediante nuestras relaciones tempranas con las figuras de cuidado que aprendemos a mentalizar. Esta habilidad es clave para empatizar, ponernos en la posición del otro, hacernos una idea de cómo nos perciben los demás y afrontar todo tipo de situaciones cotidianas.

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Mary Ainsworth.

El TLP según la TBM

De acuerdo con los creadores de esta terapia y en la línea de lo que venimos comentando, un sistema de apego inseguro es un importante factor de riesgo que, en interacción con diversos estresores, puede desencadenar el origen del TLP. Las personas límite pueden ver comprometida su capacidad para comprender los estados mentales en aquellos momentos en los que se produce una elevada activación emocional.

Esto sucede con frecuencia en el marco de los vínculos de apego intensos, especialmente si se han producido acontecimientos de carácter traumático en la historia de vida del paciente. Ambos autores sugieren que los problemas para mentalizar en las personas límite pueden ser simplemente el resultado de una estrategia aprendida en la infancia para paliar el dolor.

Cuando esa figura que debe cuidar y proteger genera terror, conectar con sus estados mentales puede resultar contraproducente. Por tanto, no parece descabellado pensar que las personas con TLP experimentan estas dificultades emocionales debido a una infancia dolorosa y traumática a la que tuvieron que aprender a sobrevivir.

¿Cómo puede ayudar la TBM a las personas con TLP?

En la línea de toda esta lógica, la TBM propone, en términos generales, ayudar a los pacientes límite mediante el entrenamiento de la capacidad de mentalización en un contexto de apego seguro, y de alguna forma “reparar” esa estrategia aprendida de desconexión emocional con el otro. Los déficits en esta habilidad conllevan problemas interpersonales y sociales, elevados niveles de impulsividad, inestabilidad emocional y conductas autodestructivas hacia uno mismo y los demás.

La TBM debe ser siempre llevada a cabo por un profesional cualificado, que tratará de ayudar a su paciente a lograr diferentes metas:

  • Lograr que el paciente tenga una mejor comprensión de sus estados mentales.
  • Mejorar la regulación emocional y de la conducta.
  • Favorecer el control de los impulsos
  • Entrenar las habilidades sociales con el fin de establecer vínculos saludables y gratificantes con otras personas.
  • Aclarar e identificar propósitos vitales.
  • Ayudar al paciente no sólo a sentir que tiene el control de su vida, sino también un deseo por construir la vida que desea y sentirse feliz.
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Conclusiones

En este artículo hemos hablado acerca de la TBM una terapia diseñada para el abordaje del TLP, un problema de salud mental que suele mostrar una pobre respuesta al tratamiento farmacológico y las terapias psicológicas más tradicionales. La TBM se presenta como una alternativa interesante que se ha elaborado a partir de los hallazgos de ámbitos muy diversos, como el apego, el psicoanálisis y las neurociencias.

La terapia tiene como pilar central la teoría del apego de Bowlby, pues considera que los primeros vínculos con las figuras de cuidado son esenciales para el desarrollo emocional de la persona. Estudios realizados al respecto han detectado que el apego desorganizado es más habitual en pacientes con TLP que en la población adulta general. Al mismo tiempo, se conoce que las personas con este trastorno encuentran dificultades para comprender sus estados emocionales y los de los demás en algunos momentos, una habilidad conocida como mentalización.

La mentalización es una habilidad que se adquiere cuando se conecta emocionalmente con las primeras figuras de apego, por lo que los niños que se vinculan de manera insegura con sus progenitores pueden encontrar grandes obstáculos para desarrollarla. Por todo ello, la TBM se ofrece como una terapia que puede ayudar a las personas límite a entrenar su capacidad de mentalización en el marco de una relación de apego seguro con el terapeuta.

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