¿De qué color es un espejo?

Puede parecer que los espejos no tienen ningún color, pero lo cierto es que son ligeramente verdes. Exploremos la naturaleza del color y la ciencia detrás de los espejos.
De qué color es un espejo

El espejo tal y como lo entendemos hoy en día tiene su origen hace unos 200 años en Alemania. Es indudable que forman parte de nuestra vida en más aspectos de los que, por lo acostumbrados que estamos a ellos, podemos imaginar.

Pero, pese a ello, seguro que hay una pregunta que alguna vez te has hecho. Y es que si todos los objetos tienen asociado uno o varios colores, ¿de qué color es un espejo? Tal vez, la respuesta más lógica parece la de “no tiene color”, pues simplemente refleja la luz, pero lo cierto es que sí tienen: son ligeramente verdes.

Es verdad que los espejos son, en realidad, del color de aquello que reflejan, pero la ciencia detrás del color y de estos espejos da para mucho más. Y sumergirnos en un viaje por la naturaleza del color en los espejos será, como verás, fascinante.

En el artículo de hoy, además de entender exactamente cuál es la física detrás de los colores y de la luz, analizaremos por qué los espejos son, por sorprendente que parezca la afirmación, de color verde. Vamos allá.

Ondas electromagnéticas, luz y color: ¿quién es quién?

Antes de entrar en el tema de los espejos, es importantísimo (e interesante) que comprendamos la ciencia detrás del color de los objetos. Y para ello, debemos hablar de tres conceptos clave: ondas electromagnéticas, luz y color. Veamos, pues, quién es quién.

1. Un Universo de radiaciones electromagnéticas

Toda la materia está compuesta de átomos y partículas subatómicas en un constante movimiento (excepto en el cero absoluto de temperatura, que es de -273,15 °C) que será mayor o menor dependiendo de su energía interna. Y fruto de esta energía, habrá una temperatura. Por lo tanto, a mayor movimiento de partículas, más temperatura.

Y en este sentido, todos los cuerpos con materia y temperatura asociada (que es, en esencia, toda la materia bariónica del Universo) emiten alguna forma de radiación electromagnética. Absolutamente todos los cuerpos (y nos incluimos) emiten al espacio unas ondas que se propagan por él. Y dependiendo de la energía del cuerpo, estas ondas serán más o menos estrechas. Y aquí empezamos a ligar cosas.

Un cuerpo muy energético emite ondas de frecuencia muy alta y longitud de onda muy baja (las crestas de cada ola están muy juntas), mientras que uno poco energético emite ondas de frecuencia muy baja y longitud de onda muy alta (las crestas de cada ola están muy separadas). Y esto permite ordenar las ondas en lo que se conoce como espectro de radiación electromagnética.

En el espectro electromagnético se ordenan las distintas ondas dependiendo de su longitud de onda. A la izquierda tenemos las de alta longitud (y baja frecuencia), que son las menos energéticas: ondas de radio, microondas e infrarroja (la que emite nuestro cuerpo). Y a la derecha tenemos las de baja longitud (y alta frecuencia), que son las más energéticas y, por lo tanto, peligrosas (potencialmente cancerígenas), como la luz ultravioleta, los rayos X y los rayos gamma.

Sea como sea, lo importante es que tanto las que están a la izquierda como las que están a la derecha, tienen una característica en común: son ondas no asimilables para nuestro sentido de la vista. Es decir, no pueden verse. Pero justo en el centro del espectro sucede la magia: tenemos el espectro visible.

Ondas electromagnéticas

2. El espectro visible y la luz

Las radiaciones del espectro visible son ondas emitidas por los cuerpos que brillan con luz propia (como una estrella o una bombilla) y que, gracias a sus condiciones de energía interna, emiten unas ondas con la longitud de onda justa como para ser perceptibles para nuestros ojos.

El espectro visible va desde longitudes de onda de 700 nm hasta los 400 nm. Todas aquellas ondas con una longitud dentro de este rango serán captadas por nuestro sentido de la vista. Estas ondas pueden venir tanto de una fuente que genera luz como, lo más habitual, de un objeto que las hace rebotar. Y aquí ya lo estamos ligando con los espejos. Pero no nos adelantemos.

De momento, tenemos unas ondas lumínicas con una longitud de entre 700 y 400 nm que, tras atravesar las distintas estructuras que conforman nuestros ojos, se proyectan sobre la retina, la parte más posterior del ojo. Ahí, gracias a la presencia de los fotorreceptores, las neuronas convierten la información lumínica en un impulso eléctrico interpretable para el cerebro. Y así es como vemos.

Pero, ¿toda la luz es igual? No. Y aquí viene la magia del color. Dependiendo de la longitud de onda exacta dentro de este intervalo de 700-400 nm, nuestros fotorreceptores se excitarán de una forma u otra, lo que nos llevará a ver un color u otro. Hablemos, pues, del color.

Espectro visible

3. ¿De dónde viene el color de lo que vemos?

Llegados a este punto, ya tenemos claro que el color es luz y que la luz es, básicamente, una onda electromagnética. Y es dentro del intervalo de longitud de onda de 700-400 nm del espectro visible que están, en esencia, todos los colores. Dependiendo de la longitud de onda exacta dentro de este rango, nuestros ojos percibirán un color u otro.

Los objetos tienen color porque emiten (si brillan con luz propia) o absorben (ahora entenderemos esto) radiaciones electromagnéticas del espectro visible. Y dependiendo de la longitud de onda, serán percibidos por nuestros ojos como amarillo, verde, rojo, azul, violeta, blanco, negro y, básicamente, los más de 10 millones de matices que puede captar el sentido de la vista.

El rojo corresponde a los 700 n, el amarillo a los 600 nm, el azul a los 500 nm y el violeta a los 400 nm, aproximadamente. El origen del color de los objetos que brillan con luz propia es muy sencilla: tienen ese color porque emiten ondas con la longitud de onda propia de ese color. Pero esto no es lo que nos interesa. Lo que nos interesa hoy, al hablar de espejos, son aquellos objetos que no emiten luz propia, sino que la reflejan y la absorben.

En la superficie de dichos objetos (incluidos los espejos) se refleja la luz visible emitida por un cuerpo que sí que brilla. Los vemos porque la luz incide sobre ellos y sale rebotada hasta nuestros ojos, lo que nos permite captar la luz. Y es justo en este “rebote” que está la magia del color.

Nosotros vemos el color que el objeto no es capaz de absorber. Vemos la longitud de onda que ha salido reflejada hacia nuestros ojos. Si una lata de refresco es verde, es verde porque es capaz de absorber todo el espectro visible excepto las longitudes de onda del verde, que es de unos 550 nm (entre el amarillo y el azul).

E, importante, un objeto es blanco cuando refleja todas las longitudes de onda. El blanco, pues, es la suma de todo el espectro visible. Toda la luz sale reflejada hacia nuestros ojos. Y, en cambio, un objeto es negro cuando absorbe todas las longitudes de onda. El negro es la ausencia de luz. Ninguna radiación del espectro visible sale reflejada. Y esta es, en esencia, la ciencia detrás del color. Ahora estamos más que listos para hablar, por fin, de los espejos.

Color

¿Por qué los espejos son de color verde?

Si acabas de leer el último punto anterior, seguramente ha llegado una pregunta a tu cabeza: si los espejos reflejan toda la luz que incide sobre ellos, ¿por qué no son blancos? ¿Qué diferencia a un espejo de una camiseta blanca? Básicamente, el modo en el que reflejan la luz.

Mientras que una camiseta blanca y cualquier otro objeto (excepto los que tienen propiedades de espejo) experimentan una reflexión difusa (la luz se refleja en muchas direcciones), los espejos experimentan una reflexión especular.

Es decir, en los espejos, la reflexión no se produce de forma difusa (que es lo que hace que, al final, todo se combine en un único color blanco por unión de todas las longitudes de onda), sino que la luz, al incidir y salir rebotada, por las propiedades físicas del espejo, se organice sin perder la configuración con la que llegó.

Es decir, en un espejo, las longitudes de onda no salen reflejadas de forma dispersa, sino que lo hacen en el mismo ángulo en el que llegaron. La reflexión especular permite que a nuestros ojos llegue una imagen reconstruida del objeto que está delante de la superficie del espejo.

Por lo tanto, los espejos pueden entenderse como “un blanco que no se mezcla” gracias a su estructura física y composición química. Los espejos consisten en una delgada capa de plata o aluminio que se deposita sobre una plancha de vidrio de silicio, sodio y calcio que protege al metal.

Y es justo esta mezcla de materiales lo que explica que, a pesar de que técnicamente sean “blancos”, pues reflejan toda la luz que incide sobre ellos, sean, en realidad, ligeramente verdes. La plata, el silicio, el sodio y el calcio dan al espejo unas propiedades químicas que hacen que, aunque sea de forma ligera, tenga tendencia a absorber menos las longitudes de onda propias del verde, que ya hemos dicho que son de, aproximadamente, entre 495 y 570 nm.

En otras palabras, los espejos reflejan mejor el verde que el resto de colores, por lo que sí que son ligeramente verdes. Esto solo puede llegar a percibirse en los espejos infinitos, donde vemos que la imagen, con infinitos reflejos sobre sí mismos, cada vez se va haciendo más verde, pues refleja más y más luz de esta longitud de onda propia del color verde. Ningún espejo refleja el 100% de la luz que incide sobre él. Por ello, es natural que haya un color (el verde) que refleje mejor que otros que absorbe más.

Espejos verdes
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