Los 8 tipos de antígenos (y su origen)

Los antígenos son todas aquellas sustancias que son capaces de desencadenar una respuesta inmunitaria de neutralización de los mismos. Veamos qué clases de antígenos existen dependiendo de su origen.

Tipos antígenos

Nuestra casa, la calle, un parque, el metro… Cualquier ambiente en el que nos encontremos está plagado de millones de patógenos. A todas horas estamos sufriendo el ataque de bacterias, virus y hongos que están diseñados evolutivamente única y exclusivamente para infectarnos. Y si no enfermamos con más frecuencia es porque disponemos de una de las máquinas más perfectas de la naturaleza.

Estamos hablando, evidentemente, del sistema inmunitario. El conjunto de órganos, tejidos y células especializadas en detectar y neutralizar todas aquellas amenazas que, viniendo generalmente del exterior pero pudiendo también nacer en nuestro interior, pueden provocar problemas en nuestra salud. El sistema inmune es nuestra fortaleza. Nuestras defensas. Nuestra protección ante un mundo lleno de peligros microscópicos.

Y en este contexto, toda respuesta inmune de eliminación de un peligro empieza por la detección, por parte de unos linfocitos (también conocidos como glóbulos blancos) concretos, de unas moléculas propias del germen o de la sustancia química dañina que ha entrado en nuestro cuerpo y que se conoce como antígeno. El desencadenante de la respuesta inmune.

Pero, ¿qué es exactamente un antígeno? ¿Todos son iguales? ¿Cómo despiertan la respuesta de las células inmunitarias? Si quieres encontrar la respuesta a esta y otras muchas preguntas, estás en el lugar adecuado. En el artículo de hoy y de la mano de las más prestigiosas publicaciones científicas que puedes consultar en la sección de referencias, entenderemos qué son los antígenos y, sobre todo, veremos cómo se clasifican en función de su origen.

¿Qué son los antígenos?

Un antígeno es toda aquella sustancia o fragmento molecular que, una vez en nuestro cuerpo, despierta una respuesta inmunitaria de neutralización del mismo. En este sentido, los antígenos son los elementos químicos o biológicos que pueden ser reconocidos por los receptores del sistema inmune adaptativo, aquel que, siendo conocido también como inmunidad específica, se va desarrollando con el tiempo, pues no nacemos con ella. Depende de la exposición a los susodichos antígenos.

Por lo tanto, un antígeno es cualquier sustancia química que, viniendo del exterior (ante una infección por una bacteria, por ejemplo) o surgiendo en nuestro propio interior (como sucede con las células cancerosas), consiste en una molécula o fragmento de molécula extraña para el cuerpo y que despierta los mecanismos de la reacción inmunitaria.

A día de hoy, pese a que tradicionalmente se haya considerado como antígeno a toda aquella sustancia que se une específicamente a un anticuerpo (un tipo de inmunoglobulina sintetizada por los linfocitos como respuesta a la presencia de un antígeno para así desencadenar los mecanismos de neutralización y confiriendo inmunidad tras una primera exposición), los antígenos son definidos como aquellos elementos generalmente proteicos que pueden ser reconocidos por los receptores antigénicos de los linfocitos B y T.

Cada patógeno (que lo podemos extrapolar a sustancias químicas, polen, toxinas, etc) tiene, en su superficie celular, unas moléculas que le son propias. Algo así como una “huella dactilar”. Y estas proteínas presentes en su membrana que son específicas de dicho germen son los antígenos. Unas moléculas extrañas para el cuerpo.

Antígenos qué son

Y los linfocitos, que están patrullando la sangre, en cuanto detectan estos antígenos (no pueden reconocer al patógeno en su plenitud, sino que se tienen que enfocar en estas sustancias que conforman su huella dactilar) extraños, disparan la respuesta inmune. Una respuesta inmune que, si bien puede ser “a ciegas” si es la primera vez que se encuentra con ese antígeno y será lenta ya que no tendrá, entre sus archivos, la información para producir en masa anticuerpos concretos, si ya hemos sido expuestos a ese germen (por una infección en el pasado o porque estamos vacunados), será rápida porque el sistema inmune recordará ese antígeno y lo neutralizará rápidamente (porque ya tiene anticuerpos, no tiene que crearlos después de estudiarlo), sin dar tiempo a que enfermemos.

En este sentido, los “principios activos” de las vacunas son los antígenos, pues su administración despierta la inmunidad frente a un patógeno sin necesidad de una verdadera exposición al germen en cuestión. Nuestro sistema inmunitario genera anticuerpos contra un patógeno porque se expone a los antígenos, creyendo que la infección es real. Y gracias a ello, somos inmunes en el futuro. En esta misma línea, los (por desgracia) célebres tests de antígenos de, por ejemplo y como todos sabemos, el COVID-19 se basan en detectar la presencia en el cuerpo de estos antígenos del coronavirus para diagnosticar la infección vírica.

En resumen, los antígenos son sustancias o fragmentos de moléculas específicos de una bacteria, virus, parásito, hongo, toxina o sustancia química específica que es extraña para el cuerpo y que, ante la posibilidad de representar una amenaza para el organismo, despierta los mecanismos inmunitarios del cuerpo. Los linfocitos escanean este antígeno y, en caso de que ya lo conozca, generará los anticuerpos cuya información de síntesis está “almacenada en sus archivos”, permitiendo una neutralización rápida del peligro; mientras que si no lo conoce, tendrá que estudiarlo y sintetizar los anticuerpos específicos, consiguiendo una inmunidad para posteriores exposiciones pero dando generalmente tiempo a que el germen en cuestión nos haga enfermar. En esto se basa, en muy resumidas cuentas, la respuesta inmune y el papel de los antígenos. Nuestra diana a la hora de reconocer y eliminar amenazas.

Anticuerpo antígeno unión

¿Cómo se clasifican los antígenos?

La parte más complicada de todo esto era entender qué son los antígenos, pues todo lo que tiene que ver con inmunología es bastante complejo. Esperamos que hayamos cumplido con nuestro propósito, pero te recordamos que tienes artículos científicos en la sección de referencias para aumentar tus conocimientos.

Sea como sea, pasemos ahora a la parte más agradecida, que es ver qué clases de antígenos existen. Y es que aunque al final todos despierten una respuesta inmune y sean los antagonistas de los anticuerpos, dependiendo de su origen existen diferentes tipos. Veamos las propiedades de cada uno de ellos.

1. Antígenos exógenos

Los antígenos exógenos son todos aquellos que proceden del medio externo, habiendo sido introducidos en el cuerpo a través de ingestión, inhalación, inyección o por una herida. Aquí se incluyen, evidentemente, aquellas proteínas de la superficie celular de bacterias, virus, hongos o parásitos que han entrado en el organismo por un proceso de infección, además de sustancias químicas extrañas, toxinas, polen...

Antígenos exógenos

2. Antígenos endógenos

Los antígenos endógenos son aquellos que no proceden del ambiente, sino que han sido generados en el interior de una célula de nuestro cuerpo. Esto puede suceder tanto como consecuencia del metabolismo celular anómalo que genera unas moléculas extrañas para la propia célula y para el cuerpo como por una infección viral intracelular (recordemos que los virus son los únicos gérmenes que penetran al interior de la célula, “secuestrando” su metabolismo). La detección de estos antígenos estimula una reacción inmune basada en provocar la apoptosis de la célula que ha generado estos antígenos. Es decir, matamos a la célula porque esos antígenos son extraños.

3. Autoantígenos

Los autoantígenos son aquellos que, siendo exógenos o endógenos, no despiertan, en condiciones normales, una respuesta inmune. En otras palabras, son sustancias que, en personas sanas, no son reconocidas por los linfocitos ni generan reacciones inmunitarias, pero en pacientes con alguna enfermedad autoinmune, sí que se convierten en antígenos propiamente dichos. Cuando, por ejemplo, nuestro sistema inmune ataca a la glándula tiroides es porque está procesando, como moléculas extrañas, a proteínas presentes en esta glándula.

4. Antígenos tumorales

Los antígenos tumorales son aquellos que se encuentran en la superficie de células propias de un tumor o de un cáncer. Son, como sucede con los procesos tumorales, fruto de una mutación genética. Los linfocitos T citotóxicos detectan estos antígenos tumorales y destruyen a la célula portadora de los mismos antes de que prolifere y se convierta en cáncer.

Antígenos tumorales

5. Antígenos nativos

Un antígeno recibe el nombre de “nativo” cuando mantiene su forma original ya que todavía no ha sido procesado por las células presentadoras de antígenos (CPAs), aquellos glóbulos blancos que son los que toman los antígenos por endocitosis o fagocitosis y los descomponen en fragmentos para así mostrarlos a los linfocitos T y empezar, ahora sí, la respuesta inmune. Los nativos, pues, son antígenos crudos. No pueden ser detectados por los linfocitos T (estos necesitan que las CPAs los procesen), pero sí por los linfocitos B.

6. Antígenos T-dependientes

Los antígenos T-dependientes son aquellos que, como su propio nombre indica, estimulan a los linfocitos T. Son de naturaleza generalmente proteica y para generar anticuerpos específicos contra ellos deben ser procesados por las CPAs para así ser presentados a los linfocitos T CD8+ y T CD4+ y conseguir tanto inmunidad como una neutralización del germen o sustancia portador de dicho antígeno.

7. Antígenos T-independientes

Los antígenos T-independientes son aquellos en los que, para generar anticuerpos específicos, no necesitamos, como su nombre indica, a los linfocitos T. Consistiendo generalmente en polisacáridos, estos antígenos son presentados directamente a los linfocitos B, los glóbulos blancos que funcionan como una fábrica de anticuerpos.

8. Antígenos inmunodominantes

Un patógeno tiene, en su superficie celular, muchas proteínas específicas distintas. Tiene, pues, muchos potenciales antígenos. Pero siempre hay uno que domina sobre el resto. Estamos hablando de los antígenos inmunodominantes, aquellos que dominan sobre los demás antígenos de un mismo patógeno a la hora de desencadenar una respuesta inmunitaria. Los linfocitos se centran generalmente en un antígeno determinado, aunque bien es cierto que ante determinados parásitos pueden hacerlo sobre un grupo relativamente grande de antígenos. Pero lo habitual es que haya uno dominante.

Antígenos dominantes
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