Antivirales: ¿qué son y cómo funcionan?

Los antivirales son medicamentos que, a diferencia de los antibióticos, son capaces de tratar infecciones víricas.
Antivirales

Nos empieza a picar la garganta. Unas décimas de fiebre. Sentimos dolor al tragar. Cuando vamos al médico a que nos diga qué nos pasa, básicamente pueden ocurrir dos cosas. O que nos diga que tenemos una infección bacteriana o bien una vírica.

En caso de que sea una población de bacterias lo que está creciendo en nuestra garganta, lo más probable es que nos recete un antibiótico que iremos consumiendo y que hará que los patógenos empiecen a desaparecer rápidamente.

Si, por lo contrario, el médico ha determinado que la infección ha sido causada por un virus, lo que nos dirá es que vayamos a casa y esperemos que la enfermedad remita por sí sola. Como mucho nos recomendará tomar antiinflamatorios para aliviar los síntomas.

Los virus y los antivirales

¿Por qué no nos receta nada? ¿No sirven los antibióticos? Un virus es una partícula infectiva muy distinta al resto de los patógenos (ya sean bacterias o hongos), su fisiología y su mecanismo de acción es muy diferente.

Los medicamentos y los antibióticos están diseñados para afectar a alguna de las partes de la anatomía o metabolismo de las bacterias. Pero un virus, como veremos a continuación, no se parece a una bacteria. Los antibióticos no les hacen absolutamente nada.

Además, son resistentes a la práctica totalidad de medicamentos que existen. Normalmente, la única manera de superar una enfermedad vírica es dejar que nuestro propio sistema inmune la combata. Por ello, la mayoría de enfermedades que causan más estragos son las víricas.

Sin embargo, afortunadamente sí que hay algunos fármacos que son útiles para tratar enfermedades víricas. Estamos hablando de los antivirales, unos medicamentos que han salvado la vida a millones de personas.

En este artículo veremos qué son estos antivirales, cómo actúan y en el tratamiento de qué enfermedades víricas han sido más importantes.

¿Por qué los virus son resistentes a los medicamentos?

Los virus son, ya que aún no está claro si hay que considerarlos seres vivos o no, agentes infecciosos que necesitan parasitar a otros organismos para completar su ciclo de “vida”. A grandes rasgos, un virus es material genético rodeado de una cubierta de proteínas que lo protege y que tiene la capacidad de replicarse única y exclusivamente en el interior de otras células, ya sean de animales, plantas, hongos e incluso bacterias.

Una vez en su interior, el virus empieza a replicarse a gran velocidad, provocando daños en su hospedador a medida que aumenta su población. Es en este punto en el que empezamos a notar los síntomas de la enfermedad, los cuales dependerán del tipo de virus y de la zona del cuerpo que haya colonizado: garganta, pulmones, órganos sexuales…

Se trata, pues, de patógenos intracelulares. Y esto es precisamente lo que hace que, por un lado, su sintomatología tienda a ser grave y, por otro lado, que sean resistentes tanto a la acción de nuestro sistema inmune como a la mayoría de medicamentos.

Las bacterias y los hongos son patógenos que nos infectan pero que, por su tamaño, no pueden penetrar nuestras células. Por lo tanto, están más “expuestos” y el sistema inmune no se encuentra con tantos obstáculos para destruirlos. Además, los medicamentos y los antibióticos pueden actuar fácilmente y dañarlos lo suficiente para que la población vaya desapareciendo.

Un virus, en cambio, es mucho más pequeño que estos dos gérmenes y sí que puede entrar en las células de nuestros órganos y tejidos. Una vez ahí dentro, el virus está “camuflado”. El sistema inmune lo tiene más complicado para detectarlo y, además, una vez lo ha hecho, si quiere neutralizarlo, tiene que matar a una célula de nuestro cuerpo. No puede acceder al virus sin destruir las células en las que ha entrado. Y esto a veces no es rentable para el organismo.

Y no solo eso, pues al estar protegidas en el interior de las células, los medicamentos no pueden acceder. Pero es que aunque pudieran acceder, los virus son partículas tan extremadamente resistentes que ni los fármacos ni mucho menos los antibióticos les causan daño.

Por ello, cuando un médico nos diagnostica una enfermedad vírica, lo más probable es que diga que no hay tratamiento y que hay que esperar que nuestro cuerpo la resuelva por sí sola. De todos modos, hay excepciones, pues para algunos tipos de virus concretos sí que disponemos de fármacos que ayudan a combatir las enfermedades que provocan.

¿Qué son los antivirales?

Los antivirales son medicamentos que se usan como tratamiento para algunas enfermedades víricas. Estos fármacos no matan a los virus, pero consiguen que dejen de replicarse o reducen la sintomatología de la enfermedad.

Por lo tanto, técnicamente no curan la enfermedad. No puede matarse a algo que no está vivo. Sin embargo, sí que pueden servir para frenar el desarrollo de la enfermedad y para que los daños causados por el patógeno sean más leves.

Igual que sucede con los antibióticos, para cada tipo de virus hay un antiviral específico, que pueden ser consumidos en forma de pastilla, polvo, intravenosa (por inyección), inhalación, etc. Solo pueden conseguirse con receta médica.

Existen muchos antivirales distintos. Por ejemplo, el zanamivir y el peramivir son fármacos que ayudan a tratar la gripe de forma bastante efectiva, permitiendo que el cuerpo resuelva la enfermedad más rápidamente y sin una sintomatología tan molesta.

Que la gente ya no muera de SIDA es gracias a los antivirales. Esta enfermedad es crónica ya que no podemos matar al virus, pero los antivirales sí que permiten que dejen de replicarse. Así, mantenemos a raya al virus e impedimos que la infección por VIH derive en la enfermedad del SIDA.

Otras enfermedades víricas como el herpes (labial o genital) y la hepatitis B y C pueden ser tratadas de forma más o menos efectiva mediante antivirales.

Entonces, ¿por qué no hay más antivirales en el mercado?

Los antivirales son extremadamente útiles para tratar enfermedades víricas, tanto evitando su desarrollo como aliviando los síntomas. Sin embargo, la situación en la que dispongamos de antivirales para todos los virus humanos se antoja, al menos de momento, imposible.

La investigación en este campo y el desarrollo de nuevos antivirales es complicado. En primer lugar, porque el fármaco debe estar específicamente diseñado para un virus concreto (por ejemplo, el del VIH), por lo que se debe estudiar en profundidad este virus y encontrarle un “punto débil” en su metabolismo para desarrollar el medicamento.

En segundo lugar, hay que tener en cuenta que los virus son altamente resistentes. Solo sustancias muy fuertes son capaces de provocarles daños e inhibir su replicación. Pero solo pueden ser aprobadas si no resultan tóxicas para las células humanas, algo complicado de conseguir.

En tercer lugar, el antiviral debe ser activo solo en células infectadas, algo difícil de lograr, y conseguir sus efectos a dosis bajas y sin necesidad de ser administrado con demasiada frecuencia.

Por último, hay que conseguir que el antiviral sea posible de producir sin costes muy elevados, pues deben estar disponibles para toda la población.

Todo esto hace que el descubrimiento de nuevos antivirales sea complicado y que muchas enfermedades víricas sigan sin disponer de un tratamiento adecuado.

¿Cómo actúan los antivirales?

Los antivirales están diseñados para afectar al virus en alguna de las fases de su ciclo de vida. Es decir, ponen obstáculos al virus para que no pueda continuar su desarrollo.

En líneas generales, el mecanismo de acción de los antivirales se divide en función de si actúa antes de que el virus haya entrado a la célula o después. A continuación veremos de qué maneras puede evitarse la proliferación de virus en nuestro organismo mediante antivirales.

1. Antes de que el virus entre en la célula

Una fase primordial en el ciclo de vida de todo virus es la penetración. Sin entrar en la célula, no puede completar su desarrollo y la enfermedad no puede seguir su curso. Esta entrada ocurre cuando el virus se une a unas moléculas que tienen las células en su superficie.

Lo que hacen los antivirales es “robarle el sitio” al virus. Se diseñan estos fármacos para que se unan a los lugares de reconocimiento de las células para que, cuando el virus llegue dispuesto a entrar, se encuentre con que no tiene sitio. Sin esta unión, el virus no puede penetrar. Sería como ponerle cerraduras a las “puertas” de las células.

2. Después de que el virus haya entrado a la célula

Hay veces que, debido a la naturaleza del virus y de la célula que infecta, no es posible evitar que el patógeno entre en las células. Sin embargo, hay antivirales capaces de afectar al virus una vez ya ha entrado.

Cuando el virus ya está en el interior de la célula, replica su material genético para tener más copias del virus que continúen infectando a otras células del cuerpo. Además, debe sintetizar proteínas para que estas nuevas copias tengan la cubierta que las proteja.

Por ello, hay antivirales que están diseñados para frenar la síntesis de ADN (material genético) de estos virus o para “apagar” las moléculas que se encargan de producir proteínas. De este modo se consigue que el virus no pueda generar nuevas copias.

Hay otros antivirales que lo que hacen es permitir que se sinteticen las moléculas de ADN y las proteínas pero que bloquean su ensamblaje. Es decir, el virus consigue generar los ingredientes que necesita, pero el fármaco impide que las piezas se junten y, por lo tanto, no puedan formarse partículas víricas funcionales.

Por último, hay algunos que dejan que el virus forme todas sus copias pero que impiden que las nuevas copias del virus abandonen la célula y, por lo tanto, no puedan seguir infectando a otras. Es decir, hay fármacos antivirales que convierten la célula en una habitación hermética de la que los virus no pueden escapar. Los enjaula.

Referencias bibliográficas

  • Wiltink, E., Janknegt, R. (1991) “Antiviral drugs”. Pharmaceutisch Weekblad Scientific Edition.
  • World Health Organization (2004) “WHO Guidelines on the Use of Vaccines and Antivirals during Influenza Pandemics”. WHO.
  • Gelderblom, H.R. (1996) “Structure and Classification of Viruses”. Medical Microbiology.
Pol Bertran Prieto

Pol Bertran Prieto

Microbiólogo y divulgador

Pol Bertran (Barcelona, 1996) es Graduado en Microbiología por la Universidad Autónoma de Barcelona. Máster en Comunicación Especializada con mención en Comunicación Científica por la Universidad de Barcelona. Apasionado por la divulgación de la salud y la medicina y aficionado del deporte y el cine.