Oncología

La relación entre la microbiota y el cáncer

Comprender profundamente cómo funciona nuestra microbiota abre rendijas para la investigación de tratamientos contra muchos tipos de cáncer.
Microbiota y cáncer

El cáncer es la segunda causa de muerte en el mundo, pues una de cada seis defunciones se debe a esta dramática enfermedad. Por ello, conocer todos los factores que propician o disminuyen las posibilidades de padecerla es esencial.

Por otro lado, el estudio de la microbiota o microbioma (el conjunto de microorganismos que habitan nuestro cuerpo) ha abierto múltiples caminos para el abordaje de diversos desequilibrios fisiológicos en el cuerpo humano, sobre todo si hablamos del aparato gastrointestinal y sus funciones.

Al fijar nuestra atención en estos microorganismos y los múltiples beneficios que reportan sobre la salud humana, es inevitable plantearse las posibles relaciones entre la microbiota y el cáncer. Aquí te contamos lo que se sabe acerca de este tema.

Relaciones entre la microbiota y el cáncer: cuestión de simbiosis

Para entender las relaciones entre estos dos complejos términos, tenemos que explicar ambos por separado, aunque sea de forma somera.

Sobre el cáncer

Como ya hemos dicho con anterioridad, el cáncer es una enfermedad de severas implicaciones. Este proceso patológico se basa en la multiplicación de células en una zona del cuerpo de forma descontrolada, lo que da lugar al tumor, por todos conocido. Cuando el foco cancerígeno se expande a un órgano distinto del que se inició, podemos hablar de la temida metástasis.

Algunos datos arrojados por la Organización Mundial de la Salud (OMS) acerca del cáncer son los siguientes:

  • En el año 2015, se produjeron 8.8 millones de muertes por procesos cancerígenos.
  • Cerca del 70 % de las muertes por cáncer se producen en países de ingresos medios y bajos.
  • El 92 % de las metástasis terminan en la muerte del paciente.

Como podemos ver, estamos ante una enfermedad que maneja cifras astronómicas, y por ello, entender cualquier mecanismo que pueda combatirla se hace vital.

Sobre la microbiota

En un tono menos lúgubre, cuando hablamos de la microbiota normal o microbioma, nos referimos al conjunto de microorganismos que habitan en nuestro cuerpo, ya sea en la superficie externa (epidermis) o en sistemas internalizados (boca o estómago, por ejemplo).

La microbiota puede ser autóctona o alóctona, siendo esta última meramente transitoria, pues puede sobrevivir en otros medios al no depender de las características fisiológicas del ser humano.

De especial interés médico es la microbiota autóctona, ya que esta ha evolucionado junto con nuestro organismo a lo largo de los años y se encuentra en una relación simbiótica con el ser humano. Nosotros aportamos a esta multitud de bacterias un ambiente prolífico con nutrientes, y en cambio, ellas nos protegen de patógenos, desarrollan nuestro sistema inmune y nos ayudan a digerir ciertos compuestos, entre otros muchos beneficios.

¿Aumenta la microbiota las posibilidades de padecer cáncer?

De los miles de millones de microbios que habitan la tierra, solo 10 han sido designados por la Agencia Internacional del Estudio del Cáncer (IACR) como potenciales agentes cancerígenos para el ser humano.

Los tumores, al igual que el resto de tejidos en contacto con el medio ambiente de algún modo, cultivan en su superficie una serie de agentes bacterianos agregados en colonias, es decir, su propia microbiota. Al fin y al cabo, estas masas de crecimiento celular suponen una fuente de nutrientes en desuso. Esto no significa que se haya encontrado una correlación entre los microorganismos que crecen sobre el tumor y el propio tumor, mucho menos que sean ellos los causantes.

Aún así, hay ejemplos claros en los que se puede sospechar que la relación entre la microbiota y el cáncer puede ser posible. Por ejemplo, cuando una barrera mucosa sufre algún tipo de daño mecánico, esta se ve atacada por las bacterias que anteriormente se multiplicaban en la superficie sin causar ningún daño. En individuos normales estas afecciones son autoresolutivas, pues el sistema inmune combate a los microorganismos y cicatriza la herida.

En personas inmunocomprometidas que no pueden hacer frente a la infección en la zona herida, una exposición continuada de la microbiota puede fomentar la carcinogénesis mediante tres procesos:

  • Altera la proliferación y crecimiento de las células en la zona.
  • Perturba el funcionamiento del sistema inmune.
  • Influencia negativamente al metabolismo del hospedador.
Microbioma

Vamos más allá, pues se ha demostrado que existen bacterias capaces de causar mutaciones que dañan el ADN de otros microorganismos para eliminarlos y deshacerse de competencia en el medio ambiente. Este es el ejemplo de la sustancia colibactina, producida por la bacteria E. coli. Por desgracia, estas secreciones podrían generar daños en las células del tejido intestinal, lo que favorecería procesos de carcinogénesis. Aún se requieren muchos estudios para poder probar en su totalidad este tipo de interacciones, pero no es descabellado sospechar de ellas.

A pesar de las teorías y otras investigaciones, sí que se ha demostrado que hay bacterias capaces de causar cáncer en el ser humano. Un ejemplo es la especie Fusobacterium nucleatum, un microorganismo indígena de la cavidad oral en humanos que está directamente correlacionado con el cáncer de colon, ya que induce el crecimiento del tumor.

No podemos abandonar esta sección sin hacer una mención especial a Helicobacter pylori, la primera bacteria intestinal correlacionada de forma directa con el cáncer gástrico. Los individuos infectados con esta bacteria tienen mayores posibilidades de sufrir un adenocarcinoma gástrico y otras patologías, ya que estos microorganismos penetran en la capa mucosa intestinal, producen amoniaco y pueden llegar a causar úlceras pépticas que cursan con diversa gravedad.

Esta bacteria es capaz de inyectar toxinas en las células epiteliales, lo que produce episodios de inflamación crónicos relacionados con el cáncer. Este es uno de los ejemplos más claros de relaciones entre la microbiota y el cáncer, pues se estima que más de dos tercios de la población mundial presenta esta bacteria en su intestino (aunque en más del 70 % de los casos su presencia es asintomática).

¿Disminuye la microbiota las posibilidades de padecer cáncer?

El microbioma de nuestro intestino está compuesto por más de mil especies diferentes, y es sorprendente saber que la masa de estos microorganismos puede llegar a corresponder de uno a dos kilos del peso total del humano. Por ello, resulta intuitivo pensar que estas bacterias han de tener algún tipo de actividad protectora sobre la salud.

Así es. Por ejemplo, las bacterias metabolizadoras de los ácidos grasos de cadena corta (AGCC) fermentan la fibra vegetal dando lugar a estos compuestos, los cuales son beneficiosos para la salud y para la prevención del cáncer.

Además de esto, muchas bacterias son capaces de producir sustancias antibióticas. Estos compuestos atacan a organismos potencialmente patógenos, pues la bacteria no quiere competencia en su medio nutritivo (en este caso, el cuerpo humano). Esto, naturalmente, evita la invasión de microorganismos dañinos, lo cual evita procesos inflamatorios crónicos prolongados relacionados con la aparición de diversos tipos de cáncer.

Otras bacterias, como es el caso del género Bifidobacterium, protegen frente al desarrollo de cánceres, ya que estimulan la actividad inmunológica (producción de linfocitos T y macrófagos), e incluso parecen tener capacidades de reducción sobre el crecimiento tumoral.

Por lo que hemos podido leer en estas líneas, desde luego todo parece indicar a que una microbiota intestinal sana evita la surgencia de procesos cancerígenos. Por contraposición, cuando se dan episodios prolongados de disbiosis (desequilibrio en el microbioma), se pueden esperar procesos inflamatorios e incluso enfermedades autoinmunes, lo que promueve la aparición de cánceres tanto a nivel local como a distancia.

Conclusiones

Como hemos podido ver en estas líneas, las relaciones entre la microbiota y el cáncer son todavía difusas, pero desde luego hay indicios de que existen. Más que hablar de que la microbiota normal del organismo pueda llegar a causar cáncer (algo evolutivamente contraproducente, pues lo que menos quieren los microorganismos que viven en nosotros es matarnos), podemos entender que es el desequilibrio de la misma la que puede favorecer procesos cancerígenos.

Una mala alimentación, el tabaco, la obesidad, el estrés o la falta de ejercicio, entre otras cosas, pueden causar la disbiosis nombrada con anterioridad, lo que priva al hospedador de los múltiples beneficios que las bacterias del microbioma le aportan. Esto puede llevar a diversos procesos inflamatorios crónicos correlacionados con la invasión de patógenos oportunistas, algo que sí que da lugar a procesos cancerígenos.

La microbiota puede ser incluso beneficiosa para personas que ya padezcan de un cáncer, pues por ejemplo, la especie Lactobacillus rhamnosus parece proteger la mucosa intestinal de la toxicidad de la quimioterapia y radioterapia.

Por todas esta razones, recalcamos la importancia de mantener un estilo de vida saludable y equilibrado. Una microbiota sana se traduce en un estado de bienestar del que la porta, lo cual puede evitar la aparición de diversas patologías, entre las cuales se podría encontrar el cáncer.

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