Las 5 diferencias entre Quimioterapia e Inmunoterapia (explicadas)

La quimioterapia y la inmunoterapia son dos tipos de tratamiento contra el cáncer basados en la administración de medicamentos. Analicemos las diferencias entre ambas terapias oncológicas.

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Es la segunda causa de muerte en el mundo. Cada año se diagnostican más de 18 millones de casos en todo el mundo. Y tiene un profundo impacto psicológico no solo en el paciente, sino en todo su entorno familiar y seres queridos. Por todo ello, no es de extrañar que, sin lugar a dudas, el cáncer sea la enfermedad más temida en el mundo. Y como siempre que hay miedo, hay una parte importante de desconocimiento.

Y es que a nivel social todavía impera la falsa creencia de que “cáncer” es sinónimo de “muerte”. Quizás tiempo atrás sí lo era, pero hoy, con todos los progresos en Oncología y con todos los avances generales en Medicina, no lo es. El cáncer es una enfermedad que, si bien es grave y por desgracia sigue siendo incurable, sí es tratable.

De hecho, aunque es cierto que haya algunos más letales, especialmente si se diagnostican en etapas avanzadas cuando el tumor maligno ha hecho metástasis, los cánceres más frecuentes como el da mama, el de piel o el colorrectal tienen índices de supervivencia tan altos como del 99%, 98% o 90%, respectivamente. Y esto es gracias a los tratamientos contra el cáncer.

Existen diversos tipos de terapias oncológicas que permiten tratar un tumor maligno. Pero dos de las más importantes, junto a la radioterapia y la cirugía, son la quimioterapia y la inmunoterapia, dos formas farmacológicas de tratamiento del cáncer. Y aunque a veces puedan confundirse, son muy distintas. Por ello, en el artículo de hoy y de la mano de las más prestigiosas publicaciones científicas, vamos a analizar en profundidad las diferencias entre la inmunoterapia y la quimioterapia.

¿Qué es la quimioterapia? ¿Y la inmunoterapia?

Antes de entrar en profundidad en la diferenciación en forma de puntos clave, es interesante (y también importante) que nos pongamos en contexto y definamos, de manera individual, ambos tratamientos oncológicos. De este modo, tanto sus similitudes como sus diferencias empezarán a quedar muy claras. Veamos, pues, qué es exactamente la quimioterapia y qué es la inmunoterapia.

Quimioterapia: ¿qué es?

La quimioterapia es el conjunto de tratamientos oncológicos fundamentados en la administración de fármacos que detienen o ralentizan el crecimiento de las células cancerígenas. Así pues, es aquella terapia contra el cáncer cuya base terapéutica se basa en el uso de medicamentos que inhiben de forma parcial o total el desarrollo de las células que conforman un tumor maligno.

Una vez inoculados por vía oral o intravenosa, estos fármacos se distribuyen de forma sistémica por el organismo (a diferencia de la radioterapia, que actúa solo a nivel local) a través del sistema cardiovascular, por lo que las células tumorales que han diseminado y se encuentran lejos del tumor maligno primigenio también son atacadas.

Existe un centenar de medicamentos quimioterápicos o antineoplásicos distintos, los cuales se clasifican principalmente en agentes alquilantes (impiden la división de las células cancerosas dañando su ADN), antimetabolitos (inhiben la acción de las enzimas asociadas a la síntesis de las bases esenciales para la formación del ADN, que son las purinas y las pirimidinas), antibióticos antitumorales (sintetizados a partir de hongos del género Streptomyces y que alteran el material genético de las células tumorales), inhibidores de la mitosis (detienen los procesos de división celular), inhibidores de la topoisomerasa (evitan que las hebras del ADN se separen durante la división) y corticosteroides, que estos últimos sirven para paliar los síntomas derivados de la quimioterapia en sí.

Porque el hecho de que estos medicamentos no actúen de forma totalmente selectiva contra las células cancerígenas (sino contra las células de división rápida, donde se incluyen las de nuestros tejidos y órganos sanos) y de que se distribuyan de forma sistémica hacen que, hasta que no finaliza el tratamiento, surjan muchos efectos secundarios adversos como caída del cabello, fatiga, llagas en la boca, fatiga, náuseas, vómitos, etc.

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Inmunoterapia: ¿qué es?

La inmunoterapia es el tratamiento oncológico fundamentado en la administración de medicamentos que estimulan el sistema inmunológico para que este combata el cáncer de forma más eficiente. Así pues, los fármacos no atacan a las células cancerosas, sino que incrementan la actividad de las células inmunitarias para que sean estas las que ataquen al tumor maligno.

Con la inmunoterapia buscamos estimular nuestro propio sistema inmune para que sea este el que, sin necesidad de agentes externos, combata la enfermedad oncológica. También conocida como bioterapia, terapia MRB (por sus siglas en inglés, “modificadora de la respuesta biológica), por inmunoterapia entendemos toda aquella terapia clínica fundamentada en el tratamiento de una enfermedad a través de una estimulación del sistema inmunitario, algo que, por supuesto, se aplica al ámbito de la Oncología.

Nuestras células inmunes ya tienen la capacidad de combatir el cáncer y destruir las células cancerosas. Lo que busca la inmunoterapia es estimular su actividad para que ataquen a los tumores malignos de forma más eficaz, presentando menos toxicidad para el cuerpo pues simplemente estamos influyendo en la actuación de nuestras propias células.

Es más, los efectos secundarios aparecen no por los daños en los tejidos sanos del organismo, sino por esta sobreaceleración del sistema inmunitario, limitándose generalmente a reacciones locales en el lugar de la inyección (aunque también puede ser por vía oral, tópica o intravesical, es decir, a través de la vejiga) como leve dolor, irritación, hinchazón y enrojecimiento, sin llegar a síntomas más severos que los de una simple gripe.

Existen distintas técnicas, como por ejemplo la terapia de transferencia de linfocitos T (se encuentra todavía en fases experimentales pero se espera que empiece a usarse en un futuro cercano), la terapia con inhibidores de puntos de control inmunitario (busca desatar la respuesta inmunológica), la terapia con anticuerpos monoclonales (diseño e inoculación de anticuerpos que se unirán a antígenos específicos de las células cancerosas), la terapia con inmunomoduladores (intensifican la respuesta inmune), la terapia con vacuna contra el cáncer (introducimos células cancerosas inactivas para que el sistema inmune desarrolle anticuerpos contra ellas, aunque no sirve para prevenir, sino para tratar cuando ya hemos desarrollado la enfermedad) o la terapia con citocinas (inducen una excitación de los linfocitos).

Desgraciadamente, estas técnicas de inmunoterapia todavía no están tan extendidas como la radioterapia o la quimioterapia, pero las proyecciones de futuro indican que, a medida que se vayan perfeccionando, esta inmunoterapia va a empezar a usarse para tratar muchos tipos de cáncer. Porque es más natural (es una terapia biológica), es poco tóxica para el cuerpo y puede llegar a ser muy efectiva.

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Inmunoterapia y quimioterapia: ¿en qué se diferencian?

Tras analizar de forma concisa ambas formas de tratamiento oncológico, seguro que sus diferencias han quedado más que claras. Aun así, por si necesitas (o simplemente quieres) tener la información de una manera más esquemática y con un carácter más visual, hemos preparado la siguiente selección de las principales diferencias entre quimioterapia e inmunoterapia en forma de puntos clave.

1. La quimioterapia ataca a las células cancerosas; la inmunoterapia estimula nuestras propias células inmunes

La diferencia más importante y, sin duda, aquella con la que debemos quedarnos. En la quimioterapia, los medicamentos que son administrados inhiben o ralentizan el desarrollo de las células tumorales. Es decir, en esta terapia estamos atacando a las células de división rápida, donde se incluyen las cancerosas, para así tratar el cáncer. En otras palabras, en la quimioterapia, la diana es el tumor maligno en sí.

En cambio, en la inmunoterapia nuestra diana no es el tumor maligno, sino que los medicamentos buscan estimular la actividad de nuestro sistema inmunológico. Es decir, no se ataca directamente al cáncer, sino que a través de distintos métodos, se incrementa la actividad de las células inmunes de nuestro propio cuerpo para que sean ellas las que ataquen al tumor maligno.

2. La quimioterapia es “química”; la inmunoterapia, “natural”

Aunque esto tenga muchos matices, la quimioterapia puede considerarse una terapia más “química”, en el sentido que estamos inoculando sustancias ajenas al organismo que presentan toxicidad para las células cancerosas. Pero, al fin y al cabo, son agentes de naturaleza puramente química que, una vez en nuestra circulación, atacan al tumor maligno.

La inmunoterapia, en cambio, es una terapia biológica. Esto significa que los medicamentos no contienen agentes ajenos para el cuerpo, sino que las sustancias son de un carácter más “natural”, consistiendo en elementos como anticuerpos, linfocitos u otros componentes que se encuentran de forma natural en nuestro sistema inmunológico.

3. La quimioterapia es más tóxica para el cuerpo

El anterior punto nos lleva a este. Y es que el hecho de que la quimioterapia se base en el uso de agentes externos tóxicos que, además, no atacan solo a las células cancerosas, sino al resto de células sanas de división rápida, explica que su toxicidad para el cuerpo sea elevada, presentándose síntomas adversos como caída del pelo, fatiga, náuseas, vómitos, llagas en la boca, etc.

En cambio, en la inmunoterapia, como hemos dicho, no estamos introduciendo agentes externos tóxicos, sino que simplemente estamos estimulando la actividad de nuestro propio sistema inmunológico. De ahí que la toxicidad sobre los tejidos sanos del cuerpo sea mínima, con unos efectos adversos muy leves que se basan en reacciones locales de naturaleza pseudogripal en el lugar de la inoculación, con un leve dolor, irritación e hinchazón.

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4. La acción de la inmunoterapia continúa al finalizar el tratamiento

La actuación de los medicamentos quimioterápicos termina cuando el tratamiento de quimioterapia finaliza. Es decir, en cuento los fármacos dejan de ser administrados, el ataque sobre las células cancerosas se detiene. Esto es lógico, pues, como decimos, el tratamiento se basa en inocular sustancias que atacan al cáncer. Dependemos de ellas.

En cambio, en la inmunoterapia, la estimulación del sistema inmunológico persiste una vez dejan de administrarse los fármacos inmunoterápicos. Esto, de nuevo, es lógico, pues no estamos dependiendo de forma tan directa de ellos. Estos nos dejan una activación del sistema inmune que sigue una vez el tratamiento ha finalizado. Esto también tiene otra cara. Y es la de que los efectos de la quimioterapia son más inmediatos que los de la inmunoterapia.

5. La quimioterapia está más extendida

Al menos a día de hoy, el uso de la quimioterapia está más extendido que el de la inmunoterapia, pues su rango de aplicación es mayor y, además, los costes son menores. Aun así, las proyecciones de futuro indican que la inmunoterapia, al ser más natural, menos tóxica y potencialmente más eficiente, en cuanto progresemos más en los estudios médicos, va a ser uno de los tratamientos oncológicos más extendidos.

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