Cáncer de mama: causas, síntomas y prevención

Con sus 2 millones de nuevos casos diagnosticados anualmente, el de mama es el segundo cáncer más frecuente del mundo y el más común en mujeres.
Cáncer de mama

1 de cada 8 mujeres desarrollará cáncer de mama a lo largo de su vida. Con sus 2 millones de nuevos casos diagnosticados anualmente y teniendo en cuenta que menos del 1% se desarrollan en hombres, el cáncer de mama es la enfermedad que más afecta a las mujeres.

Cada año, el 19 de octubre se celebra el Día Mundial Contra el Cáncer de Mama, un día en el que se recuerda la importancia de seguir investigando y luchando contra esta terrible enfermedad que, año tras año, afecta a millones de mujeres en todo el mundo.

De todos modos, hay que recordar que la prevención es posible y que, aunque nunca puede lograrse un riesgo nulo, especialmente si el factor genético de susceptibilidad es fuerte, los cambios en el estilo de vida pueden ayudar a reducir la probabilidad de padecerlo.

E incluso cuando aparece la enfermedad, los avances en la medicina y los tratamientos oncológicos han permitido que el pronóstico cada vez sea mejor. A día de hoy, la supervivencia del cáncer de mama es de cerca del 90%. Y para entender la naturaleza de esta enfermedad, en el artículo de hoy analizaremos tanto sus causas como sus síntomas, así como las formas de prevenir su aparición y los tratamientos asociados.

¿Qué es el cáncer de mama?

Como su propio nombre indica, el cáncer de mama es el tumor maligno que se desarrolla en las células de las mamas, unas glándulas que, en los mamíferos, están especializadas en la producción de leche. Y al ser una de las estructuras que pasan por más cambios a lo largo de la vida, son también las regiones del cuerpo más propensas a desarrollar tumores.

Como cualquier otro tipo de cáncer, consiste en un crecimiento descontrolado y anómalo de las células que conforman los tejidos de nuestro propio cuerpo. De forma natural, división tras división, estas células pueden acumular errores o mutaciones que, en ocasiones, pueden derivar en una pérdida de su capacidad para regular los ciclos de división.

Cuando esto sucede, las células crecen de forma descontrolada y pierden su funcionalidad, por lo que termina formándose una masa de células con un ritmo de división muy alto y anómalo que no tiene nada que ver ni a nivel anatómico ni fisiológico con el tejido en el que se encuentra.

Si esta masa de células no afecta a la salud de la persona, no daña a los órganos o tejidos en los que se encuentra y no hay riesgo de que disemine a otras regiones del cuerpo, estamos ante un tumor benigno. Pero si daña nuestra salud, hay riesgo de que haga metástasis (migre a otros órganos o tejidos) y, en definitiva, pone en peligro nuestra vida, estamos hablando ya de un tumor maligno o cáncer.

Estas mutaciones pueden ocurrir por el mero azar biológico, pero también pueden venir propiciadas por lesiones que causamos nosotros, como lo que sucede con las células pulmonares y el humo del tabaco, causando así cáncer de pulmón.

En el caso de las células de las glándulas mamarias, estas lesiones, si bien no son debidas a “agresiones” que hacemos a nuestro cuerpo, sí que están debidas a los cambios fisiológicos y estructurales que sufren los senos.

Las glándulas mamarias sufren más cambios que cualquier otro órgano. Crecen durante la pubertad y durante el embarazo, además de fluctuar en tamaño a lo largo de los ciclos menstruales. Por no hablar de que, entrada en la menopausia, se atrofian y su contenido es sustituido por grasa. Las consecuencias de todos estos cambios son sufridos por las células de las glándulas mamarias, víctimas de las alteraciones que provocan las hormonas de nuestro propio cuerpo.

Estar contínuamente pasando por cambios anatómicos y fisiológicos hace que las glándulas mamarias sean más propensas a desarrollar tumores que cualquier otra región del cuerpo, pues al dividirse y repararse contínuamente, es más probable que las células sufran mutaciones que terminen con la alteración del ritmo reproductivo.

El hecho de que su aparición esté debida a la propia funcionalidad de las hormonas femeninas hace que la prevención sea complicada. Pero no significa que sea imposible.

Causas

Las causas del cáncer de mama siguen sin estar del todo claras, cosa que explica la dificultad para prevenir su desarrollo y, por lo tanto, su elevada incidencia. Y es que su desarrollo se debe a una compleja interacción entre genética, herencia, estilo de vida, entorno y factores hormonales. Esto hace que siga sin entenderse del todo por qué algunas mujeres lo sufren y otras no.

De todos modos, sí que existen algunos factores de riesgo que, si bien no son un detonante claro como podría ser el tabaquismo con el cáncer de pulmón o la infección por el Virus del Papiloma Humano con el cáncer de cuello uterino, sí que aumentan la probabilidad de que, en caso de que la persona los cumpla, desarrolle cáncer de mama a lo largo de su vida.

Evidentemente, el principal factor de riesgo es ser mujer. Y es que aunque el cáncer de mama en hombres exista, más del 99% de los diagnósticos se dan en mujeres. Además, la edad avanzada (el riesgo de desarrollarlo aumenta con la edad, siendo relevante a partir de los 40 años), tener un historial clínico de patologías en las mamas, tener antecedentes familiares (no siempre se cumple, pero un 5% de los cánceres de mama pueden deberse a genes heredados), padecer obesidad, no haberse quedado nunca embarazada, haber tenido el primer hijo después de los 30 años, comenzar la menopausia más tarde de lo normal, haber tenido la primera menstruación antes de los 12 años, hacer excesos con el alcohol, no hacer suficiente deporte, haber estado expuesta a altas dosis de radiación, haber pasado por terapias hormonales de estrógeno…

Todas estas situaciones no son en absoluto una condena de sufrir cáncer de mama (es más, hay mujeres que lo sufren sin cumplir ni una de ellas), pero sí que se ha visto que, estadísticamente hablando, las mujeres que cumplan con estos factores de riesgo son más propensas a padecerlo. Cuantas más circunstancias de estas se cumplan, más probable será que aparezca el cáncer de mama a lo largo de su vida, por lo que más importante será seguir las formas de prevención y estar atenta a los síntomas y manifestaciones clínicas.

Síntomas

Los síntomas y el momento en el que aparecen dependen de muchos factores, cosa que dificulta a menudo la detección temprana, la cual es muy importante para garantizar un buen pronóstico. En función de la localización exacta del tumor, de su tamaño, del estado de salud general de la persona, del tamaño de los senos, etc, puede ser más o menos sencillo detectar la presencia del tumor.

El principal signo y de lo que hay que ir en busca cuando se hacen los exámenes es la presencia de un bulto interno en las mamas, es decir, de un engrosamiento más o menos grande cuya textura se siente diferente al resto del tejido de la mama.

Además, los cambios morfológicos en uno de los senos (no hay que esperar que duela porque no suele hacerlo hasta etapas más avanzadas), alteraciones en la piel del seno, formación de hoyuelos, inversión (hundimiento) del pezón, descamación de la piel de la zona que rodea el pezón, enrojecimiento en la piel de los senos, etc, son algunos de los primeros síntomas y ante los cuales habría que acudir inmediatamente el médico.

Ya en etapas más avanzadas, estos signos clínicos pueden venir acompañados de dolor en los senos, dolor en los huesos, pérdida de peso inexplicable, formación de úlceras, hinchazón de los ganglios linfáticos de la axila y supuración de un líquido similar al pus por los pezones que a veces puede venir acompañado de sangre.

De todos modos, cuando estos síntomas avanzados aparecen suele ser tarde para garantizar un buen pronóstico, pues es probable que el cáncer haya diseminado. Por ello, es de vital importancia estar atento a los primeros síntomas, porque cuando el tumor se detecta rápido, el éxito del tratamiento suele ser muy alto.

Prevención

Como hemos dicho, siguen sin estar claras las razones por las que algunas mujeres desarrollan cáncer de mama y otras no. Esto explica que la prevención sea difícil y, por lo tanto, que su incidencia sea tan alta.

De todos modos, esto no significa que la prevención sea imposible. Y aunque no sea una técnica preventiva como tal, la mejor arma es detectar el tumor en etapas muy iniciales de su desarrollo. Por ello, habría que, una vez entrada en la edad de riesgo, hablar con el médico acerca de cada cuándo hacer los análisis y exámenes rutinarios y, sobre todo, aprender cómo hacerse en casa autoexámenes de las mamas.

Y es que ir en busca de los bultos y, en caso de que se encuentren, acudir inmediatamente al médico puede marcar la diferencia. Igual que pueden hacerlo, ya hablando de prevención propiamente dicha, los cambios en el estilo de vida.

Hacer deporte de manera regular, mantenerse en un peso saludable, evitar en la medida de lo posible las terapias hormonales, seguir una dieta saludable, no fumar ni hacer excesos con el alcohol y, en definitiva, seguir un estilo de vida saludable.

Si bien el riesgo nunca llega a ser 0 porque la genética, el azar biológico y las circunstancias de la vida que no podemos elegir (cuándo viene la primera menstruación, cuándo te quedas embarazada, cuándo llega la menopausia…) tienen un peso muy importante, sí es cierto que cuidarse reduce notablemente el riesgo.

Tratamiento

La prevención, evidentemente, no siempre es posible. Si lo fuera, no se diagnosticarían cada año más de 2 millones de nuevos casos. Pero en caso de que se sufra la enfermedad, hay que tener muy claro que, gracias a los avances en medicina, el pronóstico es bueno en la mayoría de casos.

Lo más importante es detectarlo en etapas iniciales, fase en la que la cirugía de extirpación del tumor será casi siempre suficiente. Dependiendo de la naturaleza del tumor, la operación será más o menos invasiva. Si es pequeño y está perfectamente localizado, quizás sea suficiente una tumorectomía, es decir, extirpar únicamente el tumor y una pequeña región de tejido sano circundante por seguridad.

Si es grande, quizás haya que recurrir a una mastectomía, es decir, una operación en la que se extirpa la totalidad del tejido mamario. De todos modos, hay que tener en cuenta que esto es para salvar la vida y que cada vez se hacen más progresos médicos para intentar preservar la piel y mejorar la apariencia de la mama.

Lo ideal es poder resolver el cáncer con cirugía, aunque esto no siempre es posible. En este caso, quizás haya que recurrir a quimioterapia, radioterapia, inmunoterapia o una combinación de ambas. Y aunque generan miedo por ser terapias agresivas, el pronóstico sigue siendo bueno.

De hecho, cuando el tumor se detecta antes de que haya diseminado por la sangre a otros órganos y tejidos, es decir, antes de que haya hecho metástasis, el índice de supervivencia está entre el 83% y el 90%. Y si se inspeccionan regularmente las mamas en busca de alteraciones, es prácticamente seguro que podrá ser diagnosticado en etapas iniciales.

Referencias bibliográficas

  • Asociación Española Contra el Cáncer. (2014) “Cáncer de mama”. AECC.
  • Espinosa Ramírez, M. (2018) “Cáncer de mama”. Revista Médica Sinergia.
  • American Cancer Society. (2019) “About Breast Cancer”. cancer.org.
Pol Bertran Prieto

Pol Bertran Prieto

Microbiólogo y divulgador

Pol Bertran (Barcelona, 1996) es Graduado en Microbiología por la Universidad Autónoma de Barcelona. Máster en Comunicación Especializada con mención en Comunicación Científica por la Universidad de Barcelona. Apasionado por la divulgación de la salud y la medicina y aficionado del deporte y el cine.