Las 3 diferencias entre Leucemia y Linfoma (explicadas)

La leucemia y los linfomas son dos tipos de cáncer que se desarrollan en la sangre y en el sistema linfático, respectivamente. Un repaso conciso de las diferencias entre ambas enfermedades.
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El cáncer es, tanto por el hecho de que cada año se diagnostiquen en el mundo más de 18 millones de casos de esta patología como por el impacto psicológico que tiene en el paciente y sus seres queridos, así como por la mortalidad asociada a él, la enfermedad más temida del mundo. Y aunque hoy en día, gracias a los avances en Medicina Oncológica, “cáncer” no sea sinónimo de “muerte”, sigue causando, lógicamente, un gran temor.

Y es que al fin y al cabo, se trata de una enfermedad que, si bien es tratable, sigue sin ser curable. Todo esto genera, como decimos, un clima de miedo que, como sucede siempre, va asociado con el desconocimiento. No es de extrañar, pues, que tengamos muchas dudas acerca de la naturaleza biológica del cáncer y, sobre todo, sobre las diferencias entre términos clínicos que se escapan del conocimiento popular.

Y es precisamente en este contexto que entran en juego los protagonistas del artículo de hoy: leucemia y linfoma. La leucemia es un tipo de cáncer que se desarrolla en la sangre, afectando a las células sanguíneas; mientras que los linfomas son un tipo de cáncer que, en su caso, afecta al sistema linfático. Pero, como es normal, son enfermedades que tendemos a confundir.

Por ello, en el artículo de hoy, de la mano de las más prestigiosas publicaciones científicas y con la voluntad de que encuentres respuesta a todas las preguntas que puedas tener acerca de este tema, vamos a explorar la naturaleza clínica de ambas patologías y a indagar, en forma de puntos clave, en las principales diferencias entre la leucemia y los linfomas.

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¿Qué es la leucemia? ¿Y un linfoma?

Antes de entrar en profundidad y presentar las principales diferencias entre ambas enfermedades, es interesante (y también importante) que nos pongamos en contexto y definamos, individualmente, estos dos tipos de cáncer. Veamos, pues, qué es exactamente la leucemia y qué es un linfoma. Empecemos.

Leucemia: ¿qué es?

La leucemia es un tipo de cáncer que afecta a la sangre, el tejido líquido rojo que se distribuye por el cuerpo a través de los vasos sanguíneos. Así pues, la leucemia es una enfermedad oncológica que se desarrolla en el sistema circulatorio o cardiovascular, aunque comienza en la médula ósea, un tipo de tejido blando situado en el interior de los huesos y donde tiene lugar el proceso fisiológico de la hematopoyesis, aquel que consiste en la formación y maduración de las células sanguíneas.

Como cualquier tipo de cáncer, la leucemia se desarrolla cuando, debido a factores principalmente genéticos, las células de nuestro cuerpo, en este caso glóbulos rojos, glóbulos blancos y plaquetas, empiezan a dividirse de forma controlada y pierden su funcionalidad, algo que deriva en la disminución de células sanguíneas funcionales.

Con 437.000 nuevos casos diagnosticados anualmente en el mundo, la leucemia es el decimocuarto tipo de cáncer más frecuente y, además, es el cáncer infantil más común. Y es que aunque la incidencia en adultos siga siendo mayor, aproximadamente el 30% de los casos de tumores en la población infantil de menores de 16 años corresponden a la leucemia, con una incidencia especialmente alta en la franja de edad de 2-5 años.

La leucemia provoca un recuento bajo de células sanguíneas, por lo que la sintomatología derivará de la disminución en el número de glóbulos rojos (las células que transportan oxígeno, por lo que habrá problemas en la oxigenación del organismo), glóbulos blancos (las células inmunológicas, por lo que la persona experimentará una debilitación del sistema inmune y, por tanto, tendrá más riesgo de padecer infecciones) y plaquetas (las células que permiten la coagulación sanguínea, por lo que habrá problemas para detener hemorragias).

Y esta sintomatología, aunque depende de muchos factores y muchas veces ni siquiera aparecen signos clínicos hasta en estadíos avanzados (algo problemático para su detección precoz y, por tanto, aplicación del tratamiento cuando las probabilidades de éxito son mayores), suele consistir en fiebre (es de los pocos cánceres que provoca fiebre), pérdida inexplicable de peso, infecciones recurrentes, sangrados, dolor en los huesos, petequia (aparición de manchas rojas en la piel), fatiga, sudoraciones, inflamación de ganglios linfáticos, etc.

Además, hay que tener en cuenta que al tratarse de un cáncer que se desarrolla en la sangre, no solo es que la cirugía no sea una opción viable de tratamiento, sino que estas células cancerosas pueden diseminar muy sencillamente a través de la circulación sanguínea, pudiendo hacer metástasis en órganos vitales. De ahí que, pese a que la radioterapia, la quimioterapia, la inmunoterapia, el trasplante de médula ósea o una combinación de varias hagan que la leucemia sea un cáncer muy tratable, su tratamiento es complejo y el índice de supervivencia, que oscila entre el 35% y el 90%, depende de muchos factores.

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Linfoma: ¿qué es?

Un linfoma es un tipo de cáncer que afecta a la linfa, el tejido líquido blanquecino o transparente que transporta glóbulos blancos (no tiene glóbulos rojos ni plaquetas) y que no viaja a través de la circulación sanguínea ni es bombeado por el corazón, sino que es transportada por los vasos linfáticos. Así, los linfomas son aquellos tumores malignos que se desarrollan en el sistema linfático.

En este sentido, un linfoma es aquel cáncer que afecta al sistema linfático, la red del organismo especializada en el transporte de la linfa, un medio fundamental en la respuesta inmunitaria ya que su contenido celular se limita a glóbulos blancos, y que nace de la unión de órganos (existen más de 600 ganglios linfáticos repartidos por el cuerpo, que producen glóbulos blancos cuando hay una infección) y tejidos especializados en la síntesis y transporte de dicho líquido.

Por lo tanto, y de forma más técnica, podemos definir un linfoma como la proliferación maligna de linfocitos, un tipo de glóbulos blancos. De estos, tenemos los linfocitos B, que están especializados en sintetizar anticuerpos, los linfocitos TCD4+, que estimulan la actividad de los linfocitos B, y los linfocitos T CD8+, que generan sustancias que destruyen a los microorganismos patógenos. Pues bien, como en cualquier tipo de cáncer, un linfoma se basa en la división descontrolada y pérdida de funcionalidad de, en este caso, los linfocitos que están distribuidos por el sistema linfático.

Los principales síntomas de los linfomas son los siguientes: fiebre, pérdida inexplicable de peso, fatiga constante, inflamación dolorosa de los ganglios linfáticos de cuello, ingle o axilas, mayor sensibilidad al alcohol, infecciones recurrentes, sudores nocturnos, etc. Aun así, hay que tener en cuenta que existen más de 60 tipos de linfomas distintos, cada uno con unas particularidades clínicas. De ahí que haya sido necesario clasificarlos.

Estos linfomas pueden dividirse en dos grandes grupos, de Hodgkin y no Hodgkinianos, que se diferencian por la observación de células de Reed-Sternberg o la no observación de estas, respectivamente. Por un lado, los linfomas de Hodgkin son el tipo de cáncer linfático menos frecuente, observándose principalmente en pacientes jóvenes de entre 25 y 30 años y teniendo un índice de supervivencia de aproximadamente el 85%.

Y por otro lado, los linfomas no hodgkinianos, aquellos que cursan sin la presencia de células de Reed-Sternberg, son el tipo de cáncer linfático más común, pues hasta el 90% de los linfomas diagnosticados corresponden a este grupo. De hecho, con sus 509.000 nuevos casos diagnosticados anualmente en el mundo, es el decimosegundo tipo de tumor maligno más frecuente. Si no ha hecho metástasis, su índice de supervivencia es de aproximadamente el 72%.

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¿En qué se diferencia un linfoma de la leucemia?

Después de analizar extensamente sus bases clínicas, seguro que las diferencias entre ambas enfermedades oncológicas han quedado más que claras. Aun así, por si necesitas (o simplemente quieres) disponer de la información con un carácter más visual y resumido, hemos preparado la siguiente selección de las principales diferencias entre la leucemia y los linfomas en forma de puntos clave.

1. La leucemia es un cáncer sanguíneo; un linfoma, un cáncer linfático

La diferencia más importante. La leucemia es un tipo de cáncer que se desarrolla en la sangre, consistiendo en una proliferación maligna de células sanguíneas y siendo, así, un cáncer que afecta al sistema circulatorio o cardiovascular. Así, entendemos la leucemia como “el cáncer de la sangre”.

En cambio, los linfomas no se desarrollan en la sangre, sino que lo hacen en la linfa, un tejido líquido rico en glóbulos blancos que es el medio de transporte del sistema linfático. Así, los linfomas son proliferaciones malignas de linfocitos, consistiendo en tumores que se desarrollan en los ganglios linfáticos del cuerpo.

2. La leucemia afecta a glóbulos rojos, glóbulos blancos y plaquetas; los linfomas, solo a glóbulos blancos

La leucemia empieza a desarrollarse en la médula ósea, el tejido blando del interior de los huesos donde tiene lugar la hematopoyesis. Por tanto, este tipo de cáncer sanguíneo afectará a todas las células de la sangre. Y esto incluye, además de los glóbulos blancos (que provocará una disminución de la eficacia inmunitaria), los glóbulos rojos (habrá problemas de oxigenación y retirada de dióxido de carbono) y las plaquetas (habrá problemas de coagulación sanguínea).

En cambio, los linfomas, al desarrollarse en la linfa, un medio líquido cuyo componente celular se limita exclusivamente a glóbulos blancos (no hay glóbulos rojos ni plaquetas), solo se verán afectadas este tipo de células. Como hemos dicho, los linfomas son proliferaciones malignas de linfocitos.

3. La incidencia de los linfomas es superior a la de la leucemia

Es cierto que la leucemia es el tipo de cáncer infantil más común, pero a nivel general, la incidencia de los linfomas es superior a la de la leucemia. Y es que mientras que la leucemia ocupa la decimocuarta posición en la lista de cánceres más frecuentes con 437.000 nuevos casos diagnosticados anualmente, solo los linfomas no hodgkinianos (habría que añadir el 10% correspondiente a los hodgkinianos) ya tienen una incidencia mayor, ocupando, con 509.000 nuevos casos diagnosticados, la decimosegunda posición de cánceres más comunes.

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