Los 7 tipos de tratamiento contra el cáncer

¿Qué tratamientos existen para combatir el cáncer? En este artículo repasamos las terapias clínicas actuales.
Tipos de tratamiento contra el cáncer

Una de cada seis defunciones en el mundo es debida al cáncer. Es la segunda causa de muerte en el mundo, solo por detrás de las enfermedades cardiovasculares.

8,8 millones de personas murieron a causa de esta afección en 2015. Teniendo en cuenta que la estadística indica que, aproximadamente, 1 de cada 3 mujeres y 1 de cada 2 hombres desarrollarán algún tipo de cáncer a lo largo de su vida, la investigación en oncología es una cuestión primordial de salud pública.

La lucha contra el cáncer

Gracias a esta labor de los investigadores se han desarrollado -y siguen desarrollándose- tratamientos que han permitido que la supervivencia en los últimos veinte años se haya incrementado en un 20%. Esta mejora en las expectativas de los afectados por cáncer proviene de tratamientos que resultan ser cada vez más específicos y eficaces.

La investigación oncológica es el motor para conseguir que la la mortalidad provocada por el cáncer disminuya, consiguiendo una prevención cada vez más eficaz y convirtiéndola en una enfermedad curable o, al menos, cronificable.

En este artículo haremos un repaso de los tratamientos que están disponibles actualmente, analizando sus características y diferencias entre ellos.

¿Cuáles son los tipos de tratamientos para combatir el cáncer?

Mediante la sinergia de varias especialidades de la biología y la medicina, hemos conseguido desarrollar muchos tipos de tratamientos diferentes para combatir estos tumores malignos. El tratamiento que un paciente recibe depende de varios factores, especialmente el tipo de cáncer que haya desarrollado y lo avanzado que este esté.

La prescripción de un tratamiento u otro viene determinado por la fase el diagnóstico. Es por ello que una detección acertada del cáncer es esencial para luego aplicar un tratamiento concreto en función de la naturaleza del tumor y de la fase en la que este se encuentre.

La importancia de este diagnóstico radica en el hecho de que cada tipo de cáncer requiere un protocolo específico que puede incluso implicar el uso de varias terapias a la vez, combinando tratamientos. De hecho, algunos de los cánceres más frecuentes, como el de mama o el de colon, tienen tasas de curación elevadas en caso de que la detección sea temprana y certera.

Como en cualquier ámbito de la clínica, estos tratamientos tienen el objetivo principal de curar el cáncer o, en su defecto, prolongar en la medida de lo posible la vida del paciente. Además de esta evidente finalidad, estas terapias también tienen que estar enfocadas a mejorar la calidad de vida del enfermo, cosa que se puede lograr ofreciéndole cuidados paliativos, aliviando los síntomas de la enfermedad, así como apoyo psicológico y social.

Estos son los tipos de tratamiento utilizados actualmente para combatir los tumores malignos.

1. Cirugía

La cirugía es la terapia en la que un cirujano extirpa el tumor del cuerpo de un paciente con cáncer. Muchos afectados por un tumor maligno son tratados mediante esta técnica, la cual es recomendable practicar cuando se trata de tumores sólidos contenidos en una zona limitada del cuerpo. Es por ello que no se puede usar para la leucemia (cáncer de la sangre) ni cánceres que han sufrido metástasis, es decir, que se han diseminado a otras áreas del cuerpo.

Es un tratamiento local, por lo que la afectación a otras zonas del cuerpo que no padecen cáncer están libres de riesgo. Pese a que algunas veces la cirugía es el único tratamiento que recibirá el paciente, con frecuencia, esta técnica debe ser utilizada en combinación con otros tratamientos.

Los riesgos de esta técnica son principalmente el dolor y la posibilidad de infección. El grado de dolor que sentirá el paciente dependerá de la extensión de la operación y del área sobre la que los cirujanos trabajaron. En el caso de las infecciones, el riesgo de padecerlas se verá reducido si se siguen los consejos de limpieza y desinfección de la herida.

2. Radioterapia

La radioterapia o terapia de radiación es aquel tratamiento contra el cáncer en el que se usan altas dosis de radiación para destruir células cancerosas o reducir estos tumores.

La radiación en dosis bajas se usa en medicina para hacer radiografías de los huesos o de los dientes. Estos rayos-x, cuando están en dosis altas, empiezan a dañar el ADN de las células, convirtiéndose así en un candidato para atacar a las células tumorales.

Pese a que la radiación a dosis altas no destruye las células cancerosas de manera inmediata, después de semanas de tratamiento el material genético de estos tumores estará tan dañado que las lesiones serán irreversibles y dejarán de dividirse de forma incontrolada. Pasado un tiempo las células malignas empezarán a morir, descomponerse y finalmente el cuerpo las expulsará como desecho.

El riesgo de usar este tratamiento es que no solo destruye o ralentiza el crecimiento de las células tumorales, sino que también puede afectar a aquellas sanas. Los efectos secundarios de este ataque a células propias del paciente dependerá de la zona afectada, aunque suelen relacionarse con la caída del pelo, cambios en la piel, cansancio, náuseas y vómitos, dolor de cabeza, visión borrosa, cambios urinarios, etc.

3. Quimioterapia

La quimioterapia engloba todos aquellos tratamientos para combatir el cáncer que basan su acción en el uso de fármacos que detienen o hacen más lento el crecimiento de las células tumorales.

Esta terapia se usa para tratar muchos tipos de cáncer y puede ser el único tratamiento que reciban. Sin embargo, su extendido uso se debe a que la quimioterapia suele ser el paso previo a la aplicación de otros tratamientos. Suele utilizarse para reducir el tamaño del tumor antes de una cirugía o de una terapia de radiación, como adyuvante para otros tratamientos o incluso para destruir las posibles células cancerosas que hayan quedado después de una cirugía.

Del mismo modo que la radioterapia, la acción de la quimioterapia no es específica de las células cancerosas, afectando así al crecimiento de células sanas que se dividen con rapidez, como las que revisten los intestinos o las que hacen que el pelo crezca. Es por ello que los efectos secundarios más comunes de esta terapia son la fatiga, la caída del pelo, náuseas, llagas en la boca y vómitos. Sin embargo, estos efectos adversos con frecuencia mejoran o desaparecen al finalizar el tratamiento.

4. Inmunoterapia

La inmunoterapia es el tratamiento que consiste en ayudar al sistema inmunitario a que combata el cáncer. Es considerado como una terapia biológica en la que se usan sustancias producidas por organismos para tratar los tumores.

Pese a que esta terapia ha sido aprobada para tratar muchos tipos distintos de cáncer, todavía no se usa tanto como la cirugía, la quimioterapia o la radioterapia. Las proyecciones de futuro indican que a medida que se realicen más estudios clínicos, su uso va a ser mucho más extendido.

Una razón por la que las células tumorales prosperan y no son eliminadas por nuestro organismo es porque tienen la capacidad de esconderse del sistema inmune. La acción de la inmunoterapia consiste en marcar estas células cancerosas y avisar así al sistema inmunitario de dónde están para que este, reforzado también por el tratamiento, pueda combatir de forma natural el tumor.

Esta terapia se suele administrar por vía intravenosa, por lo que los efectos secundarios están relacionados con nuestra reacción a esta inyección: dolor, enrojecimiento y síntomas gripales (fiebre, escalofrío, debilidad, náuseas, vómitos, etc.).

5. Terapia dirigida

La terapia dirigida es un tipo de tratamiento que actúa sobre el funcionamiento de las células tumorales, afectando a propiedades relacionadas con su crecimiento, división y diseminación.

Es en esta terapia la que más refleja la necesidad por seguir investigando la naturaleza de los tumores malignos, pues conociéndolos en profundidad seremos capaces de encontrar nuevas dianas para bloquear las características dañinas de estas células.

Este tratamiento consiste en utilizar medicamentos micromoleculares, que penetran las células tumorales e inhiben sus funciones, o bien anticuerpos monoclonales, que se adhieren a la superficie de las células cancerosas para también inhibir sus propiedades.

Es indicado para pacientes con algún tipo de cáncer con células que conozcamos bien y para las que sí haya un blanco sobre el que estos medicamentos puedan actuar. Para determinar esto, será necesario hacer una biopsia, es decir, extraer una parte del tumor y analizarla. Realizar una biopsia conlleva riesgos, que sumados al hecho de que las células cancerosas se pueden volver resistentes a los medicamentos y que existen efectos secundarios adversos, explica que esta terapia no esté del todo difundida.

6. Terapia hormonal

La terapia hormonal o endocrina es un tratamiento que se usa para combatir el cáncer de mama y el de próstata, pues las células tumorales causantes de estos utilizan hormonas (que nuestro propio cuerpo genera) para crecer.

Esta terapia puede bloquear la capacidad del cuerpo para producir hormonas o bien interferir en la forma que las hormonas se comportan en el cuerpo. Ambas acciones van en busca de evitar que las células tumorales dispongan de su sustrato de crecimiento y así detener su expansión o, al menos, aliviar los síntomas del paciente.

Los efectos secundarios de este tratamiento vienen dados por la inhibición hormonal que sufre el paciente: sofocos, fatiga, senos sensibles, cambios en el período de las mujeres, sequedad vaginal, náuseas, pérdida de apetito sexual, debilidad en los huesos, etc.

7. Trasplantes de células madre

Los trasplantes de células madre son un tipo de tratamiento que no actúa directamente contra el cáncer, sino que ayudan al paciente a recuperar su capacidad de generar las células madre después de una terapia por quimioterapia o radioterapia.

En un tratamiento a dosis muy altas de quimio o radioterapia, las células sanguíneas son destruidas. Con este trasplante, células madre se transfunden al torrente sanguíneo, viajando así hasta la médula ósea y reemplazando entonces a las células que murieron durante el tratamiento. Así, el paciente recupera la capacidad de producir glóbulos blancos, glóbulos rojos y plaquetas, componentes imprescindibles del sistema circulatorio.

Pese a que se está estudiando su posible uso en otros tipos de cáncer, este tratamiento actualmente se usa para ayudar a pacientes con leucemia y linfoma, aunque también se suele usar en afectados por neuroblastomas y mieloma múltiple.

Los efectos adversos de este tratamiento son hemorragias, un mayor riesgo de infecciones y un posible rechazo del tejido donado, por lo que hay que procurar que las células recibidas sean lo más compatibles posible con el paciente.

La importancia de la medicina de precisión

Tradicionalmente, la selección de terapias para tratar el cáncer ha sido semejante a una ecuación matemática: en función de el tipo de cáncer y de su estadio, se elige el tratamiento.

Pese a los evidentes éxitos logrados con este planteamiento, el relativamente reciente descubrimiento de que los tumores, mientras crecen y se diseminan, sufren cambios genéticos y que estos son diferentes en función de cada paciente, ha conducido a los investigadores a enfocar la investigación en la dirección de la conocida como medicina de precisión.

Esta medicina de precisión surge de la necesidad de seleccionar tratamientos que tengan mayor probabilidad de ayudar al paciente en función de las variables genéticas de las células tumorales. De algún modo se trabaja con una medicina personalizada muy enfocada en la individualidad del paciente, tomando en consideración muchas más variables que hace unos años.

Con esta medicina de precisión perseguimos que el tratamiento prescrito sea el más adecuado, intentando garantizar tanto las probabilidades de supervivencia del paciente como una mejora en su calidad de vida.

Referencias bibliográficas

Pol Bertran Prieto

Pol Bertran Prieto

Microbiólogo y divulgador

Pol Bertran (Barcelona, 1996) es Graduado en Microbiología por la Universidad Autónoma de Barcelona. Máster en Comunicación Especializada con mención en Comunicación Científica por la Universidad de Barcelona. Apasionado por la divulgación de la salud y la medicina y aficionado del deporte y el cine.