Los 5 tipos de amigdalitis (causas, síntomas y tratamiento)

La amigdalitis es un cuadro que se puede presentar de forma crónica o aguda. Dependiendo del agente etiológico causal, los síntomas serán variables.
Tipos amigdalitis

Las amígdalas son dos masas de tejido ubicadas en la parte posterior de la garganta y cuya función se presume como eminentemente inmunitaria. A pesar de que la labor de estas estructuras aún no ha sido del todo dilucidada, se cree que ambas intervienen en el aprendizaje de la lucha frente a infecciones en las etapas más tempranas de la vida. Irónicamente, las amígdalas ayudan a combatir enfermedades, pero su inflamación se puede convertir en una entidad clínica propia.

La amigdalitis es la causante de 1,3 de cada 100 consultas en los países de alto ingreso, una cifra nada desdeñable. En Estados Unidos, este cuadro clínico supone 40 millones de consultas al año, el 93% de ellas a los médicos generalistas. Solo un 6% de ellas son atendidas por pediatras, y un 1-3% restantes llegan hasta la sala de un otorrinolaringólogo.

Con estos datos, queremos dar a entender que la amigdalitis es extremadamente común en la sociedad, sobre todo en la edad pediátrica. De todas formas, no todas las inflamaciones de las amígdalas se presentan de la misma forma ni las causas son siempre idénticas. Con base en esta premisa, a continuación te presentamos todo lo que debes saber sobre los 5 principales tipos de amigdalitis. No te lo pierdas.

¿Qué es una amigdalitis y cómo se clasifica?

Como ya hemos dicho, el término amigdalitis hace referencia a una inflamación de las amígdalas. Este evento clínico se produce cuando un virus o bacteria (generalmente estreptococos hemolíticos) ingresa por la boca o las vías nasales del hospedador y se instaura en el área lateral de la orofaringe, una de las regiones anatómicas principales del sistema digestivo y respiratorio superior.

Las amígdalas están compuestas por tejido linfático (y forman parte del anillo de Waldeyer), así que contienen linfocitos activos preparados para la entrada de cualquier patógeno infeccioso. Cuando se inhala un virus o bacteria y este se asienta en los tejidos circundantes, las amígdalas se activan e inflaman como parte de la respuesta inmunitaria del organismo.

En este punto, cabe destacar que la amigdalitis se puede categorizar con base en dos criterios básicos: la duración del cuadro clínico y el agente etiológico causal. Comenzamos con las dos primeras variantes temporales, para luego hacer referencia a los virus y bacterias que pueden colonizar el tejido orofaríngeo. No te lo pierdas.

1. Amigdalitis aguda

La amigdalitis aguda es la variante más común de la patología, tanto en la clínica normal como en el ámbito pediátrico. Se trata de una infección usualmente autolimitada cuya sintomatología no suele demorarse por una o dos semanas y no se presenta de forma intermitente en un intervalo de seis meses. Entre los síntomas más comunes de una amigdalitis aguda, podemos destacar los siguientes:

  • Dolor de garganta: el síntoma más común de la amigdalitis. Si el paciente tiene problemas para respirar, babea o no puede tragar, es motivo de visita a urgencias.
  • Amígdalas muy enrojecidas, con una capa amarillenta recubriéndolas.
  • Nódulos linfáticos inflamados en el cuello: debido a su actividad inmunitaria, se agrandan de forma evidente (linfadenopatía).
  • Fiebre: como veremos a continuación, este signo clínico depende del cuadro etiológico.
  • Dolor de cabeza.
  • Falta de apetito, fatiga y mal aliento.

El cuadro clínico de amigdalitis aguda suele durar unos cinco días y, como hemos dicho, suele ser autorresolutivo.

Amigdalitis aguda

2. Amigdalitis crónica

La amigdalitis crónica es aquella que se presenta con los síntomas descritos por anterioridad, pero de forma recurrente en un intervalo de al menos seis meses. Cuando este cuadro clínico es recurrente, se suele recurrir a una operación conocida como “amigdalectomía”.

Se concibe esta extirpación quirúrgica de las amígdalas si estas son demasiado grandes y dificultan la respiración (sobre todo en niños) o si se inflaman de forma continuada en el tiempo. Según el portal global Statista, en países como España, cada año, se realizan unas 26.000 amigdalectomías.

3. Amigdalitis vírica

Una amigdalitis aguda puede ser vírica o bacteriana, igual que las recurrencias crónicas de este cuadro pueden verse propiciadas tanto por virus como por bacterias. Así pues, esta tercera categoría hace referencia al agente causal de la enfermedad, no al intervalo de tiempo por el que se presentan los síntomas.

Las infecciones virales son las causantes del 40 al 60% de los cuadros clínicos de amigdalitis, con una media del 50% en edad tanto adulta como pediátrica. Dentro de los agentes etiológicos más comunes están el herpes simple (13% de los casos), influenzavirus (5%), parainfluenza (3,7%), adenovirus (2,7%) y agentes no identificados (7% de los casos, entre otros).

Debido a que el patógeno causal es un virus, estos cuadros clínicos siguen un claro patrón estacional, con picos epidemiológicos en otoño e invierno. Se estipula que los virus tienen mayor probabilidad de adherirse en las mucosas orales en estas estaciones debido a una mayor sequedad ambiental (que daña las mucosas) y una temperatura general corporal algo más baja de lo normal, aunque todavía no se tienen muy claros estos mecanismos.

En la amigdalitis vírica, los síntomas suelen ser leves, ya que el dolor de garganta no es muy pronunciado y la fiebre no se presenta de manera evidente. Eso sí, este suele ir acompañado de otros síntomas catarrales, como toses, estornudos y descargas nasales. Con descansar e hidratarse bien, la enfermedad debería resolverse por sí sola en unos cinco días.

4. Amigdalitis bacteriana

La otra cara de la moneda desde un punto de vista etiológico. Este tipo de amigdalitis representan aproximadamente el 30% de todas las infecciones de garganta, y su presentación es excepcional en la edad pediátrica. En este caso, los signos clínicos son bastante más evidentes: dolor de garganta severo, dificultad para tragar, fiebre alta, mal aliento y placas blanquecinas muy destacadas en la zona orofaríngea.

La mayoría de los casos son producidos por estreptococos hemolíticos del grupo A, en especial Streptococcus pyogenes. De todas formas, también pueden provocar la amigdalitis bacterias como Streptococcus pneumoniae, Mycoplasma pneumoniae, Chlamydia pneumoniae, Bordetella pertussis y el género Fusobacterium, entre otros. Como podrás imaginar, al hablar de bacterias no nos fijamos en patrones de estacionalidad, sino en brotes epidémicos en cualquier momento del año.

En estos casos, no vale con reposo y reposición de líquidos. Toda persona que presente una amigdalitis (sean cuales sean sus síntomas) debe acudir al profesional médico, pues si esta es bacteriana, se puede llegar a complicar si no se utilizan antibióticos. Una infección estreptocócica fuera de control puede extenderse a los senos nasales, oídos, laringe, tráquea e incluso el árbol respiratorio bronquial.

Amigdalitis bacteriana

5. Angina de Plaut-Vincent

También conocida como amigdalitis unilateral en algunas fuentes, este tipo es bastante desconocido y no suele tenerse en cuenta a la hora de hablar del cuadro clínico que afecta a las amígdalas. Esta variante ocurre cuando la infección no se explica por virus ni por un estreptococo del grupo A, sino por los géneros bacterianos Spirochaeta y Treponema.

Los síntomas de esta variante son muy similares a los presentes en una amigdalitis bacteriana al uso y el tiempo de incubación una vez ingresan las bacterias en el organismo es de unas 24-72 horas. Se manifiesta con un depósito grisáceo en la boca, amígdalas y faringe, lo que puede llegar a confundir a los profesionales y sospechar de una difteria.

Resumen

En resumen, se puede concluir que las amigdalitis pueden ser víricas o bacterianas y presentarse a corto (agudas) o largo (crónicas) plazo. El tratamiento y pronóstico de cada una de estas variantes depende del agente etiológico causal: en los cuadros víricos, con descansar es suficiente, mientras que en los bacterianos se requiere casi siempre el tratamiento con antibióticos.

A menos que seas médico especialista, es imposible saber a primera vista si una amigdalitis es vírica o bacteriana. Por ello, siempre que aparezca este cuadro clínico en tu persona o en el entorno, lo mejor es acudir a un profesional médico. Por último, es necesario destacar que no debes tomar nunca antibióticos por tu propia cuenta ante un cuadro de esta índole. Si la infección es vírica, consumir antibióticos no va a mejorar la sintomatología y solamente se propicia que aparezcan bacterias multirresistentes a lo largo del tiempo.

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