Las 10 enfermedades pediátricas más comunes: causas, síntomas y tratamiento

Las enfermedades pediátricas son todas aquellas patologías que presentan una incidencia especialmente elevada en los niños hasta la adolescencia. Un repaso de los trastornos asociados a la infancia.
Enfermedades pediátricas

Una parte de nuestro sistema inmunitario es innato, lo que significa que, nada más nacer, llegamos al mundo con unas defensas naturales que, desde el minuto uno, nos protegen del ataque de determinados gérmenes. Pero otra parte muy importante es la inmunidad adquirida, aquella que desarrollamos con el tiempo tras la exposición paulatina a patógenos.

¿Es casualidad, pues, que los bebés, niños y adolescentes tengan más tendencia a caer enfermos que la población adulta? No. Ni mucho menos. La población infantil se encuentra en fase de desarrollar su inmunidad adquirida, pero su sistema inmune más inmaduro no puede combatir contra todas las amenazas que aguardan a su alrededor.

Por lo tanto, pese al miedo y angustia que puede generar a los padres, es totalmente normal que un hijo o hija caiga enfermo. Y además de natural, es esencial para que su sistema inmunitario se fortalezca. Aun así, para estar preparados, es importante conocer cuáles son las patologías que más comúnmente se desarrollan en la población pediátrica.

Por ello, en el artículo de hoy, traemos una selección de las enfermedades pediátricas más frecuentes, es decir, de aquellas patologías que presentan una incidencia especialmente elevada en los niños hasta la edad de la adolescencia. Empecemos.

¿Cuáles son las enfermedades pediátricas más frecuentes?

Como habrás podido deducir por lo que hemos visto en la introducción, las enfermedades pediátricas más comunes serán aquellas que aparecen por la falta de inmunidad adquirida. Es decir, la mayoría de ellas serán debidas a infecciones por la falta de anticuerpos hacia bacterias y virus. Sea como sea, veamos cuáles son las patologías más frecuentes en la población pediátrica, que engloba desde el nacimiento hasta los 14-18 años.

1. Resfriado común

El resfriado común es una enfermedad respiratoria, infecciosa y contagiosa que, si bien afecta a toda la población, es especialmente común en la infancia. Se trata de una infección de origen vírico en la que más de 200 subtipos de virus infectan las vías respiratorias altas, es decir, las células de la nariz y la faringe (garganta)

Los virus (el 50% de los casos son por virus de la familia de los rinovirus) se transmiten por el aire a través de gotículas respiratorias que contienen las partículas víricas o por contacto directo o indirecto con fluidos corporales de una persona infectada.

Sea como sea, mientras que los adultos pueden contraer entre 2 y 3 resfriados al año, un niño o niña, por la inmadurez del sistema inmune, puede hacerlo hasta 8 veces. De todos modos, su gravedad es muy baja y los síntomas consisten en fiebre baja (solo habría que acudir al pediatra si la fiebre supera los 38,5 ºC, algo muy extraño), congestión o goteo nasal, irritación de garganta, tos, pérdida de apetito, etc. En un máximo de 10 días, el niño estará bien y con un sistema inmune más fortalecido.

Resfriado niña

2. Gripe

La gripe es una enfermedad respiratoria, infecciosa y contagiosa que, de nuevo, presenta una incidencia mayor en la población pediátrica. Y es que si bien el 15% de la población contrae la gripe en la temporada de meses fríos, en los niños, esta cifra puede ascender, en determinadas ocasiones, hasta el 40%.

Se trata de una enfermedad en la que el virus Influenza (hay tres subtipos que van rotando y mutando), con una transmisión igual a los del resfriado, infecta las células de las vías respiratorias tanto altas como bajas, es decir, nariz, garganta y pulmones. Esto hace que la sintomatología sea más agresiva: fiebre de más de 38 ºC, dolor muscular, sudoración excesiva, calambres en los músculos, dolor intenso de cabeza, etc.

Y, aunque los niños y jóvenes suelen recuperarse sin problemas tras una semana, hay que recordar que los menores de 5 años son una población de riesgo para esta enfermedad, pues hay peligro de que derive en un problema más grave como una neumonía. Por ello, es importante hacer un buen seguimiento de los síntomas y recordar que, a pesar de que no sean 100% efectivas, existen vacunas contra los virus de la gripe.

3. Gastroenteritis

La gastroenteritis es una de las enfermedades pediátricas más frecuentes. Se trata de una patología generalmente infecciosa (hay causas no infecciosas, pero esto es más común en la edad adulta) causada por la colonización por parte de bacterias y virus de la membrana interna de los intestinos, provocando su inflamación.

La forma vírica es la más común y, de hecho, la gastroenteritis vírica es la enfermedad más contagiosa del mundo, pues cada infectado tiene el potencial de contagiar a 17 personas. El Norovirus es el que más casos provoca (las estimaciones hablan de 685 millones de casos anuales solo por este germen) y se transmite tanto por el contacto directo o indirecto con personas infectadas (que hacen que entremos en contacto con sus restos fecales cargados de partículas víricas) como por el consumo de agua o alimentos contaminados con esta materia fecal.

Sea como sea, los daños causados a la pared gastrointestinal hacen que el niño tenga problemas tanto en la retención de agua como en la absorción de nutrientes, cosa que deriva en los síntomas típicos de diarrea, náuseas, fiebre (generalmente por debajo de los 37,9 ºC), vómitos, cansancio, dolor de cabeza, etc. Hay que recordar que los lactantes, bebés y niños son población de riesgo, por lo que hay que controlar mucho la deshidratación.

4. Varicela

La varicela es una enfermedad vírica causada por el virus varicela-zóster y se trata de una infección mucho más común en edad pediátrica en la que el virus infecta las células de la piel. Se trata de una enfermedad extremadamente contagiosa (la sexta más contagiosa del mundo) que se manifiesta con la aparición de erupciones en la piel y de ampollas llenas de líquido (aparecen entre 250 y 500 por el cuerpo), además de picazón, fiebre (hay que acudir al pediatra si es de más de 38,9 ºC), debilidad, cansancio, dolor de cabeza, malestar general, etc.

La población de menores de 10 años es la que registra una mayor incidencia. El virus se transmite tanto por contacto directo con el sarpullido de una persona enferma como a través del aire (ya que las gotículas respiratorias también contienen partículas víricas), así como por contacto indirecto con superficies que contienen dichas partículas.

En la inmensa mayoría de niños, los problemas terminan con los síntomas que hemos visto, los cuales no suelen prolongarse más de 10 días. Aun así, en un pequeño porcentaje de los casos, puede derivar en complicaciones graves (deshidratación severa, neumonía e incluso infecciones de la sangre o del cerebro), lo que explica que, a día de hoy, siga siendo responsable de 4 millones de hospitalizaciones y de 4.200 muertes. Y teniendo en cuenta que no hay cura, es esencial que los niños reciban la vacuna, la cual se administra en dos dosis: una entre los 12-15 meses y la otra entre los 4-6 años.

Varicela niño

5. Otitis

La otitis es una enfermedad de origen bacteriano que consiste en una infección del oído, generalmente del medio. Se trata de una patología en la que las bacterias crecen en el espacio lleno de aire detrás del tímpano, donde se encuentran los tres huesecillos vibratorios del oído, debido a un bloqueo de la trompa de Eustaquio, la cual, en condiciones normales, drena líquido.

Es una de las enfermedades pediátricas más comunes. De hecho, se estima que el 50% de bebés sufren otitis el primer año de vida debido a la inmadurez del sistema inmune que tanto hemos comentado. Se trata de una infección dolorosa y molesta que cursa con, además de dolor de oído, enrojecimiento del oído e hinchazón de los ganglios linfáticos. La fiebre y la pérdida de audición no son síntomas frecuentes. De todos modos, al ser generalmente de origen bacteriano, el tratamiento con antibióticos es efectivo.

6. Amigdalitis

La amigdalitis es una enfermedad que consiste en una inflamación de las amígdalas, dos estructuras de tejido linfoide (forman parte del sistema inmune) situadas a ambos lados de la faringe, en la parte final de la cavidad bucal. Su infección es muy común durante la edad pediátrica.

Las infecciones víricas y las bacterianas (generalmente por estreptococos) suelen ser responsables de la amigdalitis, provocando sus síntomas característicos: formación de placas de pus en las amígdalas, mal aliento, fiebre, dolor al tragar, dolor de cabeza, voz rasposa, etc. Aun así, suele resolverse sin problemas por sí sola tras unos días.

7. Oxiuriasis

La oxiuriasis es la única enfermedad parasitaria de esta lista. Se trata de una infección del intestino grueso por parte de Enterobius vermicularis, un parásito nematodo conocido popularmente como oxiuro. Es la patología parasitaria más común del mundo y es especialmente frecuente en edad pediátrica, sobre todo en niños de entre 5 y 11 años.

La hembra, mientras el niño duerme, sale del tracto intestinal y pone los huevos en la piel que rodea el ano. La presencia de estos huevos provoca picazón, por lo que el niño siente necesidad de rascarse. En ese momento, tiene los huevos en sus manos (sobre todo en las uñas) y puede contagiarlos a otras personas, especialmente al tocar alimentos con las manos, pero también por el aire (porque son muy livianos) e incluso por la ropa, las toallas o la cama.

Sea como sea, se trata de una enfermedad leve en prácticamente todos los casos que, muchas veces, ni siquiera provoca síntomas más allá de esta picazón en el ano. Cuando surgen signos clínicos, suelen ser falta de sueño, dolor abdominal, náuseas, pérdida de peso inexplicable e inquietud. Para estos casos, el tratamiento con albendazol o mebendazol es muy efectivo para eliminar el parásito.

8. Hipoacusia

La hipoacusia o sordera parcial consiste en la disminución de la capacidad auditiva. Cinco de cada 1.000 niños presentan este problema auditivo, por lo que, si bien no es tan frecuente como las anteriores, es importante que lo analicemos en este artículo.

Y es que en la mayoría de casos, cuando la hipoacusia surge en la infancia, suele ser debido a una infección. Y es esencial identificarla porque puede derivar en una reducción del rendimiento escolar, problemas para socializar, bajo estado anímico, etc. Por ello, es imprescindible acudir al otorrinolaringólogo para una evaluación de la salud auditiva del niño o niña.

9. Bronquiolitis

La bronquiolitis es una enfermedad respiratoria que consiste en una infección de los bronquiolos, que son las ramificaciones de los bronquios, los cuales, a su vez, son ramificaciones de la tráquea. Estos bronquiolos, que hay más de 300.000 en cada pulmón, se van haciendo cada vez más y más estrechos para conducir el aire hasta los alvéolos pulmonares, que es donde tiene lugar el intercambio de gases.

Se trata de una enfermedad de origen vírico (prácticamente siempre), siendo el virus sincicial respiratorio el que está detrás de la mayoría de casos, más común en los meses de invierno y que tiene una incidencia especialmente alta en los menos de 2 años, con los bebés menores de 3 meses como la población con mayor riesgo de contraer la infección.

Los síntomas, eso sí, a pesar de que en un pequeño porcentaje de los casos puede derivar en complicaciones más graves, suelen reducirse a tos, congestión nasal, catarro, sibilancia (silbido al respirar), leve dificultad para respirar y, a veces, fiebre. Si los signos clínicos empeoran con el tiempo, es importante llevar al pequeño o pequeña al pediatra.

10. Faringitis

La faringitis es una enfermedad respiratoria especialmente común en edad pediátrica que consiste en una inflamación de la faringe, lo que popularmente se conoce como garganta, debido a una infección generalmente vírica. Suele estar asociada a un proceso de gripe o de resfriado, pues la inflamación de la faringe es uno de sus síntomas.

Los principales síntomas son la picazón de garganta, la tos (no seca), las molestias al hablar y la dificultad para tragar. Sea como sea, se trata de un trastorno leve que cursa sin fiebre y que prácticamente no tiene riesgo de derivar en complicaciones.

Faringitis joven
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