18 hábitos de higiene bucal (y sus beneficios)

La higiene bucodental es importante no solo para mantener una sonrisa estética, sino para prevenir la aparición de todo tipo de infecciones por parte de patógenos que colonizan nuestra boca.
Hábitos higiene bucal

La boca es un órgano más de nuestro cuerpo. Y, de hecho, es el que seguramente está más expuesto a las amenazas externas, pues es a través de ella que comemos, permitiendo así la entrada de microorganismos que colonizan las estructuras de la cavidad oral para crecer y desarrollarse.

Esta continua incidencia de bacterias potencialmente patógenas hace que la boca pueda enfermar con una frecuencia más alta que otras regiones del organismo. Caries, gingivitis, úlceras, candidiasis, halitosis (mal aliento), leucoplasia…

Son muchas las enfermedades tanto infecciosas como no infecciosas que pueden desarrollarse en la cavidad bucal. Y en este contexto, la mejor manera de prevenir su aparición es adoptar unos buenos hábitos de higiene bucodental.

En el artículo de hoy, pues, además de entender por qué es tan importante cuidar la salud de la boca, veremos los mejores consejos ya no solo para conseguir una sonrisa más estética, sino para prevenir la aparición de todo tipo de enfermedades.

¿Qué enfermedades pueden aparecer en la boca?

Para los gérmenes diseñados para infectar nuestro cuerpo, la boca es, sin duda, el “barrio” más demandado. Llena de recovecos, húmeda, con abundante oxígeno, cálida y, sobre todo, con una llegada constante de nutrientes. Dentro del mundo de las bacterias patógenas, es la ciudad perfecta.

Y si no sufrimos más infecciones bucales es porque nuestro sistema inmunitario está patrullándola a todas horas. Además, en la saliva tenemos enzimas antimicrobianas que, como su propio nombre indica, matan a los microorganismos. Y no solo esto, sino que la microbiota bucal también nos protege; pues en solo una gota de saliva hay más de 100 millones de bacterias beneficiosas de más de 600 especies distintas que, lejos de causarnos daño, nos protegen de las peligrosas.

Pero el sistema inmune, las enzimas de la saliva y la microbiota de la boca, pese a ser fantásticos soldados, no siempre pueden protegernos. Hay veces en las que los microorganismos patógenos consiguen burlar las defensas de nuestro cuerpo y hacernos enfermar.

Dependiendo tanto del germen causante como de la región bucal afectada, estas infecciones pueden consistir en caries (perforación de los dientes por parte de bacterias que han colonizado la superficie dental), gingivitis (inflamación de las encías debido a la colonización bacteriana de esta parte de la piel que rodea a los dientes), periodontitis (una gingivitis llevada al extremo, las bacterias destruyen el hueso que sostiene a los dientes), candidiasis (una infección fúngica por parte de Candida albicans), etc.

Pero las enfermedades bucales no son solo infecciosas, sino que tenemos otras como la halitosis (conocida popularmente como mal aliento), leucoplasia (aparecen placas blanquecinas en la superficie de la lengua o de las encías) o amarillamiento de dientes.

Hay veces en las que nuestro propio cuerpo no puede defenderse. Y donde no llega el sistema inmune, las enzimas antimicrobianas de la saliva y la flora bucal, debemos llegar nosotros con unos correctos hábitos de higiene bucal.

Seguir una buena rutina de cuidado de la salud bucodental es imprescindible ya no solo para mantener la estética de nuestra sonrisa, sino para prevenir todas las enfermedades, trastornos e infecciones que hemos visto anteriormente, pues algunos de ellos pueden tener, a la larga, complicaciones graves.

De hecho, olvidarnos de nuestra higiene bucal y permitir el progreso de estas patologías, abre la puerta a problemas peligrosos. Dolores insoportables, caída de dientes, dificultades sociales (por el mal aliento y el aspecto general de la boca) e incluso un incremento en el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares, además de que se puede permitir el ingreso de bacterias al torrente sanguíneo, las cuales pueden utilizar la sangre para infectar órganos vitales.

La salud de la boca es la salud de todo el cuerpo. Y tomar conciencia de ello es imprescindible para que, después de ver los hábitos de higiene bucodental que comentaremos, empiecen a formar parte, desde ya, de nuestro día a día.

Enfermedades boca

¿Cómo puedo cuidar la salud de mi boca?

El mundo de la higiene bucodental está lleno de mitos. Por ello, nosotros nos hemos ceñido a lo que recogen las más prestigiosas revistas científicas especializadas en Odontología. De entre sus artículos, hemos rescatado los siguientes consejos. Vamos allá.

1. Lavarse los dientes después de cada comida

Cuando comemos, quedan restos de comida en nuestra boca, especialmente entre los dientes, que representan un gran aporte de nutrientes para las posibles bacterias patógenas. Por ello, es muy importante que después de cada comida nos cepillemos a fondo los dientes.

2. Esperar unos 30 minutos antes de lavarlos

La mayoría de portales en Internet argumentan que hay que lavarse los dientes inmediatamente después de comer, pero esto no es cierto. Las publicaciones actuales en Odontología afirman que habría que esperar entre 20 y 30 minutos. Esto es debido a que, después de comer, nuestra boca se acidifica. Si nos lavamos los dientes cuando hay esta acidez, podríamos dañar nuestro esmalte dental, cosa que puede ser más peligrosa que no lavarse los dientes. Tras una media hora, el esmalte dental ya está listo para ser cepillado.

Lavarse dientes

3. Cepillados que duren entre 2 y 3 minutos

Un buen cepillado debe durar entre 2 y 3 minutos. Menos no porque no es suficiente, pero más tampoco ya que podemos dañar el esmalte. Entre 2 y 3 minutos es perfecto. Los dientes tienen que cepillarse suavemente, siguiendo círculos y llegando a todos los recovecos de la boca.

4. Lavarse los dientes tres veces al día, pero no más

Los dientes tienen que cepillarse, mínimo, dos veces al día. Pero cuidado, porque pasarnos también puede provocar daños. El exceso de higiene bucal puede desestabilizar las poblaciones naturales de nuestra microbiota oral y hacernos más sensibles a infecciones, consiguiendo justo el efecto contrario. Lo perfecto son tres veces: una al despertar, otra después de comer y la última después de cenar, antes de dormir.

5. Utiliza seda dental

El cepillado de dientes tiene que venir acompañado del uso de hilo dental. Este permite acceder a los recovecos entre los dientes inaccesibles para el cepillo pero donde pueden crecer igualmente las poblaciones de microorganismos patógenos.

6. Realiza enjuagues bucales

Se ha hablado mucho de que los enjuagues bucales que tienen alcohol en su composición pueden incrementar el riesgo de sufrir cáncer de boca, pero después de investigar acerca de ello, hemos visto que no hay ni un solo artículo científico que lo demuestre.

Por ello, usar enjuagues bucales (especialmente los fluorados) es muy buena opción para mantener a raya a las poblaciones microbianas patógenas. Aunque, de nuevo, no hay que abusar, pues podemos dañar nuestra flora. Una vez al día es más que suficiente.

Enjuague bucal

7. Toma alimentos ricos en vitamina A y C

No existen los “alimentos que fortalecen los dientes” como tal. Existen productos alimentos tanto en vitamina A como en vitamina C, las cuales potencian la regeneración de las células que constituyen la matriz ósea y dental. No hacen que nuestros huesos sean más fuertes, pero sí que se reparen de forma más efectiva.

¿Dónde encontramos estas vitaminas? La vitamina A, en productos lácteos, hortalizas de hoja verde, frutas de color oscuro, pescado, yema de huevo, hígado… Y la C, en tomate, brócoli, coles de bruselas, espinacas, fresas, cítricos, patatas, repollo, coliflor...

8. Cambia de cepillo cada tres meses

Los cepillos van acumulando residuos y desechos y pasan a ser el hogar de poblaciones de microorganismos potencialmente patógenas, las cuales, gracias a la humedad presente en ellos, crecen sin problemas entre los filamentos del cabezal. Por ello, por cuestión meramente higiénica, es importante cambiarlos, como mínimo, cada tres meses.

9. Visita a tu dentista, al menos, una vez al año

Las visitas al dentista son muy importantes, pues quién mejor que un odontólogo para que nos inspeccione la boca en busca de señales de infecciones que, a nuestros ojos, pueden pasar desapercibidas. Es importante, aunque no tengamos ningún problema, hacer controles en el dentista, al menos, una vez al año.

11. No fumes

El humo del tabaco contiene más de 7.000 sustancias químicas distintas, de las cuales, al menos 250, han demostrado ser tóxicas. Y de estas, 69 son cancerígenas. Cuando fumamos, estamos haciendo que todas estas sustancias pasen por nuestra boca.

No es de extrañar, pues, que fumar haga tener mal aliento (halitosis), provoque amarillamiento de los dientes (debido a la acumulación de nicotina y alquitrán en la superficie de los dientes), incremente enormemente el riesgo de sufrir infecciones e incluso, por la presencia de sustancias cancerígenas, aumente las probabilidades de sufrir cáncer de boca.

12. Modera el consumo de café y alcohol

También tenemos que hablar del café y el alcohol. El café es una bebida ácida, por lo que daña el esmalte dental. En este sentido, pese a que no daña enormemente a la salud, habría que moderar su consumo. Aun así, los riesgos aparecen con consumos extremadamente abusivos. No hay pruebas de que tomar uno, dos e incluso tres cafés al día dañe de forma notoria a los dientes. En el consumo que hace la población general y aplicando los otros hábitos de higiene, el café no representa un problema.

El alcohol ya es otro tema. Además de que representa un aporte de azúcar que utilizan los patógenos para crecer, que altera el pH de la boca y que erosiona los dientes, el alcohol sí que incrementa el riesgo de sufrir cáncer de boca. Por estos y otros muchos motivos (más allá de la salud bucodental), es importante no hacer excesos con el alcohol.

13. No te muerdas las uñas

Se estima que el 30% de la población mundial sufre onicofagia. Este nombre, que suena muy mal, es simplemente un trastorno que nos lleva a mordernos las uñas de forma inconsciente e incontrolable. Y más allá del aspecto estético que supone, hacerlo daña nuestra salud bucal. No solo erosionamos el esmalte dental, sino que introducimos todo tipo de residuos del exterior, entre los que se incluyen bacterias patógenas. Incluidas las de origen fecal.

Morderse uñas

14. Evita los abusos con el azúcar

El azúcar es el alimento predilecto de las bacterias patógenas de la boca. Es un hidrato de carbono de muy fácil asimilación y metabolización, por lo que si estas tienen a su disposición azúcar, lo tendrán muy sencillo para crecer y desarrollarse en nuestra boca. Por ello, hay que evitar al máximo el consumo de productos ricos en azúcar, como por ejemplo la bollería.

15. Protege los dientes cuando hagas deporte

Un consejo que no sirve para la población general, pero sí para personas que practican deportes en los que hay riesgo de sufrir impactos en los dientes, como por ejemplo rugby, baloncesto, fútbol, deportes de lucha, etc. En estos casos, habría que usar algún tipo de funda dental para proteger nuestros dientes y no sufrir fracturas en los mismos.

16. Examina tu boca de manera regular

Es importante hacernos autodiagnósticos de forma regular para ver indicios de desarrollo de determinadas enfermedades y, en caso de tener dudas, acudir al dentista. Colores negros en los dientes suelen ser signo de caries; inflamación y sangrado de las encías, de gingivitis; parches blancos en la lengua, de leucoplasia; etc. Ante cualquier fenómeno extraño, lo mejor es solicitar atención.

17. Cepilla también la lengua

Solemos cepillar solo los dientes, pero lo cierto es que la lengua no deja de ser un órgano bucal susceptible de sufrir infecciones y enfermedades. Por ello, es importante lavar también con el cepillo la lengua, cepillando suavemente la superficie lingual.

18. Hacer limpiezas bucales

Las limpiezas bucales son intervenciones que se realizan en el dentista sin necesidad de anestesia (no duelen nada) y que, en menos de 10 minutos, han conseguido eliminar el sarro y toda la placa bacteriana de los dientes. Se recomienda hacerlas una vez al año, pues es la mejor forma de prevenir especialmente la gingivitis.

Limpieza bucal
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