Los 10 tipos de Energías Renovables (y sus características)

Las energías renovables son aquellas en las que la fuente de la misma es un recurso natural inagotable como puede ser la luz solar, el viento, el agua o la biomasa. Veamos cómo se clasifican estas energías limpias.

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Desde que empezara la era industrial, la temperatura media de la Tierra ha aumentado 1 °C. Y aunque parezca poco, este calentamiento global, impulsado en un 95% directamente por la actividad humana, ha hecho que estemos, a día de hoy, sufriendo un cambio climático que ya ha tenido, tiene y seguirá teniendo devastadoras consecuencias para la Tierra.

El aumento del nivel del mar, la acidificación de los océanos, la extinción de especies, el retroceso de los glaciares, el deshielo ártico, la desertificación de ecosistemas, el incremento de las temperaturas, la mayor incidencia de eventos meteorológicos extremos… Estas son solo algunos de los efectos que este cambio climático relacionado con un calentamiento global impulsado por nuestra actividad está teniendo.

Y si la actividad humana es responsable del 95% del cambio climático actual, la quema de combustibles fósiles como el petróleo, el carbón o el gas natural es responsable de tres cuartas partes del calentamiento global. Y es que es principalmente por esta razón que los niveles atmosféricos de dióxido de carbono han aumentado un 47% desde la era preindustrial.

De ahí que la concienciación acerca de la importancia de las energías renovables, aquellas que resultan más limpias para el medio ambiente y que, además, se obtienen de fuentes de recursos naturales inagotables (a diferencia de los combustibles fósiles), haya aumentado, afortunadamente, en los últimos años. Y en el artículo de hoy y, como siempre, de la mano de las más prestigiosas publicaciones científicas, vamos a indagar en la naturaleza de las distintas formas de energías renovables.

¿Qué son las energías renovables?

Las energías renovables son aquellas en las que la fuente de la misma es un recurso natural inagotable como puede ser la luz solar, el viento, el agua o la biomasa. Así, consideramos como “renovable” toda aquella energía que se obtiene a partir de fuentes que, ya sea por su inmensa cantidad de energía o porque son capaces de regenerarse por procesos naturales, se consideran virtualmente inagotables.

La concienciación acerca de la realidad e implicaciones a corto, medio y largo plazo del cambio climático ha hecho que, en la última década, casi se haya triplicado el consumo de electricidad procedente de fuentes renovables. Pero queda mucho que hacer. Porque las energías renovables siguen representando solo el 26% del total. Insuficiente si queremos evitar que entremos en un punto de no retorno en lo que cambio climático se refiere.

Todas las energías renovables se caracterizan por el bajo impacto que tienen en el ambiente, pues no generan residuos dañinos para el mismo como los combustibles fósiles, al tiempo que son fuentes de energía ilimitadas. Aun así, el gran “hándicap” es que su uso depende de las características de la región, como las horas de sol o la posibilidad de instalar turbinas eólicas.

La solar y la eólica son, quizás, las energías renovables más conocidas y en las que más se ha invertido en los últimos años, además de ser las que mayores cantidades de energía limpia generan. De hecho, solo en 2020, se destinaron más de 290 mil millones de dólares en ambas formas de energía, una inversión que representa el 96% del global destinado a energías verdes.

Se estima que, de cara al año 2040, la demanda mundial de electricidad aumentará un 70%, algo que exigirá una mayor implantación de energías renovables tanto para combatir el agotamiento de los combustibles fósiles como para reducir el impacto medioambiental. Las previsiones, eso sí, indican que para ese año, habremos logrado que las energías renovables representen el 44% del global energético.

La transición hacia un sistema energético basado en tecnologías y fuentes de energía renovables, conocidas también como verdes o limpias, tendrá efectos climáticos, sociales y económicos muy positivos. Es una obligación como civilización fomentar esta transición, pero también la gran meta para el siguiente paso en nuestro desarrollo tecnológico y humano.

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¿Cómo se clasifican las energías renovables?

Como hemos dicho, la eólica y la solar son las energías renovables más conocidas, aquellas en las que más dinero se invierte y aquellas que participan más en el aporte global energético. Pero, ¿son las únicas? No. Ni mucho menos. Las tecnologías renovables se han diversificado mucho en las últimas décadas y gracias a ellas, disponemos de muchas formas distintas de estas energías “verdes”, limpias e inagotables. Y a continuación vamos a describir las características principales de las más importantes.

1. Energía solar

La energía solar es un tipo de energía lumínica que surge de la fusión nuclear del hidrógeno que tiene lugar en el interior del Sol y que libera enormes cantidades de energía. La energía nuclear se transforma en energía radiante, que llega a la Tierra. Y la fracción lumínica de esta radiación puede ser usada como energía renovable.

A través de placas solares, con la famosa tecnología fotovoltaica, se absorbe esta radiación, transformando la energía solar en una electricidad que podrá ser almacenada en la red eléctrica. También disponemos de la tecnología termoeléctrica, donde la energía solar se usa para calentar un fluido hasta que genera vapor, el cual, a su vez, hará girar una turbina que generará electricidad.

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2. Energía eólica

La energía eólica es aquella cuya fuente es el viento. Así, se trata de una energía renovable que se fundamenta en el movimiento del viento dentro de la atmósfera. Así, a través de turbinas eólicas, se usa la energía mecánica que aporta el movimiento de las aspas de los molinos para así transformarse en energía eléctrica. Es decir, la generación de electricidad se consigue con al fuerza del viento, que hace mover las aspas de los molinos de los famosos parques eólicos.

3. Energía hidráulica

La energía hidráulica es aquella forma de energía renovable en la que la electricidad se genera aprovechando el movimiento del agua de los ríos y corrientes de agua dulce. La energía cinética de los saltos de agua y de las corrientes provoca el movimiento de una turbina que está conectada a un transformador, que convierte el movimiento obtenido a partir del agua en energía eléctrica. Por el ciclo del agua, esta energía se considera inagotable.

4. Energía geotérmica

La energía geotérmica es aquella en la que se aprovechan las altas temperaturas del interior de la Tierra para, a través del calor, obtener agua caliente sin necesidad de usar fuentes de electricidad más contaminantes. Eso sí, solo es viable es regiones con actividad volcánica que permitan aprovechar el calor interno de la corteza terrestre, que se transmite a través de la roca.

5. Bioenergía

La bioenergía es un tipo de energía renovable que se fundamenta en el uso de la biomasa, es decir, de aprovechar algún proceso biológico producido por un ser vivo. Así, es una tecnología basada en la obtención de biocombustibles, generando energía a partir de restos orgánicos que provienen de plantas, árboles y desechos animales.

6. Energía mareomotriz

La energía mareomotriz es aquella forma de energía renovable en la que la fuente de la misma son las mareas. Conocida también como energía oceánica o marina, es aquella en la que, al subir y bajar las mareas, se aprovecha este movimiento para activar un alternador que convierte la energía mecánica en energía eléctrica. No debe confundirse con la olamotriz, que también tiene su fuente en las aguas del mar, pero, como veremos, de forma distinta.

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7. Energía olamotriz

La energía olamotriz, también conocida como energía undimotriz, es aquella forma de energía renovable en la que la fuente de la misma son las olas. Así, la tecnología se fundamenta en que se aprovecha el movimiento de las olas generado por el viento para, a través de un convertidor, transformar esta energía mecánica de las olas en energía eléctrica.

Respecto a la eólica, tiene la ventaja de no tener un impacto visual tan grande y de ser más previsible. El problema es que, por ahora, esta tecnología es mucho más cara que aquella basada en la instalación de turbinas eólicas.

8. Biodiésel

El biodiésel es un biocombustible líquido que se produce y obtiene a partir de lípidos, es decir, de grasas animales o vegetales, teniendo al girasol, la colza y la soja como principales materias primeras utilizadas. Por lo tanto, estamos ante un sustituto total o parcial de los combustibles fósiles. El problema es que no puede almacenarse más de seis meses, tiene problemas de fluidez a bajas temperaturas, puede malgastar algunos componentes del motor y, en algunos países, las materias primeras son caras.

9. Bioetanol

El bioetanol es otro biocombustible que, en este caso, se obtiene de la fermentación alcohólica de productos vegetales. Se trata de un alcohol etílico de alta pureza que puede ser usado, al mezclarse con naftas, como combustible para la automoción. El problema es no solo que su coste de producción es muy alto (el doble que el de la gasolina, por ejemplo), sino que su sostenibilidad es cuestionable, pues su producción requiere de combustibles fósiles.

10. Biogás

El biogás es otro biocombustible que se obtiene a través de la degradación de la materia orgánica por acción de microorganismos en un ambiente anaeróbico, es decir, en ausencia de oxígeno. Este gas, compuesto principalmente por metano y dióxido de carbono, se usa para producir energía eléctrica.

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