Las 3 etapas del proceso de formación de la orina (filtración, reabsorción y secreción)

La orina es un líquido generado en el sistema urinario tras un proceso de filtrado de la sangre y que contiene sustancias dañinas que, mezcladas con agua, serán expulsadas del cuerpo a través de la micción.
Etapas proceso formación orina

El sistema urinario es uno de los trece sistemas del cuerpo humano y, como tal, nace de la unión de diferentes órganos, tejidos y estructuras orgánicas que, trabajando de forma coordinada, cumplen con una función biológica muy específica. En este caso, el de la producción, almacenamiento y expulsión de la orina.

La orina es un líquido que se genera en el sistema urinario y cuya composición consiste en un 95% agua, un 2% urea (una sustancia que se genera tras la metabolización de las proteínas), un 1,5% sales minerales y un 0,5% ácido úrico. Pero lo importante es que esta orina se forma tras un proceso de filtrado de la sangre.

La formación de orina es un mecanismo fisiológico que permite retirar de la circulación sanguínea todos aquellos residuos metabólicos que ya no solo es que no cumplan con funciones biológicas, sino que, de acumularse, serían tóxicos para el organismo. A través de la orina, retiramos de la sangre productos tóxicos y los mezclamos con agua para que puedan ser expulsados del cuerpo a través de la micción.

Pero, ¿cómo se forma esta orina? La formación de la orina es un proceso muy complejo a nivel fisiológico en el que entran en juego muchas estructuras distintas del sistema urinario. Pero en el artículo de hoy y de la mano, como siempre, de las más prestigiosas publicaciones científicas, veremos qué sucede en casa una de las fases del proceso de formación de la orina en el cuerpo humano. Vamos allá.

¿Cuáles son las fases de la formación de orina?

El sistema urinario, a través de la formación de orina, permite eliminar del cuerpo productos tóxicos que no pueden ser expulsados por ninguna otra vía (como la defecación, la respiración o la sudoración), por lo que es esencial para nuestra supervivencia. Este sistema urinario, estando formado por muchas estructuras distintas, tiene el objetivo de producir, almacenar y expulsar la orina.

Centrándonos en la fase de la producción, la más compleja a nivel fisiológico y la que nos interesa en el artículo de hoy, esta puede dividirse en tres etapas: filtración, reabsorción y secreción. Estas son las tres fases de formación de la orina. Veamos, pues, qué ocurre en cada una de ellas.

1. Filtración glomerular

La filtración glomerular es la primera etapa de formación de la orina. Es la fase en la que la sangre pasa por un proceso de filtrado que tiene como objetivo retirar las sustancias tóxicas de la circulación sanguínea. Y como bien sabemos, esta función fisiológica tiene lugar en los riñones, dos órganos del tamaño de un puño situados por debajo de las costillas, a ambos lados de la columna vertebral.

La función de los órganos es la de realizar el filtrado de toda la sangre del cuerpo. Y son tan efectivos en su tarea que tardan apenas 30 minutos en hacerlo, retirando de ellas las sustancias tóxicas para así continuar con el proceso de formación de la orina. Gracias a los riñones, generamos cada día unos 1,4 litros de orina que, en condiciones normales, es estéril, ya que al proceder del filtrado de la sangre, esta no debe contener microorganismos.

La arteria renal es el vaso sanguíneo que hace llegar la sangre “sucia” a los riñones. Y esta sangre llega a la corteza renal, que es la capa externa del riñón, con un espesor de más o menos 1 centímetro pero albergando el 90% de los vasos sanguíneos. Es esta corteza la que da el color rojizo propio de los riñones y también el lugar donde tiene lugar esta filtración, pues albergan la mayoría de nefronas.

Estas nefronas son las unidades funcionales de los riñones y se trata de células especializadas en la filtración de la sangre. Hay más de un millón en cada riñón y cada una dispone de lo que se conoce como cápsula de Bowman, la parte de la nefrona que cumple específicamente con la función de depurar la sangre.

La cápsula de Bowman es una esfera diminuta que rodea al glomérulo de Malpighi, un sistema capilar microscópico que hace llegar la sangre “sucia” que debe ser depurada. La sangre llega a estas nefronas con una alta presión que empuja el agua y los solutos hacia la cápsula glomerular, mientras que los cuerpos celulares y otras moléculas grandes se quedan en la circulación sanguínea.

Cápsula Bowman

Esta filtración se trata de un proceso pasivo (no requiere de gasto energético) en el cual la presión hidrostática obliga a los fluidos y pequeños solutos a abandonar los capilares sanguíneos hacia la cápsula glomerular. Así pues, el filtrado (el líquido que ha pasado por la membrana) fluye de la cápsula e ingresa en la nefrona.

Gracias a ello, han sido retirados de la circulación sanguínea las sustancias tóxicas. Pero, ¿solo estos productos dañinos? No. Al llegar a las nefronas, la sangre ha sido sometida a una alta presión que ha extraído de ella, además de productos de desecho, agua, glucosa, vitaminas, sales minerales, urea y aminoácidos. Hemos extraído de la sangre el 20% de su volumen. Así que en un día, se retirarían de la circulación unos 180 litros de sangre, que es casi 5 veces la cantidad total de líquidos.

Esta situación, por supuesto, sería devastadora, pues en cuestión de minutos ya estaríamos sufriendo una deshidratación grave potencialmente mortal. En este sentido, si bien hemos retirado de la sangre las sustancias tóxicas que debemos expulsar, necesitamos una segunda fase donde reabsorbamos todo aquello que necesitamos. Y aquí entra en juego la siguiente etapa.

Formación orina

2. Reabsorción tubular

La reabsorción tubular es la segunda etapa de la formación de la orina. Es la fase en la que reabsorbemos aquellas sustancias que han sido retiradas de la circulación sanguínea pero que necesitamos que vuelvan a la sangre, pues no solo no son tóxicas, sino que resultan esenciales para nuestra salud sistémica.

En la primera fase de filtración, han pasado a la cápsula de Bowman sustancias de desecho, sí, pero también agua y otras moléculas necesarias. Y es en esta etapa que las recuperamos. La “proto-orina” que ha sido colectada por la cápsula de Bowman y que ha ingresado a la nefrona, discurre por cuatro túbulos presentes en dicha nefrona: el túbulo proximal, el asa de Henle, el túbulo distal y el tubo colector.

De estos cuatro, el más importante es el túbulo proximal, que a lo largo de su recorrido, reabsorbe de esta “proto-orina” el agua, la glucosa, los aminoácidos, el sodio, el cloruro y el potasio. Solo este túbulo proximal reabsorbe el 65% de lo que habíamos filtrado. Y el resto de túbulos de la nefrona reabsorben otras sustancias que tienen que volver a la sangre, especialmente agua.

De este modo y gracias a la reabsorción que ocurre en los túbulos de las nefronas, pasamos de los 180 litros que íbamos a perder a los 1,4 litros de orina que, de media, expulsamos diariamente. Lo importante es que después de esta etapa de reabsorción, no se ha reabsorbido la urea ni otras sustancias tóxicas.

Esta etapa de reabsorción ya no es pasiva como la de filtración, por lo que sí que requiere un gasto energético o, como mínimo, el aprovechamiento de un gradiente electroquímico. Pero lo importante es que esta ocurre en la parte más interna de los riñones, en la médula renal. Esta médula renal está dividida en 12-18 pirámides en cuyos vértices se encuentran las conocidas como papilas renales.

Estas papilas renales recogen la orina sintetizada que ha pasado ya por la filtración y la reabsorción y la conducen hasta los cálices menores, los cuales, a su vez, la llevarán hasta los uréteres, momento en el que esta orina, ya formada, abandona los riñones para su expulsión del cuerpo. Pero antes de eso, hay una última etapa que a continuación detallamos.

Reabsorción

3. Secreción

La secreción, también conocida como excreción, es la tercera y última etapa de la formación de orina. Es la fase en la que, a diferencia de la reabsorción pero de forma simultánea a ella, se excretan sustancias tóxicas desde los capilares sanguíneos que rodean a los túbulos de las nefronas hasta el lumen de dichos túbulos.

Estos productos nocivos pasan, por difusión pasiva, de una zona con mucha concentración (la sangre) hasa una de menor concentración (la orina). Esta secreción permite eliminar sustancias de la circulación sanguínea cuando los niveles de determinadas moléculas son muy altos, como puede pasar, por ejemplo, en una situación de hiperpotasemia, con valores muy altos de potasio en sangre. Así pues, la secreción (y las sustancias excretadas) depende del estado fisiológico puntual.

Sucede también con sustancias como la penicilina o con el hidrógeno, con iones eliminándose cuando el pH de la sangre baja demasiado. Estas sustancias se añaden a la orina que ya se estaba formando para que, al final, se haya logrado que este líquido contenga todos los productos nocivos que deben ser eliminados del cuerpo.

La pelvis renal es el punto de salida de la orina de cada uno de los riñones. Y los anteriormente mencionados cálices convergen en esta cavidad de la que nacen unas prolongaciones: los uréteres. Estos uréteres son dos tubos estrechos de entre 4 y 7 milímetros de diámetro y entre 25 y 30 centímetros de longitud que recogen la orina de los riñones y la envían hasta la vejiga, con descargas de orina cada 10-15 segundos.

Así pues, la orina se va acumulando en la vejiga, un órgano hueco con forma de globa y naturaleza muscular que recibe la orina procedente de los riñones y la almacena hasta llegar a un volumen concreto que permitirá la micción con suficiente fuerza a través de la uretra, el conducto que lleva la orina desde la vejiga hasta el exterior.

Secreción
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