Cálculos renales: causas, síntomas y tratamiento

Tener “piedras” en el riñón es una condición clínica que puede cursar con mucho dolor y que requiere de tratamiento de inmediato.
Cálculos renales

La incidencia de los cálculos renales va en aumento en todo el mundo, siendo uno de los trastornos de los riñones más comunes, especialmente entre la población adulta.

Más popularmente conocidos como “piedras en el riñón”, estos depósitos duros de minerales que se forman dentro de los riñones pueden derivar en distintas complicaciones, como las infecciones o la obstrucción de las vías urinarias.

Dependiendo del tamaño de estos cálculos, es posible que las “piedras” puedan ser expulsadas a través de la propia micción. Sin embargo, cuanto mayor sea su tamaño, con más dolor cursará y más posible será que la persona deba pasar por el quirófano.

Conocer los detonantes de la aparición de estas “piedras”, saber qué síntomas provoca y cuáles son las opciones de tratamiento es, pues, de vital importancia. Y esto es lo que haremos en el artículo de hoy.

¿Qué son las “piedras en el riñón”?

Los cálculos renales o “piedras en el riñón” son masas sólidas compuestas de pequeños cristales que se forman en el interior de los riñones, los órganos encargados de purificar la sangre desechando todas aquellas sustancias nocivas a través de la orina.

Estos depósitos de minerales se van formando lentamente cuando, por diversas causas que veremos a continuación, la orina tiene un contenido de ciertas sustancias mayor de lo habitual, potenciando que estos minerales, al estar más concentrados, empiecen a compactarse. Después de semanas o meses, puede llegar a formarse una masa sólida. Eso es la piedra.

Si el cálculo renal tiene un tamaño pequeño, es posible que pueda ser expulsado a través de la micción sin demasiado dolor. De todos modos, esto sirve para los más pequeños, de una cuarta parte de milímetro. Sin embargo, a medida que el tamaño aumenta, su expulsión resulta cada vez más complicada y más dolorosa. El cálculo empieza a tener problemas para viajar a través de los uréteres, los conductos que van del riñón a la vejiga, por lo que será necesaria la cirugía.

Los más comunes (hasta el 80% de los diagnosticados) son los de calcio, que aparecen especialmente en los hombres de 20-30 años. Los de cistina también son frecuentes y están ligados a una enfermedad hereditaria. Los de estruvita son típicos en mujeres con infecciones urinarias, siendo uno de los más peligrosos. También los de ácido úrico y los debidos a la ingesta de determinados medicamentos son frecuentes.

Causas

La causa de los cálculos renales es que la cantidad en el riñón de sustancias capaces de formar cristales (calcio, estruvita, ácido úrico…) es mayor de la que los líquidos presentes en la orina pueden diluir. Es decir, las sustancias sólidas están demasiado concentradas.

Por lo tanto, el detonante más frecuente es la falta de hidratación. Si no se bebe suficiente agua, en la orina habrá una concentración de cristales más alta de lo normal y se incitará la formación de cristales. Del mismo modo, trastornos de origen genético que impiden que el cuerpo produzca sustancias para inhibir la formación de cristales también es una de las causas más comunes.

Más allá de esto, muchos casos diagnosticados no tienen una causa clara, aunque se sabe que su formación estaría ligada a una interacción compleja entre la genética y el entorno, donde la alimentación juega un papel muy importante.

Lo que sí conocemos es que existen algunos factores de riesgo: dietas con un contenido de proteínas y sal muy elevado, ser obeso, no beber suficiente agua (beber menos de 1 litro al día aumenta mucho el riesgo), tener antecedentes familiares, tener trastornos renales, sufrir enfermedades digestivas, haber pasado por cirugías gástricas…

Síntomas

Normalmente, mientras se está formando, el cálculo renal no se desplaza, por lo que no provoca síntomas. Estos aparecen cuando la “piedra” empieza a moverse por el riñón y especialmente cuando emprende el viaje a través de los uréteres, los conductos que conducen la orina desde el riñón hasta la vejiga para la posterior micción.

Aunque dependerá del tamaño del cálculo, la sintomatología más común es la siguiente:

  • Dolor muy intenso en la zona de los riñones
  • Dolor punzante al orinar
  • Orina de color rojizo o marrón
  • Turbidez en la orina
  • Olor desagradable de la orina
  • Náuseas y vómitos
  • Micciones en pequeñas cantidades
  • Necesidad constante de orinar
  • Hematuria: sangre en la orina
  • Fiebre (en caso de que haya infección)
  • Escalofríos
  • Dolor a un costado de la espalda
  • Dolor que se desplaza a los genitales

El dolor es la muestra más clara de que se puede tener una piedra en el riñón y tiende a aparecer de forma súbita, sin previo aviso, cuando el cálculo intenta atravesar los uréteres. Por ello, hay que solicitar atención médica de inmediato.

Prevención

Si bien no todos, algunos casos de cálculos renales pueden prevenirse. Beber mucha agua (unos 10 vasos al día) dificulta que se formen cristales, pues los componentes estarán más diluidos en la orina. Reducir el consumo de proteínas, sal y azúcar, especialmente si se tienen antecedentes familiares, es una buena estrategia para prevenir su desarrollo. Del mismo modo, vigilar el peso corporal y mantenerse siempre en un índice de masa correcto es una buena manera de reducir el riesgo de sufrirlas.

También existen medicamentos que, en caso de que el médico detecte que hay riesgo de que la persona vaya a sufrir cálculos renales en el futuro, pueden prevenir su aparición. El tipo de fármaco dependerá de la sustancia que más posiblemente vaya a darte problemas: el calcio, el ácido úrico, la cistina…

Tratamiento

Pero no siempre es posible prevenir su aparición, por lo que los cálculos renales siguen siendo una de las patologías de los riñones más comunes. Afortunadamente, hay muchas formas de tratarlos y el pronóstico de los pacientes es muy bueno. No suelen dejar secuelas ni daños permanentes.

Normalmente el tratamiento no requiere de técnicas invasivas, aunque esto dependerá de la naturaleza del cálculo. Por ello, veremos cómo es el tratamiento en función de si la “piedra” es pequeña o grande.

Cálculos pequeños

Lo más común es que las “piedras” sean pequeñas y no den una sintomatología demasiado grave. En este caso, el propio cuerpo puede eliminar la piedra a través de la micción. Por lo tanto, el tratamiento para estos casos no consiste en extraer el cálculo, sino a facilitar su eliminación.

Si bien es cierto que el proceso puede llegar a ser bastante doloroso, la persona no necesita someterse a una intervención quirúrgica. El tratamiento consiste en beber mucha más agua de lo normal (hasta 3 litros al día) para facilitar la producción de orina y que la expulsión sea más rápida e indolora, tomar analgésicos para aliviar el dolor y, en caso de que el médico lo considere necesario, tomar fármacos que relajan la musculatura del aparato urinario y ayudan a que la eliminación sea más rápida.

Por lo tanto, la mayoría de cálculos renales pueden ser tratados en casa y, si bien en ocasiones pueden llegar a ser muy molestos, no requieren de terapias más invasivas. El pronóstico es bueno y como más rápida sea la eliminación, menor será el riesgo de sufrir infecciones urinarias.

Cálculos grandes

El problema real viene cuando las “piedras” son demasiado grandes, en cuyo caso no pueden atravesar los uréteres, se quedan atascados y/o el dolor que provocan al intentar pasar a través de ellos es inaguantable para la persona. Para estos casos, que son los más graves, sí que se necesita una atención médica.

Y es que una obstrucción de los uréteres puede dar lugar a un trastorno muy grave que sí supone un riesgo para la salud de la persona, además de la posibilidad de dejar un daño permanente en el riñón. Por ello, cuando el médico determina que el cálculo no puede ser eliminado por el propio cuerpo, el afectado debe ser tratado de urgencias.

Dependiendo del tamaño, de la composición y de la localización del cálculo, se optará por un procedimiento u otro.

1. Litotricia

Es la opción predilecta ya que es la menos invasiva, aunque no puede usarse siempre. Consiste en utilizar ondas sonoras u ondas de choque enfocadas directamente a la localización del cálculo para que las vibraciones lo fragmenten en trozos más pequeños que ya puedan ser expulsados a través de la micción.

2. Endoscopia

La endoscopia es un procedimiento quirúrgico en el que se hace una pequeña incisión en la espalda para introducir un tubo delgado que se maneja por el cirujano y que permite llegar hasta el riñón o los uréteres. Una vez ahí, se atrapa el cálculo y se extrae mecánicamente.

3. Ureteroscopia

La ureteroscopia es un procedimiento quirúrgico similar a la endoscopia que consiste en introducir un tubo a través de la uretra para llegar hasta el uréter en el que se encuentra el cálculo. Una vez ahí, se atrapa la piedra y se rompe para que sea eliminada con la micción.

4. Nefrolitotomía

Es la última de las alternativas. Cuando el cálculo es tan grande que no puede ser eliminado por la micción y ni siquiera los otros tratamientos quirúrgicos funcionan, es posible que la persona deba someterse a una cirugía abierta del riñón. Es la más invasiva pero consigue extraer la “piedra”. El paciente necesitará hacer descanso durante un tiempo.

Referencias bibliográficas

  • Türk, C., Knoll, T., Petrik, A. (2010) “Guía clínica sobre la urolitiasis”. European Association of Urology.
  • Urology Care Foundation. (2015) “Kidney Stones: A Patient Guide”. Urology Health.
  • Kidney Health Australia. (2017) “Fact Sheet: Kidney Stones”. Kidney.org.
Pol Bertran Prieto

Pol Bertran Prieto

Microbiólogo y divulgador

Pol Bertran (Barcelona, 1996) es Graduado en Microbiología por la Universidad Autónoma de Barcelona. Máster en Comunicación Especializada con mención en Comunicación Científica por la Universidad de Barcelona. Apasionado por la divulgación de la salud y la medicina y aficionado del deporte y el cine.