Las 15 partes del hígado humano (y sus funciones)

El hígado es el órgano más grande del cuerpo y está formado por distintas estructuras que le permiten ayudar a la digestión, el almacenamiento de sustancias y la eliminación de toxinas de la sangre.
Partes del hígado

A pesar de que no tiene tanto protagonismo como el cerebro, el corazón o los pulmones, el hígado es uno de los órganos vitales de nuestro cuerpo. Y, de hecho, con sus 1’5 kilos y los 26 centímetros de ancho, es el órgano más grande del organismo.

El hígado es vital para mantener un correcto estado de salud general ya que, formando parte del aparato digestivo pero teniendo implicaciones en muchos procesos de nuestra fisiología, ayuda a la digestión de los alimentos, almacena sustancias y elimina toxinas.

Cuidar el hígado evitando especialmente los abusos con el alcohol y otras sustancias es imprescindible, pues las estructuras y células que lo conforman son muy sensibles y si pierden la funcionalidad, la salud de todo el organismo corre peligro.

Y es que cuando las estructuras hepáticas fallan, es posible que sea necesario recurrir a un trasplante de hígado, el cual, con un precio de entre 110.000 y 130.000 euros y sus más de 12 horas de intervención, es uno de los procedimientos quirúrgicos más costosos del mundo de la medicina.

¿Qué funciones tiene el hígado?

El hígado es, como hemos dicho, el órgano interno más grande del cuerpo. Está localizado en la parte superior derecha de la cavidad abdominal, por encima del estómago y del riñón de ese hemisferio del cuerpo y justo por debajo del diafragma, el músculo que está bajo los pulmones.

Y que sea el órgano más grande del organismo no es ninguna casualidad. Ocupa tanto espacio ya que en su interior ocurren muchas reacciones fisiológicas que regulan todo tipo de procesos corporales, desde un nivel de digerir alimentos hasta de depurar la sangre de fármacos.

Por ello, el hígado recibe constantemente irrigación sanguínea para desempeñar sus funciones, las cuales son muy variadas: producción de bilis (sustancia que ayuda a que la digestión suceda correctamente), depuración de fármacos, alcohol y otras sustancias dañinas de la sangre, almacenamiento de glucosa para su liberación o retención (dependiendo de cómo estén los niveles en sangre), conversión del amoniaco nocivo en urea (esencial para que los riñones generen la orina), almacenamiento de hierro, regulación de los factores de coagulación sanguínea, producción de factores inmunitarios para combatir de forma efectiva las infecciones, producción de colesterol y proteínas especializadas en el transporte de grasas, etc.

Como vemos, el hígado cumple con innumerables funciones en el organismo. Y esto es posible gracias a la acción coordinada de muchas estructuras distintas, las cuales serán analizadas individualmente a continuación.

¿Cómo es la anatomía del hígado?

A nivel de anatomía humana, el hígado tradicionalmente se divide en dos lóbulos principales (derecho e izquierdo) y en un total de 8 segmentos. Además, el hígado está compuesto por algunas estructuras y células bien diferenciadas que cumplen tanto con las funciones hepáticas en sí como con otras tareas de apoyo, transporte de sustancias y de protección.

A continuación vemos cada una de estas partes en las que se divide el hígado humano.

Partes del hígado humano

1. Hepatocitos

Los hepatocitos son las células funcionales del hígado, es decir, las que están especializadas en cumplir con las funciones hepáticas que hemos visto anteriormente. De hecho, el 80% del hígado consiste en estas células.

Los hepatocitos se comunican entre sí formando canales por donde es secretada la bilis, la cual es generada por estas células. Además, en su interior, es decir, en el citoplasma intracelular, presentan muchos orgánulos ya que de este modo pueden cumplir con la función de almacenar glucosa, hierro, grasa, etc.

Son estos hepatocitos también los que se encargan de captar los fármacos y otros tóxicos (incluido el alcohol) procedentes de la sangre y metabolizarlos, es decir, convertirlos en moléculas que ya no sean dañinas para el organismo. Todas las tareas del hígado ocurren en el interior de estos hepatocitos, que son las células funcionales del mismo.

2. Células de Kupffer

Las células de Kupffer son las otras células funcionales del hígado que, si bien no cumplen con las funciones hepáticas como tal, son imprescindibles para garantizar una buena salud no solo hepática, sino general.

Las células de Kupffer son células del sistema inmune que se encuentran exclusivamente en el hígado. donde cumplen con una función vital. Estas células se encargan de, cuando los glóbulos blancos ya han cumplido con su función o son demasiado “viejos” y han perdido la funcionalidad, destruirlos. De este modo, las células de Kupffer retiran de la circulación a los otras células inmunes que ya no son funcionales e incita la producción de nuevas. De este modo, el hígado contribuye también a mantener un sistema inmunitario “joven” y eficaz.

Además, las células de Kupffer también ayudan a reparar las lesiones que ocurren en el hígado, generalmente fruto de una infección vírica como la hepatitis.

3. Lóbulo izquierdo

Los lóbulos del hígado no son una estructura funcional como tal, sino que sirven para dividir el hígado anatómicamente. Este está dividido, como hemos dicho, en dos lóbulos: izquierdo y derecho. El lóbulo izquierdo es el hemisferio del hígado que se encuentra por encima del estómago.

4. Lóbulo derecho

El lóbulo derecho es el más grande y consiste en el hemisferio del hígado que no se encuentra por encima del estómago, por lo que tiene más espacio en la cavidad abdominal. Es en esta porción del hígado donde se recibe la irrigación sanguínea por parte de la arteria hepática.

5. Arteria hepática

La arteria hepática es el vaso sanguíneo que llega al hígado con la sangre oxigenada para “alimentar” a los hepatocitos, pues ellos también necesitan sangre cargada de oxígeno y nutrientes. El 20% de la irrigación sanguínea procede de este vaso sanguíneo y es imprescindible para garantizar un adecuado aporte de oxígeno y nutrientes al hígado.

6. Vena porta

Sin embargo, el 80% de la irrigación sanguínea del hígado llega a través de la vena porta, el vaso sanguíneo que lleva al hígado sangre sin oxigenar para que cumpla con la función depurativa. La vena porta lleva la sangre procedente de los intestinos y el bazo hasta el hígado, motivo por el que es especialmente importante que sea depurada.

La sangre llega al hígado pendiente de depurar de tóxicos, cargada de nutrientes que van a ser (o no, dependiendo de las circunstancias y las necesidades del organismo) almacenados en los hepatocitos, con células inmunes “viejas”, etc. Esta vena porta, una vez en el interior del hígado, se ramifica en capilares cada vez más pequeños que permiten un contacto directo entre la sangre y los hepatocitos para que el hígado cumpla con sus funciones.

7. Venas hepáticas

Las venas hepáticas son los vasos sanguíneos presentes en el interior del hígado que, después de que los hepatocitos hayan actuado y la sangre esté “limpia”, conducen la sangre hasta la vena cava inferior, la cual envía la sangre (que está desoxigenada) de nuevo hasta el corazón. Es decir, las venas hepáticas son la vía de salida de la sangre ya depurada.

8. Vesícula biliar

La vesícula biliar es un saco muscular localizado debajo del hígado que almacena la bilis, una sustancia generada por los hepatocitos y que es de vital importancia durante la digestión, pues permite que los alimentos se descompongan adecuadamente. En esta vesícula, la bilis, que solo se necesita en momentos concretos, se almacena hasta que su presencia en el duodeno se requiere.

9. Conducto cístico

El conducto cístico es una parte de las vías biliares, es decir, es uno de los conductos que transportan la bilis desde la vesícula biliar hasta, en este caso, el punto de unión con el conducto hepático común. El conducto cístico nace de la vesícula biliar.

10. Conducto hepático común

El conducto hepático común es la vía biliar que, en este caso, nace del hígado. Es el tubo que envía la bilis generada por los hepatocitos hasta el punto de unión con el conducto cístico para, o bien enviar la bilis a ser almacenada en la vesícula biliar o bien para enviarla al sistema digestivo. En este último caso entra en juego el conducto colédoco.

11. Conducto colédoco

El conducto colédoco nace de la unión entre el conducto cístico y el hepático común, que convergen hasta formar una única vía biliar. Cuando se necesita la bilis ya que se están digiriendo los alimentos, la bilis sale de la vesícula biliar y viaja a través del conducto colédoco hasta desembocar en el duodeno, que es la parte inicial del intestino delgado. La bilis es el jugo gástrico que se libera en esta parte del sistema digestivo para permitir una correcta descomposición de los alimentos.

12. Ligamento coronario

Los ligamentos son porciones de tejido fibroso que, si bien no cumplen con las funciones hepáticas como tal, son imprescindibles para darle estructura y mantener la anatomía de este órgano. En el caso del ligamento coronario, es el tejido hepático que une el hígado al diafragma para asegurar que este mantiene su posición en la cavidad abdominal.

13. Ligamentos triangulares

Los ligamentos triangulares son los que le dan forma a los dos lóbulos del hígado, tanto al derecho como al izquierdo, para que estos tengan la estructura característica y encajen en la cavidad abdominal. El ligamento izquierdo está especialmente bien definido, pudiendo apreciar esta forma triangular.

14. Ligamento redondo

El ligamento redondo es una especie de cordón (o prolongación) fibroso que nace de la parte central inferior del hígado y que lo une con el duodeno para asegurar la correcta liberación de la bilis y, además, actúa como soporte tanto para la vena porta como la arteria hepática.

15. Ligamento falciforme

El ligamento falciforme es una porción de tejido fibroso que, junto con el coronario, se encarga de garantizar que el hígado se mantiene unido tanto al diafragma como a las paredes de la cavidad abdominal.

Referencias bibliográficas

  • Sibulesky, L. (2013) “Anatomía normal del hígado”. Clinical Liver Disease.
  • Ozougwu, J. (2017) “Physiology of the liver”. International Journal of Research in Pharmacy and Biosciences.
  • Ishibashi, H., Nakamura, M., Komori, A. (2009) “Liver architecture, cell function, and disease”. Seminars in Immunopathology.
Pol Bertran Prieto

Pol Bertran Prieto

Microbiólogo y divulgador

Pol Bertran (Barcelona, 1996) es Graduado en Microbiología por la Universidad Autónoma de Barcelona. Máster en Comunicación Especializada con mención en Comunicación Científica por la Universidad de Barcelona. Apasionado por la divulgación de la salud y la medicina y aficionado del deporte y el cine.