Los 4 tipos de Cirugías Oculares (beneficios y riesgos)

La cirugía ocular abarca un conjunto de técnicas que permiten aliviar patologías que afectan a la visión. Las intervenciones más frecuentes son aquellas que alivian problemas en la refracción, pudiendo corregir la vista de forma definitiva.

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Los ojos son algo así como el balcón mediante el cual podemos asomarnos al mundo que nos rodea. Así, gracias a ellos podemos percibir los estímulos que posteriormente nuestro cerebro se encarga de procesar. Es por este motivo que cuidar nuestros órganos visuales debe ser una prioridad, ya que una vista deficiente puede mermar profundamente nuestro bienestar y calidad de vida.

Afortunadamente, el campo de la oftalmología ha experimentado una enorme evolución en las últimas décadas, lo que ha permitido desarrollar tratamientos cada vez más eficaces y menos invasivos. La cirugía ocular, aquella que se realiza en el ojo o en sus zonas anexas, es de vital importancia para el abordaje de numerosos problemas de salud ocular.

Existen muchos tipos de cirugías oculares, pues nuestro sistema visual se compone de numerosas partes y esto significa que son muchas las patologías que pueden ocurrir. Para poder disfrutar de una visión adecuada es necesario que funcionen bien todas y cada una de las estructuras implicadas en ella, como la córnea, el cristalino, la retina o el nervio óptico.

Dentro de los distintos tipos de cirugía ocular existentes, la refractiva es una de las más utilizadas, ya que permite a muchos pacientes desprenderse del uso de gafas y lentes de contacto. En este artículo vamos a comentar qué es esta forma de cirugía y que tipos existen.

¿Qué es la cirugía ocular (refractiva)?

Los defectos refractivos son los problemas visuales más comunes en la población. Entre ellos se encuentran la miopía, la hipermetropía, el astigmatismo y la presbicia o vista cansada. Todas estas afecciones tienen en común su relación con la forma en la que la luz penetra en el ojo y se proyecta en la retina. Por norma general, esto afecta a la córnea y el cristalino, las dos lentes de nuestro ojo.

Este tipo de problemas se pueden aliviar con el uso de gafas y lentillas, aunque en los últimos años se ha desarrollado de forma exponencial una alternativa muy interesante: la cirugía refractiva. La cirugía refractiva comprende un conjunto de procedimientos quirúrgicos que permiten modificar el estado refractivo del ojo, es decir, su graduación. De esta forma, se consigue restaurar la visión. Esta intervención busca corregir de manera definitiva los defectos de refracción, de manera que el paciente no tenga que seguir recurriendo a gafas y lentes de contacto.

La técnica más adecuada en cada caso dependerá de factores como el tipo de defecto visual, su severidad, la edad del paciente, entre otros. En términos generales, la cirugía refractiva puede actuar de dos formas. La primera, modificando la forma de la córnea con ayuda de un láser. La segunda, implantando una lente intraocular delante del cristalino o sustituyendo este por una lente artificial.

Debido a que se trata de una operación que afecta a un órgano tan sensible como es el ojo, es esencial que el oftalmólogo realice previamente un estudio del paciente. Además, no todas las personas son buenas candidatas a someterse a este tipo de cirugía. Para ello, se requieren algunos requisitos.A nivel físico, es necesario que el paciente sea mayor de edad, que sus ojos se encuentren sanos (libres de infecciones, enfermedades…), con una graduación estable desde hace al menos un año y que tenga una intensidad acorde a la técnica que se va a utilizar.

Añadido a esto, hay ciertas condiciones que son incompatibles con una cirugía refractiva. Entre ellas destacan el embarazo y la lactancia, la existencia de alguna enfermedad autoinmune, el tratamiento con algunos medicamentos, la presencia de anomalías en la córnea, la inestabilidad emocional o unas expectativas poco realistas por parte del paciente…entre otras.

Todos los pacientes que deciden someterse a este tipo de intervención deben ser conscientes de lo que esto implica y mantener unas expectativas ajustadas a la realidad. En este sentido, cabe destacar que la cirugía refractiva solo permite corregir el defecto presente en el momento de la intervención, pero no previene los cambios naturales de la vista que se van dando con el paso del tiempo.

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¿Qué clases de cirugías del ojo existen?

Ahora que ya hemos comentado qué es la cirugía ocular refractiva, vamos a comentar los diferentes tipos de intervenciones que se pueden realizar de este tipo.

1. Lasik

Esta técnica consiste en realizar una incisión en el tejido más superficial de la córnea, utilizando para ello una cuchilla especial. Posteriormente se levantará una capa en este tejido, con el fin de aplicar un láser. Una vez que ha finalizado, la capa levantada se recoloca para que se adapte a la córnea del paciente.

El Lasik permite moldear la zona central de la córnea, con el fin de que esta posea el grado de curvatura perfecto para lograr el enfoque de las imágenes en la retina. No obstante, es importante tener en cuenta que esta cirugía solo permite corregir el defecto de refracción existente en el momento en el que esta se realiza. Es por esta razón que se recomienda recurrir a ella cuando la graduación se encuentre estable. De lo contrario, la intervención no servirá de nada y pronto reaparecerán los problemas de visión.

Como dato, es importante saber que someterse a esta intervención exige prescindir de las lentillas durante la semana previa a la misma. Esta cirugía se realiza de forma ambulatoria y no es dolorosa ya que se emplea colirio anestésico. El postoperatorio no es complicado, pues normalmente solo se precisa un día para volver a la normalidad. La técnica LASIK es rápida, poco molesta y capaz de tratar miopías severas, por lo que es una de las principales alternativas de tratamiento para los problemas refractivos.

LASIK

2. Femtolasik

Esta técnica se asemeja a la anterior, con la diferencia que en este caso no se emplea una cuchilla especial, sino un láser de gran precisión. Este permite, utilizando infrarrojos, crear una separación del tejido superficial de la córnea sin necesidad de hacer un corte. Esto se traduce en que el levantamiento de la capa es más preciso y también más seguro.

El resto del procedimiento sigue la misma dinámica, pues al levantar la capa se aplica láser de tratamiento que permite corregir el defecto refractivo. Una vez que se ha aplicado, la capa se vuelve a colocar sobre la córnea. El femtolasik ha comenzado a aplicarse más que el lasik, ya que esta forma de intervenir ofrece unos resultados de mayor calidad y reduce notablemente el riesgo de complicaciones postoperatorias.

3. PRK

Esta técnica se realiza retirando la capa corneal más fina, llamada epitelio, con la ayuda de una espátula quirúrgica. Tras esto, se aplica el láser sobre el área de la córnea despejada de epitelio. Al finalizar, se colocará al paciente una lente de contacto terapéutica para reducir sus molestias. La ventaja de la PRK es su alto grado de seguridad. Sin embargo, tiene un gran inconveniente, y es que su postoperatorio puede alargarse hasta tres días, que es el tiempo que el epitelio tarda en regenerarse.

Aunque sus indicaciones son iguales a las del Lasik, el PRK es una buena opción para quienes no son buenos candidatos al Lasik, especialmente aquellas personas con córneas demasiado finas o sequedad ocultar. Esta intervención es eficaz en las miopías bajas y moderadas, las miopías asociadas a astigmatismo y las hipermetropías moderadas y bajas sin astigmatismo.

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4. ICL

Esta intervención consiste en introducir una lente entre el iris y el cristalino. Este último es una lente que permite al ojo enfocar aquellos objetos más lejanos. La lente artificial debe estar ajustada a las necesidades del paciente en cuestión, pues su graduación debe ser la que este necesita para poder prescindir del uso de gafas.

Esta forma de cirugía es la más invasiva, por lo que se suele pautar en aquellos pacientes con graduaciones muy elevadas o en aquellos donde el uso del láser está contraindicado. No obstante, los resultados del ICL son de gran calidad y permiten mejorar notablemente la calidad de la visión.

Riesgos de la cirugía refractiva

Este tipo de cirugía es, como venimos comentando, una técnica segura. Sin embargo, tal y como sucede con todas las intervenciones médicas, puede implicar algunas complicaciones y riesgos.

  • Queratitis: Esta palabra que quizá desconozcas hace referencia a la inflamación de la córnea. Esta complicación no es muy habitual, pero puede dificultar seriamente el proceso de cicatrización. Normalmente, se puede abordar de manera eficaz con el uso de antibióticos.
  • Corrección escasa o excesiva del defecto de refracción: Es posible que el ajuste realizado no haya sido lo suficientemente preciso, por lo que la visión no se restaura como es debido. En estos casos, el paciente debe someterse de nuevo a una cirugía o resignarse a usar gafas.
  • Disminución de la sensibilidad al contraste: En entornos de luz tenue se reduce esta sensibilidad, lo que puede dificultar tareas como conducir de noche. No obstante, este efecto suele ser temporal y se revierte con el tiempo.
  • Sensibilidad excesiva a la luz: Al igual que el anterior, este efecto es habitual pero termina remitiendo con el tiempo.
  • Ojo seco: Este problema ocasiona dificultad o imposibilidad para que el ojo se lubrique de manera natural. En los casos más severos puede incluso ser complicado el lagrimeo. Este efecto también termina remitiendo espontáneamente.
  • Irritación ocular
  • Resplandores y visión de halos nocturnos
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