Los 5 tipos de vasos sanguíneos (y características)

Los vasos sanguíneos son conductos musculares que transportan la sangre por todo el organismo, aunque dependiendo de la función que cumplen pueden clasificarse en distintos tipos. Veámoslos.
Tipos de vasos sanguíneos

La sangre, a pesar de ser un líquido, sigue siendo un tejido más de nuestro cuerpo y, de hecho, uno de los más importantes. Y es que es a través de esta sangre que conseguimos hacer llegar el oxígeno y los nutrientes hasta todas las células del organismo, recoger las sustancias de desecho para su eliminación, transportar hormonas, servir de medio de viaje para las células del sistema inmune…

Y las “tuberías” por las que fluye esta sangre son los conocidos como vasos sanguíneos, unos conductos musculares que transportan la sangre por todo el cuerpo. Desafortunadamente, su importancia solo queda en evidencia cuando hay problemas en su anatomía o fisiología. Y es que las enfermedades cardiovasculares, es decir, las que afectan al corazón y a los vasos sanguíneos, son la principal causa de muerte en el mundo.

Sea como sea, no todos los vasos sanguíneos son iguales en lo que se refiere a estructura y roles que desempeñan. Viajando desde el corazón, que es la “bomba” del organismo, la sangre, en su recorrido, pasa por vasos sanguíneos muy diferentes.

Por ello, en el artículo de hoy analizaremos los principales vasos sanguíneos del cuerpo humano, repasando también el viaje que sigue la sangre para así entender los roles que cada uno de ellos desempeña.

¿Qué son los vasos sanguíneos?

Los vasos sanguíneos son unos conductos de naturaleza muscular (gracias a la cual pueden contraerse o dilatarse según las necesidades) que, ramificándose desde unos “tubos” principales hasta otros de más pequeños, consiguen abarcar la práctica totalidad del cuerpo. De hecho, los ojos son una de las pocas regiones del organismo que no disponen de vasos sanguíneos, pues no nos dejarían ver. Más allá de esto, están por todas partes.

Y tiene que ser así, pues son las únicas estructuras que cumplen con la función imprescindible de mantener el flujo de sangre por el organismo, cuya importancia es más que evidente. Junto con el corazón, los vasos sanguíneos constituyen el sistema cardiovascular o circulatorio humano.

La sangre viaja a través de este sistema en el que el corazón es el órgano que la bombea, es decir, que consigue impulsarla a lo largo de esta red de vasos sanguíneos, los cuales, a su vez, se encargan de garantizar que esta llega en condiciones a todo el organismo.

Dependiendo de su estructura, propiedades químicas de la sangre que transportan y su localización en el cuerpo, los vasos sanguíneos pueden clasificarse en arterias, arteriolas, capilares, vénulas o venas. Las analizaremos una por una, pero antes, es importante conocer cuál es la anatomía general de estos vasos sanguíneos.

¿Cuál es la anatomía de los vasos sanguíneos?

Pese a las diferencias entre los distintos tipos (que veremos después), todos los vasos sanguíneos comparten algunas características en común.

A grandes rasgos, un vaso sanguíneo es un conducto de naturaleza muscular que, evidentemente, está hueco por dentro para permitir el flujo de la sangre y que está formado por tres capas que, de fuera hacia adentro, son las siguientes.

1. Túnica adventicia

La túnica adventicia es la capa más externa del vaso sanguíneo. Sirve como una cobertura para proteger su interior. Su principal característica es que forma una especie de entramado resistente gracias a las fibras de colágeno, una proteína estructural que da firmeza pero a la vez elasticidad al vaso sanguíneo.

Esta capa externa, pues, sirve para anclar el vaso sanguíneo a su entorno, es decir, al tejido por el que circule, permitir que se contraigan y dilaten sin dañar su estructura y protegerlos de las posibles lesiones del exterior, haciendo más improbables las hemorragias.

2. Túnica media

Como su propio nombre indica, la túnica media es la capa intermedia del vaso sanguíneo, la cual se sitúa entre la adventicia y la capa más interna. A diferencia de la anterior, que estaba hecha de fibras de colágeno, la túnica media está compuesta por células musculares lisas, es decir, es músculo. También dispone de colágeno y elastina para complementar, pero su naturaleza es básicamente muscular.

Esta musculatura tiene, evidentemente, un control involuntario por parte del sistema nervioso autónomo. Dependiendo de la tensión y velocidad a la que fluya la sangre, los vasos sanguíneos se contraen o dilatan para mantener siempre la sangre en unas buenas condiciones. Esta adaptación es posible gracias a la túnica media, que se centra en realizar movimientos musculares acordes a las necesidades.

Por ejemplo, si tenemos la tensión baja, esta túnica media hará que los vasos sanguíneos se contraigan con el fin de contrarrestar el efecto de la hipotensión. Si, por el contrario, tenemos la tensión alta, la túnica media hará que los vasos sanguíneos se dilaten (se ensanchen) para así reducir el impacto de la hipertensión.

3. Túnica íntima

La túnica íntima es la capa más interna del vaso sanguíneo y, por lo tanto, la única que está en contacto directo con la sangre. Además de colágeno y elastina (todas las capas tienen que tenerlas para permitir la flexibilidad), la túnica íntima está compuesta por células endoteliales, las cuales se estructuran con una sola capa de células para dar lugar a un tejido que se conoce como endotelio, que se encuentra únicamente en estos vasos sanguíneos y en el corazón.

Sea lo que sea, lo importante es que quede claro que su naturaleza no es muscular, sino endotelial. Este tejido es imprescindible ya que las células endoteliales permiten una función clave del sistema circulatorio: el intercambio de gases y nutrientes.

Es a través de esta túnica íntima que se pasan a la sangre los nutrientes y el oxígeno pero también se recogen de la circulación las sustancias de desecho (como el dióxido de carbono) para su posterior eliminación del organismo.

En resumen, la túnica adventicia da protección, la media permite que los vasos sanguíneos se contraigan y dilaten según las necesidades y la íntima hace posible el intercambio de sustancias con la sangre. Ahora que ya se ha entendido esto, podemos pasar a analizar cada uno de los tipos de vasos sanguíneos.

¿Qué tipos de vasos sanguíneos hay en el cuerpo?

A grandes rasgos, hay dos tipos de vasos sanguíneos que transportan la sangre oxigenada: las arterias y las arteriolas. Después, hay unos en los que se da el intercambio de sustancias con los tejidos: los capilares. Y, por último hay dos que transportan la sangre sin oxigenar de nuevo hacia el corazón: venas y vénulas. Veámoslos individualmente.

1. Arterias

Las arterias son los vasos sanguíneos más fuertes, resistentes, flexibles y elásticos. Y es que son los que deben soportar mayores presiones, pues es a través de ellos que la sangre que ha sido bombeada por el corazón (con oxígeno) viaja hacia el resto del cuerpo.

Entre latido y latido, las arterias se contraen, ayudando así a mantener estable la presión arterial. La arteria más importante del cuerpo es la aorta, pues es la que recibe la sangre del corazón y a través de la cual será enviada al resto de arterias. Esta arteria aorta, además, es la arteria más grande del cuerpo (pero no el vaso sanguíneo más grande), con un diámetro de 25 mm. El resto de arterias del cuerpo tienen entre 0’2 y 4 mm de amplitud. Pero si solo hubiera estos grandes conductos, la sangre no podría llegar a todo el cuerpo.

Por este motivo, las arterias se ramifican en otros vasos sanguíneos más pequeños: las arteriolas. Podemos imaginar la arteria aorta como el tronco de un árbol, las otras arterias como las ramas más gruesas y las arteriolas como las ramas más finas y abundantes.

2. Arteriolas

Las arteriolas son, básicamente, arterias mucho más delgadas. No cumplen tanto (pero lo siguen haciendo) con la función de distribución y mantenimiento de la presión arterial, pero siguen siendo imprescindibles ya que gracias a ellas, la sangre llega a todos los rincones del organismo.

Las arteriolas tienen un diámetro de entre 0’01 y 0’02 mm. Siguen llevando sangre oxigenada y su principal función es la de hacerla llegar a la zona de intercambio de gases y nutrientes: los capilares.

3. Capilares

Capilares

Los capilares, con sus entre 0’006 y 0’01 mm, son los vasos sanguíneos más diminutos. Pero eso no significa que sean menos importantes. De hecho, la actividad de todo el sistema circulatorio culmina en la correcta funcionalidad de estos capilares.

Tienen unas paredes extremadamente finas, pero es precisamente esto lo que permite que el oxígeno y los nutrientes pasen a los tejidos a los que están anclados. Y es que los capilares forman una red que se extiende por todo el cuerpo. Si no hubiera capilares, las células no podrían recibir ni el oxígeno ni los nutrientes necesarios para sobrevivir.

De igual modo, al mismo tiempo que envían a los tejidos y órganos las sustancias que necesitan para mantenerse funcionales, recogen las de desecho, básicamente dióxido de carbono y otros productos del metabolismo celular que deben ser eliminados del cuerpo, pues son tóxicos.

Por ello, los capilares también son un nexo de unión entre arterias (que transportaban la sangre cargada de oxígeno y nutrientes) y las venas, las cuales analizaremos a continuación.

4. Vénulas

La vénulas son para las venas lo que las arteriolas eran para las arterias. Es decir, partiendo de los capilares, una vez ya se ha enviado a los tejidos el oxígeno y los nutrientes y se han recogido las sustancias de desecho, la sangre termina estando sin nutrientes y sin oxígeno y, además, con productos tóxicos.

Esta sangre “sucia” pasa a las vénulas, las cuales recogen esta sangre que debe, por un lado, volver al corazón y que este la envíe a los pulmones para oxigenarse y, por otra parte, llegar a los órganos que filtran la sangre (como los riñones) y así expulsar del cuerpo las sustancias de desecho. De esto se encargan tanto las venas como las vénulas, que básicamente son venas estrechas.

Sea como sea, las vénulas, al igual que las arteriolas, tienen un diámetro de entre 0’01 y 0’02 mm. Al no recibir el impulso del corazón (como sí lo hacían las arterias), las vénulas y las venas tienen válvulas a lo largo de su extensión para impedir el retroceso de la sangre, pues esta circula con menos fuerza.

5. Venas

Todas estas vénulas que recogen la sangre “sucia” se acaban fusionando en vasos sanguíneos cada vez más grandes hasta dar lugar a las venas. Como hemos dicho, su principal función es la de hacer regresar la sangre al corazón.

Su diámetro es de entre 0’2 y 5 mm, es decir, por lo general son más anchas que las arterias. Y lo interesante es que, pese a ser más grandes, sus paredes son mucho más estrechas. Esto es debido a que no deben soportar presiones tan altas.

Las venas cava son las más importantes del organismo. La vena cava superior recibe la sangre del tronco superior y la inferior, de la parte por debajo del diafragma, incluido todo el tronco inferior. Ambas, sin embargo, entran la sangre el corazón para que este vuelva a distribuirla y la oxigene en los pulmones. Las venas cava son, con sus 35 mm de diámetro, los vasos sanguíneos más grandes.

Referencias bibliográficas

  • Amani, R., Sharifi, N. (2012) “Cardiovascular Disease Risk Factors”. The Cardiovascular System – Physiology, Diagnostics and Clinical Implications.
  • Rodríguez Núñez, I., González, M., Campos, R.R., Romero, F. (2015) “Biología del Desarrollo Vascular: Mecanismos en Condiciones Fisiológicas y Estrés Flujo”. International Journal of Morphology.
  • Ramasamy, S.K. (2017) “Structure and Functions of Blood Vessels and Vascular Niches in Bone”. Stem Cells International.
Pol Bertran Prieto

Pol Bertran Prieto

Microbiólogo y divulgador

Pol Bertran (Barcelona, 1996) es Graduado en Microbiología por la Universidad Autónoma de Barcelona. Máster en Comunicación Especializada con mención en Comunicación Científica por la Universidad de Barcelona. Apasionado por la divulgación de la salud y la medicina y aficionado del deporte y el cine.