¿Podría realmente un virus extinguir la especie humana?

Muchas películas han planteado situaciones apocalípticas en las que un virus extingue por completo a la humanidad, pero, ¿esto sería posible en la realidad?
Virus extinguir la especie humana

Los virus son una de las mayores amenazas para la salud pública. Y, de hecho, a fecha que se escribe este artículo (18 de marzo de 2020), el mundo está enfrentándose a una de las situaciones más alarmantes del último siglo: la pandemia por el Covid-19.

A lo largo de la historia, los virus han sido responsables de verdaderos desastres naturales: la gripe española de 1918, la pandemia de VIH (que continúa a día de hoy), la gripe asiática de 1956, la gripe de Hong Kong de 1968… Por no hablar de la viruela o el sarampión, los dos mayores “asesinos” que ha conocido la humanidad.

Los virus han causado pandemias realmente devastadoras, provocando millones de muertos. Y seguimos conviviendo con ellos, pues la naturaleza siempre nos demuestra que no tenemos nada que hacer contra toda su fuerza.

Pero a pesar de ello y de que muchas películas plantean situaciones apocalípticas en las que un virus increíblemente agresivo aniquila por completo (o casi) a toda la población mundial, ¿realmente este es un escenario posible? ¿Un virus podría extinguir a la humanidad? En este artículo intentaremos dar respuesta a esta pregunta.

¿Qué son los virus?

Junto a las bacterias, los virus son los principales patógenos a los que nos enfrentamos. Y, de hecho, los virus tienden a ser responsables de situaciones más peligrosas (al menos a día de hoy que disponemos de antibióticos), pues es mucho más difícil frenar la expansión de estos que la de las bacterias.

Todavía no hay mucho consenso sobre qué es un virus. Hay quien cree que son seres vivos y hay quien considera que no reúnen las propiedades suficientes para tratarlos como tal. Sea como sea, un virus es una partícula infectiva muy sencilla: una membrana de proteína que recubre el material genético. Nada más.

Son partículas miles de veces más pequeñas que una célula y viven por y para infectar a otros seres vivos. Los virus no pueden vivir por sí solos. Para replicarse tienen que parasitar una célula, penetrarla y, una vez dentro, utilizarla para obtener la materia necesaria para multiplicarse y dar lugar a miles de nuevas copias del virus. Cuando ya se ha replicado, destruye la célula para liberar los nuevos virus.

En el caso de los humanos, hay muchas especies de virus que pueden infectarnos. De hecho, cualquier órgano o tejido de nuestro cuerpo es susceptible de ser infectada por un virus: pulmones, órganos sexuales, sangre, intestinos, ojos…

Y nos hacen enfermar en parte por el daño que hacen a las estructuras del cuerpo cuyas células parasitan y en parte por la reacción de nuestro propio sistema inmune, que se esfuerza en eliminar cuanto antes estas amenazas microscópicas.

¿Por qué producen pandemias?

A día de hoy, los virus son (de forma prácticamente segura) los únicos patógenos capaces de desatar una pandemia a nivel mundial. Y es que actualmente disponemos de tratamientos y fármacos para combatir bacterias, hongos y cualquier tipo de parásito. Una nueva situación como la Peste Negra, que fue causada por una bacteria, es impensable.

El problema de los virus es que seguimos sin tener fármacos que los maten, como sí ocurre con los antibióticos para las bacterias o los antifúngicos para los hongos. Esto es, en parte, porque no puedes matar algo que “no está vivo”. Sí que existen algunos medicamentos que frenan su desarrollo, pero hay que esperar a que el propio cuerpo los elimine por sí solo. Basta con pensar que seguimos sin cura para el resfriado común.

Estamos mucho más “desnudos”. Y esto, juntamente con el hecho de que algunos tienen una enorme facilidad para transmitirse de persona a persona, hace que reúnan todos los ingredientes necesarios para causar pandemias.

Para que una situación pandémica ocurra, deben reunirse muchas condiciones, pero hemos visto que es posible. El virus debe ser “nuevo”. Si es un virus que lleva circulando mucho tiempo por el mundo, la mayoría de las personas serán inmunes a él, por lo que no podría causar una pandemia. Cuando es un virus nuevo, la falta de inmunidad colectiva hace que afecte a mucha más gente. Además, esto es una garantía para el virus de que no dispondremos de vacuna.

Tiene que ser de fácil transmisión. Hay muchas vías de contagio que pueden seguir los virus: relaciones sexuales, contacto con fluidos corporales, alimentos contaminados, mordedura de animales… Pero solo aquellos con la capacidad de transmitirse por el aire son los que tienen el potencial de causar una pandemia. El contagio es mucho más sencillo y las medidas de contención para evitar la propagación son muy difíciles.

También debería tener la propiedad de contagiarse mientras la persona está en el periodo de incubación, es decir, cuando todavía no tiene síntomas. Esto provoca que cuando está haciendo vida normal, el virus puede ir diseminándose. Si solo se contagia cuando tiene síntomas, la persona estará encerrada en casa y no lo propagará tanto.

Cuando un virus reúne estas condiciones, tiene el potencial de provocar una pandemia mundial. Y el Covid-19, por ejemplo, las ha reunido todas. La gripe, que circula cada año por el mundo, las cumple todas a excepción de ser “nuevo”. Por ello, cuando el Coronavirus deje de ser un desconocido para nuestro sistema inmune, no habrá más pandemias provocadas por él.

¿Hemos estado alguna vez al borde de la extinción?

Al borde la extinción quizás no. Pero sí que ha habido pandemias provocadas por virus que han sido realmente devastadoras, provocando millones de muertes en todo el mundo. Por lo tanto, si bien ningún virus ha estado cerca de extinguirnos, lo cierto es que sí que ha habido situaciones críticas.

Un ejemplo de ello es la viruela. Y es que antes de su erradicación en 1980, el virus estuvo circulando por el mundo durante miles de años provocando unas estimadas 300 millones de defunciones. No fue exactamente una pandemia pues fue una situación prolongada en el tiempo, pero sea como sea, es el virus que ha causado mayores desastres naturales.

El sarampión es otra de las enfermedades víricas que más estragos ha causado a lo largo de la historia. Propagándose por el aire, el virus del sarampión ha matado a más de 200 millones de personas. Gracias a la vacunación, los casos son anecdóticos. Pero el virus sigue ahí fuera, así que vacunarse es nuestra mejor protección.

La Gripe Española de 1918 fue una de las pandemias más graves de la historia. Exterminó al 6% de la población mundial, causando entre 50 y 100 millones de muertes en un lapso de tan solo dos años. Es, quizás, la vez que hemos estado “más cerca” de una extinción.

Y no hay que olvidar tampoco la pandemia (que seguimos sufriendo) de VIH. Y es que este virus, aunque se contagie por contacto sexual, es responsable de desarrollar el SIDA, una enfermedad mortal que ya entra dentro de las cinco pandemias más mortíferas de la historia con sus 35 millones de muertes.

De todos modos, si bien es cierto que ha habido veces en las que nos hemos enfrentado a virus muy letales y de fácil propagación, jamás ha habido riesgo de una extinción real. Para una extinción debería morir el 100% de la población. Y cuando hemos estado más cerca es con ese 6% de la Gripe Española.

Y si no hubo opción en el pasado, menos la habrá ahora con el desarrollo de la medicina y la implantación de la higiene en el día a día de las personas.

Ningún virus nos extinguirá, pero, ¿por qué?

Un virus jamás podría extinguir a la especie humana. Nos hemos enfrentado (y nos seguiremos enfrentando) a pandemias graves, pues es imposible evitar que estas sucedan, pero a continuación presentaremos los principales motivos por los que ningún virus podrá extinguirnos.

1. Ningún virus quiere matarnos

A veces tenemos la falsa impresión de que los virus quieren matarnos. Y esto no es así en absoluto. Nosotros somos su “casa”. Y lo que de verdad quieren es cuidarnos, por muy irónico que parezca. Los virus necesitan estar en nuestro interior y que les demos un lugar en el que replicarse. En el momento que nos matan, ellos también “mueren” ya que se quedan sin hogar.

Por ello, los virus más letales suelen ser los de nueva aparición o los que no están acostumbrados al cuerpo humano, es decir, que hayan hecho un salto de una especie animal a nosotros. Pero con el tiempo, esta relación se vuelve más estrecha y el virus busca el equilibrio entre obtener beneficios y que nuestra salud no se vea comprometida.

A nivel evolutivo, los virus menos agresivos son los más exitosos. ¿Por qué la gripe o el resfriado común son tan frecuentes? Porque los virus nos causan pocos daños. Un virus que mata a su hospedador es un virus destinado al fracaso. Por ello, los virus tienden a desarrollar estrategias para no causarnos más daño del necesario. En condiciones ideales, un virus “querría” que ni siquiera notáramos su presencia. Por ello, es imposible que un virus cause una extinción masiva. Sería un fracaso evolutivo para ellos.

2. Siempre hay personas inmunes

Incluso con los virus de nueva aparición, un porcentaje de la población más alto del que pensamos es inmune a su ataque. Los mecanismos por los que disponen de esta inmunidad siguen sin estar demasiado claros, pero lo cierto es que en cualquier pandemia, muchas personas no llegan a sufrir la enfermedad.

Además, ni los virus de mayor propagación son capaces de llegar a absolutamente todos los núcleos de población del mundo. Por lo tanto, no podría haber extinción masiva ya que es imposible que todos los humanos contraigan la enfermedad en cuestión.

3. La medicina es nuestra protección

Si las pandemias no consiguieron extinguirnos en la Edad Media, menos lo van a hacer ahora. Los humanos resistimos el ataque de virus muy letales cuando todavía no existía la medicina como tal. A día de hoy, los servicios sanitarios y los medicamentos que hay disponibles evitarían que la humanidad se extinguiera. Incluso en el peor de los escenarios, la medicina nos protegería.

4. Hemos tomado conciencia de la importancia de la higiene

Solo hace falta mirar al pasado para darse cuenta que las pandemias más mortíferas aparecieron en épocas en las que no se podía garantizar la higiene. Ejemplo de ello es la Gripe Española, que surgió en el contexto de la Primera Guerra Mundial. Las condiciones de guerra, pobreza y falta de recursos incrementan enormemente el riesgo de contagio y la sensibilidad de la población.

A día de hoy, no solo no estamos en un contexto de guerra, sino que todos hemos tomado conciencia de la importancia de la higiene personal y pública. Nos lavamos las manos, hay sistemas de saneamiento de las aguas, tenemos hogares higiénicos, las aguas residuales se sanean adecuadamente… Por lo tanto, si bien es cierto que pueden desatarse pandemias, siguiendo las normas básicas de higiene, su desarrollo podría frenarse. De nuevo, si ningún virus consiguió exterminarnos cuando vivíamos en condiciones precarias, menos lo va a hacer ahora.

5. A mayor agresividad, menor facilidad de transmisión

Esta relación directamente proporcional se cumple en la naturaleza siempre. Y es que un aumento de la agresividad en la patología del virus suele ir vinculado a una menor capacidad de propagación. Lo mejor para verlo es poner un ejemplo.

¿Cuál es la enfermedad vírica más común en el mundo? Sin duda, el resfriado. Personas perfectamente sanas lo sufren hasta dos veces un mismo año ya que tiene una facilidad muy alta para propagarse. Y coincide también con ser una de las enfermedades más leves, pues el cuadro clínico no guarda ninguna gravedad.

Ahora, ¿cuál es una de las enfermedades víricas más letales? Por ejemplo, el ébola. Esta enfermedad llega a tener una letalidad del 90%, es decir, es increíblemente mortífera. Pero su capacidad de transmisión es muy baja. Solo se propaga por el contacto directo con los fluidos corporales de un enfermo. El riesgo de contagiarse es extremadamente bajo. Prueba de ello es que en la “crisis” de 2014 solo hubo 7 infectados fuera del continente africano.

Por lo tanto, un virus que tenga la capacidad de transmisión suficiente como para propagarse rápidamente por todo el mundo no puede ser tan letal como para extinguirnos a todos. Una enfermedad con una letalidad suficiente para extinguir a la especie humana tendría una capacidad de transmisión tan baja que nunca llegaría ni siquiera a infectarnos a todos.

Por lo tanto, tenemos que estar tranquilos. Ningún virus conseguirá extinguirnos. Lo que tenemos que vigilar en estos casos de pandemias es que la población más sensible esté protegida. Frenar el avance de estos virus es de vital importancia para que la vida de los ancianos, inmunodeprimidos y personas con patologías previas no corra peligro.

Referencias bibliográficas

  • Qiu, W., Rutherford, S., Mao, A., Chu, C. (2017) “The Pandemic and its Impact”. Health, Culture and Society.
  • Pike, B.L., Saylors, K., Fair, J.N. et al (2010) “The Origin and Prevention of Pandemics”. Clinical Infectious Diseases, 50(12).
  • Centers for Disease Control and Prevention. (2020) “Lo que necesita saber sobre la enfermedad del coronavirus 2019 (COVID-19)”. CDC.
  • World Health Organization. (2018) “Managing epidemics: key facts about major deadly diseases”. WHO.
Pol Bertran Prieto

Pol Bertran Prieto

Microbiólogo y divulgador

Pol Bertran (Barcelona, 1996) es Graduado en Microbiología por la Universidad Autónoma de Barcelona. Máster en Comunicación Especializada con mención en Comunicación Científica por la Universidad de Barcelona. Apasionado por la divulgación de la salud y la medicina y aficionado del deporte y el cine.