¿Es mejor para la salud vivir en la costa o en la montaña?

Las grandes ciudades ponen en peligro nuestra salud tanto física como mental, por lo que mudarse a entornos más rurales puede ser una buena elección.
¿Es mejor para la salud vivir en la costa o en la montaña?

Pasamos el 90 % de nuestro tiempo en espacios cerrados y, encima, en ciudades. Los humanos somos primates que viven en un entorno para el que no están programados evolutivamente. Los animales necesitan estar en contacto con la naturaleza, pues de lo contrario, surgen problemas mentales e incluso físicos.

Las ciudades son zoológicos en los que estamos “encerrados”. De hecho, el 55 % de la población mundial vive en entornos urbanos, y se estima que para 2050, este porcentaje será del 68 %.

Nuestra sociedad está muy desconectada de la naturaleza, lo que nos lleva a presentar muchos problemas de salud vinculados a la vida de las grandes ciudades. Por ello, mucha gente opta para mudarse a entornos más rurales.

Pero, ¿es mejor vivir en la costa o en la montaña? En el artículo de hoy, además de ver las consecuencias de la vida en las ciudades, analizaremos si es más saludable vivir cerca de la playa o en el campo.

¿Qué consecuencias tiene la vida en las grandes ciudades?

Como hemos dicho, los humanos estamos programados genéticamente para vivir en contacto con la naturaleza. De lo contrario, igual que pasa con los simios en un zoológico, pueden surgir muchos problemas y trastornos tanto físicos como mentales.

Evidentemente nos hemos ido acostumbrando a los entornos urbanos ya que nuestra sociedad ha sentido la necesidad de vivir en grandes ciudades, pero, pese a esta normalización y a poder vivir felices en ellas, en nuestro interior algo nos dice que ese entorno no es natural. Que no está hecho para nosotros.

La vida en las grandes ciudades tiene implicaciones en nuestra salud tanto por los niveles de contaminación que hay en ellas como por el estilo de vida vinculado a los entornos urbanos, algo que hace peligrar nuestra salud en distintos ámbitos.

1. Problemas debidos a la contaminación

La OMS estima que cada año mueren en el mundo 7 millones de personas a causa de los efectos de la contaminación, los cuales son mucho más marcados en las grandes ciudades. De todos modos, hay que tener en cuenta que, pese a que muchas veces se haga creer lo contrario, las ciudades de los países desarrollados no tienen una contaminación tan alta como para ocasionar muertes. Al menos, de forma directa.

Es en los países pobres o en vías de desarrollo que, al no respetarse los protocolos de calidad del aire, se pone en peligro la vida de la gente. En las ciudades de los países desarrollados, pese a que la contaminación del aire pueda ser palpable y resultar molesta, se respetan los límites de polución y no llega a ser tan peligrosa como a veces se intenta hacer creer.

Sin embargo, sí es cierto que la presencia de contaminantes en el aire debida a, básicamente, las industrias y a las sustancias tóxicas que emiten los vehículos, está relacionada con muchos problemas de salud.

Directamente no los causa, pero sí que puede ser un añadido importante a la hora de desarrollarlos. De hecho, la presencia de tóxicos en el aire de las grandes ciudades hace aumentar la probabilidad de sufrir alergias, asma, hipertensión, problemas en las vías respiratorias, trastornos del sistema inmune, afecciones gastrointestinales, problemas cardíacos derivados de estos trastornos...

2. Problemas debidos al estilo de vida

Quizás lo más importante y, a menudo, el más infravalorado. Tendemos a solo precouparnos por la contaminación atmosférica, cuando la verdadera amenaza para nuestra salud es aquella relacionada con el estilo de vida en las grandes ciudades.

La presión laboral, la contaminación acústica, las aglomeraciones de gente, el tráfico, las prisas… Todo esto tiene un impacto enorme en nuestra salud, especialmente en la mental. El estilo de vida de las grandes ciudades hace que prácticamente todos suframos en mayor o menor medida estrés y episodios de ansiedad.

El estrés y la ansiedad que se vive en las grandes ciudades pone en peligro el bienestar psicológico de sus habitantes, haciendo aumentar en gran medida el riesgo de padecer trastornos mentales graves como la depresión.

Los entornos rurales: ¿la solución?

Mudarse al lado del mar o a la montaña puede parecer la solución a todos estos males, pues nos separamos - en principio - tanto de la contaminación atmosférica como del estilo de vida asfixiante.

La desconexión de la naturaleza es lo que hace que surjan los problemas anteriormente descritos, por lo que es importante entrar en contacto con entornos rurales. Pasear por el bosque, subir a la cima de una montaña, caminar por una playa desierta, etc, son prácticas cuyos beneficios para la salud física y mental, pese a que se están estudiando, parecen ser muy importantes.

Sin embargo, antes de tomar una decisión así hay que tener en cuenta muchos aspectos que analizaremos a continuación. Cada persona tiene unas necesidades y unos gustos distintos, por lo que hay que tener claro si es mejor, en caso de que se quiera cambiar de aires, vivir en la costa o en la montaña.

Ambos comparten que estarás alejado de la contaminación atmosférica de las ciudades y que la vida no será tan agobiante, pero hay diferencias entre ellos.

1. Beneficios de vivir en la costa

Vivir cerca del mar es una opción atractiva para muchas personas que disfrutan de la playa y que quieren alejarse del impacto que tienen las grandes ciudades en el bienestar físico y psicológico.

En primer lugar e igual que sucede con la montaña, vivir en la costa implica alejarse del estilo de vida de las grandes ciudades. La vida es más tranquila y, por lo tanto, estás alejado tanto del estrés como de la ansiedad.

Además, los estudios científicos demuestran que, debido a que el agua de mar es rica en yodo y otras sales marinas, vivir cerca de las playas ayuda a mejorar muchos problemas respiratorios, pues estos componentes actúan como descongestionantes y están presentes tanto en el agua como en la brisa marina que se respira en la costa.

Además, tener una casa al nivel del mar implica que la presión atmosférica es mayor, por lo que hay más oxígeno en el aire. Los pulmones captan más oxígeno y los órganos y tejidos se oxigenan mejor. Esto, juntamente con el hecho de que el estilo de vida sea más tranquilo, hace que se observe una notable reducción en la presión arterial, lo que contribuye a disminuir la probabilidad de sufrir problemas cardiovasculares.

Vivir en la costa abre también las puertas a realizar ejercicio en la playa, algo que todos los médicos recomiendan. Nadar, correr por la arena, hacer estiramientos con la brisa marina… Todo esto mejora el estado de salud general, además de prevenir problemas en las articulaciones.

El agua de mar, además, ayuda a combatir infecciones. Debido a la presencia de sustancias bactericidas en ella, bañarse en el mar fortalece nuestro sistema y hace que seamos más resistentes a las enfermedades infecciosas.

Estar en contacto con la playa también es muy bueno para la salud dermatológica, pues las sustancias presentes en el agua de mar no solo ayudan a cicatrizar mejor las heridas, sino a prevenir el desarrollo de acné y otros problemas de la piel.

2. Beneficios de vivir en la montaña

Si lo que buscas es la máxima tranquilidad, quizás vivir en la montaña sea la mejor opción. Hay que tener en cuenta que, además de ser más caro, vivir en la costa implica que durante las temporadas de verano, la zona se llene de gente, de espectáculos y de fiesta.

Vivir en la montaña, por lo tanto, implica alejarse todavía más del estilo de vida estresante de las ciudades y, por lo tanto, los efectos para la salud, especialmente la mental, son incluso más notorios. Los bosques son una de las mejores fuentes de bienestar.

En primer lugar, la ansiedad y el estrés prácticamente desaparecen. La vida es mucho más tranquila y estás totalmente alejado del estilo de vida urbano.

Los estudios parecen indicar que la exposición a ambientes forestales reduce los niveles de cortisol, una hormona relacionada con el estrés. Esto hace que vivir en las montañas te haga sentir más relajado, cosa que contribuye al bienestar psicológico.

Además, la vegetación forestal actúa como filtro de gases contaminantes, haciendo que el aire que se respire sea de la máxima calidad posible.

Y no solo eso, pues los árboles liberan unas sustancias químicas conocidas como terpenos, los cuales potencian nuestro sistema inmune, haciendo aumentar el número de células inmunitarias. Esto, juntamente con el efecto que tienen los estímulos sonoros y visuales de los bosques, hace que la presión sanguínea disminuya, reduciendo la probabilidad de desarrollar problemas cardíacos.

Los estudios demuestran también que nuestra microbiota, imprescindible para procesos como la digestión y la protección de la piel, se beneficia de la exposición a los ambientes forestales. De igual modo, las últimas investigaciones parecen indicar que vivir en la montaña ayuda a regular mejor los niveles de glucosa en sangre.

Entonces, ¿vivir en la costa o en la montaña?

Lo primero que hay que tener claro es que tanto el desarrollo de enfermedades como la salud mental son dos aspectos en los que influyen infinidad de factores, no solo el lugar en el que se vive. La genética, la alimentación, los hábitos de vida, las horas de sueño… Todos estos son igual de importantes, por lo que mudarse a la costa o a la montaña no es sinónimo de “estar más sano”.

Sin embargo, lo que está claro es que optar por vivir en uno de estos dos sitios hará que te alejes de la contaminación atmosférica y del estrés de las grandes ciudades, algo que, si bien no es una garantía de bienestar físico y psicológico, puede ayudarte mucho a gozar de salud.

Por lo tanto, esta decisión debe basarse en las preferencias personales. Los beneficios son muy parecidos entre ellos, por lo que debes preguntarte qué es lo que más te gusta. ¿Dónde te ves siendo más feliz? ¿En la playa? ¿En la montaña? Incluso puede ser que donde vayas a estar mejor, pese a lo anteriormente mencionado, sea en una gran ciudad.

Mientras se lleve una vida sana y se hagan esfuerzos para lograr bienestar psicológico, en cualquier lugar, ya sea una ciudad, la costa o la montaña, se podrá gozar de salud.

Referencias bibliográficas

  • Peng, C., Yamashita, K., Kobayashi, E. (2016) “Effects of the Coastal Environment on Well-being”. Journal of Coastal Zone Management.
  • Stigsdotter, U.K., Pálsdóttir, A.M., Burls, A., et al (2011) “Forests, Trees and Human Health”. Springer.
  • World Health Organization. (2016) “Ambient air pollution: a global assessment of exposure and burden of disease”. WHO.
Pol Bertran Prieto

Pol Bertran Prieto

Microbiólogo y divulgador

Pol Bertran (Barcelona, 1996) es Graduado en Microbiología por la Universidad Autónoma de Barcelona. Máster en Comunicación Especializada con mención en Comunicación Científica por la Universidad de Barcelona. Apasionado por la divulgación de la salud y la medicina y aficionado del deporte y el cine.