¿Qué es la vida?

Una pregunta que todos nosotros nos hemos hecho y que, pese a parecer de respuesta simple, es increíblemente compleja. Exploramos la naturaleza de los seres vivos para entender qué es la vida.
Qué es la vida

¿Un perro está vivo? Sí. ¿Una nube está viva? No. ¿Y la madera de una silla? Lo estuvo, pero ya no. ¿Y qué hay de los virus? Pues… generalmente se piensa que no, aunque los hay que opinan que sí…

Hay cosas en nuestro día a día que no nos resulta nada complicado diferenciarlos como seres vivos y como seres inertes, mientras que hay otras que es un poco más complicado. El criterio para delimitar qué está vivo y qué no no es para nada de sentido común y, de hecho, la propia comunidad científica sigue teniendo sus dudas a día de hoy.

¿Qué es la vida? Esta es una cuestión que nos proponemos aquí y trataremos de responder en base al consenso actual y lo que se sabe en hoy en día.

¿Cómo definimos “la vida”?

Si nos hicieran la pregunta de “¿qué está vivo?”, de primeras nos parecería una pregunta muy obvia, incluso absurda. Yo, como ser humano, estoy vivo. Tú, lector de este artículo, también lo estás. Los perros, los gatos, los pájaros y los árboles que veo cuando paseo por la calle también están vivos, pero, ¿qué pasa con los coches que circulan por ella? No lo están. ¿Y los bancos de madera? Tampoco, aunque su madera sí lo estuvo. ¿Y el fuego que está arrasando la casa de mi vecino? El fuego vivo no está y si el vecino no hace algo para apagarlo pronto, él tampoco lo estará.

Está claro que, desde nuestro sentido común, sabemos o creemos saber identificar aquello que está vivo de lo que no lo está. No obstante, cuando hacemos esta diferenciación, ¿en qué nos estamos basando? ¿qué criterio usamos para definir lo vivo y lo inerte? ¿qué es la vida? Pese a que estas preguntas nos puedan parecer de cajón, no lo son tanto. Muchas de las definiciones científicas de lo que es la vida son de tipo operacional, permitiéndonos separar a aquellos seres vivos de los inanimados.

Pese a esta capacidad, estas definiciones tienen ciertos puntos controversiales puesto que la línea que separa lo vivo de lo inerte no está tan clara. Para poder hacer esta separación debemos ver una lista de propiedades que se considera que, en su conjunto, son únicas de los seres vivos o, al menos, los que encontramos en el planeta Tierra.

Cómo definimos vida

Las propiedades de la vida

Gracias a las investigaciones en el campo de la biología, la comunidad científica ha llegado al consenso de que son varias las características comunes a todos los organismos vivos que, hasta el momento, se conocen. Pese que ciertas cosas inanimadas pueden compartir algunos rasgos con los de los seres vivos, solo los organismos las poseen todas.

1. Organización

Todos los organismos vivos están organizados internamente, es decir, tienen partes especializadas que se coordinan funcionalmente para mantener al ser vivo con vida. La unidad mínima de organización en los seres vivos son las células, habiendo organismos que solo poseen una y otros que poseen millones.

Los organismos unicelulares, es decir, compuestos por una única célula, no son tan simples como uno pudiera pensar. Dentro de esta célula individual hay átomos que se combinan en moléculas y, a su vez, estas moléculas componen los orgánulos y estructuras que se encuentran dentro del organismo unicelular. Por otro lado, los organismos pluricelulares están compuestos por millones de células que se organizan formando tejidos los cuales se combinan formando órganos que trabajan coordinadamente en sistemas que desempeñan las funciones vitales del ser vivo.

2. Metabolismo

Dentro de los seres vivos se llevan a cabo reacciones químicas interconectadas, incluso en las formas de vida más diminutas. Es por medio de estas reacciones químicas que los organismos pueden crecer, reproducirse y mantener la estructura de sus cuerpos. Los organismos vivos necesitan usar energía y consumir nutrientes para poder llevar a cabo las reacciones químicas que los mantienen con vida, siendo el conjunto de estas reacciones bioquímicas lo que se denomina el metabolismo.

Podemos distinguir dos tipos de metabolismo: anabolismo y catabolismo. En el anabolismo los organismos producen moléculas complejas a partir de más sencillas, mientras que en el catabolismo lo que se hace es precisamente lo contrario, es decir, romper complejas moléculas obteniendo de más simples. Como el anabolismo es un proceso “constructivo” se consume energía en él, mientras que en el catabolismo se consigue energía por medio de la ruptura de grandes moléculas que la liberan al separarse.

Metabolismo

3. Homeostasis

Todos los organismos necesitan regular su medio interno para poder mantener el conjunto de reacciones químicas que se producen en su interior. El mantenimiento de un ambiente interno estable (pese a que el entorno exterior cambie) es lo que se denomina homeostasis, y es una función fundamental para que los organismos sigan vivos. El rango de condiciones necesarias para el correcto funcionamiento celular es bastante estrecho, aunque varía de especie en especie. En el caso humano para que nuestro organismo no falle es necesario que nuestro cuerpo esté a una temperatura de 37º C o 98,6º F.

4. Crecimiento

Los organismos vivos crecen de forma regular. Las células más pequeñas acaban aumentando de tamaño y, en los organismos pluricelulares se van formando de nuevas por medio de la división celular. De hecho, todos los seres humanos empezamos siendo una única célula, un óvulo fecundado por un espermatozoide que, tras un cierto tiempo, se va dividiendo en múltiples células. Esas células pasan a ser un embrión que, después, nacerá en forma de bebé y crecerá con el paso de los años transformándose en un humano adulto compuesto por billones de células.

5. Reproducción

Los seres vivos pueden generar nuevos organismos hijos. La reproducción de los seres vivos puede ser de tipo asexual, en el que se involucra a un solo organismo parental; y sexual, en el que se requieren dos organismos parentales. En el caso de los organismos unicelulares, como es el caso de las bacterias, muchos de ellos lo hacen por medio de división celular, es decir, se parten en dos y pasamos de un organismo a dos de ellos.

En el caso de la reproducción sexual dos organismos parentales, normalmente masculino y femenino, producen espermatozoides y óvulos respectivamente, como sería el caso de los seres humanos y el resto de mamíferos. Cada una de esas células sexuales tiene la mitad de su información genética (caso diploide) que, al combinarse, forman un nuevo individuo con un genotipo completo, es decir, con todo el material genético propio de un individuo normal.

Reproducción

6. Respuesta

Los organismos responden a los estímulos o cambios del medio ambiente. Es decir, ante eventos perjudiciales o beneficiosos la forma de vida en cuestión reacciona “irritándose” o bien aprovechando la situación. Por ejemplo, cuando un ciervo va paseando por el bosque y oye al cazador pegar un tiro lo primero que hace es correr temiendo por su vida, mientras que si ve un río con agua cristalina se acercará para beber de él. En función de la respuesta que haga tendrá más posibilidades de sobrevivir.

7. Evolución

Esta es una propiedad muy interesante de la vida. Las poblaciones de seres vivos pueden evolucionar, es decir, su composición genética puede ir variando a lo largo del tiempo. En algunos casos, la evolución se da por presión de la selección natural en la que los rasgos heredables más ventajosos pasan a la siguiente generación porque los organismos que los poseen tienen más posibilidades de llegar a la edad reproductiva. Con el paso de las generaciones ese rasgo ventajoso irá siendo cada vez más común en la población. A este proceso se le llama adaptación.

Evolución

¿Hay más propiedades?

Las siete características que acabamos de ver no se consideran las únicas ni las definitivas de las que define a aquello que se podría decir que está vivo de aquello que no lo está. Los organismos tienen muchas características diferentes relacionadas al hecho de estar vivo y, por este motivo, puede ser difícil decidir cuales son las propiedades más adecuadas para definir con precisión qué es la vida. Por ejemplo, hubo una época en la que el hecho de que algo se pudiera mover lo definía como ser vivo (¿una seta no está viva?).

Cabe decir que la lista que hemos visto tampoco es infalible. Pensemos en la propiedad de la reproducción, por lo tanto, todos los seres vivos deben ser capaces de reproducirse pero, ¿y qué pasa con los organismos híbridos? La mula, por ejemplo, es un animal estéril, incapaz de reproducirse, ¿es que acaso no tiene vida? Y sin acudir a los organismos naturalmente estériles, ¿acaso un perro castrado ya no se puede considerar como un ser vivo? ¿Y qué hay del soltero que decide voluntariamente no tener hijos?

Lo que queremos decir con la lista que acabamos de ver es que nos proporciona un conjunto de propiedades bastante extensa y definitoria de lo que se pueden considerar seres vivos, aunque claro está no todos ellos tienen por qué compartir estas características pero sí la gran mayoría de ellas.

Clasificar seres vivos e inertes

Vistas las propiedades podemos tratar de ver si esta lista nos ayuda a saber qué está vivo y que no. Los perros, los árboles, los seres humanos, las bacterias… todas estas cosas cumplen con facilidad los siete criterios de la vida: tienen organización, metabolizan moléculas, mantienen la homeostasis, se reproducen, crecen, responden al entorno y evolucionan con el paso del tiempo.

Los objetos inertes pueden presentar algunas de estas propiedades propias de la vida, pero no todas. Por ejemplo, las nubes pueden “responder” a los cambios de temperatura provocando lluvias, “crecer en función de la humedad y el calor o “reproducirse” partiéndose en dos y creciendo ambas nubes, ahora, ¿evolucionan?, ¿tienen homeostasis?, ¿metabolizan sustancias?

Otro ejemplo interesante es el fuego que puede crecer, reproducirse creando nuevos incendios y responder a estímulos como que le lancen objetos inflamables o agua. Incluso se podría decir que metaboliza sustancias transformando madera, carne y huesos humanos en ceniza y carbón. Sin embargo, el fuego no tiene organización, no mantiene una homeostasis y desde luego no posee información genética que condicione su evolución. El fuego es solamente energía, y lo seguirá siendo para siempre.

Pero hay cosas que una vez estuvieron vivas y ahora son cosas inertes como por ejemplo una silla de madera. Su madera ya no está viva pero si miramos este material bajo el microscopio veremos rastros de las células que conformaban el árbol de donde se extrajo. Esa madera estuvo viva pero ya no puesto que no puede ni crecer, ni responder, ni metabolizar ni mantener su homeostasis ni nada de eso.

Tigre

¿Habrán nuevas definiciones?

Puesto que lo que se considera como vida sigue estando a debate no cabe duda que van a haber nuevas definiciones. De hecho, la cuestión de lo que significa estar vivo no es tajante todavía, puesto que hay fenómenos en la naturaleza como los virus, que nos generan más dudas que respuestas.

Los virus son pequeñas estructuras de proteínas y ácido nucléico, es decir, moléculas orgánicas que, de primeras, sería indudable que son seres vivos, pero hay un problema: No pueden reproducirse sin un “anfitrión”. No se pueden reproducir por sí solos y necesitan parasitar células para poder reproducirse puesto que carecen de estructura celular. Tampoco parece que puedan mantener la homeostasis y no presentan metabolismo propio, con lo que hablamos de seres que apenas tienen la mitad de las propiedades de la vida y, por ello, generalmente no se consideran seres vivos.

Y luego está el hecho de que, a día de hoy, solo conocemos un tipo de vida: la de la Tierra. No sabemos cómo es la vida en otros planetas, algo que probabilísticamente tiene que haber, es muy difícil que estemos solos en el universo. En caso de que exista vida extraterrestre, esta puede que comparta todas las propiedades de la vida de nuestro planeta, o puede que ninguna de ellas. De hecho, la NASA prefiere definir a la vida como un sistema autosustentable capaz de evolución darwiniana, una definición que da pie a que se contemplen más propiedades de la vida y se acepten casos como, por ejemplo, los virus.

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