Los 10 tipos de Cistitis: causas, síntomas y tratamiento

La cistitis es una enfermedad urológica que consiste en una inflamación de la vejiga como consecuencia de una infección bacteriana. Analicemos las bases clínicas de lo que popularmente conocemos como “infección de orina”.

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La vejiga es un órgano hueco y de naturaleza muscular con forma de globo que forma parte del sistema urinario, encontrándose en la zona de la pelvis y desarrollando una función muy clara: recibir la orina procedente de los riñones y almacenarla hasta que se alcance un volumen suficiente como para asegurar una micción correcta.

Y aunque parezca que se trata de una estructura muy simple, nada más lejos de la realidad. La vejiga está formada por distintas estructuras y tejidos diferentes que hacen que su complejidad fisiológica sea muy elevada. Y si a esto le sumamos el hecho de que conecte con el exterior a través de la uretra, el conducto que lleva la orina desde la vejiga hasta la salida del sistema urinario, con la consecuente exposición a patógenos del ambiente, tenemos el caldo de cultivo perfecto para que este órgano desarrolle patologías.

Y de entre todas, la cistitis es, sin duda, una de las más comunes. Definida como una enfermedad urológica que consiste en una inflamación de la vejiga como consecuencia de una infección bacteriana, es lo que popularmente conocemos como “infección de orina”, un problema que afecta a 1 de cada 3 mujeres a lo largo de su vida.

Por ello, dada su incidencia, en el artículo de hoy vamos a indagar, como siempre de la mano de las más prestigiosas publicaciones científicas, en las bases clínicas de la cistitis, analizando sus causas, síntomas, complicaciones, diagnósticos y tratamiento, al tiempo que estudiaremos las particularidades de las distintas clases que existen.

¿Qué es la cistitis?

La cistitis es una enfermedad urológica que consiste en una infección de la vejiga, situación que deriva en una inflamación de este órgano del sistema urinario y la aparición de la consecuente sintomatología. Se trata de una de las patologías urológicas más comunes, siendo especialmente frecuente en mujeres.

Conocida popularmente como “infección de orina”, la cistitis es una inflamación de la vejiga que suele estar asociada (no siempre, pero luego en la clasificación entraremos en profundidad) a una infección bacteriana. Así, suele estar causada por una colonización de la vejiga por parte de bacterias patógenas (la mayoría de casos se deben a Escherichia coli) procedentes del exterior que han ingresado en las vías urinarias a través de la uretra.

Esto explica por qué es una patología más común en mujeres. Y es que estas, por la naturaleza de sus órganos, tienen una uretra más corta (de entre 3 y 5 centímetros), por lo que el camino que deben seguir las bacterias es menos prolongado que en el caso de los hombres, cuya uretra es más larga (de unos 20 centímetros) y, por tanto, es más complicado que los patógenos lleguen a la vejiga.

Así, la incidencia de la cistitis en mujeres es de 5-7 casos por cada 100.000, mientras que en hombre es de unos 65 casos por cada 100.000. De todos modos, se estima que 1 de cada 3 mujeres sufrirá al menos un episodio de cistitis a lo largo de su vida, especialmente si cumple con los siguientes factores de riesgo: ser sexualmente activa (la penetración puede ser una vía de entrada para bacterias), estar embarazada, haber entrado en la menopausia y usar el diafragma como método anticonceptivo.

Paralelamente, existen otros factores de riesgo asociados tanto a hombres como a mujeres, tales como tener interferencias en el flujo miccional (la expulsión de orina se interrumpe generalmente por la presencia de cálculos en la vejiga o, en el caso de los hombres, por un agrandamiento de la próstata), disfunciones del sistema inmunológico, un uso prolongado de sondas en la vejiga, sufrir diabetes, ser de edad avanzada, tener problemas de retención urinaria, sufrir incontinencia intestinal, etc.

Sea como sea, la cistitis, en cualquiera de los sexos, viene ligada a una sintomatología muy clara que consiste en necesidad constante de orinar, sensación de ardor al miccionar, molestias pélvicas, orina de color turbio, micciones en pequeñas cantidades, orina con olor fuerte, sensación de presión incómoda en la zona baja del abdomen, fiebre (suele ser baja), calambres en abdomen o espalda e incluso hematuria, es decir, presencia de sangre en la orina.

cistitis

Tratada de forma precoz, la cistitis no suele derivar en complicaciones, pero, especialmente si experimentamos síntomas tales como fiebre alta, escalofríos, náuseas, vómitos y dolor de espalda, es posible que esta esté evolucionando en una situación clínicamente más grave. Y es que es posible que, en casos severos que no son tratados adecuadamente, una simple “infección de orina” derive en una pielonefritis, es decir, una infección de los riñones que pueden dañar estos órganos de forma permanente.

Por ello, es esencial no solo prevenir la cistitis (hidratándote mucho, miccionando después de tener relaciones sexuales, evitar aplicar en la zona genital productos que irriten la uretra, no reteniendo las ganas de orinar, lavando suavemente la zona de la vagina…), sino, en caso de que se haya desarrollado este problema, solicitar atención médica.

El diagnóstico, aunque la sintomatología ya es de por sí muy clara, suele consistir en un análisis de orina (para detectar bacterias en ella que indiquen una infección y, en caso de que sea necesario, realizar un cultivo bacteriano), una cistoscopia (se introduce una pequeña cámara a través de la uretra y hasta la vejiga para encontrar señales de daños) o pruebas como una radiografía o una ecografía en caso de que haya sospechas de anomalías estructurales en la región pélvica, pues no hay signos de infección, y la explicación a la sintomatología podría ser un tumor maligno. Pero, en la inmensa mayoría de casos, el diagnóstico hace descubrir de forma precoz la infección para iniciar el tratamiento.

El tratamiento de la cistitis se basa en una administración de antibióticos, con una elección basada en la especie causante de la infección y del contexto del paciente, pues debe valorarse si es la primera cistitis que presenta, si ha tenido infecciones de vejiga repetidas o si ha contraído la cistitis en el hospital. Estos parámetros determinan el tipo de tratamiento antibiótico.

Pero, como hemos dicho, pese a que la mayoría de cistitis se deban a una infección bacteriana, esto no es así. Para otras modalidades de esta patología, el tratamiento pasa por abordar la causa de fondo. Y para ello, debemos conocer las diferentes tipologías de cistitis que existen. Y esto es precisamente lo que vamos a hacer a continuación.

¿Qué clases de cistitis existen?

A nivel clínico, es esencial conocer ante qué tipo de cistitis nos encontramos. Pues de ello depende el tratamiento a elegir para curar esta inflamación de la vejiga. Porque como hemos dicho, la causa más común detrás de dicha inflamación es una infección, pero hay otras causas no infecciosas que vamos a detallar a continuación. Empecemos.

1. Cistitis infecciosa

La cistitis infecciosa es aquella en la que la inflamación de la vejiga se debe a una infección bacteriana, generalmente por parte de Escherichia coli. Como hemos dicho, es la causa más frecuente y debe ser tratada con antibióticos.

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2. Cistitis química

Pasamos ahora a hablar de aquellas causas no infecciosas, que son las minoritarias. La cistitis química es aquella en la que la inflamación de la vejiga se debe a la exposición a sustancias irritantes que origina una reacción alérgica dentro de dicha vejiga, como pueden ser baños de espuma, geles espermicidas, aerosoles de higiene femenina, lubricantes sexuales y cualquier producto químico que se aplique en la vagina.

3. Cistitis intersticial

La cistitis intersticial, también conocida como “síndrome de la vejiga dolorosa”, es aquella modalidad crónica de la enfermedad. Sus causas no están claras, por lo que no sabemos que es lo que hace que esta inflamación de la vejiga se cronifique. Solo sabemos que es difícil de tratar y que es más habitual en mujeres.

4. Cistitis secundaria

Por cistitis secundaria entendemos cualquier caso de la enfermedad en la que la inflamación de la vejiga emerge como complicación de otra afección subyacente. Así, la presencia de cálculos renales, un agrandamiento de la próstata e incluso la diabetes o una lesión de la médula espinal pueden ocasionar una inflamación de la vejiga de forma secundaria.

5. Cistitis medicamentosa

La cistitis medicamentosa es aquella en la que la inflamación de la vejiga se debe a los efectos secundarios originados por la administración de fármacos. Algunos medicamentos (sobre todo los usados en quimioterapia) tienen, como efecto adverso, la posibilidad de provocar una inflamación de la vejiga cuando sus componentes son expulsados a través de la orina. Cuando esta es retenida en la vejiga, dichas sustancias provocan una inflamación.

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6. Cistitis por radiación

La cistitis por radiación es aquella en la que la inflamación de la vejiga se debe a la exposición de dosis elevadas de radiación en la región pélvica. Generalmente como parte de un tratamiento de radioterapia, esta radiación puede provocar cambios en el tejido de la vejiga que terminan derivando en la inflamación característica de la patología.

7. Cistitis por cuerpos extraños

La cistitis por cuerpos extraños es aquella en la que la inflamación se debe a la presencia prolongada de objetos introducidos en la uretra. Generalmente, se debe a un tratamiento que requiere de la implantación de un catéter en las vías urinarias, algo que puede derivar no solo en infecciones (que estaríamos ante una cistitis infecciosas), sino en daños directamente relacionados al contacto con estos materiales extraños.

8. Cistitis postcoital

La cistitis postocoital es aquella en la que la inflamación de la vejiga está directamente relacionada con daños en los tejidos provocados por una actividad sexual que involucre penetración. Aun así, al estar causada por una infección, generalmente se considera como una modalidad dentro de la cistitis infecciosa. Pero amerita su propio puesto ya que es importante concienciar de la higiene durante las prácticas sexuales y de la importancia de orinar después de tener sexo.

9. Cistitis esporádica

Un último parámetro es aquel que, con independencia de la causa, divide a las cistitis en dos grupos en función de su frecuencia de aparición. Por cistitis esporádica entendemos aquella que se presenta como un caso aislado en, generalmente, una mujer que nunca había tenido un caso de cistitis. Del mismo modo, y aunque haya posteriores episodios, siempre que sean menos de tres al año, hablamos de cistitis esporádica.

10. Cistitis de repetición

Por último, por cistitis de repetición entendemos aquella modalidad de la enfermedad en la que una mujer presenta tres o más episodios de inflamación de la vejiga en un año. En este caso, existe una predisposición muy elevada y habría que analizar las circunstancias que están llevando a la aparición de tantos brotes súbitos de cistitis.

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