¿Cuánto tiempo podemos aguantar bajo el agua sin respirar?

Una persona normal no puede aguantar más de 3 minutos bajo el agua sin que el dióxido de carbono empiece a causar daños. Pero el récord mundial está en 24 minutos y 3 segundos. ¿Cómo es posible?
Tiempo aguantar agua sin respirar

Es increíble la atracción que siente el cuerpo humano por ponerse al límite. Ya desde pequeños, en las piscinas queremos ponernos a prueba viendo cuánto tiempo podemos aguantar bajo el agua sin respirar. Incluso sin ser animales preparados fisiológicamente para ello, el mundo subacuático nos apasiona.

Ahora bien, en la otra cara de la moneda tenemos las más de 320.000 muertes por ahogamiento que tienen lugar cada año en el mundo, siendo la asfixia en el agua la tercera principal causa de fallecimiento por traumatismo involuntario.

Pero, ¿qué le pasa a nuestro cuerpo cuando estamos bajo el agua? ¿Cuánto tiempo podemos aguantar sin secuelas? ¿A partir de cuándo el daño cerebral es irreversible? ¿Cuánto tiempo pasa hasta la muerte? ¿Cómo es posible que los apneístas profesionales aguanten más de 20 minutos bajo el agua sin respirar?

En el artículo de hoy emprenderemos un viaje para entender cómo el cuerpo sobrevive sin respirar y veremos cuáles son los límites de supervivencia de las personas, tanto de las no entrenadas como de los profesionales de la apnea, en el agua.

¿Qué le pasa a tu cuerpo cuando te ahogas?

El ahogamiento es un tipo de asfixia en el que la respiración es imposible debido a la sumersión total de las vías respiratorias en un medio líquido, que suele ser el mar, las piscinas o los lagos. Desde el momento que el suministro de oxígeno cesa, nuestro cuerpo pasa por una serie de cambios fisiológicos que, en caso de no salir a la superficie de nuevo, provocan inevitablemente la muerte.

Ahora bien, ¿qué le pasa exactamente a nuestro cuerpo cuando nos estamos ahogando bajo el agua? Pues bien, aunque el tiempo de cada una y el límite antes del daño neurológico irreversible y la muerte depende de la persona, de la edad y de su capacidad pulmonar, lo cierto es que se pasa siempre por unas fases. Veámoslas.

1. Fase inicial

En esta fase, todavía no se ha dado una inmersión total en el agua. Sea por la causa que sea, la persona siente que pierde la capacidad de mantener la flotación, el nado o la respiración. Por ello, pese a que siente que puede ahogarse en breves, mantiene el control de su cuerpo y, aunque vaya sumergiéndose, puede seguir respirando a intervalos más o menos cortos. Dependiendo del nerviosismo y de las fuerzas que tenga (o de lo útiles que sean), esta fase inicial en la que todavía hay suministro oxigénico a los pulmones durará más o menos.

Ahogamiento

2. Fase de pérdida de control motor

Aquí empieza el ahogamiento como tal. Nuestro cerebro, que interpreta la situación y ve que no se está recibiendo suministro de oxígeno, activa todas las reacciones de estrés. Por ello, en esta fase se da una intensa activación psicológica y física en la que se pierde el control de nuestras acciones.

Al estar en control absoluto del sistema nervioso autónomo, es posible que parezca que las personas no están en peligro, pues ya no gritan por socorro ni hacen movimientos exagerados. El cerebro ha suprimido todas estas reacciones que gastaban energía y oxígeno y ha tomado el control.

En esta fase, las personas que se están ahogando no podrán agarrar los objetos de material de rescate ni seguir las instrucciones verbales que puedan recibir. El cuerpo se está preparando para entrar en un estado de hipoxia.

3. Hipoxia

A partir de aquí, empieza la cuenta atrás. Cuando el cerebro es consciente de que el suministro de oxígeno empieza a fallar, en un intento desesperado de que le demos oxígeno, induce una hiperventilación, la cual, a su vez, termina por provocar la entrada de agua en las vías respiratorias.

Esto desencadena en el cuerpo un laringoespasmo, es decir, un bloqueo de las vías respiratorias, que se cierran. A partir de este punto, gritar, aunque se pudiera, ya resultaría imposible. Ahora, el cuerpo lo que quiere es que no entre agua en los pulmones.

Al no recibir oxígeno, el que introducimos en la última inhalación empieza a agotarse, por lo que los niveles de oxígeno en el flujo sanguíneo bajan, entrando así en el estado de hipoxia. Al mismo tiempo, el dióxido de carbono, un gas con claro efecto tóxico, empieza a acumularse, pues al estar las vías respiratorias cerradas, este no puede salir. Tras 30 segundos de apnea, el ritmo cardíaco empieza a disminuir.

Durante unos 82 segundos y un máximo de 2 minutos (en personas sin entrenamiento), el cerebro resiste este estado de hipoxia y de acumulación de dióxido de carbono, momento en el que la persona va quedando lentamente inconsciente.

Ahora bien, cuando el cuerpo, que estaba esperando para ver si se resolvía la situación, deja de tener la prioridad de impedir la entrada de agua y, en un absolutamente desesperado intento por respirar, vuelve a abrir las vías respiratorias. Sabe que ya “no tiene nada que perder”, por lo que inhibe el laringoespasmo. En este momento, se produce el punto de quiebre, que marca el inicio de la última fase.

4. Fase terminal

Cuando mantenemos la respiración voluntariamente, es imposible llegar al punto de quiebre, pues el propio sistema nervioso te obliga a salir del agua. Solo sucede, pues, en casos de ahogamiento accidental.

Tras el punto de quiebre, que se produce cuando el cuerpo sabe que no recibir más oxígeno y no eliminar el dióxido de carbono va a provocar daños irreparables, se abren las vías respiratorias e inevitablemente se inspira, lo que provoca la entrada de agua en los pulmones.

Aunque a veces esta apertura de las vías respiratorias no sucede, el 90% de las personas sí que terminan respirando agua. En este momento, los pulmones quedan inundados de agua, por lo que el suministro de oxígeno ya es imposible y las probabilidades de salir de esta situación sin secuelas son cada vez más bajas.

Como decimos, en esta fase se entra tras un máximo de 2 minutos, aunque la mayoría de personas no pueden resistir la hipoxia más de 1 minuto y 20 segundos. El corazón, en este punto, ya no puede latir más lentamente sin detenerse, por lo que ya está trabajando con niveles totalmente críticos de oxígeno.

Por lo tanto, los órganos vitales dejan de recibir oxígeno, entre ellos el cerebro. Se cree que las probabilidades de sobrevivir sin secuelas tras 10 minutos son del 0%. Las neuronas cerebrales terminan muriendo por falta de oxígeno, por lo que ya no se pueden mantener las funciones vitales y la persona muere. Algunas personas, incluso, mueren de un infarto de miocardio, pues las arterias del corazón se contraen tanto para “apurar” el oxígeno que cesa la circulación al órgano.

Pulmones

Entonces, ¿cuánto se puede aguantar sin respirar?

No hay una cifra exacta. Dependiendo de cómo son las circunstancias, de dónde se está produciendo (en agua dulce se aguanta menos, pues al ser más parecida a nuestra sangre, pasa a ella por ósmosis, haciendo que se diluya y que los órganos simplemente estallen), de la edad, de las energías, del metabolismo y de la capacidad de la persona, será mayor o menor.

De todos modos, se estima que en agua dulce, el tiempo máximo que puede aguantar una persona sin respirar es de entre 2 y 3 minutos tras el punto de quiebre. En cambio, en el agua salada, una persona normal puede llegar a aguantar sin morir entre 8 y 10 minutos, pero tras unos pocos, la probabilidad de sobrevivir sin daño neurológico es muy baja.

Por lo tanto, una persona adulta (los niños resisten menos ya que su capacidad pulmonar es menor) normal sin entrenamiento en apnea un máximo de 3 minutos sin daños irreversibles. Pasado este tiempo, el cerebro empezará a dañarse y, tras 10 minutos, la muerte es totalmente segura.

Además, si se ha producido el punto de quiebre y ha entrado agua en los pulmones, si no reciben ayuda médica en menos de 8 minutos tras salir del agua, es muy poco probable que se recuperen. Incluso dándola a tiempo, es posible que en las siguientes horas sufra insuficiencia respiratoria o una infección pulmonar por las bacterias presentes en el agua.

Por ello, debería establecerse como punto máximo de aguante el punto de quiebre, que en personas normales está entre los 80 y los 140 segundos. Los profesionales de la apnea están tan entrenados que son capaces de ralentizar la llegada a este punto hasta límites increíbles.

De hecho, el apneísta profesional Aleix Segura consiguió, en marzo de 2016, el récord del mundo de aguantar la respiración bajo el agua: 24 minutos y 3 segundos. Estos deportistas son capaces de entrenar a su cuerpo para burlar los efectos del ahogamiento, aprovechando hasta la última molécula de oxígeno y evitando que se entre en el punto de quiebre.

Tras años de entrenamiento muy duro, los apneístas son capaces de ralentizar su corazón de forma increíble (hasta apenas 37 latidos por minuto, cuando lo normal está entre los 60 y los 100 por minuto), reduciendo así el uso metabólico de oxígeno al mínimo.

Apnea

Estos récords mundiales son absolutamente increíbles y nos demuestran hasta dónde es capaz de llegar el ser humano para superarse. Aunque no olvidemos que hay otros mamíferos que nos superan por un poco.

La ballena azul es capaz de aguantar bajo el agua durante 54 minutos. Y si nos vamos al mundo de los insectos, existe una especie de los denominados pseudoescorpiones, Wyochernes asiaticus, que es capaz de, pese a ser terrestre y respirar oxígeno en forma de gas, resistir durante 17 días bajo el agua. Habrá que entrenar un poco más para llegar a este nivel.

Referencias bibliográficas

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  • Inoriza, J.M., Estanyol, N., Robert, M. et al (2012) “Fisiología en situaciones especiales: buceo, grandes alturas y vuelos aeronáuticos y espaciales”. Fisiología aplicada a la Anestesiología.
TÓPICOS
Anatomía
Pol Bertran Prieto

Pol Bertran Prieto

Microbiólogo y divulgador

Pol Bertran (Barcelona, 1996) es Graduado en Microbiología por la Universidad Autónoma de Barcelona. Máster en Comunicación Especializada con mención en Comunicación Científica por la Universidad de Barcelona. Apasionado por la divulgación de la salud y la medicina y aficionado del deporte y el cine.