¿Llegará el día en que el ser humano pueda ser inmortal?

El deseo de vivir eternamente nos ha acompañado durante toda nuestra historia, pero, ¿es realmente posible alcanzar la inmortalidad?
Ser humano inmortal

Vivir para siempre. El deseo de burlar a la muerte es algo innato en los seres humanos que nos ha acompañado a lo largo de toda nuestra historia y es el pilar sobre el que se fundamentan todas las religiones del mundo.

Los humanos tendemos a ser “arrogantes” con nosotros mismos, a creernos más de lo que somos. Pero desde el punto de vista biológico no somos ni más ni menos importantes que una planta, que un hongo o que una bacteria. Somos un conjunto de moléculas que, agrupadas, dan lugar a un ser capaz de alimentarse, relacionarse y reproducirse. Nada más.

O quizás sí que hay algo más. Algo que nos hace ser lo que somos: pensamos. A la naturaleza no le interesa que pensemos, porque al darnos esta capacidad, ha hecho que nos desviemos de nuestro único propósito, que es pasar nuestros genes de generación en generación.

Y al pensar, hemos llegado a la conclusión errónea de que somos algo importante, algo que debe trascender las normas biológicas. Nos aterroriza pensar que no somos más que materia que circula por la tierra. Y es este miedo el que nos ha hecho siempre decirnos “no puede ser que no haya nada más”.

Al morir, dejamos de pensar, y con ello se acaba nuestro viaje. Continúa el de la especie, que es lo que lo único que le importa a absolutamente todos los otros seres vivos del planeta. Pero el del “individuo” acaba. Y esto es algo que, debido a nuestra necesidad de darle un sentido a nuestra existencia, no entendemos.

No somos más que una casualidad, pero el miedo a que no haya nada después de la muerte ha hecho que desde los orígenes de la humanidad, vayamos en búsqueda de la inmortalidad, algo que, de acuerdo algunos científicos, estamos a pocos años de conseguir.

Pero, ¿realmente podremos llegar a burlar a la muerte?

¿La muerte de la muerte?

“En 2045, el hombre será inmortal”. Así de tajante y esperanzado se mostraba hace unos años José Luis Cordeiro, profesor de la Singularity University de Silicon Valley, en Estados Unidos. Estas declaraciones fruto de un estudio financiado por Google en el que se intentaba abrir la puerta a la inmortalidad del ser humano, tuvieron impacto mundial.

Según este estudio, en 30 años, nada nos matará porque incluso el envejecimiento será una enfermedad curable. Estas declaraciones fueron muy peligrosas porque se malinterpretaron y la gente llegó a pensar que lo que el estudio decía es que los humanos no moriríamos.

Para aquellos que tenían esperanza en vivir más de mil años y ver todos los progresos de la humanidad, malas noticias.

Para estos investigadores, “inmortalidad” no era sinónimo de “no morir”. Para ellos, significaba ser capaces de trascender los límites de la mente humana y dotar a las máquinas de una inteligencia artificial inmensamente superior a la que los robots tienen hoy en día. En otras palabras, dar a las máquinas de una mente humana.

¿Esto significa ser inmortal? Depende de cómo se mire. Si la idea de vivir eternamente implica que el cuerpo humano debe mantenerse funcional durante siglos y siglos, no. Si, en cambio, nuestra idea de inmortalidad es que nuestra mente, que al final es lo que nos hace humanos, perviva en las máquinas de forma indefinida, quizás sí.

Entonces, ¿como individuos físicos no viviremos eternamente?

Por desgracia o por fortuna, no. Es cierto que la medicina está creciendo a pasos agigantados, situación de la que se hace eco el estudio de 2014 para decir que, de aquí a pocos años, morir será una opción.

Y no. Morir seguirá siendo la única certeza de nuestra vida. Una cosa es que aumentemos notablemente nuestra esperanza de vida gracias a los continuos progresos e investigaciones. Otra cosa muy distinta es que vayamos en contra de la naturaleza y hagamos que nuestro cuerpo viva eternamente.

El envejecimiento nunca será una opción, será una obligación. Las terapias médicas cada vez serán más eficientes e incluso puede llegar el día en el que manipulemos los genes para evitar que nuestros hijos nazcan con predisposición a sufrir determinadas enfermedades.

Pero esto, ya sin tener en cuenta que desde el punto de vista ético es, por lo menos, cuestionable, no nos salva del hecho de que como materia orgánica que somos, tenemos que descomponernos. De nuevo, no olvidemos que no somos más que un conjunto de células que han dado un organismo que, casualmente, tiene conciencia de sí mismo.

8 razones por las que nunca seremos inmortales

Por lo tanto, debemos olvidarnos de mantenernos jóvenes durante siglos. Podremos lograr aumentar nuestra esperanza de vida en diez, veinte o incluso treinta años. Pero llegará un momento en el que chocaremos con una fuerza mucho mayor que cualquier progreso médico: la naturaleza.

A la naturaleza poco le importan nuestros miedos y deseos. Ella está perfectamente diseñada para que la materia y la energía circule a través de los distintos niveles de la vida. Ningún ser vivo, por muy dotado de inteligencia que esté, logrará burlar nunca la cosa más natural de la vida, la cual, irónicamente, es la muerte.

En este artículo presentaremos los motivos principales por los que el ser humano nunca logrará vivir eternamente.

1. El ADN va dañándose progresivamente

Todas las células de nuestro cuerpo, incluidas las neuronas (pese a que se suela decir que no lo hacen), se multiplican y se van regenerando. Cuando hablamos de “nuestra genética”, a lo que realmente nos referimos es a los genes (ADN) que están dentro de estas células. Esto es lo que nos hace ser como somos.

Cada vez que una célula se regenera o se multiplica, tiene que hacer una copia de su material genético para que el ADN que llegue a la célula hija sea igual al de la original. La inmensa mayoría de las veces esto sucede correctamente, pero nuestro cuerpo no es una máquina perfecta. Hay veces que las moléculas encargadas de “copiar y pegar” el ADN se equivocan.

El porcentaje de error es muy pequeño, pero a lo largo de años con millones de multiplicaciones celulares a la espalda, el ADN que queda en nuestro cuerpo es diferente al que teníamos al nacer, pues está lleno de pequeños errores o “mutaciones”.

Estas mutaciones son las que nos hacen ir envejeciendo con la edad hasta llegar a un punto que el ADN está tan dañado que el organismo deja de ser funcional y la persona termina muriendo. No hay manera de evitar esta acumulación de pequeños errores en nuestros genes, por lo que es imposible vivir de forma indefinida.

2. El sistema inmune se debilita con el tiempo

No es casualidad que siempre nos refiramos a la gente mayor como población de riesgo para todo tipo de enfermedades, especialmente las infecciosas. Esto es así porque, con el tiempo, el sistema inmune va debilitándose, pues los anticuerpos y los linfocitos cada vez son menos efectivos y no pueden proteger al cuerpo de las amenazas externas.

No hay manera de evitar esta debilitación del sistema inmune, por lo que los humanos debemos tener un límite de vida que no puede ser superado ya que estaríamos totalmente expuestos a los patógenos. Por mucho que avanzara la medicina, moriríamos por cualquier mínima infección.

3. Sin muerte, no hay evolución

Que existamos nosotros y todos los otros seres vivos de la actualidad es fruto de una única cosa: la evolución. Este proceso es el que ha permitido que, partiendo de un antepasado común, la vida se haya ido especializando y dando lugar a todas las formas de vida de la Tierra.

Pero esto, sin la muerte, no sería posible, pues aún estaríamos con ese primer antepasado común que era similar a una bacteria. La evolución es posible gracias a la selección natural, que consiste en que los organismos con pequeñas modificaciones tengan más probabilidades de sobrevivir que los que no las tengan. Los que tengan ventajas vivirán más; los otros, morirán.

El hecho de que los menos adaptados mueran es básico porque permite que, poco a poco, en la población solo queden individuos con las características beneficiosas para la especie. A gran escala, esto ha dado lugar a todos los seres vivos de la Tierra.

Por lo tanto, sin muerte, no puede haber evolución. De ser inmortales, estaríamos yendo en contra de la naturaleza pues derribaríamos el pilar más básico de la vida: la selección natural.

4. Sería insostenible para la propia humanidad

Si ya tenemos problemas con la sobrepoblación actual, imaginemos lo que pasaría si no hubiera defunciones, solo nacimientos. La Tierra estaría cada vez más llena de humanos y sería imposible no solo encontrar espacio para todos, sino dar de comer a tantas bocas. Llegaríamos a una situación totalmente insostenible en poco tiempo.

5. Estamos programados para envejecer

Nada dura para siempre. Si pensamos en nuestro cuerpo como una máquina formada por distintas partes (órganos y tejidos) que se van usando y desgastando cada día, inevitablemente debe llegar un día en el que estas dejen de funcionar.

Los pulmones, el corazón, los riñones, etc, todos estos órganos vitales están en continuo movimiento, por lo que es imposible que sigan funcionando indefinidamente en el tiempo. Y el día que uno de ellos falla, la persona muere.

6. El riesgo de cáncer sería enorme

Con la edad, aumenta el riesgo de desarrollar cáncer. Esto es así precisamente porque, como hemos dicho anteriormente, las células van acumulando mutaciones a lo largo de los años. Algunas de estas pueden hacer que las células se conviertan en cancerosas.

Como más viva la persona, más probable es que desarrolle algún tipo de cáncer. Nadie podría vivir durante cientos de años sin morir antes de cáncer.

7. ¿Es éticamente correcto?

¿Se puede “condenar” a alguien a vivir eternamente? No es el objetivo de este artículo llegar a una solución de este conflicto moral, pero, ¿es correcto privar a un ser humano de su derecho a morir nada más nacer?

La inmortalidad da para muchos debates éticos. Hay que considerar que el derecho a la vida es fundamental en nuestra sociedad, pero el derecho a morir de forma natural debería ser igual de importante.

8. Sin muerte, la vida carecería de sentido

Por último, debemos pensar fríamente y pensar qué sería de nuestra vida sin un final. Se trata de una opinión totalmente personal, aunque hay que considerar que nuestro comportamiento solo tiene sentido si nuestra vida acaba en algún momento. Y es que si el camino vale la pena, quizás no hace falta pensar en el final.

Referencias bibliográficas

  • Meijer, D.K.F. (2013) “Immortality: Myth or Becoming Reality? On the Conservation of Information”. Syntropy Journal.
  • Sheets Johnstone, M. (2003) “Death and immortality ideologies in Western philosophy”. Continental Philosophy Review.
  • Rose, M.R., Flatt, T., Graves Jr, J.L., Greer, L.F. (2012) “What is Aging?”. Frontiers in Genetics.
TÓPICOS
Muerte
Pol Bertran Prieto

Pol Bertran Prieto

Microbiólogo y divulgador

Pol Bertran (Barcelona, 1996) es Graduado en Microbiología por la Universidad Autónoma de Barcelona. Máster en Comunicación Especializada con mención en Comunicación Científica por la Universidad de Barcelona. Apasionado por la divulgación de la salud y la medicina y aficionado del deporte y el cine.