Esquizofrenia: ¿en qué consiste esta enfermedad psiquiátrica?

Este trastorno psiquiátrico presenta síntomas como psicosis, alucinaciones y abulia.
Esquizofrenia

Los manuales diagnósticos, como el DSM y la CIE, contienen una gran cantidad de trastornos psicológicos de todo tipo, sin embargo, a nivel popular son conocidos principalmente tres: la depresión, el trastorno bipolar y la esquizofrenia.

Y es el último de estos tres trastornos mencionados el que vamos a explicar con detalle en este artículo. La esquizofrenia, a día de hoy, es un trastorno muy desconocido por la sociedad y que es objeto de una muy destacada estigmatización.

El presente artículo pretende explicar con más profundidad qué es este trastorno psicótico, cuales son sus síntomas principales, causas que se hipotetiza que están detrás de su aparición y características principales de su tratamiento.

¿Qué es la esquizofrenia?

La esquizofrenia es uno de los trastornos más conocidos y es el más destacable dentro de los trastornos de tipo psicótico.

Este desorden implica una importante afectación de la vida de la persona, dado que puede dificultar aspectos fundamentales para el bienestar personal como su relación con la familia y amigos y también su desempeño laboral y académico.

Para ser diagnosticado, es necesario que la persona haya manifestado durante por lo menos seis meses dos de los siguientes síntomas:

  • Alucinaciones
  • Delirios
  • Alteraciones y desorganizaciones en el lenguaje
  • Catatonia
  • Alogía
  • Aplanamiento afectivo
  • Abulia

El principal síntoma por el que se conoce este trastorno mental es la presencia de alucinaciones, en su mayoría de tipo auditivo, es decir, oír voces. También son conocidos los delirios autorreferenciales, sentirse perseguido o que alguien le está leyendo el pensamiento.

Es importante entender que en este trastorno las alucinaciones no son algo inventado por la persona. Es decir, realmente el paciente oye voces que no son producto de su imaginación voluntaria y, por lo tanto, no puede controlar. Para tratar este fenómeno se ha sugerido que es debido a una posible desconexión entre áreas del prefrontal y regiones relacionadas con el habla. También se ha hipotetizado que el oír voces puede ser debido a una interpretación inadecuada de sonidos externos.

Síntomas positivos y síntomas negativos: ¿qué son?

En la esquizofrenia se pueden dar dos tipos de síntomas: positivos y negativos. No se debe caer en el error de pensar que manifestar los síntomas positivos de este trastorno es algo bueno, dado que la palabra ‘positivo’ hace referencia a su signo en cuanto a conducta patológica se refiere.

Los síntomas positivos hacen referencia a aquellas conductas que manifiesta el paciente con esquizofrenia que implican una afectación de las capacidades habituales de la persona, generalmente añadiendo algo a ese tipo de conducta o incrementando su intensidad. Por ejemplo, las alucinaciones y delirios se consideran síntomas positivos de la esquizofrenia.

En cambio, los síntomas negativos de la esquizofrenia hacen más referencia al hecho de que la persona baje su actividad y se dé la pérdida de ciertas habilidades. Por ejemplo, el aplanamiento emocional o la catatonia son síntomas negativos de la esquizofrenia.

Desarrollo del trastorno

A día de hoy, la esquizofrenia sigue siendo considerada como un trastorno crónico sin cura conocida. El trastorno suele implicar la aparición de brotes psicóticos, aunque en muchos casos estos brotes no se presentan de forma súbita sino más bien en forma de deterioro en las funciones y capacidades de la persona.

En los brotes psicóticos se dan síntomas positivos como alucinaciones y delirios varios y, cuando finalizan, se da una remisión completa o parcial de esta sintomatología hasta el siguiente brote. A veces sucede que solo se da un brote con total remisión, sin embargo, lo habitual es que se den varios a lo largo de la vida del paciente.

Afectación en la vida del paciente

Como cualquier otro trastorno psicológico, la esquizofrenia implica cierto grado de afectación en la vida de la persona, la cual puede adquirir mayor o menor importancia en función de la gravedad con la que se haya dado el trastorno.

Los síntomas de este trastorno, tanto los positivos como los negativos, pueden dificultar seriamente la adaptación de la persona en su entorno social y laboral, generando malestar. Las personas con esquizofrenia suelen presentar problemas atencionales y de procesamiento de la información, sobre todo si se da la sintomatología negativa, marcada por la falta de energía y aplanamiento emocional.

Una de las dificultades relacionadas con el trastorno no es debida a la esquizofrenia en sí, sino a la imagen estigmatizada que se tiene de las personas que padecen esta patología. Es muy habitual que cuando se habla de ‘locos’ se describan los síntomas propios de la esquizofrenia y se trate a estas personas de una forma deshumanizada.

Así pues, la persona que recibe el diagnóstico, ya sea por su propio entorno familiar o por su propia visión sobre el trastorno, puede recibir un muy duro golpe que desde luego influirá en su forma de enfrentarse a la patología. En los peores de los casos la persona puede manifestar sintomatología depresiva, un período de duelo, negación del diagnóstico y plantearse el suicidio.

Posibles causas de este trastorno

Al igual que con otros trastornos no se sabe con exactitud cuales son las causas seguras de la aparición de la esquizofrenia, sin embargo se han planteado varias teorías que han tratado de comprender cómo se desarrolla el trastorno.

1. Hipótesis biológicas

Gracias a la investigación se ha podido observar que en el cerebro de las personas que presentan esquizofrenia hay una desregulación de ciertos neurotransmisores.

Las personas que presentan síntomas positivos, como las alucinaciones, presentan un exceso de producción de dopamina en la vía mesolímbica. En cambio, aquellos que tienen síntomas negativos parecen presentar déficit de este neurotransmisor en la vía dopaminérgica mesocortical. No se sabe por qué ocurren estas alteraciones en la síntesis de la dopamina.

También se ha observado que hay un menor flujo sanguíneo en áreas frontales del cerebro, además de que se ha sugerido que podrían haber diferencias entre ambos lóbulos temporales y menor volumen en el hipocampo y la amígdala. También se ha visto que las personas con esquizofrenia tienen ventrículos cerebrales de mayor tamaño.

Como prácticamente todo en la conducta humana, la genética parece tener un peso importante en la manifestación de este trastorno. La investigación apunta que el tener familiares con el diagnóstico es un factor de riesgo para acabar desarrollando el trastorno.

Otra de las hipótesis biológicas planteadas para tratar de explicar este trastorno es que se debería a un problema en la migración neural que se da durante el desarrollo. Esto hace que se den alteraciones que se acaban estabilizando pero que, ante la presencia de ciertos estresores, causaría la esquizofrenia en la adultez.

También se ha teorizado sobre la posibilidad de que se origine el trastorno media la acción de algún tipo de virus durante el embarazo. Esto se ha planteado en base a que existe una relación entre el haber nacido en invierno y presentar el trastorno, suponiendo que enfermedades como la gripe pudieran generar problemas a nivel cerebral en el feto.

2. Hipótesis psicológicas

La esquizofrenia también ha sido abordada desde perspectivas más psicológicas, en tanto que se ha tratado comprender cuales son los acontecimientos vitales que median en su aparición.

Uno de los modelos más conocidos para explicar la esquizofrenia es el de la diátesis-estrés. En este modelo se plantea la existencia de una vulnerabilidad que es estable y permanente a la hora de adquirir el trastorno. Diferentes estresores, como eventos poco agradables o circunstancias desfavorables, contribuyen en la aparición del trastorno en base a la vulnerabilidad de la persona.

Desde el psicoanálisis se defendió que una de las causas del trastorno es la presencia de conflictos psíquicos profundos de los cuales el sujeto se defiende mediante la proyección, es decir, situar su características personales en otras personas, y negación del conflicto, lo cual puede conllevar la disociación de su mente con la realidad.

Tratamiento

La esquizofrenia, como ya hemos indicado, es un trastorno crónico sin cura conocida a día de hoy. Sin embargo, sí que es posible tratar algunos de sus síntomas, haciendo que la persona pueda tener una vida normal y con mayor bienestar, además de evitarse la aparición de brotes.

No obstante, para que el tratamiento sea eficaz es necesario que se continúe con él, es decir, no se debe abandonar la terapia o de lo contrario se corre el riesgo de que vuelvan los síntomas incluso de forma intensificada.

Generalmente, para tratar este trastorno psicótico se hace uso de fármacos, los cuales reciben el nombre de antipsicóticos. La función de estos medicamentos es la de actuar sobre las vías en donde hay una desregulación de dopamina, siendo un exceso en la vía mesolímbica y, en el caso de los antipsicóticos atípicos, trabajar sobre la vía mesocortical para solucionar el déficit de este neurotransmisor.

La psicoterapia también adquiere un papel importante para garantizar el máximo grado de bienestar en la persona. Se trabaja para entender el porqué de las alucinaciones auditivas, especialmente cuando éstas motivan a la persona a cometer actos que ella realmente no desea hacer. También se hace lo posible para enseñarle a cómo convivir con el trastorno, y se trabaja sobre cogniciones y delirios erróneos.

Para garantizar que la persona se adapta a la sociedad se trabajan sus habilidades sociales con la intención de que se pueda desenvolver como una persona con capacidades relacionales saludables y pueda insertarse en un puesto de trabajo.

Referencias bibliográficas

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  • Vallina, O. y Lemos, S. (2001). Tratamientos psicológicos eficaces para la esquizofrenia. Psicothema, 13 (3); 345-364.

Graduado en Psicología con mención en Psicología Clínica por la Universidad de Barcelona. Postgrado de Actualización de Psicopatología Clínica en la UB. Desarrolla desde hace años una importante labor de divulgación científica en revistas como Psicología y Mente, MedSalud y MédicoPlus.