Los 9 tipos de leucemia (causas y síntomas)

Una clasificación de la leucemia según las células afectadas y de la velocidad de desarrollo de este tumor maligno que afecta a la producción de células sanguíneas, siendo un cáncer en la sangre.
Tipos leucemia

Por desgracia, el cáncer sigue siendo una enfermedad sin cura. Este hecho, junto a que se diagnostiquen 18 millones de casos cada año en el mundo, que sea una de las principales causas de muerte y al impacto psicológico tanto en paciente como en sus seres queridos, explica que sea la enfermedad más temida del mundo.

Pero que sea incurable no significa que no sea tratable. Actualmente, gracias a los increíbles progresos en Oncología, el cáncer puede tratarse. Desde hace ya muchos años, “cáncer” no es sinónimo de “muerte”. Pero para dar un tratamiento precoz, el primer paso es acudir al médico.

Y para solicitar atención médica, es imprescindible saber cómo se manifiestan los principales tipos de tumores malignos. Y uno de ellos, el décimo cuarto más frecuente, es la leucemia. Un cáncer que se desarrolla en la sangre y que tiene una incidencia inusualmente alta entre la población infantil.

En este artículo, pues, haremos un repaso de los distintos tipos de leucemia, ofreciendo la clasificación más aceptada por el mundo de la Medicina. Cada uno de ellos tiene unas manifestaciones y una gravedad determinada. Y conocerlos es el primer paso para actuar a tiempo.

¿Qué es la leucemia?

La leucemia es un cáncer que se desarrolla en la médula ósea, un tipo de tejido blando localizado en el interior de los huesos y donde tiene lugar un proceso fisiológico conocido como hematopoyesis, que consiste en la formación y maduración de las células sanguíneas a partir de unas células madre.

En este sentido, la leucemia es un tumor maligno que nace cuando estas células sanguíneas (dependiendo de cuál sea estaremos ante un tipo u otro) se dividen descontroladamente y pierden su funcionalidad, lo que se traduce en una disminución de las células sanguíneas (glóbulos rojos, plaquetas y glóbulos blancos) maduras en sangre.

El resultado de la leucemia, pues, es tener un recuento bajo de células sanguíneas saludables. En la sangre tenemos menos glóbulos rojos, por lo que surgen problemas en lo que a transporte de oxígeno y dióxido de carbono se refiere. Menos plaquetas, por lo que perdemos capacidad de coagular la sangre. Y menos leucocitos o glóbulos blancos, por lo que nuestro sistema inmunitario pierde efectividad y, por lo tanto, somos más sensibles al ataque de patógenos.

Paralelamente, las células cancerosas o tumores malignos originados en esta médula ósea pueden propagarse a través de la sangre, utilizando esta circulación sanguínea para llegar a órganos vitales. Esto sería un caso de metástasis, una situación grave que hace que las probabilidades de supervivencia sean menores.

Dado que los síntomas dependen de muchos factores y que a menudo su gravedad no es preocupante hasta que nos encontramos en estadíos avanzados, solicitar atención médica de forma precoz no siempre es sencillo. Fiebre, sangrados, infecciones recurrentes, pérdida de peso, fatiga, sudoración excesiva, petequia (manchas rojas en la piel), dolor en los huesos, inflamación de ganglios linfáticos… Estos son los signos clínicos más comunes, pero pueden variar.

Esto, junto al hecho de que la cirugía de extirpación, que es el tratamiento predilecto para todos los cánceres, no es posible ya que nos encontramos ante un tumor que afecta a un tejido líquido como es la sangre, hace que la leucemia no pueda tener un índice de supervivencia de casi el 100% como pasa en algunos cánceres.

No obstante, siempre que se diagnostique a tiempo, las probabilidades de éxito de los tratamientos de quimioterapia, radioterapia, inmunoterapia o una combinación de varios son muy altas: del 90%. Eso sí, en algunos casos y dependiendo tanto del estado de salud de la persona como de la naturaleza del cáncer, esta puede bajar hasta el 35%.

Por ello, es importante conocer cuáles son los principales tipos de leucemia que existen, pues de ello depende la gravedad, las manifestaciones clínicas y los tratamientos oncológicos a realizar.

¿Cómo se clasifican las formas de leucemia?

Como ya hemos comentado, dependiendo de qué células estén afectadas y de cómo progresa el tumor maligno, estaremos ante un tipo y otro de leucemia. Hemos intentado rescatarlas todas y presentar primero las más frecuentes y finalmente las más raras. Vamos allá.

1. Leucemia linfocítica aguda

La leucemia linfocítica es aquella que afecta a las células linfoides, conocidas como linfocitos. Los linfocitos son un tipo de leucocito (glóbulo blanco), por lo que juegan un papel fundamental en el sistema inmunitario, formados en las células hematopoyéticas de la médula ósea.

En su manifestación aguda, esta leucemia linfocítica, el problema es que estos linfocitos no pueden madurar. Es decir, no pueden cumplir con sus funciones y, además, se multiplican muy rápido. En este sentido, el progreso y empeoramiento de la enfermedad es más veloz, lo que requiere de un tratamiento agresivo para frenar su progreso.

Además, uno de sus principales problemas es que, además de ser una forma común en adultos, es el tipo de leucemia con mayor incidencia en niños. No se sabe por qué pero la leucemia es el tipo de cáncer infantil más frecuente. De hecho, el 30% de los tumores malignos diagnosticados en niños corresponden a la leucemia, con una máxima incidencia entre los 2 y los 5 años.

Leucemia linfocítica aguda

2. Leucemia linfocítica crónica

Seguimos con la leucemia que afecta a los linfocitos, es decir, las células especializadas en participar en las reacciones inmunitarias de protección frente a patógenos. Pero en este caso, la manifestación crónica no se debe a una inmadurez de las células sanguíneas.

En la leucemia linfocítica crónica, los linfocitos consiguen madurar. El problema es que el cáncer se manifiesta con una disminución o un aumento en su producción. Sea como sea, el progreso de la enfermedad es mucho más lento, pues los linfocitos pueden actuar con normalidad durante algún tiempo. De hecho, puede estar sin dar signos de su presencia durante meses e incluso años. De todos modos, tarde o temprano tendrá que tratarse. En lo que a leucemia crónica se refiere, es la forma más común en adultos.

3. Leucemia mielógena aguda

Cambiamos de terreno y nos centramos en la leucemia que afecta a las células mieloides, aquellas presentes en la médula ósea y que no están especializadas solo en la síntesis de linfocitos, sino de todos los tipos de células sanguíneas: eritrocitos (glóbulos rojos), plaquetas y glóbulos blancos.

En su manifestación aguda, nos volvemos a encontrar con un problema a la hora de que estas células mieloides maduren. Al no madurar, no pueden formarse los otros tipos de células sanguíneas. Por lo tanto, las manifestaciones clínicas son abruptas y el cáncer progresa con rapidez.

Requerirá de un tratamiento lo más precoz posible que, debido a la afectación a todas las células sanguíneas y a la peligrosidad que esto entraña, será bastante agresivo. Es una forma común de leucemia tanto en niños como en adultos. En estos últimos, de hecho, es la forma de leucemia aguda más frecuente.

4. Leucemia mielógena crónica

Dentro de las cuatro formas de leucemia principales, esta es la menos frecuente. De hecho, solo el 10% de los casos diagnosticados corresponden a la leucemia mielógena crónica. Sea como sea, seguimos ante una forma de leucemia que afecta a las células mieloides, aquellas que estimulan la síntesis del resto de células sanguíneas.

En su forma crónica, no hay problemas en la maduración de las células mieloides, sino una alteración en sus niveles, tanto de disminución como de aumento. Al disponer de su funcionalidad normal, la manifestación clínica no es abrupta. De hecho, una persona con este tipo de cáncer (es más común en adultos), puede pasar años sin síntomas.

Leucemia mielógena crónica

5. Síndromes mielodisplásicos

De ahora en adelante, repasaremos otras formas de leucemia que, pese a existir, son poco frecuentes. La inmensa mayoría de casos diagnosticados corresponden a los cuatro grupos anteriores. De todos modos, es importante conocerlos.

Empezamos con los síndromes mielodisplásicos. Estos trastornos, de los cuales se diagnostican unos 13.000 casos anualmente en los Estados Unidos, son un grupo de patologías en el que las células mieloides de la médula ósea desarrollan una morfología anormal (displasia), lo que impide que funcionen con normalidad. Por lo tanto, la enfermedad se traduce con una disminución de los valores de glóbulos rojos, plaquetas y glóbulos blancos.

6. Leucemia de células pilosas

La leucemia de células pilosas es una forma rara (1.000 casos diagnosticado anualmente en los Estados Unidos) y más común en hombres de la leucemia linfocítica crónica que hemos comentado anteriormente.

Recibe este nombre porque las células tumorales tienen proyecciones largas y delgadas que se parecen a los cabellos. Sea como sea, esta enfermedad consiste en un incremento en la producción de linfocitos B, las células del sistema inmune especializadas en la producción de anticuerpos. Este aumento comporta una disminución del resto de células sanguíneas, pero los síntomas pueden tardar años en aparecer.

Leucemia células pilosas

7. Trastornos mieloproliferativos

Los trastornos mieloproliferativos son un conjunto de enfermedades poco comunes en las que esta leucemia se traduce en un incremento de la actividad de la médula ósea, por lo que se observa un aumento en los valores tanto de glóbulos rojos como de plaquetas, así como de glóbulos blancos.

Es una forma rara de la leucemia en la que si bien puede haber un incremento en la producción de los tres tipos de células sanguíneas, lo más habitual es que una en concreto esté más alterada. Dependiendo de ello, pueden haber varios subtipos dentro de ella. El tratamiento dependerá precisamente de esto.

8. Leucemia promielocítica aguda

Este tipo de leucemia es una forma especialmente agresiva de la leucemia mielógena aguda. Puede desarrollarse a cualquier edad, pero lo cierto es que es una patología rara. Nos encontramos ante una enfermedad en la que hay un incremento en el el número de células mieloides.

Esto se traduce en una alteración de los valores normales de células sanguíneas, pues, recordemos, las células mieloides eran las encargadas de sintetizarlas. Por contraintuitivo que puede parecer, este aumento de células mieloides provoca una disminución de los valores de glóbulos rojos, plaquetas y glóbulos blancos. Su manifestación, como decimos, es muy abrupta y requiere de tratamiento de inmediato.

9. Mastocitosis sistémica

La mastocitosis sistémica es una forma rara de la leucemia en la que hay un incremento en los valores normales de mastocitos, un tipo de glóbulos blancos que, gracias a su papel a la hora de desencadenar las reacciones inflamatorias del organismo, constituyen una de las primeras líneas de defensa del sistema inmunitario.

Este incremento generalizado de sus niveles debido al desarrollo de un cáncer en la médula ósea provoca reacciones de inflamación en muchos órganos del cuerpo, con síntomas que van desde reacciones gastrointestinales hasta la aparición de problemas en la piel. De todos modos, hay veces que la enfermedad puede tratarse “simplemente” con antihistamínicos. Para casos más graves, es posible que haya que recurrir a terapias oncológicas más agresivas.

Mastocitosis sistémica
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