Arritmias cardíacas: ¿qué son y cómo podemos detectarlas?

Que nuestro corazón lata demasiado deprisa o muy despacio tiene consecuencias que pueden resultar graves. Hablemos sobre las arritmias.
Arritmias

Las enfermedades cardiovasculares, es decir, todos aquellos trastornos del corazón y de los vasos sanguíneos, son la principal causa de muerte en todo el mundo. Por encima del cáncer, de los accidentes de tráfico, de infecciones de las vías respiratorias… Las afecciones del corazón son el principal motivo por el que la gente muere.

De hecho, estos trastornos cardiovasculares son responsables de más del 32 % de las defunciones registradas en el mundo. Nuestro corazón es susceptible de sufrir distintas enfermedades, aunque una de las afecciones más comunes son las arritmias.

En este artículo hablaremos acerca de las arritmias cardíacas, un trastorno caracterizado por una alteración en la frecuencia de latidos del corazón, algo que puede llegar a provocar una insuficiencia cardíaca grave. Afortunadamente, hay modos de prevenir y de detectar precozmente esta afección, algo que permite reducir su impacto.

¿Qué es una arritmia cardíaca?

Una arritmia cardíaca es un trastorno cardiovascular que consiste en una alteración de la frecuencia de latidos del corazón. Es decir, el ritmo de latidos se ve afectado, haciendo que el corazón lata demasiado deprisa (taquicardia), demasiado lento (bradicardia) o de forma irregular.

Las arritmias cardíacas no siempre son graves, pues pueden limitarse a una ligera sensación desagradable en el pecho, aunque algunas de ellas provocan síntomas graves e incluso la muerte. De todos modos, existen formas de prevenir el desarrollo de estas afecciones adoptando un estilo de vida saludable y también hay tratamientos que devuelven al corazón su ritmo normal de latido.

Nuestro corazón es una especie de bomba encargado de hacer llegar la sangre a todas las partes del cuerpo. Pero para poder hacerlo de forma adecuada y asegurar tanto que los nutrientes llegan a las células como que las sustancias de desecho son eliminadas del organismo, debe trabajar de forma perfectamente sincronizada.

Los latidos del corazón son el indicador de que nuestro corazón está bombeando la sangre justo en el momento correcto, algo que se consigue a través de una serie de impulsos eléctricos que ocurren en el tejido muscular del corazón y que hacen que este se contraiga y relaje de forma correcta.

Las arritmias cardíacas, pues, son alteraciones en la frecuencia cardíaca que suceden cuando estos impulsos eléctricos no son transmitidos como es debido, cosa que hace que el corazón no se contraiga y relaje como debería hacerlo.

Causas

Hay muchas circunstancias que pueden conducir a una desregulación en los latidos del corazón. De todos modos, las causas que más a menudo explican que los impulsos eléctricos no sean conducidos como deberían son las siguientes:

  • Haber sufrido un infarto
  • Elevada presión arterial
  • Enfermedades cardíacas congénitas
  • Niveles anormales de potasio (muy importante para transmitir correctamente los impulsos eléctricos)
  • Agrandamiento del corazón
  • Hipertiroidismo
  • Hipotiroidismo
  • Obstrucción de arterias del corazón
  • Tabaquismo
  • Alcoholismo
  • Abuso de drogas
  • Consumo excesivo de cafeína
  • Estrés
  • Consumo excesivo de determinados medicamentos (especialmente los utilizados para tratar alergias, resfriados, depresión, psicosis e incluso otras enfermedades del corazón) y suplementos nutricionales
  • Diabetes
  • Apnea obstructiva del sueño (interrupción de la respiración mientras se duerme)

Por lo tanto, si bien es cierto que algunas de las causas son inevitables, la mayoría de ellas son fácilmente prevenibles cuidando el estilo de vida. Adoptando hábitos saludables se puede reducir en gran medida la posibilidad de desarrollar arritmias cardíacas.

Síntomas

Normalmente una arritmia no presenta manifestaciones clínicas, por lo que es común detectarlas simplemente durante un examen rutinario. Por lo tanto, los síntomas más frecuentes de las arritmias cardíacas no tienden a ser graves y son los siguientes:

  • Palpitaciones en el pecho (si se sufre taquicardia)
  • Sensación de que el corazón late lento (si se sufre bradicardia)
  • Agitación en el pecho
  • Dolor torácico
  • Palidez
  • Sudoración
  • Dificultad para respirar
  • Vértigos y mareos
  • Desmayos

De todos modos, si el desajuste en los latidos cardíacos es grave y/o la arritmia no es tratada a tiempo, es posible que aparezcan síntomas más graves como los que veremos a continuación.

Complicaciones

Como hemos dicho, la mayoría de arritmias no tienen por qué ser graves ni poner en peligro la vida de la persona. Sin embargo, algunas de ellas sí que pueden derivar en algunas enfermedades y trastornos cardiovasculares más graves. Las complicaciones más comunes son:

Desarrollo de una insuficiencia cardíaca

Cuando, debido tanto a una taquicardia como una bradicardia graves, el corazón no puede bombear la sangre como es debido, es posible aparezca una insuficiencia cardíaca, un trastorno crónico que requerirá de tratamiento de por vida.

Esta insuficiencia cardíaca ocurre cuando, después de una afectación continuada al ritmo cardíaco, el corazón ya no es capaz de hacer llegar la sangre a todo el cuerpo. Esto viene acompañado de diferentes síntomas, además de los mencionados anteriormente y pertenecientes a la arritmia en sí, que son los siguientes:

  • Falta de aire
  • Debilidad y fatiga
  • Aumento indeseado de peso
  • Hinchazón del abdomen
  • Falta de apetito
  • Náuseas
  • Hinchazón en extremidades

Si aparece esta insuficiencia cardíaca, el pronóstico dependerá de la gravedad de la misma y del estado de salud de la persona, aunque algunas de las complicaciones derivadas de la incapacidad del corazón para abastecer de sangre al cuerpo sí que pueden resultar mortales: insuficiencia renal, daño en las válvulas cardíacas, daños hepáticos…

Sufrir un infarto cerebral

Esta alteración en el ritmo cardíaco provoca, como hemos visto, que la sangre no sea bombeada eficazmente. Esta falta de fuerza en el impulso puede provocar que la sangre se acumule, lo que a su vez, en caso de que la arritmia sea grave, propicia la formación de coágulos de sangre.

La formación de estos coágulos pone en riesgo la vida de la persona, pues si son liberados desde el corazón y pasan al torrente sanguíneo, es posible que lleguen al cerebro. Una vez ahí, dependiendo de la naturaleza del coágulo, se puede bloquear el flujo sanguíneo, impidiendo que el oxígeno llegue al cerebro y causando un infarto cerebral.

Este infarto cerebral es un accidente cerebrovascular en el que, por falta de oxigenación y llegada de nutrientes, parte del tejido cerebral empieza a “morir”. Esto ocasiona daño permanente e incluso, si el coágulo ha afectado a una región muy grande, la muerte.

Por ello, las personas que sufren arritmias cardíacas deben tomar anticoagulantes, pues impiden que se formen estos coágulos de sangre. De ahí la importancia de una detección precoz de las arritmias.

Prevención

Pese a que a veces están causadas por factores genéticos o heredables que no podemos controlar o por sufrir enfermedades no prevenibles, lo cierto es que la mayoría de casos de arritmias cardíacas son prevenibles.

Llevando un estilo de vida saludable, mantenemos el corazón en un buen estado de salud y reducimos enormemente el riesgo de padecer estas alteraciones en el ritmo cardíaco. Una vida “sana para el corazón” incluye:

  • Cuidar la dieta: evitar ultraprocesados, grasas y azúcares refinados y centrar la alimentación en verduras, frutas y alimentos más naturales.
  • Realizar actividad física: con el deporte ejercitamos el corazón y lo mantenemos activo, reduciendo la posibilidad de desarrollar problemas
  • Limitar el consumo de alcohol y cafeína
  • No fumar
  • Evitar el sobrepeso
  • Procurar reducir el estrés
  • No tomar medicamentos “porque sí”: algunos fármacos aparentemente inofensivos y que se obtienen sin necesidad de receta (antigripales, para las alergias, para los resfriados, etc) pueden aumentar el riesgo de sufrir arritmias si son consumidos de forma excesiva

Siguiendo estas indicaciones se reduce en gran medida la probabilidad de desarrollar arritmias cardíacas y, consecuentemente, de padecer las complicaciones graves para la salud que derivaban de estas.

Detección

Como hemos dicho, al no presentar muchas de ellas ni síntomas ni manifestaciones clínicas, suelen ser detectadas por un médico durante un examen rutinario. En la visita, el médico, por procedimiento, tomará el pulso y, mediante un estetoscopio, auscultará el corazón. Con esta prueba de rutina es posible que sospeche que la persona sufra una arritmia, pues notará alteraciones en el ritmo cardíaco.

Una vez lo sospeche, deberá confirmarlo mediante distintas pruebas. En primer lugar, se deberá observar si realmente hay una arritmia cardíaca. En segundo lugar, se determinará la causa. Complementariamente se pueden hacer otras técnicas de detección para que el diagnóstico sea lo más preciso posible.

Primera prueba: electrocardiograma

El electrocardiograma es la prueba de detección de una arritmia por excelencia. Consiste en el uso de unos electrodos (que actúan como sensores) enganchados al pecho y que analizan la actividad eléctrica del corazón.

Con un electrocardiograma se obtiene información de la duración de cada una de las fases de un latido del corazón, por lo que se puede determinar si este late demasiado rápido, deprisa o de forma irregular. Por lo tanto, una arritmia cardíaca se detecta mediante esta técnica de diagnóstico.

Segunda prueba: monitoreo cardíaco

Una vez confirmada la presencia de una arritmia cardíaca, los médicos deben determinar la causa de esta. Por ello, utilizarán distintas técnicas que van enfocadas a encontrar el trastorno de fondo que explique el desarrollo de esta alteración del corazón.

El Monitoreo Holter consiste en un dispositivo que archiva la actividad del corazón de la persona durante 24 horas. El registrador implantable es un dispositivo que la persona, cuando nota que su ritmo cardíaco está más alterado de lo normal, activa y este empieza a monitorear la actividad cardíaca.

Con estas pruebas de diagnóstico se puede determinar cuál es la causa que ha llevado al desarrollo de una arritmia para así poder administrar tratamientos acorde a ello.

Pruebas complementarias

Puede realizarse también un ecocardiograma, una técnica de diagnóstico por imagen que permite obtener imágenes del corazón, observando tanto su tamaño y estructura como los movimientos que realiza.

El registrador de bucle implantable se implanta debajo de la piel de la región del pecho y permite detectar los ritmos cardíacos anormales.

Tratamiento de las arritmias cardíacas

Los tratamientos solo suelen administrarse si los síntomas de la arritmia son graves y/o hay riesgo de que esta derive en una de las complicaciones anteriormente mencionadas.

Los tratamientos más comunes para resolver las arritmias cardíacas son: implantación de marcapasos (un dispositivo que ayuda a regular la frecuencia cardíaca), medicamentos por vía oral o por vena (solo para la taquicardia, pues no hay medicamentos que aceleren el corazón de forma segura en caso de que se sufra una bradicardia), descargas eléctricas (la corriente eléctrica puede restablecer el ritmo cardíaco normal), además de tratamientos quirúrgicos en caso de que la arritmia sea debida a una afectación de las arterias del corazón.

Por lo tanto, pese a que existen tratamientos eficaces, estos solo se administran en caso de que la arritmia sea grave y, teniendo en cuenta que la mayoría de ellas son prevenibles, no es necesario llegar al punto de necesitar estas terapias.

Referencias bibliográficas

  • Humprhreys, M., Warlow, C., McGowan, J. (2013) “Arrhythmias and their Management”. Nursing the Cardiac Patient.
  • Amani, R., Sharifi, N. (2012) “Cardiovascular Disease Risk Factors”. The Cardiovascular System - Physiology, Diagnostics and Clinical Implications.
  • Arnar, D.O., Mairessem G.H., Boriani, G. et al (2019) “Management of asymptomatic arrhythmias”. European Society of Cardiology.
Pol Bertran Prieto

Pol Bertran Prieto

Microbiólogo y divulgador

Pol Bertran (Barcelona, 1996) es Graduado en Microbiología por la Universidad Autónoma de Barcelona. Máster en Comunicación Especializada con mención en Comunicación Científica por la Universidad de Barcelona. Apasionado por la divulgación de la salud y la medicina y aficionado del deporte y el cine.