Las 10 partes del sistema circulatorio (características y funciones)

El sistema cardiovascular es el conjunto de órganos y tejidos que trabajan de forma coordinada para permitir el transporte, a través de la sangre, de las sustancias necesarias para vivir.
Partes sistema circulatorio

Cada día, nuestro corazón late unas 115.000 veces, bombeando más de 7.000 litros de sangre. Esto se traduce en más de 42 millones de latidos cada año. O lo que es lo mismo, más de 3.000 millones de latidos a lo largo de toda la vida.

Nuestro sistema cardiovascular o circulatorio es sencillamente increíble. Y es que a lo largo de nuestra vida, nuestro corazón habrá bombeado unos 200 millones de litros de sangre, que sería suficiente para llenar más de 62 piscinas olímpicas.

Como podemos intuir, garantizar un correcto flujo de sangre a lo largo y ancho de nuestro cuerpo es imprescindible. Por ello, los distintos órganos que constituyen el sistema circulatorio son totalmente necesarios para la vida.

En el artículo de hoy, pues, además de analizar la función del sistema cardiovascular, analizaremos la anatomía y las funciones específicas del corazón, los vasos sanguíneos y la sangre, los principales componentes del aparato circulatorio.

¿Qué es el sistema circulatorio?

El sistema circulatorio o cardiovascular es uno de los trece sistemas del cuerpo humano y, como tal, está constituido por órganos y tejidos que, pese a ser diferentes, trabajan de forma coordinada para cumplir con una función biológica compleja, que en este caso es la circulación de sustancias a lo largo del organismo.

En este sentido, el sistema circulatorio nace de la unión de distintas estructuras que permiten el transporte, a través de la sangre, de todas las sustancias necesarias para mantener el cuerpo con vida. Todas nuestras células requieren de oxígeno y nutrientes para vivir, pero al mismo tiempo necesitan que alguien elimine las sustancias de desecho tóxicas que generan durante su metabolismo.

Y aquí entra en juego el sistema cardiovascular, pues todos los órganos y tejidos que lo constituyen unen fuerzas para asegurar una continua circulación del flujo sanguíneo, permitiendo la llegada de oxígeno, nutrientes, hormonas, agua y todos las sustancias que pueden necesitar las células para desarrollar sus funciones bioquímicas.

Y al mismo tiempo, recogen tanto el dióxido de carbono como todas las otras sustancias tóxicas para su posterior depuración y eliminación del organismo. Sin este sistema circulatorio, ningún otro órgano o tejido del cuerpo podría sobrevivir, pues todos necesitan que la sangre llegue a ellos.

En resumen, el sistema circulatorio es aquel que nutre a todos los otros sistemas del cuerpo y que, a la vez, conduce las sustancias tóxicas hasta los órganos gracias a los cuales serán expulsadas del cuerpo. A través de la sangre, todo está en movimiento. Y para que la sangre fluya como es debido, el sistema circulatorio debe funcionar correctamente.

¿Cuál es la anatomía del sistema cardiovascular?

Como ya hemos comentado, el sistema cardiovascular o circulatorio es aquel que tiene la imprescindible función de mantener el flujo sanguíneo, es decir, la llegada de la sangre a todos los órganos y tejidos del cuerpo para ofrecer a las células los nutrientes y oxígeno necesarios y, a su vez, retirar de la circulación todas aquellas sustancias de desecho nocivas.

En este sentido, el sistema cardiovascular está formado básicamente por el corazón, los vasos sanguíneos y la sangre. Pero cada uno de ellos, a su vez, está constituido por distintas estructuras muy importantes. Veamos su anatomía y funciones.

1. Sangre

La sangre, pese a ser un líquido, es un tejido más de nuestro cuerpo. Y, de hecho, es el tejido líquido que nos mantiene vivos, pues es a través de la sangre que las células de nuestro cuerpo reciben el oxígeno y los nutrientes necesarios, al mismo tiempo que se recogen las sustancias tóxicas y de desecho para su eliminación del cuerpo.

Como tejido vivo que es, la sangre está constituida por distintos tipos de células, cada uno de ellos desempeñando una función determinada en el sistema circulatorio. De todos modos, su consistencia líquida se debe a la presencia de una matriz conocida como plasma sanguíneo. Veamos, pues, la parte sólida y líquida de la sangre.

Sangre

1.1. Células sanguíneas

Las células sanguíneas, también conocidas como glóbulos, hemocitos, hematocitos o células hematopoyéticas, son el componente sólido de la sangre. Estas células “flotan” en el plasma sanguíneo, que es la parte líquida de la sangre, viajando a través de los vasos sanguíneos.

Representan el 40% de la sangre y se forman en la médula ósea, una estructura interna de los huesos largos donde tiene lugar la hematopoyesis, un proceso que culmina con la formación y liberación de estas células sanguíneas.

Por la sangre fluyen distintos tipos de células sanguíneas, desarrollando cada uno de ellos una función concreta dentro del sistema circulatorio:

  • Glóbulos rojos: El 99% de las células sanguíneas son de este tipo, que también se conocen como eritrocitos. Se trata de células muy especializadas cuya función principal es la de ser un transportador de hemoglobina, una proteína que se engancha a estas células y que tiene una alta afinidad por el oxígeno. Por ello, los glóbulos rojos, gracias a la hemoglobina, hacen llegar el oxígeno desde los pulmones a las células y, una vez lo han descargado, recogen el dióxido de carbono para su posterior eliminación. La sangre es roja debido a esta hemoglobina, que es un pigmento rojo.

  • Plaquetas: También conocidas como trombocitos, son las células sanguíneas más pequeñas. Su función principal es la de, ante heridas, cortes o hemorragias, agregarse entre ellas para formar, junto a otras sustancias, un coágulo que evite la pérdida de sangre. Por lo tanto, son las células que se encargan de estimular la coagulación sanguínea.

  • Glóbulos blancos: Conocidos también como leucocitos, los glóbulos blancos son el pilar del sistema inmunitario. Se trata de unas células que circulan tanto por la sangre como por la linfa y que, ante la presencia de un germen (e incluso de una célula cancerosa), encienden una serie de respuestas que culminan con la neutralización y eliminación de la amenaza. Son los soldados de nuestro cuerpo.

  • Si quieres entrar en profundidad: “Células sanguíneas (glóbulos): definición y funciones”

1.2. Plasma sanguíneo

El plasma sanguíneo es la porción líquida de la sangre. Representa el 60% de su composición y, al no tener células, es un medio “sin vida”. El plasma sanguíneo es básicamente un líquido compuesto mayoritariamente por agua, aunque también hay proteínas, sales, minerales, lípidos, enzimas, anticuerpos, hormonas, etc.

Todo aquello diluido en agua que fluye por la sangre y que no es la porción celular, forma parte del plasma sanguíneo. Por su composición (prácticamente todo es agua y proteínas) se trata de un líquido salado y traslúcido, con una ligera coloración amarillenta. No es rojo porque ya hemos dicho que este color procede de la hemoglobina. Sea como sea, es vital ya que permite la circulación de todas estas sustancias y, además, de las células sanguíneas.

2. Corazón

El corazón es el centro del sistema cardiovascular. Se trata de un órgano de naturaleza muscular con una longitud de unos 12 centímetros, un ancho de entre 8 y 9 centímetros, un volumen similar al de un puño cerrado y un peso aproximado de entre 200 y 350 gr.

Este órgano está constituido por tejido muscular cardíaco, un tipo de músculo liso cuya contracción y relajación es involuntaria, de ahí que el corazón esté constantemente latiendo. Este tejido muscular se conoce como miocardio y permite que el corazón bombee sangre.

Por lo tanto, su función principal es la de, mediante estas contracciones (sístoles) y relajaciones (diástoles) del miocardio, impulsar la sangre oxigenada para que llegue a todas las células del organismo y, al mismo tiempo, recoger la sangre sin oxígeno y enviarla tanto a oxigenarse de nuevo como a los órganos donde será filtrada.

Pese a su pequeño tamaño, su naturaleza enteramente muscular le permite bombear constantemente sangre a unos 2 kilómetros por hora, haciendo que esta tenga suficiente fuerza como para llegar a todos los órganos y tejidos del cuerpo.

Corazón

3. Vasos sanguíneos

Los vasos sanguíneos son, junto al corazón y la sangre, uno de los principales componentes del sistema circulatorio. Y es que es precisamente gracias a ellos que se cumple con la parte de la “circulación”.

Los vasos sanguíneos son unos conductos de naturaleza muscular que, gracias esta composición en fibras musculares, pueden contraerse o dilatarse según las necesidades, al mismo tiempo que resisten la presión con la que la sangre sale bombeada del corazón.

Ramificándose desde unos más grandes hasta otros de más estrechos, los vasos sanguíneos abarcan toda la extensión del cuerpo (los ojos son una de las pocas regiones que no disponen de vasos sanguíneos), pues todo el organismo necesita la llegada de la sangre para mantenerse vivo.

Su función es evidente: permitir el flujo de la sangre a través suyo. Y es que estos vasos sanguíneos funcionan como tuberías por donde viaja la sangre. Ahora bien, no todos son iguales. Dependiendo de la composición de la sangre que transporten, de su tamaño y de su localización, los vasos sanguíneos pueden ser de distintos tipos. Veámoslos.

Vasos sanguíneos

3.1. Arterias

Las arterias son los vasos sanguíneos por donde viaja la sangre oxigenada. Son los más fuertes, resistentes, flexibles y elásticos pues reciben la sangre bombeada del corazón, la cual sale con mucha fuerza. Tienen una amplitud de entre 0,2 y 4 mm, aunque la arteria aorta (la que sale del corazón) tiene un diámetro de 25 mm.

Son grandes conductos a través de los cuales circula la sangre con oxígeno que tiene que llegar a todas las células del cuerpo. Y para conseguir esto, estas arterias tienen que ramificarse en vasos sanguíneos más estrechos: las arteriolas.

3.2. Arteriolas

Las arteriolas son cada una de las ramificaciones de las arterias principales. Es difícil establecer un límite entre qué es una arteria y qué es una arteriola, aunque se las define como las ramificaciones de las arterias con un diámetro de entre 0,01 y 0,02 mm.

No cumplen tanto con la función de mantener la presión arterial, ya que la sangre va con poca fuerza, pero sí que son imprescindibles para abarcar toda la extensión del organismo. Por lo tanto, las arteriolas hacen circular la sangre hasta el lugar donde tendrá lugar el intercambio de gases y de nutrientes, que son los capilares.

3.3. Capilares

Los capilares son vasos sanguíneos con un diámetro de entre 0,006 y 0,01 mm y son las ramificaciones más estrechas. Se trata de el punto en el que, además de marcar un límite difuso entre arteria y vena, tiene lugar el intercambio de gases y la asimilación de nutrientes.

Gracias a sus paredes extremadamente finas, las células con las que contactan pueden absorber el oxígeno y los nutrientes por simple difusión y, a la vez, enviar a estos capilares las sustancias de desecho que resultan tóxicas para ellas.

Todo la actividad del sistema cardiovascular culmina con la llegada de la sangre a estos capilares, que es donde tiene lugar el contacto entre la sangre y las células de los distintos tejidos y órganos del cuerpo. Una vez la sangre ha dado el oxígeno y los nutrientes y se ha quedado con las sustancias de desecho (dióxido de carbono y otros productos tóxicos), esta pasa a las vénulas.

Capilares

3.4. Vénulas

Las vénulas son los vasos sanguíneos a través de los cuales fluye la sangre “sucia”. Tienen un diámetro de entre 0,01 y 0,2 mm y su función es la de ir convergiendo hasta formar vasos sanguíneos más grandes.

Como la sangre va sin fuerza, las vénulas tienen válvulas que impiden el retroceso de la sangre (a las arterias y las arteriolas no les hacía falta). Estas vénulas estrechas se van juntando hasta formar las venas.

3.5. Venas

Las venas nacen de la unión de las distintas vénulas. Se trata de vasos sanguíneos con un diámetro de entre 0,2 y 5 mm (aunque las venas cava tienen un diámetro de 35 mm, siendo los vasos sanguíneos más grandes del cuerpo).

Su función es la de recoger la sangre sin oxigenar y con sustancias tóxicas hacia el corazón, el cual la enviará tanto a los pulmones para que vuelva a cargarse de oxígeno como a los órganos especializados en depurar la sangre y expulsar del cuerpo estas sustancias tóxicas. Por lo tanto, tienen el objetivo de hacer regresar la sangre al corazón para que empiece el ciclo de nuevo.

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