¿Cómo funciona la selección natural?

La selección natural es el proceso a través del cual es posible la evolución de las especies. Veamos cómo funciona este fenómeno.
Selección natural

¿Por qué los osos del Polo Norte son blancos? ¿Por qué las bacterias se están volviendo resistentes a los antibióticos?

¿Por qué los humanos tenemos un pulgar oponible? ¿Por qué las jirafas tienen el cuello tan largo? ¿Por qué algunas serpientes no venenosas copian el estampado de las venenosas para parecer que lo son?

Son fenómenos tan familiares para nosotros que normalmente no nos preguntamos su por qué. Sin embargo, hubo alguien que sí lo hizo: Charles Darwin.

Charles Darwin fue un naturalista inglés que nos ofreció una teoría que explicaba por qué la vida es como es. Es decir, por qué las especies tienen las características que tienen y por qué son tan distintas entre ellas pese a que procedan de un antepasado común.

Esta teoría es la selección natural, un mecanismo a través del cual las especies cambian. Desde su concepción, esta teoría está totalmente aceptada y ha sido pieza clave para entender la evolución de todas las especies de la Tierra. Incluidos nosotros.

¿Qué creíamos antes de Darwin?

La vida ha sido - y continúa siendo - uno de los mayores misterios a los que nos hemos enfrentado. Ya desde nuestros orígenes como raza humana, nos hemos preguntado por qué las especies que habitan junto a nosotros la Tierra son tan diferentes entre ellas.

Por ello, hemos desarrollado diferentes teorías que intentaban explicar cómo es posible que este mundo sea habitado por organismos tan diversos. En otras palabras, hemos tenido distintas teorías evolutivas.

Durante muchos siglos pensamos que, como todo aquello que nos rodeaba, las especies eran fruto de la creación de Dios. Por lo tanto, se creía que una fuerza divina había creado en algún momento todas las especies y estas se habían mantenido inalterables en el tiempo. Es decir, no existía evolución como tal.

Sin embargo, a medida que la ciencia progresaba, esta explicación empezó a perder fuerza. La comunidad científica se esforzaba en aportar visiones empíricas del mundo. Y la biología no era una excepción.

En este contexto surgieron teorías científicas que aceptaban que las especies cambiaban con el tiempo, pero no se sabía aún de qué manera lo hacían. Aparecieron, pues, distintas teorías. Algunas de ellas, como la planteada por Lamarck a principios del siglo XIX, decían que los organismos iban adaptándose al medio en vida y transmitían estos cambios a su descendencia. Es decir, se creía que una jirafa va alargando el cuello mientras vive para llegar a las plantas altas, algo que heredarán sus hijos, los cuales, a su vez, seguirán alargando el cuello.

Esto fue aceptado durante un tiempo, hasta que llegó Darwin y lo cambió todo. Él planteó un mecanismo evolutivo llamado selección natural que explicaba perfectamente cómo iban variando los organismos en el tiempo y, lo más importante, por qué lo hacían.

En este artículo haremos un repaso de qué es la selección natural y explicaremos cómo funciona la evolución de las especies.

¿Qué es la selección natural?

A grandes rasgos, la selección natural es la fuerza que nos ha creado a nosotros y a todas las otras especies que habitan y han habitado la Tierra. Es decir, Darwin dijo que la fuerza creadora no era Dios, sino este mecanismo de selección natural.

Esta teoría, planteada por Darwin a mediados del siglo XIX tras una expedición por el mundo a bordo del “Beagle”, marcó un antes y un después en nuestro modo de entender la vida. La selección natural se trata de un mecanismo que incita la evolución de las especies. Es decir, es una fuerza “invisible” que propicia los cambios en los organismos.

¿Qué nos dice la selección natural?

Como su propio nombre indica, esta teoría afirma que la evolución se da porque se “seleccionan” características de los organismos dependiendo de su entorno “natural”. Y esto es aplicable a todos los seres vivos, desde los humanos hasta las bacterias, pasando por todos los otros animales, las plantas y los hongos.

A grandes rasgos, lo que nos dice la selección natural es que, al azar, habrá organismos de una especie que nacerán con unas características que les harán estar mejor adaptados al ambiente que sus compañeros. Al estar mejor adaptados, tendrán más probabilidades de sobrevivir y, por lo tanto, de reproducirse.

Al reproducirse más, dejarán más descendencia, una descendencia que, como las características se heredan de generación en generación, serán similares a ellos. Esto hará que, con el tiempo, la mayoría de la población tenga estas características, pues representan una ventaja biológica.

Por lo tanto, la selección natural afirma que si no estás adaptado al medio, morirás antes que aquellos que están mejor adaptados. Es decir, la selección natural premia las características que representan una ventaja evolutiva y castiga a aquellas que son impedimento para la supervivencia de la especie.

Los osos blancos del Polo Norte: un ejemplo de selección natural

Imaginemos que dejamos un oso pardo en la nieve y otro que, por algún defecto genético, tiene un pelaje más claro de lo normal. Una vez los dejemos libres, el oso pardo tendrá pocas probabilidades de cazar sin ser visto, por lo que no tendrá suficiente energía y no se reproducirá tanto.

Ahora bien, el de pelaje más blanco lo tendrá más fácil para cazar, pues está en un ambiente en el que tener esa característica representa una ventaja. Si estuviera en un bosque, ser blanco sería un impedimento para sobrevivir. Pero aquí es una característica muy beneficiosa.

Lo que sucederá entonces es que el oso claro comerá más y tendrá más energía para reproducirse que el oso pardo. Por lo tanto, el blanco dejará más descendencia que el oscuro. Como el pelaje claro es una característica codificada en los genes, se transmitirá a la siguiente generación, haciendo que en esa población la proporción de osos claros sea cada vez mayor.

La selección natural, propiciando la reproducción de los claros y la muerte de los oscuros, está haciendo que en esa población cada vez haya menos osos oscuros. Con el tiempo, los osos pardos irán desapareciendo y solo quedarán los claros.

Además, por azar irán naciendo unos más blancos, por lo que la selección natural irá hilando cada vez más fino hasta que en esa población queden solo los más blancos.

Así es como la selección natural propicia la evolución de las especies. Dependiendo del ambiente en el que se encuentren los organismos, se requerirán unas características u otras. Aquellos que, por fortuna genética, los tengan, serán premiados por la selección natural con más descendencia.

¿Cómo evolucionan las especies?

Ahora que ya hemos entendido el principio básico de la selección natural es hora de analizar cómo sucede la evolución de las especies. La selección natural es la fuerza que incita el cambio en todas las especies y es aplicable a humanos, bacterias, plantas, mamíferos, aves y, en definitiva, a cualquier ser vivo del planeta.

La “evolución” desde el punto de vista biológico se define como un cambio gradual en las características de los organismos. Estos cambios derivan en propiedades comunes a varios individuos cuando forman parte de una misma especie, aunque también hace que se diferencien cada vez más de otras poblaciones, propiciando la especiación, es decir, la formación de distintas especies.

A continuación presentamos el mecanismo a través del cual han evolucionado - y siguen evolucionando - todas las especies de la Tierra.

1. Partimos de un antepasado común

Dios no creó a los animales ni al quinto ni al sexto día. Gracias a Darwin, la teoría del Creacionismo dejó de ser aceptada. Las especies no aparecieron de la nada, sino que han ido variando a lo largo del tiempo gracias a la selección natural.

Esta evolución progresiva implica que, en algún momento, todas partieron de un antepasado común. Todos los seres vivos estamos ligados entre nosotros por algún pariente. Por ejemplo, los humanos y los chimpancés compartimos un antepasado hace aproximadamente 5 millones de años. Incluso con una bacteria que nos provoca gastroenteritis tenemos un pariente en común, aunque en este caso debamos remontarnos a hace unos 3.000 millones de años.

Por lo tanto, la evolución de las especies implica que partimos de un organismo muy primitivo que fue cambiando muy lentamente hasta diferenciarse en todas las especies que vemos hoy en día. El proceso es muy lento, aunque tras miles de millones de años, la selección natural ha tenido tiempo de actuar y permitir la increíble variedad de especies.

Evolución del ser humano

2. Las mutaciones confieren nuevas características

Todo lo que somos está codificado en nuestros genes. Los genes son como un código de barras, pues en función de su secuencia, nuestras características serán unas u otras. Y estas secuencias, afortunadamente, no son siempre perfectas. Y decimos “afortunadamente” porque los defectos en los genes son los que permiten la evolución.

Si no hubiera defectos genéticos, nos podríamos olvidar de toda la diversidad de especies. En la Tierra seguiría habiendo solo esa bacteria primitiva. Sin embargo, los errores en los genes, que reciben el nombre de mutaciones, son alteraciones en su secuencia que ocurren al azar y que hacen que las características morfológicas y/o fisiológicas del organismo que ha sufrido una mutación se vean alteradas.

3. Las variaciones pueden suponer una ventaja biológica

Las mutaciones pueden no tener ninguna implicación o ser un impedimento para el organismo que la haya sufrido, pudiendo incluso provocarle la muerte. En otras ocasiones, sin embargo, esa alteración genética puede suponer un beneficio para el portador de la mutación.

Es decir, las mutaciones pueden conferir al organismo una característica que le haga estar mejor adaptado al medio que aquellos genéticamente “perfectos”. Por lo tanto, la selección natural actuará y premiará a ese organismo haciendo que sobreviva más.

4. Los genes se heredan de generación en generación

Cuando nos reproducimos, transferimos nuestros genes a la descendencia. Por lo tanto, ese organismo mejor adaptado gracias a una mutación, pasará ese “error” genético a sus hijos, que nacerán con las características de su progenitor.

Por lo tanto, esos hijos estarán bien adaptados y, a su vez, darán también más descendencia con sus características que aquellos que continúan sin tener la mutación. Con el tiempo, pues, en esa población sólo quedarán organismos con la mutación beneficiosa.

5. Los cambios son acumulativos

La selección natural no actúa solo sobre una característica, lo hace sobre varias a la vez. Además, las características que se benefician se mantienen a lo largo del tiempo mientras van apareciendo de otras, que deben ir en concordancia con las propiedades que la selección natural ha potenciado en el pasado.

Por ello decimos que la evolución es un proceso muy azaroso. Los cambios se van acumulando y los organismos deben adaptarse en función de lo que reciben de sus progenitores.

Esta acumulación permite la aparición de organismos complejos como los humanos, pues gracias a que las mutaciones se mantienen en el tiempo, tenemos ojos, extremidades, dedos, oídos, etc. De lo contrario, las especies serían muy simples.

6. Las especies se diferencian entre ellas

El mundo es un lugar muy grande y tiene ambientes muy diferentes. Por ello, dependiendo de en qué zona se encuentren los organismos, la selección natural premiará unas características u otras. Siguiendo con el ejemplo de los osos, no es lo mismo vivir en el Polo Norte que en un bosque. Las necesidades son distintas y los seres vivos deben adaptarse a unas condiciones diferentes.

Por ello, los organismos van acumulando cambios y, a lo largo de millones de años, van perdiendo las propiedades en común que tenían con los primeros antepasados. Las poblaciones aisladas acaban dando lugar a especies distintas.

Esto explica que, partiendo de un antepasado común, hayan surgido especies tan distintas entre ellas como los elefantes, las gallinas, los hongos, los humanos, etc.

Por lo tanto, gracias a que la selección natural propicia la supervivencia de los seres mejor adaptados, la Tierra es un lugar con tanta diversidad de especies. Cada una de ellas es resultado de un proceso evolutivo en el que se ha propiciado la transmisión de unas características concretas dependiendo de las necesidades que el medio despierta en los organismos.

Referencias bibliográficas

  • Racevska, E. (2018) “Natural Selection”. Oxford University.
  • Kauth, M. (2006) “A Brief History of the Theory of Evolution”. Journal of Psychology & Human Sexuality.
  • Alzohairy, A.M. (2009) “Darwin’s Theory of Evolution”. Research Gate.
Pol Bertran Prieto

Pol Bertran Prieto

Microbiólogo y divulgador

Pol Bertran (Barcelona, 1996) es Graduado en Microbiología por la Universidad Autónoma de Barcelona. Máster en Comunicación Especializada con mención en Comunicación Científica por la Universidad de Barcelona. Apasionado por la divulgación de la salud y la medicina y aficionado del deporte y el cine.