¿Cómo sería una Invasión Extraterrestre? Posibilidades y consecuencias

Las invasiones alienígenas han sido el motor de cientos de películas y novelas. Pero, ¿hasta qué punto es posible que una civilización extraterrestre llegue a la Tierra y la colonice? ¿Qué pasaría con nosotros? ¿Podríamos sobrevivir?

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El 2 de noviembre de 1920, la estación KDKA realizó la primera transmisión comercial del país desde una caseta en el techo de un edificio en Pittsburgh. Hasta entonces, la radio se había concebido como un medio de comunicación uno a uno, por lo que la idea de convertirla en un fenómeno masivo fue algo revolucionario.

Así, la compañía Westinghouse estableció una estación de transmisión regular que, a través de una amplitud modulada, hizo posible que las ondas de radio llegaran a los hogares de los estadounidenses para, aquella noche de noviembre, poder escuchar en directo los resultados de las elecciones de la carrera presidencial entre Warren Harding y James Cox.

Pero aquella noche, sucedió algo mucho más importante para, tal vez, nuestro destino como especie. Desde esa noche de finales de 1920, somos una civilización detectable. Desde entonces, estamos emitiendo señales de nuestra existencia a los confines del Universo. Día a día, estas primeras transmisiones están llegando más y más lejos. Y en este preciso instante, ese primer comercial puede ser detectable a más de 100 años luz de distancia.

Qué irónico que en aquel mensaje, el locutor dijera que apreciaría que si alguien escuchara el mensaje, respondiera a él. Y es que si hay alguna civilización inteligente a 100 años luz a la redonda con la capacidad para detectar nuestras señales, podrían localizarlos en el espacio. Y en el artículo de hoy vamos a sumergirnos en el hipotético escenario de que una civilización extraterrestre nos encontrara, viajara hasta nosotros y nos invadiera. Vamos allá.

La Paradoja de Fermi: ¿el optimismo de la estadística o el pesimismo de la evidencia?

Ante la pregunta de si estamos o no solos en el Universo, solo hay dos posibles respuestas: o estamos solos en la inmensidad del Universo. O estamos acompañados. Y ambas opciones son aterradoras. Sabemos que solo en la Vía Láctea podría haber 50 mil millones de planetas. Y a pesar de que es cierto que tienen que reunirse infinidad de condiciones para que surja la vida y que no sabemos cómo de probable es que todas ellas coincidan, unos 500 millones de mundos estarían ubicados en una región de la galaxia en la que las temperaturas no son demasiado extremas.

Y aunque solo 1 de cada 1.000 planetas potencialmente habitables albergara vida, ya habría un millón de planetas con vida en nuestra galaxia. De estos, ¿en cuántos podrían haber evolucionado hacia seres inteligentes capaces de romper la frontera de los viajes interestelares? Por suerte o por desgracia, nadie lo sabe.

“¿Dónde está todo el mundo?" Esta frase, pronunciada por Enrico Fermi, marcó el inicio de un debate que continúa vigente a día de hoy. La Paradoja de Fermi acababa de nacer. La aparente contradicción entre el optimismo de la estadística, que nos dice que es imposible que estemos solos en el Universo, y el pesimismo de la evidencia, pues no hemos establecido contacto con ninguna civilización.

¿Qué está ocurriendo? ¿Por qué los números nos dicen que estamos acompañados de otras civilizaciones en la galaxia pero no hay ni una simple señal de su existencia? Esta paradoja de Fermi lleva más de setenta años representando uno de los mayores enigmas de la Astronomía. Miles de hipótesis han surgido para explicarla, pero la idea de que, tal vez, haya una barrera en el desarrollo de la vida inteligente es la que tiene más peso.

La paradoja de Fermi nos hace ser pesimistas en la esperanza de detectar vida inteligente más allá de la Tierra, pues el Gran Filtro habla de cómo ninguna civilización podría alcanzar el punto de evolución donde se da el salto a viajar y colonizar otros mundos sin antes haberse aniquilado a sí misma, presa de sus ansias de progresar tecnológicamente.

Y cualquier raza extraterrestre que haya surgido en nuestra galaxia jamás nos ha contactado porque antes de lograrlo, se ha exterminado a sí misma. Una visión pesimista que nos condena a creer que nunca podremos responder a la pregunta de si estamos solos o no.

Pero… ¿y si hubiera una excepción? ¿Y si una especie extraterrestre hubiera dado ese salto? ¿Y si una civilización nos hubiera encontrado? ¿Y si alguien ahí fuera hubiese escuchado nuestras transmisiones o localizado el disco de oro de las sondas Voyager que contienen no solo sonidos e imágenes que retratan la vida en la Tierra, sino también un mapa de nuestra ubicación?

Llevándonos una ventaja evolutiva de miles e incluso millones de años, podrían suceder dos cosas. Que no les importáramos y que simplemente no tuvieran ningún interés en dar con nosotros o que, por el contrario, vieran en nosotros o en la Tierra algo que justificara un viaje interestelar (podrían tener la tecnología para hacerlo) y una invasión.

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¿Qué pasaría si hubiera una invasión alienígena?

Antes de empezar, queremos dejar bien claro que lo que se va a describir en las siguientes líneas se fundamenta principalmente en la ficción. Aunque evidentemente nos basemos en la ciencia, nadie sabe qué ocurriría (ni siquiera si es posible, por lo que hemos visto antes) si una civilización extraterrestre llegara a la Tierra. Vamos a situar la historia en un hipotético futuro para darle peso narrativo y creativo. Habiendo dicho esto, empecemos.

30 de octubre de 2066. Nos encontramos en la Vandenberg Space Force Base. La Base de la Fuerza Espacial Vandenberg es una instalación militar estadounidense ubicada en el condado de Santa Bárbara, en California. Desde el año 1941, es una base de lanzamiento espacial que también pruebas de misiles y que controla todos los satélites y objetos artificiales que están en órbita.

Los científicos y militares de la instalación se encuentran, como de costumbre, comprobando las trayectorias de estos elementos que orbitan alrededor de la Tierra, patrullando el cielo en busca de posibles anomalías en sus trayectorias. Todo está controlado.

Hasta que alguien se da cuenta de algo que está a punto de cambiar el destino de la humanidad. Ese 30 de octubre de 2066, detectan un objeto artificial aproximándose a la Tierra a una distancia como la que nos separa de la Luna, momento en el que ha pasado a ser perceptible por los sistemas.

Nadie sabe qué es. Solo que tiene un origen artificial, que se mueve de forma extraña en dirección hacia nuestro hogar y que no es ni un cometa, ni un asteroide ni ningún satélite o sonda humana. Nadie en la base puede creer lo que están viendo. Pero tienen que actuar.

Inmediatamente, los gobiernos de todos los países son alertados. Aquello que habíamos visto en innumerables películas de ciencia ficción está a punto de convertirse en realidad. Estamos a pocos días de ser invadidos. Y no importaría qué hiciéramos. En el momento en el que la nave o las naves llegaran a la Tierra, la pesadilla se haría real.

Los gobiernos intentarían reunir a expertos en armamentística, biología e incluso lingüística y psicología para comunicarnos con los invasores. Pero ellos no vendrían a negociar. Para conseguir recursos, irían a otros planetas no habitables. Si han venido aquí es porque quieren colonizar la Tierra y convertirla en su hogar.

En nuestra propia Tierra vemos cómo los animales, por naturaleza, son agresivos y luchan hasta el final por el territorio que consideran suyo. Una especie que ha cruzado la galaxia para llegar aquí no vendría en son de paz. Y aunque las películas nos hayan hecho creer que podríamos contraatacar y ganar la guerra a una forma de vida tan avanzada, lo cierto es que no habría ni el menor atisbo de esperanza.

No podríamos luchar contra una civilización que ha cruzado la frontera del viaje interestelar. Nuestra más avanzada tecnología armamentística sería algo arcaico para ellos. De nada serviría contraatacar. Solo podríamos esperar la llegada del fin. Y por última vez, alzaríamos la mirada al cielo para contemplar cómo los colonizadores se preparan para lanzar su ataque.

Y entonces, tras un momento de silencio en todo el mundo para despedir lo que hasta ese momento había sido la civilización humana, empezaría el fin. Podrían usar sus armas para inutilizar todos nuestros sistemas de telecomunicaciones, podrían exterminarnos sin que pudiéramos oponer resistencia y, finalmente, convertirían el planeta en un mundo habitable para esa forma de vida. Toda nuestra existencia terminaría.

Arthur Clarke, escritor y científico británico, dijo una vez que ante la pregunta de si estamos solos en el Universo, únicamente hay dos posibles respuestas. Que estemos solos. O que estemos acompañados. Y que ambas posibilidades son igual de aterradoras. Tal vez, tendríamos que cuestionarnos esta afirmación. Porque si el azar estuviera en nuestra contra y una civilización extraterrestre inteligente con voluntad de colonizar otros mundos y con la tecnología para hacerlo viera en nosotros o en el mundo algo que le interesara, sería el fin para nosotros.

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