Teoría de los 6 Grados de Separación: ¿qué es y cuál es su origen?

La teoría de los seis grados de separación afirma que cualquier individuo del planeta puede contactar con otro utilizando como máximo cinco personas como intermediarias, por lo que solo serían necesarios seis enlaces para conectar a dos personas desconocidas.

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Seguramente hayas oído en numerosas ocasiones la expresión “el mundo es un pañuelo”. Con ella solemos hacer referencia a nuestra sorpresa cuando nos encontramos con alguien en un lugar inesperado o incluso cuando coincidimos con una misma persona reiteradas veces en contextos distintos.

Es decir, tenemos la sensación de que el planeta en el que vivimos es mucho más pequeño de lo que es en realidad. Aunque en el lenguaje popular utilizamos esta frase con mucha frecuencia, quizá desconozcas que existe toda una teoría detrás de este fenómeno.

Esta se conoce como la Teoría de los Seis Grados de Separación y fue formulada por primera vez por el escritor húngaro Frigyes Karinthy, quien la dejó plasmada en un cuento titulado Cadenas (1930).

Aunque en sus orígenes esta curiosa teoría parecía imposible de demostrar, con el desarrollo de internet esta volvió a coger impulso, suscitando el interés de algunos investigadores. En este artículo vamos a hablar acerca de qué es la teoría de los 6 grados de separación y cómo se ha investigado sobre ella.

¿Qué es la teoría de los seis grados de separación?

La premisa central de esta teoría afirma que cualquier individuo del planeta puede contactar con otro utilizando como máximo cinco personas como intermediarias, por lo que sólo serían necesarios seis enlaces para conectar a dos individuos que aparentemente no tienen nada que ver entre ellos.

De acuerdo con esta teoría, cada uno de nosotros conocemos, de media, a unas cien personas, en las que se incluyen familiares, amigos, compañeros de trabajo, etc. Si cada una de esas personas que conocemos se relaciona, a su vez, con otras cien personas, cualquier individuo puede pasar un mensaje a nada menos que 10.000 personas con simplemente pedirle a un amigo cercano que lo difunda.

Estos 10.000 individuos constituyen lo que se denominan contactos de segundo nivel, es decir, aquellas personas que no conocemos de manera directa pero podríamos conocer con facilidad si nuestros allegados nos las presentan. Como se puede ver, esta teoría asume que los cien individuos que componen la red social de cada persona no son amigos comunes con otra gente.

Obviamente, en la vida real esto no suele ser así, pues es especialmente común que tengamos gente en común con otras personas. Esto se traduce en que los contactos de segundo nivel suelen ser muchos menos que 10000. Siguiendo con la lógica de la teoría, si cada una de esas 10000 personas conocen a su vez a cien más, la red ya pasaría a ampliarse a 1000000 de personas, que conformarían el tercer nivel.

Por ende, el cuarto nivel constaría de 100000000, el quinto nivel de 1000000000 y 1000000000000 en el sexto nivel. Es decir, en seis pasos,cualquiera de nosotros podríamos, supuestamente, enviar un mensaje a cualquier persona del planeta usando las tecnologías actuales.

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Origen de la teoría de los 6 grados de separación

El origen de esta teoría se sitúa en el siglo pasado, cuando el mundo comenzó a experimentar el fenómeno de la globalización gracias al desarrollo de los medios de transporte y a inventos como el teléfono.

Todo ello contribuyó a un mundo mucho más conectado y moderno, lo que hizo que las distancias se redujeran y que las comunidades dejasen de estar aisladas. Hasta este momento, las personas poseían redes sociales muy poco numerosas, con tan solo unos pocos contactos. Por ello, una teoría como esta se hacía impensable.

Como comentábamos al inicio, el pionero en plantear esta teoría fue Frigyes Karinthy, quien publicó en 1930 un cuento titulado Cadenas. En él, el protagonista plantea a sus amigos una apuesta, afirmando que podría relacionarse con cualquier habitante del planeta usando solo cinco individuos como intermediarios.

Ante esto, sus amigos le propusieron diferentes personajes, a lo que el protagonista era capaz de responder con razonamientos que le vinculaban con personas aparentemente muy lejanas y aleatorias. Aunque en el momento en el que este cuento se publicó esta idea no podía ser demostrada, con el tiempo empezó a investigarse.

El experimento del mundo pequeño

Uno de los interesados en poner a prueba esta idea (aunque nunca hizo mención explícita a esta teoría) fue Stanley Milgram. Este psicólogo realizó a lo largo de su carrera diferentes investigaciones que, si bien marcaron un antes y un después en la disciplina, no han estado exentas de polémica.

Milgram decidió realizar lo que denominó el experimento del mundo pequeño, por el cual trató de conocer cómo eran las redes sociales en Estados Unidos. Su investigación permitió revelar que, aparentemente, la sociedad funciona como un mundo de pequeñas dimensiones, de manera que la conexión entre los individuos suele ser mucho más próxima de lo que puede parecer. El procedimiento básico de este experimento fue de la siguiente manera

Milgram comenzó eligiendo a habitantes de ciudades norteamericanas que funcionarían como principio y final de la cadena de conexiones. Trató de elegir urbes que se encontrasen a gran distancia, no sólo en un sentido geográfico sino también social: Boston, Omaha y Wichita.

A las personas elegidas al azar de Omaha y Wichita se les enviaron paquetes con información. Estos consistían en cartas en las que se explicaba el propósito del estudio y se ofrecía información básica sobre el destinatario que debía ser contactado en Boston. Además, se les proporcionó una lista en la cual los participantes debían anotar sus nombres, así como tarjetas de respuesta pre-dirigidas a Harvard.

Además de la invitación, al individuo se le preguntaba si conocía al destinatario que se describía en la carta, es decir, si se había relacionado con él de tú a tú. Si era así, la persona debía reenviarle la carta directamente.

Si, por el contrario, la persona no conocía a ese destinatario, esta debía pensar en un amigo o pariente al que conociera personalmente y que tuviese la mayor probabilidad posible de conocer personalmente a ese destinatario.

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La primera persona debía inscribir su nombre en la lista y reenviar el paquete a la segunda persona. Además, también debía enviarse una tarjeta de respuesta a los investigadores de Harvard, de manera que ellos pudieran hacer un seguimiento del progreso de la cadena hacia el destinatario.

Cuando el paquete finalmente llegaba al destinatario, los investigadores podían examinar la lista, de forma que contaban el número de veces que había sido reenviada de persona a persona. Cuando los paquetes no llegaban al destinatario, los investigadores podían identificar en qué punto la cadena se rompía gracias a las tarjetas que recibían.

Pasado un tiempo desde que se comenzó el experimento, se pudieron ver resultados. Se observó que, en algunas ocasiones, los paquetes lograban llegar al destinatario en tan solo uno o dos pasos, mientras que en otros casos las cadenas eran de hasta diez eslabones.

En muchos casos, los investigadores observaron que las personas rechazaban reenviar los paquetes, impidiendo conocer hasta qué punto llegaba la cadena. Sólo 64 paquetes de un total de 296 llegaron a sus destinatarios. En estos casos, se observó que la cadena fluctuaba entre las 5 y 6 personas. Por tanto, los investigadores concluyeron que la población de Estados Unidos estaba separada por unas seis personas de promedio, confirmando la teoría de los seis grados de separación.

Críticas al experimento del mundo pequeño

Como todo experimento, el trabajo de Milgram no estuvo exento de críticas metodológicas que pudieron sesgar los resultados, haciendo que las cadenas de contactos parecieran más o menos largas de lo que eran en realidad. Algunos de los puntos débiles más destacados fueron:

  • Alto porcentaje de casos sin respuesta: El hecho de que tantos paquetes no llegaron a los destinatarios implica que las cadenas más largas podrían verse subestimadas, ya que es más probable encontrar personas no dispuestas a participar. En otras palabras, el estudio cae en el error de subestimar la longitud real de las cadenas de contactos.

  • Decisión de los participantes: Como comentamos previamente, a los participantes se les pedía que eligiesen a una persona de entre sus conocidos que considerasen que podría tener alta probabilidad de conocer al destinatario. Esto significa que, en muchos casos, el participante podía no tener total seguridad de que la persona elegida era realmente la más indicada para continuar la cadena. De esta manera, cabía la posibilidad de que el paquete se estuviera enviando más lejos del destinatario en lugar de hacerlo por la vía más corta. Es decir, podrían estar sobre estimándose el número de lazos necesarios para conectar a dos personas elegidas al azar.

  • No es aplicable a todas las personas: No es posible que cada uno de los habitantes del planeta esté conectado a los demás sólo por seis grados de separación, pues hay comunidades que se encuentran aisladas y no se ajustan a la norma de la mayoría.

Conclusiones

En este artículo hemos hablado sobre la teoría de los 6 grados de separación, un planteamiento ideado por el escritor Frigyes Karinthy en 1930. De acuerdo con esta idea, cualquier individuo del mundo puede conectar con otro empleando únicamente seis enlaces de personas a modo de intermediarias. Este fenómeno fue estudiado y puesto a prueba empíricamente por Stanley Milgram mediante el famoso experimento del mundo pequeño.

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