Los 3 tipos de Hipercolesterolemia (causas, síntomas y tratamiento)

La hipercolesterolemia es una condición clínica en la que los niveles de colesterol en sangre se encuentran por encima de los valores óptimos, algo que incrementa el riesgo de desarrollar enfermedades cardiovasculares.

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Las enfermedades cardiovasculares, es decir, todas aquellas patologías que afectan al corazón y a los vasos sanguíneos, son la principal causa de muerte en el mundo. Y es que estos trastornos son responsables de 15 millones de las 56 millones de defunciones registradas anualmente en el planeta. No es de extrañar, pues, que sean de gran preocupación para la población.

Y aunque son muchos los factores de riesgo que incrementan las probabilidades de sufrir una enfermedad cardiovascular, que van desde la inactividad física hasta la propia genética, pasando por una mala alimentación, el alcoholismo e incluso los trastornos del sueño, hay uno que, sin duda, es de especial relevancia clínica. Estamos hablando, por supuesto, de la hipercolesterolemia.

La hipercolesterolemia es una condición clínica (no una enfermedad como tal, pero sí factor de riesgo para desarrollar muchas) en la que los niveles de colesterol en sangre están por encima de los valores saludables, incrementando así las probabilidades de sufrir afecciones en el corazón y el sistema vascular. Y es importante tener en cuenta que esta condición no da sintomatología hasta que no se han desarrollado las complicaciones.

De ahí que sea esencial conocer su naturaleza y, especialmente, sus factores de riesgo. Y esto es precisamente lo que vamos a hacer en el artículo de hoy. De la mano de las más prestigiosas publicaciones científicas, vamos a detallar sus causas, sintomatología y tratamiento y, sobre todo, indagar en las particularidades clínicas de las distintas clases de hipercolesterolemia.

¿Qué es la hipercolesterolemia?

La hipercolesterolemia es una condición clínica caracterizada por unos niveles patológicamente altos de colesterol en sangre. No se trata de una enfermedad en sí misma, pero sí de un factor de riesgo para el desarrollo de muchas enfermedades cardiovasculares distintas. Es una condición muy común, pues se estima que el 55% de la población adulta tiene alguna forma más o menos grave de hipercolesterolemia.

Pero antes de profundizar en sus causas, síntomas y tratamiento, debemos comprender su naturaleza. El colesterol es un tipo de lipoproteína, es decir, una molécula compuesta por una grasa y una proteína, que se encuentra de forma natural en nuestro cuerpo, pues su presencia en sangre es vital al ser esencial para constituir la membrana celular, dar una buena fluidez a la sangre, metabolizar vitaminas y absorber nutrientes.

El problema es que existen dos tipos de colesterol: el HDL y el LDL. El colesterol HDL, conocido popularmente como “colesterol bueno”, es aquel de alta densidad (High Density Lipid) y que cumple con las funciones biológicas que hemos visto sin acumularse en las paredes de los vasos sanguíneos. Este no es problemático.

El que es problemático es el colesterol LDL, conocido popularmente como “colesterol malo”, aquel que, pese a que también transporta partículas de grasa necesarias para el cuerpo, al ser de baja densidad (Low Density Lipid) se puede acumular en las paredes de los vasos sanguíneos. Y esto es lo que incrementa el riesgo de complicaciones cardiovasculares.

En este sentido, la hipercolesterolemia es una condición clínica en la que se observa un incremento de los valores de colesterol LDL (“colesterol malo”) y, además, un descenso de los valores de colesterol HDL (“colesterol bueno”) que impide que este último recoja el exceso de colesterol malo para movilizarlo al hígado. Así, hablamos de hipercolesterolemia cuando los valores de colesterol malo son demasiado altos y, además, los de colesterol bueno son demasiado bajos.

Causas

La hipercolesterolemia se diagnostica cuando la persona presenta unos valores de colesterol total (LDL + HDL) por encima de los 200 mg/dl, unidades que representan miligramos de colesterol por decilitro de sangre, y los de colesterol malo por encima de 130 mg/dl. Ahora bien, ¿cuál es el origen de este incremento patológico de los niveles de colesterol?

Las causas son múltiples y, dependiendo precisamente de ella, estaremos ante un tipo específico de hipercolesterolemia. Por regla general, esta condición clínica puede deberse a una predisposición genética de origen hereditario y a una afectación al gen responsable de la síntesis de colesterol malo o, sin una predisposición genética tan clara, a malos hábitos de vida.

Al mismo tiempo, la hipercolesterolemia puede ser una complicación o efecto secundario de otra enfermedad de fondo que, como síntoma, provoca alteraciones en la regulación de los niveles de colesterol. Los trastornos endocrinos, renales y hepáticos son los que más tradicionalmente ocasionan un incremento en la cantidad de colesterol en sangre. Pero, como decimos, cuando analicemos la clasificación, profundizaremos más en esto.

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Síntomas

Como ya hemos dicho, el principal problema de la hipercolesterolemia es que no tiene una sintomatología específica. El incremento de los niveles de colesterol en sangre no ocasiona síntomas ni signos clínicos hasta que no aparecen las complicaciones cardiovasculares, las cuales pueden ser muy severas, pues, tal y como indicábamos al principio, son la principal causa de muerte en el mundo.

En esta condición clínica, el colesterol malo va acumulándose en las paredes de los vasos sanguíneos, induciendo, junto a otras moléculas con capacidad agregante, una acumulación de placa en las arterias que reducen el flujo sanguíneo. Esta agregación de grasa en las paredes de las arterias es lo que se conoce como aterosclerosis, que puede derivar en complicaciones graves.

A veces estas complicaciones se manifiestan con dolor en el pecho, en caso de que las arterias dañadas sean las que suministran sangre al corazón, pero el verdadero problema llega cuando estas placas con colesterol y otras grasas y sustancias agregantes se desprenden y se convierten en un émbolo, un trombo que se ha desprendido de la pared del vaso sanguíneo.

Así, existe el riesgo de que, al llegar a un vaso sanguíneo demasiado estrecho, este coágulo lo bloquee total o parcialmente. Esta oclusión vascular es lo que se conoce como embolia, que deriva en una interrupción del flujo de sangre y, por tanto, de oxígeno y nutrientes, a un tejido, cuyas células van a empezar a morir. Evidentemente, esto es lo que puede ocasionar un infarto de miocardio o un accidente cerebrovascular (ictus), dos de las urgencias médicas más graves que, en conjunto, matan a 6 millones de personas al año. Así que la hipercolesterolemia no es ninguna broma.

Tratamiento

Mantener un peso saludable, seguir una dieta baja en grasas, no fumar, hacer deporte, controlar el estrés, dormir las horas necesarias, comer abundantes frutas, verduras y cereales, beber alcohol con moderación y, en definitiva, seguir un estilo de vida saludable es la mejor estrategia tanto para prevenir como para tratar la hipercolesterolemia.

Ahora bien, es obvio que hay casos que, ya sea porque su origen tiene una marcada predisposición genética o porque la situación es particularmente severa y hay riesgo claro de desarrollar las complicaciones que hemos visto, no es suficiente con la adopción de hábitos saludables.

En tal caso, un médico puede recomendar un tratamiento farmacológico que suele consistir en la administración de Simvastatina, un medicamento que inhibe a una enzima conocida como hidroximetilglutaril-coenzima A. Gracias a ello, el hígado no puede sintetizar las partículas de grasa de la misma forma, cosa que se traduce en una reducción de los niveles de colesterol malo y en un aumento de los niveles de colesterol bueno. Pero, recordemos, el tratamiento farmacológico se reserva para casos severos. Muchas veces, los cambios en el estilo de vida son suficientes.

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¿Qué clases de hipercolesterolemia existen?

Como hemos dicho, no existe una única forma de hipercolesterolemia. Dependiendo de su causa, es decir, del origen, motivo y desencadenante del incremento de los niveles de colesterol malo y el descenso de los niveles de colesterol bueno, podemos definir distintos tipos de colesterol, clasificados en primarios y secundarios. Veamos sus particularidades.

1. Hipercolesterolemia primaria

La hipercolesterolemia primaria es la forma más común de la condición, englobando todos aquellos casos en los que el incremento de los niveles de colesterol no son debidos al padecimiento de una enfermedad de fondo. Es decir, la hipercolesterolemia no es síntoma de una patología. Y, por tanto, dependiendo de si tiene su origen en la herencia genética o en el estilo de vida, podemos hablar de hipercolesterolemia familiar o poligénica, respectivamente.

1.1. Hipercolesterolemia primaria familiar

La hipercolesterolemia familiar es aquella forma de la condición en la que el incremento de los niveles de colesterol se debe principalmente a una predisposición genética de origen hereditario. Es decir, este aumento del colesterol malo y descenso del colesterol bueno no se debe a un mal estilo de vida, sino a la propia genética de la persona y a los genes recibidos de los padres.

La causa se encuentra en un defecto en el gen rLDL, aquel que codifica el receptor de las moléculas de colesterol LDL, encargadas de eliminar el colesterol de la sangre a nivel hepático. Se conocen unas 700 posibles mutaciones, algunas más graves y otras menos severas, que pueden afectar a este gen, haciendo que, al disponer de menos receptores, el colesterol malo aumente considerablemente sus niveles en sangre, pues no es movilizado con la misma facilidad. De ahí que sea muy complicado prevenir esta situación de hipercolesterolemia.

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1.2. Hipercolesterolemia primaria poligénica

La hipercolesterolemia poligénica es aquella forma de la condición en la que el incremento de los niveles de colesterol se debe principalmente a un mal estilo de vida. Es decir, este aumento del colesterol malo y descenso del colesterol bueno no se debe a una marcada predisposición genética hereditaria, sino que intervienen muchos genes distintos (sin herencia genética) que, cuando se siguen malos hábitos de vida, pueden desencadenar esta condición.

Así, pese a que siempre existe cierta predisposición genética, no practicar deporte, fumar, beber en exceso, no dormir las horas necesarias, seguir una mala alimentación (con demasiada cantidad de grasas no saludables), no controlar el peso corporal, experimentar mucho estrés, llevar una vida sedentaria, etc, es lo que desencadena esta situación patológica.

2. Hipercolesterolemia secundaria

En contraposición a la primaria, la hipercolesterolemia secundaria apela a aquella situación en la que el incremento de los niveles de colesterol en sangre se deben al padecimiento de una enfermedad de fondo. Es decir, la hipercolesterolemia es un síntoma de otra patología que sufre la persona y de la que es o no consciente.

Por tanto, este aumento del colesterol malo y descenso del colesterol bueno es un efecto secundario de otra enfermedad, siendo los trastornos endocrinos (principalmente el hipotiroidismo y la diabetes), renales (enfermedades que afectan al funcionamiento de los riñones) y hepáticos (enfermedades que afectan al funcionamiento del hígado) las patologías que suelen tener, en este incremento del colesterol en sangre, uno de sus principales síntomas. En estos casos, el abordaje de la hipercolesterolemia pasa por tratar la enfermedad de fondo.

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