Los 4 tipos de Hipotiroidismo (causas, síntomas y tratamiento)

El hipotiroidismo es una enfermedad endocrina en la que la glándula tiroides no produce la suficiente cantidad de hormonas T4 y T3, algo que se traduce en una ralentización del metabolismo y consecuente impacto en la salud.

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La glándula tiroides es un órgano localizado en el cuello de unos 5 centímetros de longitud y poco más de 30 gramos de peso que representa una de las piezas clave del sistema endocrino humano, pues las dos principales hormonas que sintetiza y libera, la tiroxina (T4) y la triyodotironina (T3), son vitales para el mantenimiento de nuestra salud tanto física como emocional.

Y es que estas dos hormonas y, por tanto, la glándula tiroides, controlan la velocidad a la que ocurren los diferentes procesos metabólicos, fisiológicos y bioquímicos del cuerpo, pues a través de la regulación del uso de oxígeno y de proteínas, controlan la actividad celular de todos los órganos y tejidos del organismo.

La tiroides, pues, es esencial para mantener los niveles de energía altos por el día y bajos por la noche, potenciar el desarrollo del sistema nervioso, mantener la piel saludable, regular la temperatura corporal, controlar el reloj biológico, regular los niveles de colesterol en sangre, mantener el peso corporal óptimo, estimular la absorción de nutrientes… Pero, por desgracia, como cualquier órgano, puede fallar.

Y es precisamente en este contexto que surgen las enfermedades de la tiroides, de entre las cuales la más común es el hipotiroidismo, una patología endocrina en la que esta glándula no produce la suficiente cantidad de hormonas tiroideas, cosa que tiene un impacto directo en la salud general del cuerpo. Así pues, en el artículo de hoy y de la mano de las más prestigiosas publicaciones científicas, describiremos las bases clínicas del hipotiroidismo e indagaremos en su clasificación.

¿Qué es el hipotiroidismo?

El hipotiroidismo es una enfermedad endocrina en la que la glándula tiroides no produce la suficiente cantidad de hormonas T4 y T3, situación que desencadena una ralentización generalizada del metabolismo del cuerpo y, debido a esta disminución de la actividad celular de los órganos y tejidos del cuerpo, un consecuente impacto en la salud tanto física como emocional del paciente.

Causas y factores de riesgo

Se trata del trastorno de la tiroides más común, pues tiene una incidencia global de entre el 1% y el 2%, estando seguida de cerca por el hipertiroidismo, la situación inversa en la que se produce demasiada cantidad de hormonas tiroideas y el metabolismo se acelera de forma patológica, el cual tiene una incidencia global de entre el 0,8% y el 1,3%.

La principal causa de desarrollar esta patología de tiroides hipoactiva es padecer la enfermedad de Hashimoto, un trastorno de origen inmunitario en el que, por un defecto genético, las propias células inmunitarias de nuestro cuerpo atacan por error a la glándula tiroides, alterando su funcionamiento y derivando en estos problemas más o menos severos para liberar sus hormonas.

Al mismo tiempo, todas aquellas intervenciones médicas que, generalmente por el desarrollo de un tumor maligno en esta glándula que debe ser tratado, la tiroides es extirpada quirúrgicamente o inactivada a través de yodo radiactivo, inevitable y evidentemente derivan en este trastorno. Además, existen otros desencadenantes como tener un déficit de yodo en la dieta, presentar tiroiditis (inflamación de la glándula), desarrollar tumores en la propia glándula o la hipófisis, consumir ciertos medicamentos o haber sido sometido a un tratamiento de radioterapia en la cabeza.

Ahora bien, lo que realmente explica su elevada incidencia es que existen muchos factores de riesgo que incrementan la probabilidad de desarrollar esta patología, entre los cuales destacan ser mujer (la incidencia en el sexo femenino es mayor que en hombres), ser de edad avanzada (en mujeres mayores de 60 años su incidencia llega hasta el 7%), padecer alguna enfermedad autoinmune, haber dado a luz o, al menos, haber estado embarazada, haber pasado por una cirugía de glándula tiroides o recibir tratamiento con yodo radioactivo.

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Síntomas y complicaciones

Generalmente, en sus primeras fases de desarrollo el hipotiroidismo no genera signos clínicos notables. Además, la sintomatología dependerá mucho de la gravedad de la deficiencia hormonal, pues cada paciente ve más o menos afectada la producción de hormonas T4 y T3 y, por tanto, los síntomas varían mucho entre personas.

Aun así, con el tiempo y aunque al principio son casi imperceptibles y se confunden simplemente con cansancio o el propio envejecimiento del cuerpo, suelen aparecer, como consecuencia de la ralentización del metabolismo, síntomas tales como aumento inexplicable de peso, tendencia a tener problemas de colesterol alto, estreñimiento, rigidez muscular, dolor articular, somnolencia, disminución del ritmo cardíaco, hinchazón del rostro, sensibilidad al frío, deficiencias en la memoria, ronquera e incluso síntomas emocionales depresivos.

Pero lo verdaderamente preocupante es que estos síntomas, que ya de por sí afectan a la salud tanto física como emocional, pueden derivar, si el trastorno no es tratado, en complicaciones graves vinculadas a problemas de corazón, pues el descenso patológico del ritmo cardíaco y el aumento del colesterol aumentan el riesgo de desarrollar enfermedades en este órgano.

Al mismo tiempo, entre las complicaciones podemos encontrar el desarrollo de depresión, infertilidad (pues puede interferir en la ovulación), daños en los nervios periféricos, mixedema (a largo plazo y en casos graves, se puede acumular líquido en los tejidos y acabar comportando la entrada en un estado comatoso), bocio (un incremento del tamaño de la tiroides que no suele ser grave pero sí molesto en lo estético) e incluso anomalías congénitas en bebés de mujeres con hipotiroidismo severo no tratado. Por todo ello, es muy importante diagnosticar a tiempo el hipotiroidismo y, por supuesto, tratarlo.

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Diagnóstico y tratamiento

Como hemos visto por sus causas, prevenir el desarrollo del hipotiroidismo no es posible. Por ello, los esfuerzos deben centrarse en detectar la enfermedad a tiempo y que el paciente reciba el tratamiento necesario para reducir la sintomatología y, sobre todo, reducir el riesgo de desarrollar las complicaciones que hemos visto.

El diagnóstico se realiza a través de una exploración de los síntomas y de un análisis de sangre donde se miden los niveles de tirotropina (TSH), la hormona estimulante de la tiroides, aquella que regula la producción de las hormonas tiroideas (T4 y T3) en esta glándula. Observar unos niveles demasiado altos de esta tirotropina nos indica que la hipófisis está produciendo de más para intentar estimular una tiroides hipoactiva.

Generalmente, con esta prueba de tirotropina, es suficiente, aunque a veces el endocrino puede recomendar también un análisis de los niveles de las propias hormonas tiroideas. Pero sea como sea, lo que está claro es que actualmente el diagnóstico es eficaz y rápido, pudiendo detectar el hipotiroidismo antes incluso de que surja la sintomatología.

Una vez detectado, debe iniciarse sí o sí el tratamiento. Tenemos que tener claro que es un trastorno cuyo origen es básicamente genético, por lo que no existe cura como tal. Pero sí que puede silenciar la enfermedad. El tratamiento, que será de por vida, consiste en la administración de diferentes medicamentos (fundamentalmente el Eutirox) cuyos principios activos, una vez en la circulación sanguínea, realizan la función de las hormonas tiroideas que no se están liberando como deberían. Así, a través de la medicación, disponemos de unos sustitutos que cumplen bien con las funciones para que el metabolismo no se ralentice y no haya manifestaciones de la patología.

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¿Cómo se clasifica el hipotiroidismo?

Tras explorar las bases clínicas del hipotiroidismo como concepto general, ya casi tenemos toda la información importante acerca de él. Pero falta un inciso importante. Y es el de descubrir qué tipos de hipotiroidismo existen y cuáles son sus particularidades. Veámoslos.

1. Hipotiroidismo primario

El hipotiroidismo primario es la forma más común de la patología y tiene un origen autoinmune o asociado a una causa post terapéutica, ya sea una extirpación quirúrgica de la glándula o un tratamiento con yodo radiactivo. Sea como sea, lo importante es que es aquel hipotiroidismo que se debe a una patología en la propia glándula tiroides, asociada generalmente a la tiroiditis de Hashimoto que hemos comentado anteriormente. Se caracteriza por un incremento de los niveles de tirotropina, la hormona estimuladora de la tiroides.

2. Hipotiroidismo secundario

El hipotiroidismo secundario es aquel que no se debe a una patología en la propia glándula, sino en algún defecto en la hipófisis que deriva en una disminución de los niveles de tirotropina. Al ser estos demasiado bajos, la glándula tiroides (que por sí sola está sana) no es estimulada lo suficiente y no libera las cantidades óptimas de hormonas tiroideas.

3. Hipotiroidismo terciario

El hipotiroidismo terciario es aquel en el que no existe ninguna patología ni en la glándula tiroides ni en la hipófisis, pero sí en el hipotálamo anterior, la región del cerebro que, entre otras funciones, contiene unas neuronas que liberan la hormona liberadora de tirotropina (TRH). Esta hormona es la que se encarga de estimular a la hipófisis para que libera la tirotropina. Así, como una reacción en cadena, hay menos hormona liberadora de tirotropina, no se estimula la liberación de tirotropina, hay menos tirotropina y, por tanto, la glándula tiroides no es suficientemente estimulada.

4. Hipotiroidismo subclínico

Y, por último, el hipotiroidismo subclínico hace referencia a aquellos casos en los que en un paciente se detecta un incremento de las concentraciones de tirotropina pero sin que muestre todavía síntomas. Así, es una disfunción que cursa todavía sin sintomatología. El diagnóstico de esta forma de la “enfermedad” se da en alrededor del 15% de las mujeres mayores, que tienen indicios de hipotirodismo pero no signos clínicos.

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