Los 5 tipos de Diabetes (causas, síntomas y tratamiento)

La diabetes es una enfermedad endocrina caracterizada por unos niveles patológicamente elevados de glucosa en sangre a causa de alteraciones en la producción o uso de la insulina. Veamos cómo se clasifica.

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El páncreas es uno de los órganos más importantes del cuerpo humano precisamente porque sintetiza y libera las hormonas que controlan los niveles de glucosa en sangre, pues una correcta regulación de los valores de azúcar en sangre es esencial para el mantenimiento de la salud del organismo. Así, en su rol en el sistema endocrino, el páncreas está especializado en la síntesis de glucagón e insulina.

El glucagón es una hormona pancreática que se encarga, cuando los niveles de glucosa disponibles para las células empiezan a decaer porque hace tiempo que no comemos y entramos en un estado de hipoglucemia, de aumentar los niveles de azúcar en sangre estimulando que el hígado inicie la biosíntesis de glucosa.

Por otra parte, la insulina es una hormona pancreática que, de forma antagonista, reduce los niveles de glucosa en sangre. La glucosa no puede estar libre en la sangre pues provoca daños en órganos y tejidos, por lo que, cuando se detecta que los niveles son demasiado altos, se libera una insulina que va a capturar estas moléculas libres de azúcar y a movilizarlas a lugares donde provoquen menos daños, cosa que se consigue convirtiendo esta glucosa en grasa.

Pero como en cualquier proceso fisiológico del organismo, es posible que, por distintas causas, surjan problemas en la síntesis, liberación o actividad de esta insulina. Y es en este contexto que entra en escena la diabetes, una enfermedad crónica que, sin tratamiento, resulta mortal. Así pues, en el artículo de hoy y, por supuesto, de la mano de las más prestigiosas publicaciones científicas, vamos a indagar en las bases clínicas de esta patología endocrina.

¿Qué es la diabetes?

La diabetes es una enfermedad endocrina caracterizada por unos niveles patológicamente elevados de glucosa en sangre debido a problemas en la síntesis o actividad de la insulina, la hormona pancreática que, en condiciones normales, reduce los valores de azúcar en la circulación sanguínea para evitar daños en órganos y tejidos como consecuencia de la glucosa libre en sangre.

El hecho de no poder regular los niveles de azúcar en sangre hace que el paciente tenga muchas posibilidades de padecer complicaciones graves de salud tales como enfermedades cardíacas, daños en los riñones, trastornos oculares, alteraciones nerviosas, afectación a los oídos, lesiones en la piel e incluso depresión. Todo esto hace que la diabetes sea una enfermedad mortal.

Además, se trata de una patología crónica, es decir, que no tiene cura. De ahí que sea necesario un tratamiento de por vida y, sobre todo, conocer bien las bases clínicas de esta enfermedad que afecta a más de 400 millones de personas en el mundo y que, como veremos, puede clasificarse en distintos tipos.

Síntomas

Las causas de la diabetes dependen del tipo en concreto que sufra el paciente. Por ello, vamos a empezar a hablar directamente de la sintomatología, la cual es común para las distintas clases de diabetes. Y es que independientemente del tipo, los síntomas, complicaciones y tratamiento son comunes. Generalmente, hablamos de diabetes cuando los niveles de glucosa en sangre y en ayunas son superiores a los 126 mg/dL, recordando que los valores normales son aquellos que están por debajo de 100 mg/dL.

Eso sí, la sintomatología dependerá de la gravedad del problema, pues la funcionalidad de la insulina no se ve siempre alterada con la misma severidad. Así, la incapacidad para rebajar los niveles de azúcar será mayor o menor y, por tanto, la cantidad de azúcar libre en la circulación sanguínea variará entre pacientes.

Sea como sea, de forma general, los principales signos clínicos de la diabetes son los siguientes: pérdida involuntaria de peso, aparición de llagas que tardan tiempo en cicatrizar, infecciones recurrentes, fatiga, debilidad, cansancio constante, mucha sed, visión borrosa y presencia de cetonas en la orina, señal de que el cuerpo, al no poder conseguir energía de la glucosa, está degradando masa muscular.

Todos estos síntomas indican que la persona sufre un problema de hiperglucemia, es decir, daños en el cuerpo debido a los niveles patológicamente elevados de glucosa libre en sangre que no es movilizada como debería por la insulina. Ahora bien, lo que convierte a la diabetes en una enfermedad mortal sin tratamiento son las complicaciones.

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Complicaciones

La incapacidad de reducir los niveles de glucosa en sangre y la consecuente presencia de azúcar libre en la circulación sanguínea abre la puerta a severas complicaciones. Y es que cuando se encuentra libre en la sangre, el azúcar daña las paredes de los vasos sanguíneos, propicia el aumento de la tensión arterial, altera la microbiota del organismo, daña los nervios y dificulta el funcionamiento de muchos órganos vitales.

De ahí que, con el tiempo y sin tratamiento, la diabetes derive en complicaciones tales como enfermedades cardiovasculares, daños en los riñones, problemas de visión, pérdida de sensibilidad en las extremidades, pérdida de la capacidad auditiva, depresión, demencia, infecciones bacterianas y fúngicas recurrentes, etc.

Todas estas complicaciones surgen con mucha frecuencia si no se ofrece el tratamiento necesario y muchas de ellas pueden resultar mortales. De ahí que la diabetes sea considerada una patología letal que sigue siendo responsable de hasta el 11% de defunciones mundiales anuales, convirtiéndose así en una de las principales causas de muerte en el mundo.

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Tratamiento

La diabetes es una enfermedad crónica, es decir, sin cura. Ahora bien, esto no significa que no existan tratamientos para controlar los niveles de glucosa en sangre y, por tanto, reducir la sintomatología y evitar la aparición de las potencialmente mortales complicaciones. Esto permite que, a pesar de todo, con el tratamiento adecuado la esperanza de vida de un paciente de diabetes sea prácticamente igual a la de una persona sin dicha enfermedad.

De hecho, un estudio publicado en 2020 en National Library of Medicine, indica que la esperanza de vida, en los países desarrollados, de los pacientes de diabetes es de 74,64 años, comparable con la esperanza de vida en la población general. Y esto es, sin duda, gracias al acceso al tratamiento para esta patología.

Un tratamiento que consiste en, además de controlar de forma muy exhaustiva el azúcar que se consume, realizar inyecciones de insulina a las dosis justas en función de lo que se haya consumido. De este modo, conseguimos disponer de la hormona en nuestro cuerpo para que, a pesar de sufrir la enfermedad, esta pueda reducir los niveles de glucosa.

Paralelamente, pueden recetarse medicamentos específicos para controlar la sintomatología de la diabetes y recomendar, en función de cada paciente, cambios en el estilo de vida para mejorar el estado de salud general. Con todo esto y, sobre todo, con un ejercicio mental de saber que, una vez aparezca la enfermedad, el tratamiento va a ser para siempre, puede combatirse la diabetes.

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¿Cómo se clasifica la diabetes?

Una vez entendidas las bases clínicas generales, llega el momento de profundizar en el tema que nos ha reunido hoy aquí: la clasificación de la diabetes. Y es que en función de las causas de su aparición, la diabetes puede clasificarse en distintos tipos. Veamos, pues, qué clases de diabetes existen y cuáles son sus particularidades médicas.

1. Diabetes tipo I

La diabetes tipo I es aquella de origen genético en la que, por un trastorno autoinmunitario, las células del sistema inmune ataca a las células del páncreas encargadas de producir insulina. Por tanto, en esta diabetes de tipo I, que es menos común que la de tipo II, el cuerpo es incapaz de sintetizar y liberar la suficiente insulina como para regular los niveles de glucosa en sangre.

Es una forma de diabetes innata, con la que se nace, pues como hemos dicho tiene su origen en un error genético. Por ello, por mucho que se adopte un estilo de vida saludable, no se puede prevenir su aparición y la enfermedad va a acompañar al paciente toda su vida, apareciendo generalmente entre los 13 y los 14 años, aunque hay casos donde se desarrolla en los primeros años de vida y otros donde no lo hace hasta los 40 años.

Además de los tratamientos ya mencionados, para esta clase de diabetes existe una posible cura que consiste en un trasplante de páncreas, aunque se trata de un procedimiento que, debido a que su efectividad no siempre es óptima y hay mucho riesgo de rechazo, no está demasiado extendido y se reserva solo para casos que no responden a los tratamientos comunes.

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2. Prediabetes

La prediabetes es una condición clínica en la que los niveles de glucosa son más altos de lo normal pero no lo suficientes como para diagnosticar un cuadro de diabetes tipo II que ahora analizaremos. Aun así, sí que son suficientemente elevados como para que, sin un abordaje terapéutico y cambios en el estilo de vida, la persona pueda desarrollar diabetes como tal.

Es una condición reversible en la que los niveles de glucosa en sangre están entre 100 y 125 mg/dL. Se estima que 1 de cada 3 adultos estadounidenses tiene esta condición y que la mayoría de ellos, al no cursar todavía con sintomatología clara, no lo saben. La prediabetes tarda entre 3 y 5 años en convertirse en diabetes tipo II siempre y cuando no revirtamos la situación. Porque al no tener un origen genético, con cambios en el estilo de vida, puede tanto prevenirse como evitar que derive en diabetes como tal.

3. Diabetes tipo II

La diabetes tipo II es la forma más común de la enfermedad y, a diferencia de la de tipo I, no tiene un origen innato, sino adquirido. Es decir, su aparición no se debe a un trastorno genético, sino a que, a causa de haber hecho muchos excesos con el azúcar, las células del cuerpo se acaban volviendo resistentes a la acción de la insulina.

No es que haya problemas en la síntesis de esta hormona, sino que se ha producido tanta insulina a lo largo de la vida que esta ya no despierta ninguna respuesta en las células. Por tanto, pese a que se produzca insulina, esta no es capaz de movilizar la glucosa y retirarla de la circulación sanguínea. Suele desarrollarse a partir de los 40 años y, como no viene determinada (o no tan directamente) por los genes, su aparición puede prevenirse. Ahora bien, en cuanto se desarrolla, estamos ante una patología crónica.

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4. Diabetes gestacional

La diabetes gestacional es una forma temporal de diabetes que se desarrolla durante el embarazo. Durante este proceso, la mujer puede sufrir algunas desregulaciones hormonales y, pese a no haber tenido nunca un problema de diabetes, que deriven en la dificultad para regular los niveles de glucosa libres en sangre.

Entre el 6% y el 9% de las mujeres embarazadas desarrollan esta forma de diabetes que, pese a que generalmente desaparece después del parto, puede causar daños en la salud del bebé y hacer que aumente el riesgo de que tanto la madre como el niño desarrollen diabetes más tarde en su vida. Por ello, es importante realizar controles de esta condición para, en caso de que se observe, actuar con tratamientos.

5. Diabetes secundaria a fármacos

La diabetes secundaria a fármacos es una forma poco común de diabetes en la que el incremento de los valores de glucosa en sangre se deben a los efectos secundarios de un medicamento. Así, hay ciertos fármacos, especialmente inmunosupresores y glucocorticoides, que, en algunas personas, pueden ocasionar, como efecto adverso, alteraciones en la liberación o acción de la insulina.

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