Las 15 enfermedades geriátricas más comunes (causas, síntomas y tratamiento)

El envejecimiento provoca no solo que la gravedad de ciertas enfermedades sea mayor, sino que en la tercera edad aparezcan patologías que se observan de forma casi exclusiva en personas mayores.
Enfermedades geriátricas

Los seres humanos, gracias a los avances médicos, tecnológicos, alimentarios y todo aquello vinculado a hábitos de vida saludable, hemos alcanzado unas edades para las que no estamos programados evolutivamente.

Nuestro progreso científico ha hecho que, en apenas, 200 años, la esperanza de vida promedio haya pasado de ser de 37 años a ser de más de 80. Esto hace que, pese a que podemos llegar a la vejez en muy buenas condiciones físicas y mentales, nuestro organismo no haya tenido tiempo de adaptarse a este cambio.

Por ello, no es de extrañar que a edades ya muy avanzadas, nuestros sistemas, desde el aparato respiratorio hasta el sistema inmune, no lleguen en el mejor estado posible. El envejecimiento es inevitable. Y con esta debilitación del organismo, se abre la puerta a patologías cuya incidencia en edades más jóvenes es muy baja.

En el artículo de hoy, pues, haremos un repaso de las enfermedades geriátricas más comunes, tanto las que se manifiestan con una gravedad mayor en la vejez como aquellas patologías prácticamente exclusivas de las personas de la tercera edad.

¿Cuáles son las patologías más comunes en la tercera edad?

Antes de empezar, es muy importante dejar algo muy claro. Y es que el término de “tercera edad” es totalmente subjetivo, pues, si bien se establecen los 65 años como punto de entrada en esta época de la vida, la probabilidad de desarrollar las denominadas enfermedades geriátricas depende de cada persona, tanto del estilo de vida que ha llevado como de su propia genética.

En este sentido, las patologías que veremos a continuación no es que aparezcan sí o sí tras el aniversario número 65, sino que tienen una incidencia mayor a partir de esta edad. Habiendo entendido esto, podemos pasar a analizar las características de las enfermedades estudiadas por la rama médica de la Geriatría.

1. Artritis

La artritis es una enfermedad autoinmune con una incidencia mucho mayor en la población geriátrica. Es una de las patologías reumáticas más comunes y consiste en un trastorno en el que las células inmunitarias atacan a las articulaciones.

Este daño articular provoca inflamación debido al exceso de líquido sinovial y desgaste del cartílago, cosa que viene acompañada de dolor y rigidez. A diferencia de la artrosis, no es una enfermedad vinculada directamente a la vejez, pero sí que sus síntomas, tras irlos arrastrando durante varios años, empeoran cuando se entra en la tercera edad. Afortunadamente, los antiinflamatorios son buenas opciones de tratamiento.

2. Artrosis

La artrosis sí que es una enfermedad casi exclusiva de la vejez. Y su incidencia es muy elevada. De hecho, llegados a los 80 años, el 100% de la población la sufre con mayor o menor gravedad. En este caso, el daño a las articulaciones no es debido a ningún trastorno autoinmune, sino al simple desgaste de las articulaciones.

Tras toda una vida de movimientos, esfuerzos y golpes, es normal que los cartílagos se vayan perdiendo. Por ello, y generalmente coincidiendo con la vejez, este desgaste es tal que las articulaciones rozan entre sí, provocando dolor y rigidez. El tratamiento consistirá en medicamentos para aliviar el dolor, pues al no haber inflamación, no tiene sentido tomar antiinflamatorios.

Artrosis

3. Osteoporosis

La osteoporosis es otra enfermedad claramente vinculada al envejecimiento. De hecho, prácticamente todas las personas (especialmente mujeres) la sufren al entrar en la tercera edad. En este caso, estamos ante una patología de naturaleza ósea.

Conforme uno se hace mayor, la capacidad de regeneración de los huesos disminuye. Y cuando la masa ósea se pierde más rápido de lo que se regenera, la densidad de los huesos va perdiéndose, momento en el que aparece esta enfermedad.

La osteoporosis hace que los huesos, al tener menos densidad, se vuelvan más débiles, por lo que aumenta mucho el riesgo de sufrir fracturas, incluso ante pequeñas caídas o golpes leves. Por esta razón es tan importante, especialmente cuando se entra en la tercera edad, practicar deporte regularmente y llevar una dieta rica en vitamina D.

4. Diabetes

La diabetes es una enfermedad endocrina que sufren más de 400 millones de personas en todo el mundo y que, en concreto la de tipo II (la I es de origen autoinmune y por lo tanto no está vinculada a la tercera edad), está muy relacionada con el envejecimiento.

En este sentido, la diabetes, que aparece por una mezcla de causas genéticas y sobre todo de mala alimentación tras toda una vida de excesos, es una patología potencialmente mortal en la que la insulina, la hormona que regula los niveles de azúcar en sangre, pierde su funcionalidad, por lo que la persona desarrolla una hiperglucemia.

La diabetes provoca debilidad, visión borrosa, pérdida de peso, infecciones recurrentes e incluso puede causar la muerte debido a trastornos cardiovasculares. Al no tener cura, el tratamiento consiste en inyecciones de insulina diariamente.

5. Alzheimer

El Alzheimer es la forma de demencia senil más común en el mundo. Su incidencia está claramente vinculada a la tercera edad, pues, a excepción de casos muy concretos de demencia precoz, afecta siempre a mayores de 65 años.

Se trata de una enfermedad neurológica caracterizada por un deterioro lento pero progresivo de las neuronas cerebrales, lo que causa una disminución paulatina de las capacidades mentales. Por ello, la persona va perdiendo habilidades sociales, se comporta de forma distinta a lo que hacía tiempo atrás y pierda su capacidad de vivir independientemente.

Ya en etapas avanzadas, se observa una pérdida grave de memoria y, finalmente, la persona muere porque el cerebro ya no puede mantener estables las funciones vitales. Por desgracia, sigue sin tener cura y los únicos tratamientos disponibles simplemente mejoran los síntomas de forma temporal para intentar que el paciente mantenga su autonomía el mayor tiempo posible.

Alzheimer

6. Parkinson

El Parkinson es otra enfermedad claramente vinculada a la tercera edad, aunque en este caso sí que es más común su manifestación en la población joven. Estamos ante una patología neurológica que, por una deterioración progresiva del sistema nervioso, provoca la pérdida de las habilidades motoras.

Los síntomas, que empiezan con el típico temblor de manos, empeoran lentamente hasta llegar a afectar al control del movimiento de la mayoría de músculos. Tampoco hay cura, pero los medicamentos sí que consiguen aliviar de forma importante la gravedad de los signos clínicos.

7. Hipertensión

La hipertensión es la principal causa detrás de la mayoría de enfermedades cardiovasculares, las cuales, siendo responsables de 15 millones de las 56 millones de defunciones anuales, son el principal motivo de muerte en el mundo.

En este sentido, la hipertensión es una patología cardiovascular en la que la fuerza que ejerce la sangre contra los vasos sanguíneos es demasiado alta, cosa que aumenta enormemente el riesgo de sufrir infartos, ictus, trastornos renales, insuficiencia cardíaca…

De hecho, la mayoría de defunciones en la tercera edad son debidas a los infartos o accidentes cerebrovasculares, el riesgo de las cuales se incrementa mucho al tener una presión arterial demasiado alta. Por ello, los medicamentos para rebajar la presión en las arterias (especialmente el enalapril) son muy comunes en la tercera edad.

Hipertensión

8. Problemas de visión

Tras toda una vida en funcionamiento, es normal que los ojos sufran las consecuencias del envejecimiento. De hecho, son uno de los órganos que más se resienten al entrar en la tercera edad.

Por ello, trastornos como la vista cansada, la miopía, las cataratas, la presbicia y otras enfermedades oculares que provocan pérdida de visión son tan frecuentes entre la gente mayor. El tratamiento dependerá de la patología en cuestión y de su gravedad.

9. Sordera

La sordera, cuyo término técnico es la presbiacusia, es un trastorno auditivo muy común en la tercera edad. De forma similar a lo que ocurre con los ojos, los delicados componentes de los oídos también sufren las consecuencias del envejecimiento.

Se cree que 1 de cada 3 personas mayores de 65 años tienen problemas de sordera, los cuales, pese a que nunca llegan a suponer una pérdida total de la audición, sí que pueden conducir al aislamiento social de la persona, por lo que es importante utilizar audífonos y mantener así su sociabilidad.

Sordera

10. Desequilibrios alimenticios

Tanto la obesidad como la desnutrición son dos trastornos que, sorprendentemente, tienen una alta incidencia en la tercera edad. De hecho, se estima que más del 40% de mujeres y el 36% de hombres mayores de 65 años tienen problemas de sobrepeso.

Sea como sea, tanto si el problema es comer demasiado (y sobre todo no hacer ejercicio) como comer muy poco ya que no se tiene hambre, se abre la puerta a todo tipo de enfermedades cardiovasculares y gastrointestinales que, teniendo en cuenta que el cuerpo es más débil, pueden acarrear complicaciones graves.

11. Trastornos del sueño

El insomnio (y también la hipersomnia, que es dormir demasiado, aunque este trastorno es menos frecuente) tiene una muy elevada incidencia en la tercera edad. Especialmente a causa de sufrir otras enfermedades, es común que los mayores de 65 años no puedan conseguir un sueño reparador, ya sea por tardar mucho en dormirse, despertarse a media noche varias veces o levantarse muy temprano por la mañana.

Teniendo en cuenta que el insomnio, de por sí, ya aumenta el riesgo de enfermedades cardiovasculares, mentales, óseas, renales, endocrinas e incluso de cáncer, si a esto le sumamos que el organismo, al envejecer, es más sensible, se hace de vital importancia establecer hábitos que promuevan dormir mejor y, en casos extremos, recurrir a la medicación.

12. Fibromialgia

La fibromialgia es una enfermedad que, además de tener una incidencia y gravedad mayor en la tercera edad, es mucho más frecuente entre mujeres. De hecho, más del 75% de los casos diagnosticados son en el sexo femenino.

Se trata de una patología en la que hay una alteración en el modo en el que el cerebro procesa las señales de dolor, cosa que conduce a experimentar dolor en músculos y articulaciones cuando no se ha sufrido ningún traumatismo.

La causa sigue sin estar clara, pero se sabe que los episodios de dolor suelen aparecer tras episodios de estrés físico o emocional fuertes. Sea como sea, este dolor musculoesquelético suele venir acompañado de fatiga, debilidad, problemas para dormir y alteraciones en el estado de ánimo.

A pesar de que no existe cura, sí que hay medicamentos que consiguen que el dolor sea menos incapacitante. Del mismo modo, es muy recomendable que las personas mayores con fibromialgia practiquen deporte, pues la actividad física hace que generemos analgésicos naturales en forma de hormonas.

13. Fatiga crónica

El hecho de que, en la tercera edad, sea común sufrir distintas enfermedades y que muchas de ellas no estén diagnosticadas, hace que sea habitual que la fatiga crónica aparezca, pues es el resultado de la unión de los síntomas de muchos trastornos que se pueden estar padeciendo, como por ejemplo el insomnio, problemas de alimentación, hipertensión, etc.

Por esta y muchas otras razones es importante que, ante cuadros de fatiga crónica inexplicables y graves (es normal que las personas mayores estén más cansadas y tengan menos energía) se acuda al médico.

14. Depresión

La depresión y otros trastornos del estado de ánimo tienen una incidencia mayor en la tercera edad. Y es que además de que muchas de las enfermedades que hemos visto afectan también a nivel emocional, el miedo a enfermar, el no sentirse útil, la soledad, la muerte de amigos próximos...

Todo esto hace que la tristeza pueda convertirse en depresión, una enfermedad grave. Por ello, es imprescindible hacer que nuestros seres queridos mayores se sientan valorados y, dentro de las posibilidades de cada familia, acompañados, y, en caso de que sea necesario, poner a la persona en manos de psicólogos o psiquiatras. La salud mental es igual o más importante que la física.

15. Hiperplasia prostática benigna

La próstata es un órgano exclusivo de los hombres que produce el líquido que nutre y transporta los espermatozoides. En este contexto, es común que en hombres de avanzada edad se produzca lo que se conoce como hiperplasia prostática benigna.

Esta patología consiste en un agrandamiento de la próstata sin un crecimiento canceroso en la misma (por eso se llama benigna) y suele aparecer debido al propio envejecimiento y por alteraciones en la producción de distintas hormonas sexuales.

Sea como sea, esta hiperplasia de próstata puede provocar dificultades, molestias e incluso dolor al orinar, aunque también aumenta el riesgo de infecciones graves en el aparato genitourinario, cálculos renales y hasta cáncer de próstata.

Para evitar complicaciones, se recomienda que las personas con este problema reduzcan la ingesta de cafeína, no beban alcohol y tomen mucha agua.

Hiperplasia prostática
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