Las 7 especies de bacterias más resistentes del mundo

Las bacterias son capaces de sobrevivir en ambientes donde cualquier otra forma de vida moriría al instante. Veamos algunas de las más increíbles.
Bacterias más resistentes

Si bien es cierto que los humanos somos seres inteligentes y hemos sido capaces de desarrollar increíbles tecnologías, desde el punto de vista físico somos seres muy poco resistentes.

A la que hace calor ya nos cuesta salir a la calle. Si las temperaturas se acercan a 0 °C, debemos ponernos varias capas de ropa. A la que nos sumergimos unos pocos metros en una piscina, ya nos duelen los oídos. La radiación resulta mortal para nosotros si está en dosis altas. Necesitamos una concentración de oxígeno muy particular, pues de lo contrario nos asfixiamos.

Por lo tanto, los humanos, igual que el resto de animales, somos seres muy “débiles” desde el punto de vista de resistencia a condiciones ambientales adversas. Y es que una mayor complejidad morfológica y fisiológica implica una pérdida de resistencia al ambiente.

Por ello, para encontrar las formas de vida más resistentes de la Tierra tenemos que trasladarnos al mundo microscópico, donde encontramos los seres más simples pero, precisamente por ello, son los que pueden resistir las condiciones más adversas.

En este artículo presentaremos algunas de las bacterias más resistentes del mundo, que son capaces de crecer sin ningún problema en ambientes en los que cualquier otra forma de vida moriría al instante.

¿Qué son los organismos extremófilos?

Como su propio nombre indica, los organismos extremófilos son aquellos seres vivos capaces de crecer en ambientes extremos, es decir, en lugares en los que las condiciones ambientales suponen un impedimento para el resto de formas de vida.

Los extremófilos suelen ser microorganismos que viven en lugares donde, hasta el descubrimiento de las bacterias, se pensaba que la vida era imposible. Por lo tanto, se trata de seres increíblemente adaptados a condiciones que suponen un reto para la vida.

Los microorganismos fueron los primeros habitantes de la Tierra, y a día de hoy siguen siendo las formas de vida más abundantes y diversas. Llevan poblando la Tierra desde hace más de 3.000 millones de años, mucho más de lo que llevan las plantas terrestres (530 millones de años) o los mamíferos (220 millones de años), por no hablar de los humanos (250.000 años).

Por lo tanto, las bacterias han tenido mucho más tiempo que los otros seres vivos para evolucionar y adaptarse a cualquier ambiente de la Tierra. Y cuando decimos cualquiera, es cualquiera. Los microorganismos son capaces de colonizar todos los ambientes del mundo. No importa lo extremo que sea. Siempre encontraremos alguna forma de vida.

Los microorganismos extremófilos, gracias a la selección natural, han desarrollado mecanismos para superar los obstáculos que las condiciones ambientales más adversas suponen para la vida, pudiendo desarrollarse sin problemas e incluso siendo sus lugares óptimos de desarrollo.

Algunos ejemplos de microorganismos extremófilos

Hay muchos ambientes extremos en la Tierra en los que una o varias condiciones ambientales suponen un reto para la vida. Es decir, temperaturas muy altas o muy bajas, sin oxígeno, con mucha presión, con mucha sal, mucha acidez, etc.

En todos estos ambientes, pese a que parezca imposible, encontraremos poblaciones de microorganismos. A continuación presentamos algunos de los ejemplos más increíbles de bacterias adaptadas a ambientes con condiciones ambientales extremas.

1. “Deinococcus radiodurans”: la bacteria resistente a la radiación

“Deinococcus radiodurans” es un microorganismo que ha ganado el récord Guinness a “bacteria más resistente del mundo”. Y se lo tiene merecido.

Esta bacteria es capaz de soportar “sin despeinarse” una radiación de 15.000 Gray, que es la unidad en la que se mide la radiación. Para hacernos una idea, esa radiación es 3.000 veces mayor a la que resulta mortal para nosotros. Y esta bacteria no solo la soporta, sino que crece sin problemas.

La radiación suele resultar mortal para la mayoría de seres vivos ya que la exposición a ella daña el material genético, por lo que nuestras células dejan de funcionar. Sin embargo, esta bacteria resiste la radiación ya que guarda varias copias de su ADN y, además, tiene unos mecanismos de corrección de daños en los genes muy eficientes.

2. “Pyrococcus furiosus”: la bacteria que crece a 100 °C

“Pyrococcus furiosus” es una bacteria hipertermófila, es decir, capaz de crecer a temperaturas elevadas. Se trata de una bacteria con un óptimo de crecimiento de 100 °C, es decir, que la temperatura a la que crece mejor es a la de ebullición del agua.

Además, es capaz de sobrevivir hasta los 120 °C, temperaturas que ninguna otra forma de vida es capaz de aguantar. Esto es posible gracias a que sus proteínas son muy termoestables, es decir, tienen una estructura que evita el daño por calor.

3. “Helicobacter pylori”: la bacteria que aguanta la acidez de nuestro estómago

“Helicobacter pylori” es una bacteria acidófila, es decir, capaz de crecer en ambientes ácidos. Concretamente, en el estómago humano. Se trata de un patógeno que coloniza el epitelio gástrico y que nos provoca una enfermedad en la que se desarrollan úlceras.

Nuestro estómago es un ambiente muy ácido, con un pH entre 3,5 y 4, unos niveles de acidez en los que la mayoría de formas de vida mueren. La bacteria ha desarrollado mecanismos para que la acidez no afecte a sus estructuras y pueda crecer en un medio tan inhóspito para la vida como es el estómago.

4. “Polaromonas vacuolata”: la bacteria que vive en aguas de la Antártida

“Polaromonas vacuolata” es una bacteria psicrófila, es decir, capaz de crecer a temperaturas muy bajas. Se trata de una bacteria con una temperatura óptima de crecimiento de 4 °C, aunque puede vivir sin problemas a 0 °C.

Su hábitat predilecto son las aguas de la Antártida, un medio en el que muchas otras formas de vida no pueden sobrevivir ya que las estructuras internas se congelan. Esta bacteria tiene mecanismos para evitar la cristalización de sus orgánulos celulares.

5. “Haloferax volcanii”: la arquea que vive en el Mar Muerto

La sal es un producto que inhibe el crecimiento de microorganismos. De ahí su uso como método de conservación. De todos modos, hay seres capaces de crecer en concentraciones de sal muy elevadas que, en condiciones normales, imposibilitan la vida.

Si pensamos en ambientes extremadamente salinos de la Tierra, el Mar Muerto seguramente será lo primero que nos venga a la cabeza. Recibe este nombre porque se creía que no había ningún ser capaz de vivir en su interior. Sin embargo, quizás el Mar Muerto no esté tan “muerto” como creemos.

“Haloferax volcanii” es una arquea (un microorganismo más primitivo que una bacteria) halófila, es decir, capaz de crecer en ambientes hipersalinos. Tiene mecanismos que evitan la desecación y la muerte celular, pues su fisiología está adaptada a una retención del agua más efectiva que la de cualquier otro ser vivo.

Se encuentra normalmente en el Mar Muerto y se cree que fue uno de los primeros habitantes de la Tierra. Se está estudiando para analizar la viabilidad de la vida en Marte.

6. “Shewanella benthica”: la bacteria que vive en la Fosa de las Marianas

La presión es otro factor que determina la posibilidad de desarrollo de la vida. La mayoría de especies que conocemos viven a una presión atmosférica, incluidos nosotros. Sin embargo, hay organismos que reciben el nombre de barófilos y que están adaptados a crecer bajo presiones increíblemente altas.

Cuando las personas buceamos, a los 2 metros ya notamos los efectos de la presión, pues los oídos nos empiezan a doler. Imaginemos, pues, lo que nos pasaría si nos pusieran a 11 km de profundidad.

En esta situación, “Shewanella benthica” es capaz de crecer. Se trata de una bacteria que crece en el lecho oceánico de la Fosa de las Marianas, el punto más profundo del océano y que, por excepción de unas pocas formas de vida, es un auténtico desierto. Situada a 11.000 metros de profundidad, la presión bajo la que se encuentra es de 1.000 veces la que se siente en la superficie del mar.

El peso del agua que debe soportar la bacteria es increíblemente alto, pues tiene una columna de agua de 11 km por encima. Sin embargo, puede crecer y desarrollarse sin que la presión comprometa su viabilidad.

7. “Bacillus safensis”: la bacteria que crece en el espacio

Y por último, la más increíble de todas. No hay ambiente más inhóspito para la vida que el espacio. Pero incluso ahí hay bacterias capaces de crecer.

En un estudio, enviaron a la Estación Espacial Internacional 48 muestras de microorganismos para ver cómo aguantaban en el espacio. Ahí descubrieron que “Bacillus safensis” no solo resiste las condiciones, sino que crecía mejor en la estación espacial que en la Tierra.

El estudio de esta y otras bacterias capaces de vivir en el espacio que, con suerte, descubriremos, son pieza clave para el progreso de la astrobiología.

Referencias bibliográficas

  • Gupta, G.N., Srivastava, S., Prakash, V., Khare, S. (2014) “Extremophiles: An Overview of Microorganism from Extreme Environment”. Research Gate.
  • Goswami, S., Das, M. (2016) “Extremophiles: a Clue to Origin of Life and Biology of Other Planets”. Everyman’s Science.
  • Jha, P. (2014) “Microbes Thriving in Extreme Environments: How Do They Do It?”. International Journal of Applied Sciences and Biotechnology.
TÓPICOS
Biología
Pol Bertran Prieto

Pol Bertran Prieto

Microbiólogo y divulgador

Pol Bertran (Barcelona, 1996) es Graduado en Microbiología por la Universidad Autónoma de Barcelona. Máster en Comunicación Especializada con mención en Comunicación Científica por la Universidad de Barcelona. Apasionado por la divulgación de la salud y la medicina y aficionado del deporte y el cine.