Los 6 tipos de Psoriasis: causas, síntomas y tratamiento

La psoriasis es una enfermedad dermatológica en la que, debido a una producción excesiva de células cutáneas, estas se acumulan ocasionando escamas, manchas rojas y en ocasiones dolor.

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La piel, con sus más de dos metros cuadrados de extensión, es, con diferencia, el órgano más grande del cuerpo humano. Porque aunque tendamos a olvidarlo, la piel es un órgano vivo compuesto por unas células que, en conjunto, cumplen con funciones esenciales en nuestro cuerpo: regular la temperatura corporal, proteger del ataque de patógenos, desarrollo del sentido del tacto, aislarnos del medio exterior, etc.

Formada por tres capas, la epidermis, la dermis y la hipodermis, la piel es una estructura fisiológicamente compleja y dinámica que está constantemente regenerándose, con unos queratinocitos (las células que conforman la epidermis) van dividiéndose y madurando para, tras llegar a zonas superiores de la epidermis, dar lugar a la capa más externa de la piel.

Ahora bien, este proceso de regeneración de la piel es un proceso muy complejo. Y como ocurre con todos aquellos sucesos que requieren de complejidad fisiológica, es posible que ocurran errores en su control. Y es en este contexto que entra en juego una de las enfermedades dermatológicas más comunes. Estamos hablando de la psoriasis.

La psoriasis es una afección cutánea en la que, debido a una excesiva producción de queratinocitos, el paciente experimenta enrojecimiento, aparición de escamas plateadas, irritación de la piel e incluso dolor. Y en el artículo de hoy y, como siempre de la mano de las más prestigiosas publicaciones científicas, vamos a indagar en las bases clínicas de este trastorno dermatológico.

¿Qué es la psoriasis?

La psoriasis es una enfermedad dermatológica en la que, debido a una producción excesiva de queratinocitos, estas células cutáneas se acumulan en la superficie de la epidermis ocasionando enrojecimiento, descamación, irritación e incluso dolor en la piel. Así pues, es una patología que se desarrolla cuando el cuerpo produce demasiadas células cutáneas.

Por desgracia, no existe cura para la psoriasis, así que estamos ante una enfermedad crónica. Aun así, sí que existen tratamientos que permiten, evitando que las células de la piel sigan creciendo de forma descontrolada, aliviar los síntomas para que la persona pueda vivir sin sufrir tanto las consecuencias de esta patología. Pero para ello, es importante conocer sus bases clínicas.

Causas

La psoriasis, como hemos dicho, se debe a una excesiva producción de células cutáneas, algo que, se cree, estaría relacionado con algún desajuste en el sistema inmunitario que desencadena reacciones para que la piel se regenere más rápido de lo que debería. Esto hace que el proceso a través del cual los queratinocitos se generan y suben hasta la superficie ocurra no en 3-4 semanas como en personas sanas, sino en unos 14 días. Esto es lo que hace que se acumulen células muertas en la capa superior de la epidermis y que emerja la sintomatología.

Ahora bien, la causa exacta detrás de este problema inmunológico se desconoce. Por tanto, estaríamos ante una compleja interacción de factores genéticos, biológicos, hereditarios y ambientales. Ahora bien, lo que sí debemos dejar claro es que la psoriasis no es una enfermedad contagiosa, pues, como podemos ver, no está causada por ninguna infección. Todo se debe a un trastorno de origen inmunológico.

Así, esta psoriasis, que tiene una incidencia global de aproximadamente 30 casos por cada 100.000 habitantes, comenzando generalmente entre los 15 y los 35 años, tiene un claro componente genético, demostrando también cierta heredabilidad de padres a hijos. Ahora bien, no basta con esta predisposición genética. Siempre hay algún desencadenante ambiental que hace que surja la enfermedad después de estar libres de síntomas durante años.

Estos desencadenantes varían entre personas, pero los más importantes son el estrés, las infecciones cutáneas, el frío, la sequedad en el ambiente, sufrir cortes o raspaduras, picaduras de insectos, quemaduras severas por el sol, consumo de ciertos medicamentos (sobre todo los que rebajan la presión arterial), fumar, hacer excesos con el alcohol, etc.

Y, al mismo tiempo, pese a que cualquier persona puede desarrollar psoriasis, lo cierto es que hay también algunos factores de riesgo que incrementan las probabilidades de que una persona sufra esta patología, entre los que destacan los antecedentes familiares (ya hemos dicho que el componente hereditario es importante) y, aunque sean también desencadenantes, el estrés y el tabaquismo.

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Síntomas

La sintomatología de la psoriasis varía mucho entre pacientes, pero generalmente, la acumulación de queratinocitos muertos en las capas externas de la epidermis, suele ocasionar signos clínicos tales como enrojecimiento, descamación, irritación, parches de piel rojiza, aparición de pequeños puntos escamados, inflamación y rigidez de articulaciones, ardor, picazón, sequedad de piel, agritamiento, zonas que sangran e incluso dolor en la piel.

Los parches o manchas pueden consistir en unos pocos puntos de descamación pero también en erupciones importantes que están abarcando regiones grandes de piel, teniendo las lumbares, cuero cabelludo, piernas, plantas de los pies, rodillas, codos, palmas de las manos y cara como zonas generalmente más afectadas por la psoriasis.

Ahora bien, es importante tener en cuenta que, pese a que sea una enfermedad crónica, esta sintomatología tiende a manifestarse en ciclos, es decir, en forma de brotes en los que los síntomas duran entre varias semanas y unos meses para luego disminuir o remitir y no volver a aparecer hasta un tiempo después, todo ello condicionado por la predisposición genética de la persona y los desencadenantes ya comentados.

También es importante tener en cuenta que, si bien generalmente más allá de la sintomatología y el impacto visual (y consecuente malestar emocional) que genera la psoriasis, esta no suele ser un problema grave. Pero hay veces en las que puede derivar en complicaciones. De ahí que, si observas que la sintomatología cada vez es más grave y generalizada, aparece dolor (que no siempre existe), los problemas han pasado también a las articulaciones, el aspecto cada vez es peor y no hay una buena respuesta al tratamiento, debas acudir al médico.

Estas son señales de que la psoriasis está empeorando y derivando en una situación más grave con riesgo de desarrollar afecciones tales como hipertensión, enfermedades cardiovasculares, artritis, obesidad, problemas de visión, trastornos cardiovasculares y, por el impacto emocional que tiene esta enfermedad, pérdida de autoestima e incluso depresión. Por ello, es esencial conocer y aplicar el tratamiento adecuado.

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Diagnóstico y tratamiento

Basta con una exploración física para diagnosticar la psoriasis, aunque hay ocasiones en las que el médico puede realizar una biopsia, extrayendo una pequeña muestra de tejido epitelial, para determinar exactamente el tipo de psoriasis que presenta el paciente, algo en lo que indagaremos más adelante.

Como hemos dicho, no existe cura, pues la psoriasis es una enfermedad crónica. Pero sí que existen distintos tipos de tratamiento para aliviar los síntomas y reducir el impacto que esta tiene en la vida de la persona, sabiendo que es imposible evitar del todo que existan brotes.

El tratamiento puede consistir en una terapia tópica (aplicación de distintas clases de cremas según las necesidades, generalmente a base de corticosteroides que reducen la sintomatología), fototerapia (para casos moderados o graves, se puede exponer a la piel a cantidades controladas de luz artificial para aliviar los signos de la enfermedad), terapia farmacológica (con medicamentos orales o inyectables, reservado como último recurso) o una combinación de varios.

Por regla general, el tratamiento tradicional consiste en la aplicación de cremas tópicas y la terapia con luz ultravioleta, un enfoque que suele dar buenos resultados. Pero en casos graves o con pacientes que no responden bien a este tratamiento, se pueden contemplar otras alternativas más agresivas.

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¿Qué clases de psoriasis existen?

Como hemos dicho, para definir unas pautas terapéuticas óptimas, es importante determinar qué tipo exacto de psoriasis sufre el paciente. Porque dependiendo de la sintomatología y de la zona exacta del cuerpo en la que se desarrolla, podemos definir distintas clases de psoriasis cuyas particularidades clínicas vamos a definir a continuación.

1. Psoriasis en placas

La psoriasis en placas es la forma más común de la enfermedad. Es aquella en la que se observan unos parches más o menos extensos de consistencia seca, aspecto elevado, color rojizo y cobertura de escamas plateadas. Estas placas pueden tener mayor sensibilidad, picar e incluso doler.

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2. Psoriasis en gotas

La psoriasis en gotas es una forma de la enfermedad que suele afectar a niños y adultos jóvenes. Tiene la particularidad que suele desencadenarse tras una infección bacteriana, como por ejemplo una amigdalitis, el caso más habitual. No aparecen parches como tal, sino pequeñas lesiones en forma de gota que se descaman.

3. Psoriasis eritrodérmica

La psoriasis eritrodérmica es la forma menos común de la enfermedad. Se trata de una manifestación en la que todo el cuerpo queda cubierto por una erupción descamada y de color rojo. Así, sería como un parche que no cubre determinadas regiones, sino toda la extensión de la piel. Además del impacto visual, suele provocar un intenso ardor y requerir de ingreso hospitalario.

4. Psoriasis pustulosa

La psoriasis pustulosa es aquella forma de la enfermedad en la que los parches vienen acompañados de lesiones con bordes claramente definidos por la presencia de pus en su interior. Es también una manifestación poco frecuente de la patología.

5. Psoriasis inversa

La psoriasis inversa, también conocida como “psoriasis en los pliegues”, es aquella forma de la enfermedad en la que se observan placas o parches, con la particularidad de presentar menos descamación pero mayor tonalidad rojiza. Además, aparecen en los pliegues cutáneos, como las axilas, las nalgas, la zona debajo de los pechos o las ingles. Esto hace que sea una forma especialmente incómoda y que, por la irritación que generan, las cremas tópicas no den tan buenos resultados.

6. Psoriasis en uñas

Y terminamos con la psoriasis en uñas, una forma especial de la enfermedad en la que la psoriasis no afecta a la piel como tal, sino a las uñas, las cuales, pese a que por la dureza de las mismas debida a la cantidad de queratina en su matriz las consideremos estructuras distintas, están formadas también por células cutáneas. Unas uñas que sufren este trastorno pueden deformarse, escocer, aflojarse, astillarse, cambiar de color e incluso separarse del lecho ungueal.

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