Rubéola: causas, síntomas y tratamiento

La rubéola es una infección vírica que provoca erupciones en la piel y que a día de hoy la mayoría de casos se dan en adultos jóvenes no vacunados. Pese a ser leve, puede ser peligrosa en bebés no nacidos cuyas madres se han contagiado durante el embarazo.

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La Organización Mundial de la Salud (OMS) sitúa el movimiento antivacunas como una de las principales amenazas para la salud pública mundial. Y es que los padres que deciden no vacunar a sus hijos no solo están condenándolos a sufrir enfermedades que, gracias a los esfuerzos en medicina durante años, no deberían sufrir, sino que también suponen un peligro para la comunidad.

La triple vírica es una de las vacunas más importantes ya que protege frente al sarampión, las paperas y la rubéola, tres enfermedades que, a pesar de que no sea lo más frecuente, pueden poner en riesgo la vida de la persona o causar daños cerebrales irreversibles. Los niños reciben esta vacuna en dos dosis: una a los 12-15 meses y otra a los 4-6 años.

La triple vírica suele conferir inmunidad de por vida, pero como decimos, el movimiento antivacunas está haciendo que la incidencia de las tres enfermedades contra las que protege esté aumentando globalmente. De hecho, la OMS ya está alertando de que podría haber una reaparición de estas enfermedades que erróneamente considerábamos erradicadas.

Y en el artículo de hoy, con el objetivo de concienciar acerca de sus peligros, vamos a detallar, de la mano de las más prestigiosas publicaciones científicas, las bases clínicas de una de las enfermedades contra las que protege la triple vírica: la rubéola. Veamos, pues, las causas, síntomas y tratamiento de esta infección vírica que causa erupciones en la piel.

¿Qué es la rubéola?

La rubéola es una enfermedad vírica que provoca erupciones en la piel y que, siendo una infección vírica, se contagia a través del aire o por contacto directo o indirecto con superficies contaminadas con el virus. Se trata de una patología exantemática, contagiosa, febril y, siempre y cuando se contraiga después del nacimiento (en el feto puede producirse una infección crónica y grave), leve.

Es una infección viral que se transmite entre personas a través de estornudos, tos, por contacto directo con un infectado o por contacto indirecto con superficies contaminadas con partículas víricas, como por ejemplo las manos, pañuelos, vasos o cualquier superficie. Una persona infectada es contagiosa durante una o dos semanas antes de la aparición de los síntomas.

Unos síntomas que, si bien hay personas que pueden no manifestar ninguno, suelen basarse en un sarpullido característico y en otros signos clínicos que, por regla general, son leves. No es tan grave como el sarampión, enfermedad con la que comparte características pero que está causada por un virus distinto.

Ahora bien, en caso de que una mujer embarazada se contagie con el virus de la rubéola, el feto puede infectarse también, en cuyo caso pueden aparecer graves problemas relacionados con infecciones crónicas, complicaciones graves, deformaciones e incluso abortos espontáneos. Es por este motivo que su prevención es tan importante.

Una prevención que se basa en recibir, durante la infancia, la triple vírica, la vacuna que protege contra la rubéola, el sarampión y las paperas. Gracias a esta vacunación, la infección de rubéola es rara e incluso inexistente en algunos países. Pero como hemos dicho, el movimiento antivacunas está haciendo que su incidencia aumente.

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Causas de la rubéola

La rubéola es una enfermedad que se desarrolla por el contagio del Rubivirus rubellae, el patógeno responsable de la infección. Se trata de un virus que se transmite solo entre humanos y que pertenece a la familia de los Matonaviridae, un grupo de virus de ARN. Este virus tiene una transmisión aérea, que es la vía de contagio de la patología.

El virus puede propagarse cuando una persona infectada tose o estornuda, haciendo que los aerosoles que contienen las partículas víricas ingresen en el sistema respiratorio de una persona sana. Pero también puede producirse por contacto directo o indirecto con las secreciones respiratorias de una persona infectada, como las mucosidades. En este caso, el contagio es posible incluso a través de superficies (como vasos o paños de puerta) contaminadas con estas secreciones.

Aun así, existe también una vía que, de hecho, representa el mayor peligro de la enfermedad. Y es aquella en la que una mujer embarazada, que ha contraído la infección por una de las vías ya señaladas, transmite el virus al feto a través de la circulación sanguínea. Después veremos qué consecuencias puede tener este contagio en el feto.

Cabe destacar que una persona infectada con el virus es contagiosa durante 1-2 semanas antes de la aparición de los síntomas y hasta aproximadamente 1-2 semanas más después de que el sarpullido característico desaparezca. Es decir, una persona puede estar propagando la enfermedad antes de tener signos clínicos y, por tanto, de saber que la sufre.

Hoy en día, en países como Estados Unidos se reportan menos de 10 casos de rubéola al año, y la inmensa mayoría de ellos se contraen fuera de los países donde la vacunación con la triple vírica está extendida. Con esto queremos decir que, siguiendo las pautas de vacunación, el contagio por esta enfermedad es virtualmente imposible. La rubéola es rara en los 168 países donde se han introducido las vacunas contra ella.

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Síntomas

Los síntomas de la rubéola suelen empezar entre 2 y 3 semanas después del contagio. Tras este periodo de incubación, entramos en una etapa que dura entre 1 y 7 días conocida como periodo prodrómico en la que aparecen leves síntomas catarrales, como dolor de cabeza, inflamación de ojos, goteo nasal, congestión nasal y febrícula o fiebre leve de menos de 38,9 °C.

Tras esta primera fase, aparece el tradicional sarpullido de la rubéola. Un sarpullido tenue y rosado que empieza en la cara y que disemina rápidamente hacia el torso, los brazos y las piernas, antes de desaparecer siguiendo esta misma secuencia. Conocido como periodo exantemático, aparecen las típicas erupciones en la piel, con máculas o pápulas similares a las del sarampión pero más leves.

Posteriormente continúa con inflamación ganglionar que puede ser dolorosa y, especialmente en las mujeres, dolor en las articulaciones. En el caso de la rubéola, el periodo de descamación es leve e incluso inexistente. Como vemos, la rubéola es una enfermedad leve que no suele dejar secuelas más allá de, en algunas mujeres artritis en dedos, rodillas y muñecas que, eso sí, no se prolonga más de un mes. Es muy extraño que haya complicaciones severas como inflamación del cerebro, aunque puede ocurrir.

El verdadero problema y lo que hace de la rubéola una enfermedad peligrosa viene cuando el contagio se produce en una mujer embarazada. Si a través de la sangre el feto es infectado con el virus, entonces estamos ante un caso de rubéola congénita. En ella, el virus ataca con mayor gravedad y cuantas menos semanas de gestación tenga, más severa puede ser la situación.

Hasta el 80% de los bebés nacidos de madres que sufrieron rubéola en las doce primeras semanas de embarazo nacen con este síndrome de rubéola congénita. Esta puede provocar una infección crónica con la persistencia del virus en sus tejidos hasta muchos meses después del nacimiento, dando lugar a complicaciones como neumonías, diabetes, miocarditis, trombocitopenia (número bajo de plaquetas), meningoencefalitis, retrasos en el crecimiento, deformidades, sordera o discapacidades intelectuales.

Del mismo modo, la infección del feto puede provocar un aborto espontáneo. El riesgo es mayor durante el primer trimestre, pero realmente hay peligro en cualquier momento del embarazo. Por esto es tan importante la prevención de esta enfermedad.

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Prevención y tratamiento

La rubéola es una enfermedad rara e incluso inexistente en los países donde existe vacunación contra ella. La inmunidad contra esta infección se consigue a través de la triple vírica, la vacuna combinada que protege contra la rubéola, el sarampión y las paperas. Los niños reciben esta vacuna en dos dosis. Una a los 12-15 meses y otra a los 4-6 años, confiriendo inmunidad de por vida frente a estas tres patologías.

Gracias a esta vacunación, en los 168 países donde está disponible, la rubéola es una infección extraña. En países como Estados Unidos, con una población de 329 millones de habitantes, se registran menos de 10 casos anuales, casi siempre por contagios fuera del país y en naciones donde no hay vacunación contra la rubéola.

Esto demuestra la importancia de seguir el calendario de vacunación. Y es que la rubéola es una enfermedad contra la que no existe tratamiento. No hay ninguna terapia que acorte el curso de la enfermedad, pues al tratarse de un virus, hay que esperar a que sea el propio cuerpo el que supere la infección.

Por suerte, al tratarse normalmente de una infección leve, no es necesario tratamiento. Ahora bien, en caso de que una mujer embarazada contraiga la enfermedad, es posible que sea necesario una terapia con globulina hiperinmunitaria, unos anticuerpos que pueden ayudar a combatir la infección. Pero aun así, no desaparece la posibilidad de que el bebé contraiga la enfermedad y que necesite apoyo médico por las complicaciones que deriven de la infección.

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