Adenomiosis: causas, síntomas y tratamiento

La adenomiosis es una patología que consiste en un engrosamiento de las paredes del útero, pudiendo provocar sangrados menstruales abundantes, dolor pélvico crónico y relaciones sexuales dolorosas. Un análisis de sus bases clínicas.

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El aparato reproductor femenino es el conjunto de tejidos y órganos implicados, en el sexo femenino, en la reproducción. Sus funciones biológicas radican en la producción de óvulos, síntesis y liberación de hormonas sexuales y el desarrollo del embrión desde la fecundación hasta el parto. Así, es obvio que son muchas las estructuras fisiológicas que lo conforman.

Pero una de las más reconocidas es, sin duda, el útero, un órgano hueco y musculoso donde se desarrolla el embrión cuando la mujer está embarazada. Este útero está recubierto por lo que se conoce como endometrio, un tejido mucoso con la importantísima función de recibir el óvulo fecundado después de la fecundación y de permitir la implantación en el útero.

Este endometrio es un tejido altamente especializado y, como cualquier otra estructura del organismo, es susceptible de desarrollar patologías. Entre los problemas que puede sufrir, a nivel ginecológico destaca su crecimiento en las paredes musculares externas del útero, provocando así un engrosamiento de las mismas.

Este trastorno tiene una incidencia de aproximadamente el 1% y puede derivar en síntomas y complicaciones que afectan a la salud sexual de la mujer. Por ello, en el artículo de hoy y, como siempre, de la mano de las más prestigiosas publicaciones científicas, vamos a indagar en las causas, factores de riesgo, síntomas, complicaciones, diagnóstico y tratamiento de esta adenomiosis.

¿Qué es la adenomiosis?

La adenomiosis es un trastorno ginecológico caracterizado por un engrosamiento de las paredes del útero, el órgano hueco y musculoso donde se desarrolla el embrión durante un embarazo. Esta patología se desarrolla cuando el tejido endometrial crece en las paredes musculares externas del útero, región donde no debería crecer en condiciones normales.

El endometrio es un tejido mucoso que recubre el interior del útero, encontrándose únicamente en la matriz. Cuando crece en las paredes musculares, se desarrolla esta adenomiosis. El tejido endometrial sigue comportándose de forma normal, engrosándose y degradándose (con el consecuente sangrado) durante cada ciclo menstrual.

Ahora bien, este crecimiento en las paredes musculares puede hacer que estas sufran un engrosamiento, el cual puede derivar en síntomas tales como sangrados menstruales inusualmente abundantes y prolongados, menstruaciones dolores, dolores pélvicos crónicos y dolor durante las relaciones sexuales.

Sabemos que se trata de una patología con una incidencia aproximada del 1% que se presenta con mayor frecuencia en las mujeres de entre 35 y 50 años, con tendencia a resolverse después de la menopausia. Ahora bien, las causas detrás de la adenomiosis son, en gran parte, desconocidas. Se han postulado varias teorías e hipótesis que analizaremos en profundidad a continuación, pero su origen no está del todo claro.

De todos modos, teniendo en cuenta tanto el impacto en la calidad de vida como el riesgo de desarrollar anemia crónica por los sangrados prolongados e intensos, en los casos más severos es importante ofrecer un tratamiento adecuado, el cual, como veremos más adelante, puede ir desde la administración de pastillas anticonceptivas para aliviar los síntomas hasta una cirugía de extirpación del útero. Pero muchas veces, al no presentar síntomas importantes, no es necesario ningún tratamiento.

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Causas y factores de riesgo

La adenomiosis es un engrosamiento de las paredes del útero que se desarrolla a raíz de un crecimiento del tejido endometrial sobre dichas paredes. Ahora bien, la razón por la cual sucede esto es, en gran parte, desconocida. No sabemos por qué algunas mujeres (alrededor del 1%) sufren esta condición clínica y otras no.

Aun así, existen distintas teorías e hipótesis. En primer lugar, existe la posibilidad de que todo se deba a que las células del tejido endometrial invadan el músculo que conforma las paredes del útero. Esta invasión celular podría explicar los casos de adenomiosis que aparecen después de intervenciones quirúrgicas tales como una cesárea, pues las incisiones realizadas en el útero podrían fomentar la invasión directa sobre las paredes.

En segundo lugar, otra teoría es la de que su origen se encuentra en el propio desarrollo embrionario. Por anomalías genéticas que se manifiestan ya en el desarrollo del feto, el endometrio se deposita en las paredes musculares uterinas. Así, la mujer tendrá este trastorno ya desde su nacimiento, aunque se manifestará en el momento en el que empiece a menstruar.

En tercer lugar, recientemente se ha propuesto la idea de que esta adenomiosis podría tener, en algunos casos, un origen en anomalías en las células madre. Estas células, presentes en la médula ósea y capaces de diferenciarse en distintos tipos celulares, podrían invadir las paredes musculares y provocar así el desarrollo de células endometriales en estos músculos uterinos.

Y en cuarto y último lugar, existe también la posibilidad de que la adenomiosis se deba directamente al trabajo de parto, cosa que explicaría por qué la incidencia aumenta en las mujeres que ya han dado a luz. Los esfuerzos mecánicos durante el parto podrían provocar roturas (estimuladas por la inflamación del revestimiento del útero) en los límites del tejido endometrial, fomentando así el crecimiento sobre las paredes musculares.

Sea cual sea la hipótesis correcta (teniendo en cuenta que tal vez todas ellas lo sean en distintos contextos), la adenomiosis es una patología con una incidencia del 1% que, más allá de las causas algo inciertas, presenta unos factores de riesgo claros que, si bien no son una explicación a su origen, sí que incrementan las probabilidades de desarrollarla.

Así, como factores de riesgo destaca tener entre 35 y 50 años (la incidencia aumenta con la edad por la exposición prolongada al estrógeno, la hormona sexual femenina, pero reduce con la llegada de la menopausia), haber pasado por cirugías uterinas previas (como una cesárea) y haber dado a luz en el pasado. Sea como sea, todavía falta mucha investigación para conocer en profundidad su origen.

Síntomas y complicaciones

Muchas veces, la adenomiosis cursa sin sintomatología o con apenas una molestia leve. Ahora bien, en algunos casos, sí que puede cursar con signos clínicos que afectan a la calidad de vida de la mujer y que, como veremos más adelante, pueden derivar en complicaciones potencialmente severas que requerirán de un abordaje terapéutico.

Los sangrados menstruales abundantes, intensos y prolongados, la dispareunia (dolor durante las relaciones sexuales), el dolor pélvico crónico, la dismenorrea (cólicos intensos que se sienten como punzadas en la zona pélvica durante la menstruación) y el incremento de tamaño del útero (que puede derivar en sensibilidad o sensación de presión en la zona inferior del abdomen) son los principales síntomas de la adenomiosis.

Estos síntomas ya pueden ser molestos, pero el verdadero problema es que pueden derivar en complicaciones potencialmente severas. Y es que los dolores, que pueden ser notorios durante la práctica del sexo, así como los sangrados abundantes, pueden interferir en la calidad debida. El sexo puede empezar a verse como una actividad desagradable y la mujer, por el dolor pélvico crónico o por la preocupación de tener sangrados intensos en determinados momentos, puede privarse de realizar actividades placenteras. Todo ello merma peligrosamente la salud emocional y social.

Pero es que al mismo tiempo, los sangrados intensos y prolongados de la menstruación pueden aumentar el riesgo, por la falta de glóbulos rojos sanos que transporten correctamente el oxígeno por la circulación sanguínea, de desarrollar anemia crónica, una enfermedad potencialmente grave que deriva no solo en cansancio, sino en problemas de salud severos. Así, en casos donde hay riesgo de complicaciones, es importante realizar un correcto diagnóstico y aplicar posteriormente el tratamiento adecuado.

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Diagnóstico y tratamiento

La adenomiosis es difícil de diagnosticar ya que hay otras patologías uterinas que cursan con una sintomatología muy parecida. Por ello, muchas veces se diagnostica después de descartar otras afecciones, aunque también se puede realizar una ecografía o una resonancia magnética del útero, así como una exploración ginecológica para detectar un incremento en el tamaño y/o sensibilidad del útero y, en algunos casos, una biopsia endometrial, útil para descartar patologías más graves.

Sea como sea, es importante tener en cuenta no solo que la adenomiosis suele desaparecer después de la menopausia, sino que, como hemos dicho, hay veces que cursa sin sintomatología. En tal caso, no es necesario un tratamiento. Este se reserva para casos donde los síntomas son molestos y/o hay riesgo de que deriven en complicaciones severas como las que ya hemos detallado.

En caso de que el tratamiento sea necesario, la primera alternativa será siempre de índole farmacológica. Pueden recetarse tanto medicamentos antiinflamatorios (fármacos como el ibuprofeno pueden aliviar el dolor) como medicamentos hormonales, especialmente pastillas anticonceptivas combinadas de progestina y estrógeno, que proporcionan alivio.

Ahora bien, si ningún tratamiento farmacológico funciona, hay riesgo de complicaciones severas y/o el dolor es tan intenso que la mujer ve muy comprometida su vida, puede plantearse el tratamiento quirúrgico. La histerectomía es una cirugía que consiste en una extirpación del útero de forma parcial o total. Como decimos, esta intervención se reserva solo para casos muy severos.

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