¿Cómo afecta el VIH al sistema inmune?

Analizamos de qué forma va mermando este virus la capacidad de nuestro sistema inmune para hacer frente a enfermedades.
VIH y sistema inmune

El virus de la inmunodeficiencia humana o VIH es un lentivirus que causa la infección del VIH, y en un promedio de 10 años, el sida. Así es, VIH y sida no son sinónimos, pues el primer término hace referencia al proceso infectivo general que sufre el paciente, y el segundo a la última de las fases, la más crónica y grave.

A pesar de que la elevada tasa de mortalidad de este virus sea ya cosa del pasado y los pacientes diagnosticados a tiempo puedan vivir una vida normal y sana, es esencial conocer las dinámicas de este agente patógeno para seguir abordándolo con la misma eficacia que hasta ahora. Por ello, aquí te explicamos cómo afecta el VIH al sistema inmune,

VIH y sistema inmune: una batalla de desgaste

Para entender el proceso infeccioso de la enfermedad, es esencial que recordemos de forma somera la forma del virus y las características morfológicas que lo definen.

El VIH es un virus parásito de una forma esférica de 100 nanómetros de diámetro aproximado. Está compuesto por tres capas. La exterior es una bicapa lipídica, es decir, compuesta por moléculas orgánicas formadas principalmente por carbono e hidrógeno. La segunda lámina consiste en una cápside de forma icosaédrica, construida a base de unas proteínas específicas denominadas capsómeros.

La última capa de este complejo virus está compuesta por el ARN y la nucleoproteína. Esta información genética, la única presente en toda la estructura viral, se trata de una cadena simple con dos filamentos idénticos. Al igual que en el resto de los virus, este ARN contiene una serie de genes que codifican los compuestos necesarios para dar lugar a nuevas unidades virales una vez se ha producido la infección. A pesar de su aparente complejidad morfológica, el debate continúa abierto sobre si este y el resto de virus son organismos vivos, pues carecen de la unidad funcional básica de todo ser viviente, la célula.

La distribución del VIH a nivel global

La Organización Mundial de la Salud (OMS) nos brinda una serie de cifras significativas en base a la distribución del VIH a nivel global. Algunas de ellas son las siguientes:

  • Este virus continúa siendo uno de los mayores problemas para la salud pública mundial, pues hasta ahora, se ha cobrado 33 millones de vidas.
  • Se estima que a finales del 2019 había 38 millones de personas con infecciones activas por VIH.
  • En este mismo año, el 68 % de los casos diagnosticados estaban bajo un tratamiento con antirretrovirales (TAR) para el resto de sus vidas.
  • El rango de edad donde se registran la mayor cantidad de infecciones (más del 60 %) es en personas entre los 15 y 49 años de edad.
  • Más de dos tercios de todas las personas con VIH viven en África.

Como podemos observar, por controlados que puedan estar los síntomas en personas bajo tratamiento, esta enfermedad continúa siendo un grave problema a nivel global. Esto es, sobre todo, en países de bajo ingreso donde el diagnóstico y el abordaje médico solo está restringido a las personas monetariamente más pudientes.

¿Cómo afecta el virus del VIH a nuestro sistema inmune?

Por sorprendente que pueda parecernos este proceso, la mortalidad de las personas con sida (la última etapa de la infección) no se debe al propio virus en sí mismo, si no a infecciones oportunistas y tumores que aparecen cuando el paciente se encuentra en un estado grave de inmunosupresión.

Es necesario entender que el VIH, al igual que el resto de virus, no tiene una maquinaria para autorreplicarse a sí mismo y dar lugar a descendencia. Por ello, tiene que infectar las células del organismo hospedador y “secuestrarlas” para que se pueda dar lugar a copias del mismo, lo que expande la infección dentro del propio organismo y favorece la transmisión a otros hospedadores nuevos.

Lo que hace a este virus una problemática tan grande es que este focaliza sus esfuerzos en destruir a los linfocitos CD4, un subgrupo de leucocitos esenciales que maximizan y asientan las capacidades defensivas inmunitarias en el ser humano. Según el portal gubernamental infoSIDA, existen siete pasos de interacción entre el VIH y los linfocitos antes nombrados. A continuación, te los mostramos de forma resumida:

  • En primer lugar, se produce un enlace entre el virus y el leucocito, pues este se adhiere a la superficie del CD4 mediante un receptor.
  • Posteriormente, se produce una fusión, en la que el virus ingresa dentro de la célula (el linfocito CD4), liberando en ella su ARN y enzimas.
  • La enzima transcriptasa inversa transforma el ARN del VIH en una molécula de ADN, lo que permite que esta información genética se una al núcleo celular.
  • Una vez se encuentra el ADN del VIH en el núcleo del linfocito, la enzima integrasa lo adhiere al ADN del mismo.
  • Ya integrado en el componente genético de la célula inmune, el VIH comienza a replicar proteínas, las cuales son necesarias para la formación de nuevos virus.
  • Cuando se ha replicado el ARN y las proteínas, las nuevas moléculas de VIH se ensamblan en la superficie del linfocito.
  • Una vez listos, los nuevos virus salen del linfocito y se modifican a sí mismos para dar lugar a la unidad infectiva.

Este fascinante proceso sucede a una escala microscópica, y lo más importante del mismo, es que la etapa final termina con la piroptosis (muerte del linfocito CD4 infectado) y la apoptosis de las células próximas a la infectada. Por este motivo, el recuento de linfocitos CD4 en sangre se utiliza para cuantificar la salud del enfermo por VIH. Como es lógico, cuantos más virus se estén replicando en el interior del organismo, menos linfocitos se encontrarán en sangre, lo que se traducirá en un detrimento del sistema inmune del paciente.

VIH y sida: no son lo mismo

Como hemos adelantado con anterioridad, la infección por VIH y el sida en sí mismo no son términos intercambiables, pues responden a conceptos diferentes. A continuación, enumeramos y explicamos las distintas tres etapas de infección de este virus.

1. Fase aguda

Esta primera fase responde a la etapa más temprana de la infección, la cual sucede, como máximo, cuatro semanas después del contacto sexual que ha provocado la transmisión. Este periodo se puede confundir con cualquier otra infección viral que suponga un cuadro clínico gripal, pues es usual que aparezcan fiebres, dolores de cabeza y erupciones cutáneas a las cuales no se les da mayor importancia.

Cabe destacar que en estos momentos, el número de unidades víricas en sangre es muy alto, pues se están propagando y replicando por todo el cuerpo, destruyendo a los linfocitos CD4 mediante el mecanismo antes nombrado.

2. Fase crónica

Durante esta etapa, el VIH continúa replicándose dentro del organismo, pero a concentraciones muy bajas. Desde un punto de vista personal y meramente subjetivo, al que escribe esto le resulta un mecanismo evolutivo fascinante, pues parece que el virus minimice sus efectos para que el hospedador que lo presenta pueda llevar una vida sexual normal, y así poder seguir infectando a otras personas sin ser consciente de ello.

Esta fase latente, si no se recibe tratamiento con antirretrovíricos (TAR) acaba dando paso al sida en 10 años o menos. Sin embargo, con un tratamiento adecuado, esta etapa se puede prolongar durante varias décadas, y además, el portador de la enfermedad no causará infecciones a pesar de entrar en contacto íntimo con otras personas.

3. Sida

Una fase crónica no tratada da lugar al temido cuadro clínico por todos conocidos, el sida. Cuando el recuento de linfocitos CD4 es menor a 200 unidades por milímetro cúbico de sangre, se considera que el paciente ha desarrollado un síndrome de inmunodeficiencia adquirida.

En esta fase, el sistema inmune del paciente está destruido. Por ello, este no será capaz de responder ante procesos infectivos que anteriormente no le habrían supuesto ningún problema, o se habrían manifestado de forma leve. Aquí toman la ventaja bacterias patógenas (como la Salmonella) hongos microscópicos en el ambiente (Aspergillus), protozoos (como el causante de la toxoplasmosis) y virus, los cuales se reproducirán en el organismo del afectado sin que éste pueda oponer resistencia.

Conclusiones

Como hemos podido ver en estas líneas, el cómo afecta el VIH al sistema inmune es un proceso intrincado y complejo, con un componente tanto microscópico (como es el virus entrando y destruyendo los linfocitos CD4) como médico (síntomas de las distintas fases de la enfermedad).

Es esencial recalcar que el mejor tratamiento es la prevención, y que por ello, practicar sexo de forma segura con preservativo y la comunicación con la potencial pareja es esencial. Además, si esta infección no se puede evitar, volvemos a recordar que un tratamiento a tiempo con antirretrovirales (TAR) puede otorgar al paciente una vida saludable y exenta de problemas en la mayoría de los casos.

Referencias bibliográficas

Samuel Antonio Sánchez Amador

Samuel Antonio Sánchez Amador

Biólogo y divulgador científico

Graduado en Biología por la Universidad de Alcalá de Henares (2018). Máster en Zoología en la Universidad Complutense de Madrid (2019). A lo largo de su trayectoria profesional, permaneció dos años en el Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC) en el departamento de biología evolutiva, donde realizó estudios genéticos y poblacionales en pequeños mamíferos. Esto le otorgó amplio conocimiento en cuestiones de heredabilidad, genes y patrones filogenéticos diversos. Desde febrero del año 2020 se dedica a tiempo completo a la divulgación científica, redactando temas tanto de índole científica basal como salud humana y bienestar animal.