SIDA: causas, síntomas y tratamiento

El SIDA es una enfermedad mortal de transmisión sexual que sigue sin cura, aunque si se diagnostica a tiempo, las personas infectadas no llegan a expresarla.
SIDA

El SIDA es una enfermedad causada por el virus del VIH que, desde que empezó su expansión en la década de los 80, se ha cobrado ya 35 millones de vidas. De hecho, la pandemia por el Virus de la Inmunodeficiencia Humana es la quinta pandemia más mortífera de la historia de la humanidad.

Pese a los constantes esfuerzos en investigación, esta enfermedad de transmisión sexual sigue sin cura. Además, aunque la prevención del contagio sea relativamente sencilla, el VIH continúa siendo una alarma de salud pública a nivel mundial.

Pese a los avances médicos y las campañas de concienciación, el SIDA sigue matando a cerca de 1 millón de personas anualmente, siendo los países africanos los más afectados; aunque hay casos en todo el mundo.

Sin embargo, hay que tener claro que a día de hoy, gracias a los tratamientos disponibles, estar infectado por VIH ya no es una sentencia de muerte. Y en el artículo de hoy explicaremos por qué, además de detallar las causas de la enfermedad, sus síntomas, las complicaciones y las formas de prevenir su contagio.

¿VIH y SIDA son lo mismo?

No. No son sinónimos. El Virus de la Inmunodeficiencia Humana (VIH) es el patógeno que, de infectarnos, después de un largo proceso que puede durar años en el que no hay ninguna manifestación clínica, si no se frena su desarrollo, acaba desencadenando una enfermedad: el SIDA.

Por lo tanto, que una persona sea VIH positiva no significa que sufra SIDA. De hecho, los tratamientos actuales basados en fármacos permiten que las personas infectadas por el virus jamás expresen la enfermedad del SIDA, por lo que no llegarán a tener problemas de salud. Pero podrán propagar el virus, eso sí.

¿Qué es el SIDA?

El SIDA, siglas de Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida, es una enfermedad de transmisión sexual potencialmente mortal causada por el Virus de la Inmunodeficiencia Humana (VIH), un patógeno que se transmite por el contacto con la sangre o fluidos corporales de una persona infectada.

Se trata de una enfermedad crónica, es decir, no existe cura y nuestro propio cuerpo no puede combatirla. El virus va a estar para siempre dentro del cuerpo. En caso de que haya tenido tiempo de desarrollarse lo suficiente como para dar lugar a la enfermedad, esta se caracteriza por una afectación grave al sistema inmune.

El virus empieza a atacar a las células del sistema inmunitario, haciendo que cada vez dispongamos de menos defensas para combatir la llegada de otros patógenos. El SIDA nos deja “desnudos” frente a las infecciones de virus, bacterias, hongos...

Una vez sucede esto, ya es muy difícil ralentizar el desarrollo de la enfermedad. Y, de hecho, la persona acaba muriendo no por el SIDA en sí, sino por las constantes infecciones y enfermedades que en una persona con un sistema inmunitario en buen estado no supondrían ningún problema. Afortunadamente, disponemos de tratamientos que impiden que las personas con el VIH desarrollen la enfermedad.

Causas

La causa de desarrollar SIDA es únicamente el contagio por el virus del VIH, el cual se da por el contacto con sangre u otros fluidos corporales, ya sea por relaciones sexuales sin protección, compartir jeringuillas o incluso durante el embarazo, el parto o la lactancia materna, en caso de que la madre sea VIH positiva.

Por lo tanto, el VIH requiere de un contacto directo con la sangre de una persona infectada. No se transmite ni por el aire, por la saliva, por alimentos o agua contaminados ni a través de animales o la picadura de insectos.

El VIH suele tardar unos 10 años en convertirse en SIDA, aunque no hay una frontera concreta entre lo que es la enfermedad y lo que no. Ya desde el contagio, el virus destruye células del sistema inmune, aunque el cuerpo no lo nota hasta que se sobrepasa un límite concreto, cosa que depende de cada persona. Sea como sea, las principales causas de contagio del VIH y, por ende, de sufrir SIDA son las siguientes:

1. Relaciones sexuales sin protección

Ya sea por sexo vaginal, oral o anal, las relaciones sexuales sin protección son una de las principales causas de contagio de VIH en el mundo. El semen, la sangre, las secreciones vaginales o rectales de personas infectadas contienen partículas del virus, por lo que abrimos la puerta de que nos contagie.

De todos modos, hay que tener en cuenta que no siempre que se practica sexo sin protección con una persona infectada se adquiere el virus. De hecho, es muy poco contagioso si lo comparamos con otros patógenos de transmisión sexual. El mayor riesgo está en el sexo anal, cuya probabilidad de contagio es del 1-2%. En el caso del sexo vaginal, el riesgo de contagio es del 0’1-0’2%. Los casos de contagio por sexo oral son muy raros, de hecho se estima que el riesgo de infectarse por VIH tras practicar sexo oral es del 0’0005%.

2. Compartir jeringuillas

Problemático especialmente en la población de drogadictos, compartir jeringuillas para inyectarse drogas es una de las formas más comunes de contagio del VIH. Pese a que el riesgo de contagiarse por compartir jeringuillas con una persona infectada es bajo, del 0’007%, el hecho de que repitan esta conducta con mucha frecuencia aumenta enormemente el riesgo.

3. De la madre al bebé

En caso de que la madre no sepa que es VIH positiva y no tome medicamentos para frenar su desarrollo, el riesgo de que transmite el virus al bebé durante el embarazo, el parto o la lactancia es de casi el 45%. Si la madre toma medidas para ralentizar el desarrollo del virus, el riesgo de que pase al bebé es de menos del 2%.

4. Transfusiones de sangre

Al menos en los países desarrollados, los controles exhaustivos han hecho que esta vía de contagio sea casi anecdótica. Pero al principio de la enfermedad, cuando no se conocía bien cómo se transmitía ni se analizaba la sangre, recibir una transfusión de sangre de una persona infectada por el virus era una sentencia prácticamente segura de contagio. Y es que el riesgo de infección es de más del 90%.

Síntomas

El desarrollo del VIH en el cuerpo pasa por distintas etapas, cada una de ellas con una sintomatología propia. Cuando somos infectados, pasamos por una leve enfermedad que dura poco tiempo y que puede ser confundida con una simple gripe. Después, pasan años en los que el virus no da síntomas de su presencia hasta que empieza a dar signos clínicos y, ya en última instancia, aparece el SIDA como tal.

1. Infección aguda

Después de un mes de ser infectados, el cuerpo reacciona a la presencia del VIH con una enfermedad que tiende a ser confundida con una simple gripe de una duración algo mayor pero que no enciende las alarmas de la persona. Fiebre, dolor de cabeza, dolor muscular, erupciones en la piel…

Los síntomas suelen ser leves e incluso a veces ni se notan, aunque la persona ya puede propagar el virus y este empieza a destruir células del sistema inmune.

2. Fase asintomática

Después de esta primera fase leve, el VIH pasa por desapercibido durante mucho tiempo. Pese a que ya está dañando el sistema inmune, la afectación no es suficiente como para dar lugar a síntomas. Este es el momento en el que debe diagnosticarse, pues es en el punto en el que los tratamientos son más efectivos.

Puede estar en esta fase durante más de 10 años. Si en este tiempo no se detecta y se le da tiempo para que entre en la siguiente fase, las probabilidades de que la vida de la persona corra peligro son mucho más altas.

3. Fase sintomática

Si bien todavía no puede catalogarse como SIDA, el virus del VIH suele entrar en esta fase, la cual es un preludio de que en poco tiempo, el daño al sistema inmune ya no va a poder frenarse. El cuerpo ya no dispone de suficientes defensas para garantizar un óptimo estado de salud, por lo que es común que se sufran de forma recurrente infecciones y enfermedades leves.

La fiebre frecuente, la debilidad y la fatiga, diarrea recurrente, la pérdida de peso sin explicación, infecciones como el herpes o la candidiasis… Estos síntomas son signo de que la enfermedad del SIDA está a punto de aparecer.

4. SIDA

La persona no ha detectado a tiempo que es VIH positiva, no se ha frenado su desarrollo y se ha entrado ya en el SIDA, una enfermedad mortal crónica. Hoy en día, poca gente llega a desarrollarla, aunque siguen habiendo casos en todo el mundo.

El sistema inmunitario ya está muy dañado de forma irreversible, por lo que las infecciones constantes e incluso el desarrollo de cánceres es frecuente. Los síntomas de que se sufre SIDA son los siguientes: fiebre constante, sudoraciones nocturnas excesivas, diarrea crónica, pérdida enorme de peso, aparición de erupciones y bultos, desarrollo de manchas blancas en la lengua y la boca, debilidad y fatiga enormes…

De todos modos, que el SIDA sea una enfermedad tan grave no es por estos síntomas en sí, sino por la elevada probabilidad de desarrollar complicaciones, que son las responsables de la alta mortalidad.

5. Complicaciones graves

Antes o después, el SIDA va a comportar la aparición de complicaciones, que son las que realmente representan un peligro para la salud y las responsables de que sea una enfermedad de tan alta mortalidad.

Cuando progresa el SIDA, la persona es susceptible de sufrir muchas infecciones oportunistas que, si bien en una persona sana no representarían un problema demasiado grave, ponen en peligro seriamente la vida. De hecho, la gripe o un simple resfriado pueden provocar la muerte, pues el sistema inmune no puede defenderse.

También aumenta enormemente la probabilidad de desarrollar cánceres, pues el sistema inmune no puede frenar la aparición de tumores malignos.

Por lo tanto, la persona suele morir por alguna de las siguientes complicaciones: tuberculosis, meningitis, infecciones parasitarias, sarcoma de Kaposi, enfermedades renales, trastornos neurológicos…

Tratamiento

El VIH se diagnostica mediante un análisis de sangre o de saliva para detectar la presencia de anticuerpos contra el virus. En caso de detectarse cuando ya se ha desarrollado el SIDA, las probabilidades de éxito son muy bajas.

Y es que el SIDA no tiene cura y una vez aparece, es muy difícil evitar que se desarrollen las complicaciones y que el paciente muera a causa de la enfermedad. Afortunadamente, a día de hoy disponemos de un tratamiento que permite “controlar” el virus para que no llegue a provocar la aparición de la enfermedad.

El tratamiento consiste en la administración de por vida de medicamentos antirretrovirales, los cuales, si bien no matan el virus y siempre lo tendremos en nuestro interior, frenan su desarrollo. Es decir, contienen la replicación del virus para que no llegue a provocar síntomas. Hace que la infección se quede “parada” en la fase asintomática.

Por lo tanto, estos fármacos, aunque deban consumirse de por vida, han permitido que las personas VIH positivas no desarrollen en toda su vida el SIDA. Se han salvado muchas vidas gracias a ellos, aunque la mejor arma, teniendo en cuenta que el tratamiento te acompañará el resto de tu vida y que tiene efectos secundarios, debería ser la prevención: practicar sexo seguro, no compartir jeringuillas, limitar el número de parejas sexuales…

Referencias bibliográficas

  • Eramova, I., Matic, S., Munz, M. (2007) “HIV/AIDS Treatment and Care: Clinical Protocols for the WHO European Region”. World Health Organization.
  • Kassaye, S.G., Levy, V. (2009) “Fundamentals of Global HIV Medicine. Chapter 4: HIV Transmission”. American Academy of HIV Medicine.
  • Grupo de Estudio de Sida de la SEIMC. (2017) “Documento Informativo sobre la Infección por el VIH”. Sociedad Española Interdisciplinaria del Sida.
Pol Bertran Prieto

Pol Bertran Prieto

Microbiólogo y divulgador

Pol Bertran (Barcelona, 1996) es Graduado en Microbiología por la Universidad Autónoma de Barcelona. Máster en Comunicación Especializada con mención en Comunicación Científica por la Universidad de Barcelona. Apasionado por la divulgación de la salud y la medicina y aficionado del deporte y el cine.