Coronavirus: qué es, causas, síntomas y prevención

El nuevo coronavirus detectado en China tiene mucha facilidad para propagarse de persona a persona, pero, ¿es tan peligroso como se cree?
Coronavirus

La gripe española de 1918, la gripe asiática de 1956 e incluso acontecimientos más recientes como la epidemia de SARS de 2003 o la crisis del ébola de 2014. Periódicamente, la naturaleza se esfuerza en recordarnos que estamos a merced de criaturas microscópicas, unos “seres” incluso más pequeños y sencillos que las bacterias: los virus.

El caso más reciente es la epidemia por el bautizado como “coronavirus de Wuhan”, un virus que ha empezado su expansión desde la ciudad de Wuhan, en China, y que ha sembrado el caos ya que algunos afectados están muriendo y porque es capaz de propagarse de persona a persona, haciendo que haya cruzado fronteras.

Pero, ¿estamos ante una verdadera crisis de salud pública mundial? ¿Es realmente un virus altamente mortal? ¿Cómo se contagia? ¿De dónde ha surgido? ¿Puede prevenirse? ¿Va a llegar a todo el mundo?

El miedo a lo desconocido y a lo que no podemos controlar está haciendo que haya muchas dudas en cuanto a la naturaleza de esta epidemia. Por ello, en el artículo de hoy intentaremos dar respuesta a las preguntas que más se están haciendo, mostrando tanto lo que actualmente sabemos como lo que todavía resulta un misterio.

¿Qué es el coronavirus de Wuhan?

El coronavirus de Wuhan es un virus de la familia de los coronavirus. Como cualquier virus, se trata de una partícula (no llega a catalogarse como ser vivo) que para replicarse necesita estar en el interior de una célula de otro organismo.

Es decir, los virus actúan como parásitos específicos de alguna región concreta de nuestro cuerpo. Nos “utilizan” para replicarse y, mientras hacen esto, la infección tiene síntomas en nuestra salud, pues están dañando las células que parasitan.

Existen muchos tipos distintos de coronavirus que, pese a no ser tan frecuentes como los virus causantes de la gripe o del resfriado común, también son responsables de dar lugar a patologías en nuestro sistema respiratorio.

El coronavirus de Wuhan es un nuevo virus que, a finales de 2019, causó neumonía a diferentes habitantes de la ciudad de Wuhan, en China. Por lo tanto, se trata de un virus que infecta a las células de los pulmones y que, al ser un tipo nuevo que no ha entrado en contacto nunca con nosotros, nos ha “cogido” sin inmunidad contra él.

De todos modos, “coronavirus de Wuhan” es el nombre comercial. Entre los científicos e investigadores, se le conoce como 2019-nCov.

¿Por qué ha desencadenado una epidemia?

La palabra “epidemia” por sí sola nos da mucho miedo. Y este temor aumenta si vemos por las noticias que se está expandiendo a otros países, que se ha limitado el tráfico aéreo y que en China han habido ya, a la fecha que se está escribiendo este artículo, más de 3.000 casos y 125 muertes. Pero, ¿por qué se está propagando tanto?

Estamos constantemente expuestos al ataque de virus. Día a día, en cualquier lugar en el que nos encontremos, hay virus con el objetivo de infectarnos. Pero afortunadamente disponemos de un sistema inmune perfectamente diseñado para reconocer y neutralizar estas amenazas microscópicas.

Cuando un virus entra en contacto por primera vez con nosotros, nuestras células inmunes no reconocen el virus, por lo que el ataque contra él llega demasiado tarde, es decir, cuando ya nos ha hecho enfermar. Sin embargo, después de pasar la enfermedad, el cuerpo ya ha “memorizado” cómo era ese virus.

Y cuando vuelva a intentar infectarnos, el sistema inmune se dará cuenta enseguida de que ese virus tiene que ser eliminado. Puede desencadenar la respuesta mucho más rápido y evitar que llegue a hacernos enfermar. Es decir, tenemos inmunidad.

Esto explica que de niños nos pongamos enfermos casi cada año de gripe, pero que llegados a la edad adulta, enfermemos mucho menos. El cuerpo ha desarrollado inmunidad frente a los principales tipos de virus de la gripe.

Pero, ¿qué pasa cuando de repente aparece un nuevo virus? Que ninguna persona tiene en su sistema inmune la “tecla” para actuar rápido contra ese virus, por lo que la respuesta será lenta y el patógeno tendrá tiempo suficiente para hacernos enfermar.

El coronavirus de Wuhan ha desencadenado una epidemia porque nuestro sistema inmune no reconoce el virus. Dicho de otra manera, es como si para esta enfermedad concreta, todos fuéramos niños. El sistema inmunitario está totalmente “desnudo”. No hay inmunidad frente a él.

Es esta falta de inmunidad colectiva lo que está detrás de una epidemia. Cuando nadie está inmunizado contra un virus, este patógeno hará enfermar a más gente. Y al haber más gente infectada, por simples matemáticas, más se propagará el virus.

¿Cómo se contagia?

El virus se contagia de persona a persona por contacto directo con las secreciones mucosas que una persona infectada genera al estornudar, toser o hablar, pues expulsa partículas respiratorias que contienen el virus y que pueden ser inhaladas por una persona sana. Sigue la misma ruta de contagio que el virus del resfriado común o que la gripe.

Por lo tanto, esta enfermedad no es más contagiosa que otras como la gripe, que sí siguen una transmisión aérea. El motivo por el que hay tantos casos es porque casi siempre que llega a una persona, como nadie está inmunizado, causa la enfermedad.

¿Cuál es su origen?

Esta es una de las mayores dudas. No sabemos a ciencia cierta qué ha podido pasar para que aparezca este nuevo virus. Lo que sí sabemos es que los virus tienen mucha tendencia a mutar, es decir, a sufrir cambios en su material genético que les hacen modificar su estructura y propiedades infectivas.

Estas mutaciones, con el tiempo, hacen cambiar tanto al virus que termina siendo algo “nuevo” que nuestro sistema inmune no es capaz de detectar. Pero el coronavirus de Wuhan tenía que proceder de otro virus y ha tenido que pasar un tiempo más o menos largo en algún lugar donde mutar hasta llegar a los humanos como un nuevo virus.

Se ha observado que el coronavirus de Wuhan comparte el 80% de su secuencia genética con el virus del SARS, otro coronavirus que causó una epidemia también en China en el año 2003. Por lo tanto, lo más probable es que proceda de una mutación de este virus.

De todos modos, la mayor incógnita es de dónde ha surgido. La mayoría de los coronavirus tienen a los murciélagos como reservorios, es decir, organismos en los que mantenerse vivos pero sin provocarles daños, a la espera de que llegue su huésped (los humanos).

Se cree que el coronavirus de Wuhan ha permanecido en los murciélagos u otros animales y, por causas que no están demasiado claras (se estima que puede haber sido en los mercados de animales), ha saltado a los humanos.

¿Qué síntomas tiene?

Como cualquier infección por coronavirus, el virus de Wuhan daña las células de las vías respiratorias bajas, provocando una neumonía. Es decir, el coronavirus de Wuhan infecta los sacos aéreos de uno o ambos pulmones. La enfermedad da lugar a una sintomatología agresiva que incluye:

  • Dificultad para respirar
  • Dolor de cabeza
  • Fiebre
  • Escalofríos
  • Malestar general
  • Debilidad y fatiga
  • Goteo nasal
  • Diarrea (a veces)

Y aquí viene lo importante: en el 98% de los afectados, los problemas terminan aquí. Si bien es cierto que la patología puede ser grave ya que el cuerpo nunca se ha enfrentado a un virus así, la mayoría de las personas superarán (y de hecho, muchos ya lo están haciendo) la enfermedad.

Es entendible que dé miedo ya que es un virus nuevo que se está expandiendo a gran velocidad, pero igual que pasa con la gripe, las complicaciones para la salud se limitan a la población de riesgo. Y esto es lo que veremos a continuación.

¿Es muy letal?

Pese a lo que algunos medios dicen, el coronavirus de Wuhan no es muy letal. O, al menos, no lo es más que otros virus similares a él. Evidentemente causa miedo ver por la televisión: “El virus de Wuhan ha matado ya a 100 personas”.

Pero ahí no nos están especificando ni qué personas son las que mueren, ni qué porcentaje representa de todos los afectados ni cuánto matan otras enfermedades víricas que no ganan titulares, como la gripe.

De los 3.554 casos confirmados que hay actualmente (a la fecha en la que se escribe este artículo), han muerto 125 personas. Esto es una mortalidad de, pese a que es demasiado pronto para establecer conclusiones, del 2%.

La epidemia de SARS de 2003 tuvo una mortalidad del 10%. Y no hace falta irse a un acontecimiento tan marcado para ver que no es tan mortal como a veces se quiere hacer creer.

La propia gripe provoca una epidemia cada año en todo el mundo y tiene, en los países desarrollados, una mortalidad del 1,88% (a veces incluso mayor). De gripe, aparecen cada año millones de casos y mata anualmente entre 300.000 y 650.000 personas. Comparemos las 100 defunciones del coronavirus con el medio millón de la gripe.

Y en la práctica totalidad de los casos en los que ha resultado mortal es en la población de riesgo: ancianos, inmunodeprimidos, personas hospitalizadas, asmáticos, enfermos de cáncer, diabéticos… La población sana corre el mismo riesgo de morir por el nuevo coronavirus que por la gripe: prácticamente nada.

¿Puede prevenirse el contagio?

El contagio puede suceder simplemente por estar cerca de una persona infectada. Además, como el virus tiene un período de incubación (cuya duración no está demasiado clara, aunque se habla de una semana) en el que no da síntomas pero la persona ya puede propagar el patógeno, es muy difícil evitar que se propague.

Esto, añadido al hecho de que actualmente no disponemos de vacuna, hace que la prevención sea difícil. Al menos, a nivel de individuo. Lo que están haciendo los gobiernos es la mejor estrategia: contener los núcleos con más incidencia, restringir el tráfico aéreo, comunicar adecuadamente sobre cómo está la situación...

Evidentemente, lavarse las manos, no tocar demasiados objetos por la calle o en el transporte público, no acercarse a gente que esté tosiendo o estornudando, evitar las multitudes, etc, son formas de reducir las probabilidades de que, en caso de que el virus llegue a tu país, seas infectado.

¿Tenemos tratamientos para curarlo?

No existe cura para el coronavirus de Wuhan. Pero es que no existe cura para ninguna enfermedad vírica. De hecho, seguimos sin tener la cura del resfriado común. Los virus son entidades tan sencillas y resistentes que ningún medicamento es capaz de matarlos. Hay que esperar que el cuerpo los elimine por sí solo o, en caso de que no pueda, ofrecer terapias para aliviar los síntomas o evitar que surjan.

En este caso, el tratamiento consiste en la hospitalización del paciente, donde se le mantiene en observación para ver su evolución, controlando los síntomas y administrando antivirales para controlar la replicación del virus dentro del cuerpo.

De todos modos, ya se está trabajando en el descubrimiento de una vacuna. El problema es que, en el mejor de los casos, estas no llegarán a producirse hasta dentro de unos 6 meses.

Entonces, ¿tengo que preocuparme?

Evidentemente, se trata de una situación alarmante. Y esto es así más que por su letalidad (que hemos visto que no es más alta que otros virus muy comunes), por su facilidad para transmitirse, que ha hecho que se desencadene una epidemia. Siempre que sucede algo así, parece que vaya a terminar en catástrofe. Pero las personas hemos superado siempre estas epidemias y la inmensa mayoría de la población no sufrirá problemas graves.

Los esfuerzos de las instituciones sanitarias se centran en que el menor número posible de personas pase por la enfermedad, pues sí que da lugar a una patología que, si bien normalmente no resulta fatal, es agresiva para el afectado.

Lo que se busca es que los sistemas de salud no se saturen, pues esto sí que sería una crisis de salud pública. Más allá de esto, no hay motivos para incitar al caos. Se trata de una epidemia que, igual que ha pasado otras veces, superaremos.

El coronavirus de Wuhan se está expandiendo rápidamente porque no tenemos inmunidad frente a él, por lo que es muy fácil que nos haga enfermar. Pero ya hemos visto que tiene una mortalidad baja, por lo que si llega a tu país, céntrate en prevenir su contagio (evitando salir a la calle o incluso marchando a un pueblo algo alejado) y ten en cuenta que si estás sano, no es más peligroso que una gripe.

Referencias bibliográficas

  • European Centre for Disease Prevention and Control. (2020) “Outbreak of acute respiratory syndrome associated with a novel coronavirus, China; First cases imported in the EU/EEA; second update”. ECDC.
  • Read, J.M., Bridgen, J.R.E., Cummings, D.A.T. et al (2020) “Novel coronavirus 2019-nCoV: early estimation of epidemiological parameters and epidemic predictions”. medRxiv.
  • Ministerio de Sanidad. (2020) “Preguntas y respuestas sobre el nuevo coronavirus 2019 (2019-nCoV)”. Gobierno de España.
Pol Bertran Prieto

Pol Bertran Prieto

Microbiólogo y divulgador

Pol Bertran (Barcelona, 1996) es Graduado en Microbiología por la Universidad Autónoma de Barcelona. Máster en Comunicación Especializada con mención en Comunicación Científica por la Universidad de Barcelona. Apasionado por la divulgación de la salud y la medicina y aficionado del deporte y el cine.