Las 5 diferencias entre enfermedad y trastorno (explicadas)

A nivel social, los conceptos de enfermedad y de trastorno son usados casi como sinónimos, pero la realidad es que, en el mundo de la clínica, son términos distintos. Analicemos las diferencias entre ellos.
Diferencias enfermedad trastorno

Hay miles de enfermedades distintas en el mundo. Y es que de acuerdo a estadísticas de la propia Organización Mundial de la Salud (OMS), el 95% de la población mundial tiene algún problema de salud. Es decir, prácticamente todas las personas de la Tierra padecen alguna enfermedad más o menos grave.

Respiratorias, cardiovasculares, reumáticas, musculares, endocrinas, dermatológicas, oncológicas, mentales… Nuestro cuerpo es una proeza de la evolución que, sin embargo, dista mucho de ser perfecta. Somos un organismo muy complejo formado por muchos órganos distintos y que, por tanto, por factores tanto internos como externos pueden desarrollar alteraciones fisiológicas.

Así pues, cuando una región de nuestro cuerpo sufre problemas fisiológicos y/o morfológicos, estos daños pueden traducirse con signos clínicos negativos que conforman la sintomatología de una enfermedad. Pero es precisamente en este contexto que surge una gran duda en la sociedad: ¿es lo mismo estar enfermo que sufrir un trastorno?

A nivel social, usamos los conceptos de “enfermedad” y “trastorno” como términos intercambiables ya que los consideramos erróneamente como sinónimos. Pero lo cierto es que en el mundo de la clínica, es importante diferenciar entre ellos. Así pues, en el artículo de hoy y de la mano de las más prestigiosas publicaciones científicas, veremos las principales diferencias entre enfermedades y trastornos.

¿Qué son las enfermedades? ¿Y los trastornos?

Antes de entrar en profundidad y analizar las principales diferencias entre ambos conceptos en forma de puntos clave, es interesante (pero también importante) ponernos en contexto y entender, de manera individual, en qué consiste exactamente una enfermedad y un trastorno. Veamos, pues, las definiciones clínicas de estos dos términos que incorrectamente consideramos sinónimos.

Enfermedad: ¿qué es?

Una enfermedad es un proceso patológico que se manifiesta con unos síntomas y signos clínicos específicos medibles por parte de un profesional de la salud. Así pues, son procesos que alteran la salud del paciente y cuya evolución puede observarse y medirse.

Podemos entender las enfermedades como entidades clínicas en las que se presentan uno o más síntomas específicos del cuadro clínico, cambios reconocibles en el organismo (a nivel morfológico y/o fisiológico) y alteraciones en el organismo, con una causa biológica (como una infección bacteriana), química (como una intoxicación por sustancia tóxica) o física (como un traumatismo por accidente de tráfico) reconocida.

Así pues, las enfermedades son procesos de afección en la que una persona ve reducido su estado de salud y que, a nivel clínico, permite una observación de síntomas propios del cuadro, el reconocimiento de una causa u origen concreto, la posibilidad de realizar un diagnóstico certero, la capacidad de realizar un pronóstico de su evolución y la aplicación de un tratamiento médico que, con unas pautas concretas, puede (si es curable o tratable) resolver la situación.

En resumen, una enfermedad es una respuesta fisiopatológica a un factor externo o interno que altera el estado “sano” de un individuo. Una condición de salud que tiene una causa muy clara detrás. Un desencadenante que ha provocado los síntomas específicos de la misma. Causa biológica definida, conjunto de síntomas específicos y alteración en las funciones anatómicas y/o fisiológicas de la persona. Estas son las tres condiciones que tiene que reunir una enfermedad para ser considerada como tal.

Enfermedad

Trastorno: ¿qué es?

Un trastorno es una ruptura de la estructura y/o función normal del organismo con o sin afección patológica. Un trastorno puede indicar que hay una enfermedad de fondo pero no se dispone de la suficiente evidencia clínica para realizar un diagnóstico de la misma. En este sentido, los trastornos son alteraciones del estado de salud óptimo a causa o no de una enfermedad.

Generalmente, en el ámbito médico, hablamos de trastorno para referirnos a aquella enfermedad cuyas causas no están claras y las alteraciones morfológicas y/o fisiológicas observadas no sabemos si son el origen o la consecuencia de la ruptura del estado de salud. Por ello, hablamos de trastorno generalmente para referirnos a los estados de anormalidad en la salud de una persona.

No se reúnen las tres condiciones clínicas para considerar la situación como una enfermedad. En cambio, hablamos de trastorno cuando se observan unos síntomas no específicos que, pese a que no permiten la descripción de una enfermedad específica, sí que están asociados a patologías o desórdenes de la salud.

Es un término que generalmente se usa en el mundo de la salud mental, con los trastornos mentales definiendo aquellos síntomas, acciones, pensamientos y conductas asociados a patologías que se desarrollan por alteraciones en la estructura o bioquímica del cerebro, pero sin una etiología (causa) conocida.

En resumen, un trastorno es una discapacidad o ruptura de la morfología y/o fisiología normal del organismo por causas que no están bien definidas pero que se expresa con síntomas no específicos que dan lugar (o no) a una patología. Es decir, los trastornos no siempre están asociados a una enfermedad ya que no siempre hay un perjuicio a la salud de la persona. Generalmente, el concepto se usa en el ámbito de la salud mental.

Trastorno

¿En qué se diferencia una enfermedad de un trastorno?

Tras definir de manera individual ambos términos, seguro que las diferencias (y semejanzas) entre ellos han quedado más que claras. De todas formas, por si necesitas o simplemente quieres tener la información con un carácter más visual, hemos preparado la siguiente selección de las principales diferencias entre enfermedad y trastorno en forma de puntos clave. Vamos allá.

1. Una enfermedad tiene unos síntomas específicos; un trastorno, no

La principal diferencia entre enfermedades y trastornos es que la enfermedad presenta unos síntomas y signos clínicos que le son específicos y que, estando en manos de un médico o profesional de la salud, pueden ser observados y, sobre todo, medidos. Esto es clave, pues permite describir específicamente la fisiopatología del proceso para identificar la enfermedad.

A partir de ahí, se realiza un diagnóstico concreto que, a su vez, permite, siguiendo unas pautas específicas, desarrollar un tratamiento que, según la enfermedad en sí, permitirá curar, tratar o paliar los síntomas de la condición. Pero lo importante es que, si bien puede haber diferencias, una misma enfermedad se manifestará en todas las personas con unos mismos síntomas.

En cambio, esto no es así con un trastorno. Los síntomas y signos clínicos presentan mayor variabilidad, pues no hace referencia a una condición clínicamente tan bien descrita como una enfermedad. Esto hace que no se puedan describir unos síntomas específicos y que, por tanto, el diagnóstico no pueda realizarse como con una enfermedad.

2. Las causas de una enfermedad están bien definidas; las de un trastorno, no

Otra de las diferencias más importantes. En el caso de la enfermedad, hablamos de un proceso patológico cuyas causas están reconocidas. Es decir, ante el desarrollo de los síntomas propios, podemos saber el origen concreto de la situación, viendo si es una causa externa o interna y si es de origen biológico, químico o físico. Es decir, la etiología se conoce.

En el caso de los trastornos, esto no es así. Ante un trastorno, la etiología no es clara. De hecho, ante los síntomas propios de un trastorno, no sabemos si estos signos clínicos son las consecuencias o, por el contrario, la causa. Así pues, el origen etiológico de los trastornos tiende a ser desconocido.

3. El concepto de “trastorno” está más ligado a la salud mental

Es cierto que los trastornos pueden ser físicos, genéticos y estructurales, afectando a la fisiología y/o anatomía del cuerpo. Aun así, generalmente hablamos de trastornos en el ámbito de la salud mental, haciendo referencia a alteraciones en la bioquímica y/o estructura del cerebro que se traducen en rupturas del estado emocional o conductual de la persona.

En el caso de las enfermedades, si bien también se aplican en el ámbito de la salud mental, están más ligadas a la salud física, pudiendo ser patogénicas, hereditarias, fisiológicas o por deficiencia. Todas aquellas condiciones clínicas con síntomas específicos y causas bien definidas son tratadas como enfermedades, que pueden ser cardiovasculares, respiratorias, dermatológicas, oncológicas, etc.

4. Un trastorno no tiene por qué deberse a una enfermedad

Un trastorno no siempre tiene que estar ligado a una enfermedad. Como hemos dicho, aunque nos movamos en terrenos muy subjetivos, un trastorno es cualquier ruptura de la estructura y/o función normal del cuerpo, la cual no tiene por qué disminuir el nivel de salud de la persona como sí ocurre en una enfermedad.

En otras palabras, un trastorno no tiene por qué ser una condición patológica. Así pues, hay trastornos como por ejemplo el síndrome de Asperger en el que, aunque haya una modificación en el patrón conductual “normal”, no se puede hablar de enfermedad ya que su salud no está perjudicada. Por eso no todos los trastornos están asociados a un proceso fisiopatológico.

5. Una enfermedad es un proceso fisiopatológico; un trastorno no tiene por qué serlo

Terminamos con una diferencia que ya hemos mencionado en el último punto pero que merece el suyo propio. Y es que mientras que una enfermedad siempre es un proceso fisiopatológico que afecta a la salud física y/o mental de la persona, un trastorno no tiene por qué serlo. Si bien hay trastornos que sí que perjudican a la salud, hay muchos otros (como el mencionado Asperger) que, pese a que alteran la conducta que se considera “normal”, no dañan a la salud de la persona.

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