Las 6 diferencias entre Incapacidad y Discapacidad (explicadas)

Incapacidad y discapacidad son dos conceptos habitualmente utilizados como sinónimos. Sin embargo, poseen significados distintos. Conocer las diferencias entre ambos es relevante debido a las implicaciones sociales, laborales y económicas que esto tiene.

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Es frecuente observar cómo en el lenguaje coloquial se utilizan los términos incapacidad y discapacidad de manera indistinta. Aunque puedan parecer sinónimos, su significado es diferente y es importante conocer sus diferencias.

La importancia de esta distinción es notoria, ya que tiene implicaciones en el ámbito de la salud y seguridad laboral. Por un lado, la incapacidad (también conocida como invalidez) refiere a aquel trabajador impedido para desarrollar su actividad laboral habitual, a pesar de recibir asistencia sanitaria. Generalmente, las personas incapacitadas lo están por motivo de alguna enfermedad o accidente.

Por el contrario, las personas con discapacidad son aquellas que poseen una deficiencia permanente que puede ser o no congénita, la cual merma notablemente sus capacidades físicas, psíquicas o sensoriales. Todo ello hace que se reduzcan las posibilidades de integración educativa, laboral o social.

A pesar de sus respectivas diferencias, ambos escenarios requieren la implementación de medidas que permitan a las personas con incapacidad y discapacidad tener la mejor calidad de vida posible. No es fácil vivir el día a día con limitaciones físicas o psíquicas que el resto no tiene, por lo que es esencial brindar apoyo y recursos a quienes atraviesan una situación como esta.

Es por este motivo que el estado ofrece ayudas a las personas con discapacidad para que puedan estudiar con el apoyo de becas, lograr un empleo gracias a plazas reservadas u obtener un vivienda adaptada a las necesidades de la persona de forma menos costosa. Por su parte, las personas con incapacidad tienen derecho a ciertas ayudas económicas compensatorias, pues es habitual que deban abandonar su puesto de trabajo debido a su condición. Debido a la importancia de diferenciar ambos conceptos, en este artículo vamos a comentar las diferencias entre discapacidad e incapacidad.

¿Qué es la discapacidad?

En primer lugar, es importante definir qué es la discapacidad. Se entiende por persona con discapacidad aquella que posee una deficiencia (de carácter congénito o no) que merma sus capacidades físicas, psíquicas o sensoriales. Por tanto, las personas discapacitadas encontrarán dificultades a la hora de lograr su integración educativa, laboral o social.

Las discapacidades deben ser reconocidas y tipificadas dependiendo de cual sea su causa. Podemos hablar de discapacidad física, psíquica, sensorial, etc. Además, también se puede observar una gran diversidad en cuanto al grado de severidad. Por ello, se puede determinar el grado de afectación de cada persona mediante porcentajes.

Este cálculo se realiza mediante unos criterios baremados que permiten brindar a cada individuo con discapacidad una cuantificación precisa de su condición. Para concretar el grado de discapacidad de cada persona se valora no sólo los déficits de la persona, sino también su entorno familiar y su situación laboral, educativa y cultural.

Cualquier persona puede solicitar el reconocimiento de su discapacidad siempre que cumpla con una serie de criterios mínimos, con independencia de si está o no trabajando. Cuando esta es finalmente reconocida, la persona obtiene un certificado oficial que así lo indica. En el caso de España, el organismo que suele gestionar todo lo referente al reconocimiento de la discapacidad es el IMSERSO.

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¿Qué es la incapacidad?

Hablamos de incapacidad cuando un trabajador se encuentra impedido para realizar su actividad laboral con normalidad, a pesar de haber recibido asistencia sanitaria. Habitualmente, las personas que sufren algún tipo de incapacidad lo hacen por motivo de un accidente o enfermedad. No todas las personas que sufren incapacidad lo hacen de la misma forma. Así, se pueden diferenciar distintos tipos de incapacidad:

  • Incapacidad temporal: es aquella en la que el trabajador no puede desempeñar su empleo debido a una enfermedad o accidente.
  • Incapacidad permanente parcial: en este caso la persona ve reducido el desempeño en su trabajo en un mínimo del 33% de forma permanente en el tiempo.
  • Incapacidad permanente total: el trabajador no puede volver a ejercer su actividad laboral, aunque puede realizar otro tipo de empleos.
  • Incapacidad permanente absoluta: el trabajador no puede volver a trabajar en ningún tipo de profesión.

En este caso, el organismo que regula la gestión de la incapacidad es el Instituto Nacional de la Seguridad Social. Desde esta entidad reconocen las situaciones de incapacidad y la prestación económica que corresponde en cada caso.

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Discapacidad e incapacidad: ¿en qué se diferencian?

Ahora que ya hemos definido qué son la incapacidad y la discapacidad respectivamente, vamos a analizar las diferencias clave entre ambos conceptos.

1. Ámbito de afectación

Cuando hablamos de que una persona sufre algún tipo de incapacidad, esto quiere decir que no puede desempeñar sus funciones laborales, ya sea de forma total o parcial. Es decir, es un concepto que siempre está vinculado con el empleo.

Sin embargo, la discapacidad no es un concepto exclusivamente ligado al trabajo. Tener una discapacidad es un hecho mucho más amplio, pues refiere a que un individuo encuentra problemas para desempeñar actividades que, de acuerdo a su edad, sexo y contexto cultural, debería poder realizar sin dificultad.

2. Organismos que las gestionan

Como ya hemos mencionado, la discapacidad y la incapacidad son gestionadas por organismos distintos. En el caso de la discapacidad, normalmente es el IMSERSO el que realiza la valoración y reconocimiento de esta condición. Sin embargo, la incapacidad es declarada por el Instituto Nacional de la Seguridad Social (INSS), que valora la cuantía que la persona debe recibir como prestación.

3. Beneficios fiscales

Otra gran diferencia entre ambas tiene que ver con los beneficios fiscales que se obtienen. En el caso de la discapacidad, cuando ésta es superior al 33%, se perciben beneficios en el IVA, IRPF, impuesto de circulación y de matriculación. Por ello, las personas con discapacidad pueden disfrutar de bonos taxi, plazas de aparcamiento reservadas, beneficios para adquirir su material ortopédico y también para conseguir una vivienda.

Por el contrario, la incapacidad no acarrea beneficios fiscales. La persona percibe una pensión por incapacidad, una cantidad mensual que se calcula de acuerdo con la base reguladora existente mientras la persona trabajaba. La única excepción en la que sí se reciben beneficios fiscales es la incapacidad permanente absoluta.

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4. Prestación económica

Por un lado, la incapacidad da derecho a la persona a recibir una pensión o prestación económica, sea esta temporal o permanente. Las personas incapacitadas no pueden desempeñar su trabajo, por lo que deben recibir una cuantía mensual de la Seguridad Social. Esta cantidad no dependerá de los recursos económicos de los que disponga la persona afectada.

Por otro lado, la discapacidad puede ir acompañada de subsidios, pero esto no siempre sucede. Para ello, es necesario que se cumplan una serie de requisitos. Por ejemplo, debe existir más del 65% de discapacidad. En este caso, cabe señalar que el dinero no será procedente de la Seguridad Social, como sí ocurre en el caso de la pensión por incapacidad.

5. Discapacidad no es sinónimo de no trabajar

Como bien decíamos antes, la incapacidad implica que la persona no puede continuar desempeñando su actividad laboral, ya sea de manera temporal o permanente. Sin embargo, esto no ocurre siempre en la discapacidad. Las personas con discapacidad pueden llegar a desenvolverse en sus empleos de forma satisfactoria, por lo que su condición no implica siempre estar inactivos laboralmente.

6. La incapacidad no impide realizar todas las actividades diarias

Cuando una persona experimenta incapacidad, esta deja de estar capacitada para ejercer su trabajo con normalidad. Aunque esto puede hacernos creer que dejará de ser capaz de hacer otras muchas cosas, no necesariamente es así. La incapacidad es un concepto relativo, pues alguien puede no ser capaz de desempeñar una tarea concreta y, sin embargo, ser perfectamente válido para realizar otras. Por ello, muchos individuos incapacitados pueden desenvolverse sin ninguna dificultad en su vida cotidiana.

En la discapacidad sucede lo contrario. Aunque muchas personas con discapacidad pueden llegar a trabajar sin problema, es cierto que muchas veces las personas con esta condición pueden necesitar ayuda de los demás para realizar tareas esenciales como asearse, comer o moverse.

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Conclusiones

En este artículo hemos hablado acerca de dos conceptos habitualmente utilizados como sinónimos y que, sin embargo, son distintos. Hablamos de la incapacidad y la discapacidad. Establecer la diferencia entre ambos de forma clara es muy importante, ya que cada condición posee grandes implicaciones a nivel económico, laboral, social, etc.

La incapacidad se produce cuando una persona deja de ser apta para desempeñar su actividad laboral habitual con normalidad, ya sea de forma temporal o permanente. Hay quienes tienen la posibilidad de buscar un empleo distinto donde sí puedan desenvolverse bien, mientras que otros poseen una incapacidad severa que limita la realización de cualquier tipo de trabajo. Estas personas deben abandonar por ello el mercado laboral, por lo que tienen derecho a recibir una prestación económica mensual con independencia de sus recursos.

En cambio, el concepto de discapacidad es mucho más amplio que el anterior. Las personas que tienen discapacidad poseen deficiencias (congénitas o no) que perjudican sus capacidades físicas, psíquicas y/o sensoriales. Por ello, hablamos de personas que pueden encontrar dificultad para integrarse a nivel social, laboral o educativo.

Las diferencias esenciales entre ambas tienen que ver con los organismos que regulan su reconocimiento, las áreas de la vida sobre las que repercuten, los beneficios fiscales asociados, la existencia de prestaciones económicas y la capacidad para desenvolverse en la vida cotidiana.

En cualquier caso, vivir con alguna de ambas condiciones puede llegar a ser muy duro, por lo que resulta esencial que estas personas reciban el apoyo y los recursos que necesitan.

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