¿Cómo es estar en coma?

El coma es un estado prolongado de pérdida del conocimiento en el que la persona sufre una profunda pérdida de consciencia. Pero, ¿realmente no percibe nada? ¿Qué se siente estando en coma?
Cómo es estar en coma

Estar en coma es, seguramente, uno de los mayores miedos que tenemos los seres humanos. Y es que este oscuro estado de pérdida prolongada de consciencia quizás sea lo más cerca que se puede estar, en vida, de la propia muerte.

Al entrar en estado de coma, una persona está viva pero es incapaz tanto de moverse como de responder a los estímulos del entorno. Es un cuerpo que sigue manteniendo sus funciones vitales pero que ha apagado todas las vías de captación de información y de respuesta.

Pero, una persona en coma, ¿realmente no percibe nada? ¿Qué se siente al estar en coma? ¿Se pueden sentir cosas? ¿Se puede soñar? ¿Hasta dónde llega la pérdida de conocimiento y de consciencia? Todos nos hemos hecho estas preguntas alguna vez.

Y en el artículo de hoy y de la mano de las más recientes y prestigiosas publicaciones científicas, nos adentraremos en los oscuros pero a la vez fascinantes secretos del coma, entendiendo qué es desde un punto de vista clínico y respondiendo a la cuestión de cómo es entrar en este estado. Empecemos.

¿Qué es el coma?

A nivel clínico, el coma es un profundo estado de inconsciencia. En otras palabras, un estado de pérdida del conocimiento prolongada en el que la persona está viva ya que el cerebro es capaz de mantener sus funciones vitales pero incapaz tanto de responder a los estímulos del exterior como de moverse.

Aunque el coma raramente se prolonga más de 2-4 semanas, lo cierto es que algunas personas pueden permanecer en este estado de inconsciencia durante años e incluso décadas. Aun así, cuando se prolonga más de 3 meses, tiene muy mal pronóstico, tanto por la probabilidad de entrar en estado vegetativo persistente como por el riesgo de sufrir infecciones como la neumonía, que es potencialmente mortal.

En el coma, este profundo estado de pérdida del conocimiento hace que la persona sea incapaz de despertarse, que falle a la hora de responder a estímulos básicos como los sonidos, el dolor, el tacto, la temperatura, la luz o los olores, que no pueda llevar a cabo acciones voluntarias y que, evidentemente, vea su ciclo de sueño-vigilia profundamente alterado.

Hay bastante consenso acerca de que el desencadenante del coma es que el cerebro reciba un aporte limitado de glucosa y oxígeno durante un tiempo, cosa que desemboca primero en un desmayo y, en caso de que los problemas de suministro persistan, un daño neuronal que puede derivar en dificultades para que distintas regiones del cerebro se comuniquen entre ellas. Cuando estas vías de comunicación se interrumpen, el cerebro quizás sea capaz de mantener las funciones vitales, pero no de permitir que la persona disponga de consciencia y capacidad tanto de percibir como de responder a estímulos.

De hecho, un estudio de 2015 de la Universidad de Birmingham señala que los daños neurológicos en la comunicación entre la corteza motora primaria (la región del cerebro esencial en la ejecución de movimientos voluntarios) y el tálamo (la región que regula la actividad de los sentidos) podrían ser una de las claves de la entrada en el estado de coma.

Sea como sea, lo que está claro es que en última instancia, es un fallo neurológico cerebral lo que propicia la entrada en este estado prolongado de pérdida de consciencia. Y las causas que llevan a este fallo cerebral son muy variadas: traumatismos cerebrales (los accidentes de tráfico están detrás del 60% de casos de coma), los accidentes cerebrovasculares (porque se bloquea el suministro de sangre), la diabetes, la falta de oxígeno (personas que estuvieron a punto de morir ahogadas), las infecciones (la encefalitis puede ser una causa), las convulsiones, la exposición a determinadas toxinas (como el monóxido de carbono), las sobredosis con drogas (incluido el alcohol), los tumores en el cerebro e incluso la hipoglucemia o la hiperglucemia (niveles de glucosa en sangre demasiado bajos o demasiado altos, respectivamente).

La variedad de causas desencadenantes del estado de coma hacen que, pese a que siga siendo una situación clínica relativamente extraña, su incidencia anual se sitúe en 8,5 pacientes por cada 100.000 habitantes, con una edad media de presentación de unos 41 años.

Coma

La fisiopatología del coma: la Escala de Glasgow

La Medicina puede darnos respuesta acerca de los procesos subyacentes al coma, pero al fin y al cabo, lo único que nos puede ayudar a comprender, de primera mano, qué se siente al estar en coma, son las personas que han pasado por uno. Veamos, primero, qué nos dice la clínica.

Como hemos visto, en términos neurológicos, el coma se refiere a un estado de fallo cerebral agudo que no se debe a un daño en una región concreta del cerebro, sino que la inconsciencia prolongada surge cuando se ve alterada la función neuronal de amplias zonas del diencéfalo, del tronco encefálico o los hemisferios. No hay un daño específico, sino problemas en la comunicación entre regiones.

Esto ya nos indica que estudiar la naturaleza del coma es complicado, pues todo lo que tiene que ver con analizar rutas de comunicación entre el cerebro es muy difícil con la tecnología actual. La resonancia magnética, la tomografía computarizada o la electroencefalografía tienen una utilidad muy limitada. Por ello, para valorar la profundidad del coma, los médicos utilizan lo que se conoce como Escala de Coma de Glasgow (GCS).

Con esta escala, más que saber qué siente la persona en coma, los profesionales de la Medicina son capaces de comprender qué tan profundo es el estado de pérdida de consciencia. En esta escala de Glasgow, se valoran distintos parámetros: apertura ocular, respuesta motora y respuesta verbal.

En lo que a apertura ocular se refiere, se da una puntuación de 4, 3, 2 o 1 en función de si abre los ojos espontáneamente, después de una orden verbal, tras sentir dolor o si simplemente es incapaz de abrirlos, respectivamente.

En lo que a respuesta motora se refiere, se da una puntuación de 6, 5, 4, 3, 2 o 1 en función de si es capaz de moverse al obedecer órdenes verbales, ante la experimentación de dolor, si retira determinados músculos, si flexiona músculos de forma anormal, si es capaz de hacer una prono extensión o si simplemente es incapaz de moverse, respectivamente.

Y, por último, en lo que a respuesta verbal se refiere, se da una puntuación de 5, 4, 3, 2 o 1 en función de si da respuestas orientadas, da respuestas desorientadas, verbaliza palabras inapropiadas, realiza sonidos incomprensibles o si simplemente no emite sonidos, respectivamente.

En este sentido, un paciente en coma tendrá un valor de entre 3 y 15 en la Escala de Glasgow. Cuanto más baja sea la puntuación, más profundo será el coma. Y cuanto más alta sea la puntuación, menos pérdida de consciencia presentará.

Un paciente con una puntuación de 13-15, tiene un 87% de probabilidades de despertar y sobrevivir al coma, pues el fallo cerebral es leve. Con una puntuación de 9-12, la probabilidad continúa siendo alta: del 84%. Por debajo de 9, el daño cerebral se considera ya severo, por lo que si la puntuación es de 6-8, la probabilidad se reduce hasta el 51%. Y si la puntuación es de 3-5, la probabilidad de sobrevivir es de solo el 4%, pues el daño cerebral es muy profundo.

Paralelamente, la clínica nos dice que si el metabolismo general de la sustancia gris del cerebro (la formada por neuronas sin vaina de mielina) es del 100% cuando estamos despiertos y del 60% cuando estamos durmiendo, en el coma, aunque depende del valor de la escala de Glasgow, es de aproximadamente el 50%. Esto es superior a la tasa metabólica que presenta una persona bajo anestesia general, que es del 40%.

Con todo esto, lo que queremos decir es que a pesar de que haya un evidente estado de pérdida de consciencia, la persona no está muerta. Es decir, a no ser que el valor de Glasgow sea muy bajo, la persona es capaz de responder a determinados estímulos, pues el cerebro no se ha apagado. Sigue funcionando. Y aunque no pueda despertar, tiene que haber algo dentro del coma. La persona tiene que sentir. Pero, ¿el qué?

Escala Glasgow

Entonces, ¿qué se siente al estar en coma?

Como hemos ido insinuando a lo largo del artículo, no es sencillo responder a esta pregunta. La única forma de acercarnos a comprender cómo es estar en coma es preguntando a personas que han estado en coma. Y al ser un estado de inconsciencia más o menos profundo, no es sencillo recordar, después de despertar, qué se ha experimentado.

Cada caso de coma es único y cada persona “recuerda” sensaciones diferentes. No olvidemos que hay muchos valores dentro de la escala de Glasgow y que cada uno de ellos responde a un grado de pérdida de consciencia determinado. Por ello, cada persona siente unas cosas únicas.

Después de repasar el testimonio de muchos supervivientes del estado de coma, nos hemos dado cuenta de que siempre hay un ligero estado de consciencia dentro del profundo sueño. (Nota: los que sufren comas más severos, como hemos visto, suelen morir, así que no tenemos testimonios con los que analizar si ellos también sienten determinadas cosas).

La mayoría de pacientes que han despertado del coma coinciden en que es un estado que es recordado como borroso y difuso, pudiendo experimentar determinadas sensaciones pero sin situarlas ni en el espacio ni en el tiempo y sin poder vincular unos sentidos con otros. Captan estímulos pero no pueden formar pensamientos claros, por lo que al final todo se limita a emociones simples.

Otros dicen que fueron capaces de reconocer las voces de sus seres queridos, pero incapaces de comprender lo que decían. Paralelamente, dicen haber tenido sueños que no saben si se correspondían con lo que sucedía a su alrededor, pero que lo sentían como tal. Es decir, más que sentir lo que les rodea, lo sueñan. Por ello, el coma puede entenderse como un sueño en el que se sienten emociones aisladas que conforman un estado de consciencia borroso e inconexo.

Otras personas, en cambio, dicen no recordar nada de lo que sucedió durante el coma y lo describen como “estar durmiendo pero sin soñar”. Y en la otra cara de la moneda tenemos a personas que dicen haber sufrido muchas pesadillas, sentir dolor e incluso notar que eran violadas, seguramente como consecuencia de operaciones o intervenciones quirúrgicas.

Estamos muy lejos de descifrar todos los misterios y secretos del fascinante y, en ocasiones oscuro, órgano que es el cerebro humano. Y, evidentemente, estamos todavía más lejos de poder estudiar desde una perspectiva clínica cuáles son las emociones, sentimientos, ideas y pensamientos que una persona en estado de coma puede experimentar.

Como hemos visto, cada caso es un mundo ya que la pérdida de consciencia sucede de formas muy específicas en el cerebro, alterando de forma más o menos intensa regiones concretas de dicho órgano. Por ello, cada persona experimentará un estado de inconsciencia determinado. Aun así, una cosa está clara: los testimonios de las personas en coma no solo son sobrecogedores, sino que nos muestran que, de una forma u otra, siempre hay algo de consciencia escondido dentro del profundo sueño.

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