Ébola: causas, síntomas y tratamiento

El ébola es una enfermedad vírica responsable de varias crisis de salud pública que, si bien es extremadamente letal, tiene un riesgo de contagio muy bajo.
Ébola

Desde la aparición del primer brote en 1976 en Sudán, el virus del ébola ha causado el miedo y la incertidumbre en todo el mundo debido a su letalidad y a la capacidad de propagarse entre humanos.

Esto ha hecho que se desataran distintas epidemias. Una de las más famosas fue la de 2014, en la que por primera vez, el virus salió de África. Sin embargo, el número de casos de infectados fuera del continente africano fue anecdótico, con simplemente 7 casos en todo el mundo y “solo” una muerte.

De todos modos, fue suficiente para sembrar el caos a nivel mundial. Y es que se dijeron muchas cosas acerca del contagio del virus y de su letalidad. Algunas de ellas son ciertas y otras están tremendamente alejadas de la realidad.

Por ello, en el artículo de hoy responderemos a algunas de las preguntas más comunes acerca del virus del ébola, un patógeno que, si bien es extremadamente letal, el riesgo de contagio fuera de los países de riesgo es prácticamente nulo.

¿Qué es el ébola?

El ébola es un virus responsable de una enfermedad letal conocida como fiebre hemorrágica, una patología causada también por otros virus similares, como el de Marburgo. El virus del ébola es originario de África y, aunque ha generado el miedo en todo el mundo, solo ha causado brotes esporádicos en algunos países de este continente.

De hecho, la mayoría de brotes han surgido en países como Sudán, Congo, Gabón, Uganda… Y en cada uno de ellos se diagnosticaban unas pocas decenas de casos, entre 30 y, en los peores casos, 300. El peor brote fue el de 2014, pues en Guinea aparecieron casi 4.000 casos, en Liberia, más de 10.000 y en Sierra Leona, la región más afectada, 14.000.

De todos modos, es responsable de una enfermedad muy grave con una letalidad de cerca del 87%, una de las más mortales de la actualidad. El contagio puede producirse tanto desde un animal a una persona como entre personas.

No existe cura ni vacuna para el virus del ébola, aunque los tratamientos y terapias de apoyo mejoran notablemente la supervivencia. Pese a ello, sigue manteniendo una letalidad muy elevada. Aunque, repetimos, el riesgo de contraerla es extremadamente bajo.

¿Cómo se contagia?

A pesar de lo que se ha dicho, el virus del ébola no se transmite por el aire. Para transmitirse de persona a persona, hay que entrar en contacto directo con los fluidos corporales de una persona infectada o con agujas contaminadas con el virus.

Sí, se podría estar en una habitación con un enfermo de ébola y no contagiarse. Por eso decimos que el riesgo de infectarse es muy bajo. Y cuando se ven a los médicos y enfermeros con los trajes de protección es para minimizar el riesgo, el cual, de por sí, es muy bajo.

La gripe o el resfriado común son mucho más contagiosos que el ébola, pues estos sí que tienen la capacidad de transmitirse por el aire. El ébola no.

La transmisión puede darse tanto de animales a humanos como entre personas. En el caso de los animales, el virus puede encontrarse en el interior de monos, chimpancés y otros primates, además de murciélagos frugívoros, donde no dañan al animal pero sí que pueden utilizarlos como vehículo de propagación.

Cuando una persona come carne poco cocinada de estos animales corre el riesgo de infectarse con el virus, además de entrar en contacto con la sangre, las heces o la orina de animales infectados. Estas son las vías de contagio a través de los animales, aunque el principal problema es que el virus tiene la capacidad de transmitirse entre personas.

El contagio entre personas se da por contacto con fluidos corporales (sangre, sudor, heces, orina, semen, vómitos, leche materna…) de personas infectadas. Las máscaras y los guantes reducen enormemente el riesgo de infección, el cual ya de por sí es bajo. Además, uno de los puntos “a favor” es que la persona solo es contagiosa en el momento en el que da síntomas. Por lo tanto, es todavía más fácil evitar el contagio.

En el caso de la gripe, por ejemplo, la persona está propagando el virus cuando todavía no sabe que está enferma, haciendo que el riesgo de propagación sea mayor. En el ébola, mientras se aisle a la persona cuando tiene síntomas, es suficiente para evitar su expansión.

Por lo tanto, el virus del ébola ni se propaga por el aire ni, como se ha dicho, por la picadura de insectos o por la mordedura de perros u otros animales más allá de algunos primates o murciélagos.

¿Hay riesgo real de contagio?

Si no viajas a países donde suelen haber brotes de ébola, no trabajas haciendo investigaciones con animales que tienen el virus, no preparas cadáveres que han muerto de ébola en países africanos para su entierro, no comes carne de primate cruda, no entras en contacto con heces y orina de monos o murciélagos, no has trabajado como médico o enfermero tratando a un paciente con ébola…

El riesgo de contagio es prácticamente nulo. No hay de qué preocuparse. Pero es que incluso si has hecho alguna de estas cosas extremadamente raras, la probabilidad de contagio sigue sin ser alta.

¿Qué síntomas tiene?

Pese a que el riesgo de contagio sea muy bajo, hay que recordar que el ébola provoca una enfermedad muy grave con una letalidad cercana al 90%. Es decir, 9 de cada 10 personas infectadas mueren si no reciben el apoyo médico necesario.

Los síntomas suelen aparecer entre 2 y 20 días después del contagio e incluyen: fiebre muy alta (de más de 39 °C), dolor de cabeza muy intenso, dolor muscular y articular fuerte, escalofríos, debilidad y fatiga extremos, diarrea, vómitos, erupciones cutáneas…

Si una persona que cree que ha estado expuesta al virus del ébola no tiene síntomas después de 21 días del presunto contagio, ya no desarrollará la enfermedad.

Pero con el tiempo, los síntomas se van complicando y haciéndose más graves: diarrea con sangre, sangrado por la boca, oídos, ojos y recto, adelgazamiento grave, aparición de hematomas… Hasta que, ya en etapas avanzadas, es frecuente que los sangrados sean fatales, que haya delirios y convulsiones, el sistema inmune se debilite enormemente e incluso que se entre en coma o haya un fallo multiorgánico. Todo esto hace que el desenlace suela ser fatal.

Y en el caso de que la persona sobreviva, la recuperación es muy lenta. El virus continúa en el cuerpo durante semanas y la recuperación completa puede tardar varios meses en llegar.

¿Cómo se diagnostica?

Lo primero es que hay que dejar claro es que en toda la historia, solo se han diagnosticado 7 casos de ébola fuera del continente africano. 4 en Estados Unidos, 1 en Italia, 1 en España y 1 en Reino Unido. Las probabilidades de que seas diagnosticado con ébola son, desde el punto de vista matemático, nulas.

En caso de que una persona realmente sufra esta enfermedad, el diagnóstico es difícil ya que lo último que espera un médico es que la persona tenga ébola. Además, en las primeras etapas, es muy fácil confundirla con enfermedades más leves.

De todos modos, hay una serie de parámetros indicadores que pueden encender las dudas del médico y, en caso de que descubra que la persona ha corrido el riesgo de entrar en contacto con el virus, básicamente tras un viaje a África, realizará las pruebas de detección.

Esto consiste en unos análisis de sangre que detectan la presencia del virus rápidamente. En la práctica totalidad de casos, la hipótesis de ébola es rechazada. Pero cuando da positivo, hay que actuar inmediatamente para evitar la muerte de la persona.

¿Puede tratarse?

No hay cura y, pese a que se están consiguiendo resultados prometedores, seguimos sin disponer de una vacuna. Por lo tanto, no hay forma de eliminar efectivamente el virus de nuestro cuerpo. Eso sí, los cuidados intensivos, pese a que los medicamentos antivirales no sean útiles, han demostrado ser el mejor tratamiento y mejorar el pronóstico de la persona.

El problema es que en los países donde más casos se diagnostican de ébola, no disponen de las instalaciones ni de los equipos necesarios para ofrecer el apoyo médico que se requiere. El tratamiento del ébola va enfocado a controlar los síntomas y a reducir el riesgo de complicaciones, dándole tiempo a nuestro propio organismo de que combata el virus antes de que esta tenga tiempo de causarnos la muerte.

Tratar las infecciones secundarias que vayan apareciendo, reemplazar la sangre perdida a causa de los sangrados, dar fluidos para compensar la pérdida de agua, mantener la presión arterial estable, dar un aporte externo de oxígeno… Estas son las mejores formas de reducir la mortalidad del ébola y aumentar la supervivencia de una enfermedad que, repetimos, no tiene que despertar el miedo en los países desarrollados.

Referencias bibliográficas

  • Organización Mundial de la Salud. (2014) “Enfermedad por el virus del Ébola, preparación y respuesta para la introducción en las Américas”. OMS.
  • Carrillo Esper, R., Ponce Medrano, J.A.D., Peña Pérez, C.A. et al. (2015) “Ébola. Una enfermedad emergente”. Med Int Méx.
  • Manuel Menéndez, J., Simón, F., Barberán, J. (2014) “Enfermedad por virus Ébola, una visión global”. Rev Esp Quimioter.
Pol Bertran Prieto

Pol Bertran Prieto

Microbiólogo y divulgador

Pol Bertran (Barcelona, 1996) es Graduado en Microbiología por la Universidad Autónoma de Barcelona. Máster en Comunicación Especializada con mención en Comunicación Científica por la Universidad de Barcelona. Apasionado por la divulgación de la salud y la medicina y aficionado del deporte y el cine.