Los 6 parásitos más comunes (y las enfermedades que provocan)

Existen muchas especies de parásitos humanos que nos causan enfermedades, pues son organismos que necesitan infectarnos para reproducirse.
Parásitos

1 de cada 2 personas en el mundo está infectada por algún parásito. Estos organismos utilizan el cuerpo humano como lugar de crecimiento y de reproducción, causándonos daños que suelen traducirse en enfermedades más o menos graves.

Existen cientos de especies de parásitos capaces de infectar al ser humano, las cuales pueden tener formas y mecanismos de acción muy variados.

En los países desarrollados su incidencia es baja, pues los sistemas de higiene, control alimentario y saneamiento del agua son efectivos y han conseguido reducir casi al mínimo los problemas de propagación de parásitos.

Sin embargo, el verdadero problema está en los países subdesarrollados, donde estos parásitos no se encuentran con ningún obstáculo para expandirse entre las distintas poblaciones.

De todas estas especies de parásitos que pueden afectarnos, hay algunas que son especialmente comunes. Por ejemplo, el 20% de la humanidad está infectada por un helminto que estudiaremos a continuación y que se conoce como “Ascaris lumbricoides”. Esto significa que más de 1.400 millones de personas albergan a esta lombriz en sus intestinos.

En este artículo **haremos un repaso de los parásitos más comunes en el mundo **y analizaremos cuáles son las enfermedades que provocan cuando consiguen infectarnos.

¿Qué es un parásito?

Un parásito es todo aquel organismo que no puede vivir por sí solo, es decir, que para completar su ciclo vital necesita infectar a otro ser vivo. Una vez lo ha hecho, ya sea situándose en la superficie de este o en su interior, obtiene los nutrientes que necesita para crecer y reproducirse.

El problema es que en esta relación, el hospedador (organismo que es infectado) no recibe ningún beneficio y, de hecho, la presencia del parásito en su cuerpo suele provocarle daños más o menos graves que se traducen en enfermedades.

Son formas de vida muy variadas. Podemos encontrar desde microorganismos hasta insectos, aunque los más comunes suelen ser organismos similares a los gusanos o a las lombrices pero de menor tamaño que colonizan los intestinos de los mamíferos.

¿Cómo parasitan el cuerpo humano?

El 100% de las especies tanto de animales como de plantas pueden ser parasitadas, al menos, por un tipo de parásito. No hay excepción. Por lo tanto, los seres humanos somos susceptibles de ser infectados por diferentes parásitos.

Hay cientos de especies de parásitos distintas capaces de burlar las defensas del cuerpo humano e infectarnos. Pero antes, estos parásitos deben encontrar una vía de entrada.

Generalmente los parásitos se transmiten de forma pasiva, es decir, a través de los alimentos (productos contaminados con huevos de parásitos) o por vectores (como la picadura de un mosquito). Otros, en cambio, son capaces de buscar activamente a los humanos y penetrar a través de una herida o cualquier otra vía de entrada.

Una vez dentro del cuerpo, se desplazan al órgano o tejido predilecto, donde se asientan y continúan su ciclo de vida a costa de nuestros nutrientes. La mayoría de los parásitos se transmiten por vía oral, por lo que suelen habitar los intestinos.

Es muy extraño que una parasitación cause la muerte del hospedador, pues el parásito se estaría saboteando a él mismo ya que se quedaría sin su “hogar”. De todos modos, sí que pueden provocar enfermedades graves.

¿Cuáles son los parásitos más frecuentes?

Habiendo entendido ya qué es un parásito y cómo actúa, a continuación presentamos los 6 parásitos más comunes en el mundo, explicando tanto su naturaleza como las enfermedades que nos provocan, así como los tratamientos disponibles para combatirlas.

1. “Ascaris lumbricoides”: ascariasis

“Ascaris lumbricoides” es un nematodo (similares a gusanos cilíndricos de pequeño tamaño) muy común en todo el mundo. Como hemos dicho, el 20% de la población mundial está infectada por él.

El parásito llega a los humanos por el consumo de alimentos o de agua contaminados con sus huevos, aunque también puede suceder al llevarse las manos sucias a la boca, pues estos huevos suelen estar en el suelo. Una vez ingeridos, los huevos pasan a ser larvas, las cuales migran por el cuerpo hasta asentarse finalmente en los intestinos, donde se convierten en adultos.

La ascariasis es la enfermedad que deriva de la presencia de estos parásitos en los intestinos. Normalmente en los adultos no produce síntomas, aunque en los niños puede observarse la siguiente sintomatología: pérdida de peso, retraso del crecimiento, cólicos abdominales, diarrea, nerviosismo, etc.

El tratamiento consiste en la administración oral de medicamentos como el albendazol y el mebendazol, los cuales matan al parásito. En caso de que la infección sea grave y los parásitos hayan obstruido los intestinos, es posible que sea necesaria una extirpación quirúrgica de las lombrices.

2. “Giardia lamblia”: giardiasis

“Giardia lamblia” es un protozoo (organismo unicelular) que parasita el intestino de los humanos y de otros mamíferos.

Este parásito se transmite entre humanos por la vía fecal oral, es decir, los huevos expulsados en las heces de una persona pueden ser ingeridos por otra a través de alimentos o agua contaminados. Una vez dentro, el protozoo se adhiere a las vellosidades intestinales.

En este momento, el parásito nos provoca la enfermedad conocida como giardiasis. A veces esta cursa sin síntomas, pero cuando aparecen, estos vienen dados especialmente por las afectaciones mecánicas que provoca la unión al tracto digestivo y son: diarrea con moco (pero sin sangre), dolor abdominal y pérdida de peso.

En casos graves en los que destruye las células epiteliales, puede hacer que los intestinos no absorban adecuadamente los nutrientes, cosa que sí tiene consecuencias graves para la salud.

El tratamiento consiste en la administración de de tinidazol o metronidazol, los cuales matan a este protozoo con bastante eficacia. El problema es que en los países subdesarrollados, las reinfecciones son constantes.

3. “Cryptosporidium parvum”: criptosporidiosis

“Cryptosporidium parvum” es también un protozoo que coloniza el tracto digestivo y que se transmite por la vía fecal oral, ya sea entre personas, persona-animal o por ingestión de agua o alimentos contaminados.

Cuando el protozoo consigue llegar a los intestinos, nos provoca criptosporidiosis, una enfermedad que cursa con la siguiente sintomatología: falta de oxígeno en sangre (hipoxia), diarrea acuosa, pérdida de peso, vómitos, calambres abdominales, flatulencias… Por regla general no es una enfermedad grave, aunque si la persona está inmunodeprimida, pueden observarse diarreas muy graves que sí que pueden suponer un peligro para la salud.

Afortunadamente, la enfermedad se suele superar por sí sola. Esto es de gran importancia ya que no hay tratamiento efectivo para eliminar el parásito. De todos modos, es importante compensar las pérdidas de electrolitos con una correcta hidratación y se recomienda la administración de nitazoxanida, un medicamento que, pese a que no cure la enfermedad, controla su sintomatología.

4. “Plamodium”: malaria

“Plasmodium” es un protista (organismo unicelular más complejo que los protozoos pero que no puede considerarse todavía un animal) que se transmite a los humanos a través de la picadura de un mosquito.

Es responsable de la malaria, una de las enfermedades infecciosas que más muertes causan en el mundo. Se estima que cada año este parásito infecta a unas 300-500 millones de personas, provocando cerca de 1 millón de muertes, casi de forma exclusiva en el continente africano.

Cuando el mosquito que alberga el parásito en su interior pica a una persona, lo libera en el torrente sanguíneo. Una vez ahí, “Plasmodium” infecta a los glóbulos rojos, momento en el cual se desarrolla la enfermedad de la malaria.

Se trata de una enfermedad muy grave que cursa con la siguiente sintomatología: anemia (por la falta de glóbulos rojos sanos en la sangre), heces con sangre, fiebre alta, sudoración, escalofríos, dolor muscular, ictericia (la piel adquiere una tonalidad amarillenta), dolor de cabeza, náuseas, vómitos, convulsiones, etc.

Si la enfermedad no es tratada, avanza hasta provocar complicaciones mucho más graves (insuficiencia renal, respiratoria y hepática) que conducen al coma y, en última instancia, a la muerte.

Por lo tanto, la malaria es una emergencia médica que requiere hospitalización. El tratamiento consiste en la administración de cloroquina, un fármaco que mata al parásito. Sin embargo, “Plasmodium” se ha vuelto resistente a este medicamento, por lo que puede ser necesaria aplicar otros tratamientos con combinaciones de distintos químicos.

Este tratamiento es efectivo si se administra antes de las fases más avanzadas de la enfermedad. El problema es que muchos países de África no tienen acceso a estos tratamientos pese a ser los lugares donde la incidencia de esta parasitosis es mayor.

5. “Enterobius vermicularis”: oxiuriasis

“Enterobius vermicularis” es un helminto (similar a un gusano) responsable de la parasitosis más común en niños en edad escolar.

Los niños ingieren los huevos al llevarse a la boca objetos contaminados con estos, especialmente si juegan en parques o otras zonas al aire libre. Cuando llegan a los intestinos, provocan la enfermedad que recibe el nombre de oxiuriasis.

La sintomatología no es grave y consiste en: irritación anal (especialmente por la noche), alteraciones de sueño e irritabilidad. No suele comportar problemas intestinales, aunque algunos niños pueden sufrir algunas fases de leve dolor abdominal.

El tratamiento consiste en la administración de una única dosis de albendazol o mebendazol, dos medicamentos que eliminan el helminto de forma efectiva.

6. “Pediculus humanus”: pediculosis

Cerramos la lista con un parásito muy común y es el primero que mencionamos que no infecta el interior de nuestro cuerpo, sino su superficie. “Pediculus humanus” es un insecto hematófago, es decir, que se alimenta de nuestra sangre. Se transmite por contacto directo y es altamente contagioso.

Es tan contagioso y tan común que la práctica totalidad de la población humana ha sido infectada por este parásito al menos una vez en su vida. Estamos hablando de los piojos.

Los piojos son unos parásitos que llegan a los humanos cuando los huevos o las liendres se depositan en su pelo. Cuando se convierten en adultos, estos empiezan a alimentarse de sangre, provocándonos una enfermedad que recibe el nombre de pediculosis.

La sintomatología principal de la presencia de piojos en el pelo es la irritación, pues la saliva del parásito produce molestias cutáneas. Con el rascado, incrementamos el problema, pues se acaban formando úlceras fácilmente infectables por otros patógenos. Si los piojos colonizan la zona púbica, provocan un intenso picor.

El tratamiento consiste en la combinación de terapias mecánicas y químicas. Las liendres deben ser eliminadas mediante un peine especial para después aplicar un tratamiento a base de un pediculicida tópico, que suele ser permetrina, malatión o lindano.

Referencias bibliográficas

  • Olalla Herbosa, R., Tercero Gutiérrez, M.J. (2011) “Parasitosis comunes internas y externas. Consejos desde la oficina de farmacia”. Elsevier.
  • Balbuena, J.A., Raga, J.A. (2009) “Parasites”. Handbook of Seafood and Seafood Products Analysis.
  • Ayoubi, S., Mirtajani, S.B., Zahiri, R. et al. (2017) “A Simple Overview of Common Parasitic Diseases: Which Parasitic Disease is more Dangerous?”. Journal of Microbiology & Experimentation.
Pol Bertran Prieto

Pol Bertran Prieto

Microbiólogo y divulgador

Pol Bertran (Barcelona, 1996) es Graduado en Microbiología por la Universidad Autónoma de Barcelona. Máster en Comunicación Especializada con mención en Comunicación Científica por la Universidad de Barcelona. Apasionado por la divulgación de la salud y la medicina y aficionado del deporte y el cine.