Las 10 enfermedades hepáticas más comunes (causas, síntomas y tratamiento)

Las enfermedades hepáticas son aquellas patologías en las que la funcionalidad del hígado se ve comprometida, algo que puede acarrear graves problemas de salud.
Enfermedades hepáticas

Hepatitis, cirrosis, cáncer, hemocromatosis… El hígado es susceptible de padecer distintas patologías que pueden comprometer su funcionalidad, algo que, debido a su importancia, puede acarrear complicaciones graves para la salud general.

El hígado es el órgano más grande del cuerpo. Es uno de los órganos vitales y se encarga de ayudar a la digestión de alimentos, almacenar sustancias esenciales y eliminar toxinas. De todos modos, como cualquier otra estructura de nuestro organismo, puede dañarse y enfermar.

Por distintas causas, desde excesos con el alcohol hasta factores genéticos, pasando por infecciones y alteraciones metabólicas, el hígado puede perder de forma más o menos gradual se funcionalidad. En el momento en que esta pérdida de sus capacidades se manifiesta con síntomas, hablamos de enfermedad hepática.

Conocer los desencadenantes y los síntomas de estas enfermedades frecuentes del hígado es de vital importancia para trabajar en disminuir su incidencia. Y esto es lo que haremos en el artículo de hoy.

¿Qué estudia la hepatología?

La hepatología es una subespecialidad de la disciplina médica de la gastroenterología que está enfocada al estudio del hígado y sus enfermedades. Además, también se centra en las vesículas biliares y el páncreas.

Por lo tanto, el hepatólogo es el médico especializado en una rama muy concreta del estudio del aparato digestivo, pues se centra en el estudio del hígado, un órgano vital de gran tamaño localizado en la zona inferior a los pulmones y que cumple con muchas funciones.

El hígado está formado por un tipo de células muy especializadas: los hepatocitos. Estas células producen bilis, que es una sustancia que ayuda al proceso de la digestión, almacenan (y liberan, cuando es necesario) glucosa, se encargan de la depuración de fármacos, alcohol y otras sustancias nocivas presentes en la sangre, regulan la coagulación sanguínea, contribuyen al metabolismo de todos los nutrientes, etc.

Por lo tanto, tener un hígado sano es de vital importancia para mantener un buen estado de salud general. Por ello, las enfermedades hepáticas que veremos a continuación pueden derivar en complicaciones graves.

¿Cuáles son las enfermedades del hígado más frecuentes?

A continuación analizaremos las principales enfermedades del hígado, presentando tanto sus causas como sus síntomas, así como los tratamientos asociados.

1. Hepatitis vírica

Por hepatitis vírica entendemos cualquier inflamación del hígado a causa de una colonización de este por parte de alguno de los virus responsable de la hepatitis. A, B, C, D y E. Las causas dependen del virus, aunque incluyen transmisión feco oral (consumo de alimentos contaminados con heces de personas enfermas) o contacto con sangre o fluidos corporales.

La gravedad también depende del virus causante, aunque generalmente los síntomas consisten en dolor abdominal, ictericia (color amarillento de la piel), fatiga, náuseas y vómitos, orina de color oscuro, dolor en las articulaciones, malestar en la zona abdominal, pérdida de apetito, picazón intensa en la piel…

Normalmente la hepatitis vírica suele resolverse sin mayores complicaciones después de unas semanas sin necesidad de tratamiento, aunque en el caso de la hepatitis B, los afectados necesitarán tratamiento de por vida. De todos modos, los casos más graves de hepatitis vírica pueden requerir de un trasplante de hígado.

2. Cáncer de hígado

Con sus 840.000 nuevos casos diagnosticados cada año, el de hígado es el séptimo cáncer más común del mundo. Consiste en la formación de un tumor maligno en los hepatocitos y se sabe que un factor de riesgo muy importante es haber sufrido en el pasado una hepatitis vírica, aunque también aparece en personas que no habían presentado nunca patologías hepáticas, en cuyo caso las causas no están demasiado claras.

El consumo excesivo de alcohol, los antecedentes familiares y padecer diabetes son otros de los factores de riesgo más frecuentes. El cáncer de hígado no da síntomas hasta que la afectación hepática es grande, momento en el que se observa ictericia, pérdida de peso, heces blanquecinas, dolor abdominal, vómitos, debilidad y fatiga, pérdida de apetito, etc.

El tratamiento consistirá en, dependiendo de la naturaleza del cáncer y del estado se salud de la persona, cirugía, quimioterapia, radioterapia o una combinación de varios. Aunque muchas veces es necesario realizar un trasplante de hígado, que, con sus 130.000 euros de coste y las más de 12 horas requeridas para llevarlo a cabo, es uno de los procedimientos más caros del mundo de la cirugía.

3. Cirrosis

La cirrosis es una enfermedad crónica que aparece cuando, a causa de los excesos con el alcohol o de haber sufrido una hepatitis, en el hígado hay demasiado tejido cicatrizado. Estas cicatrizaciones aparecen cuando el hígado intenta recuperarse de las lesiones y, si se acumulan, pueden acabar dificultando que este órgano cumpla con sus funciones.

Esta situación cursa con los mismos síntomas que los anteriores trastornos y el daño es irreversible, aunque si se detecta en las primeras fases, se pueden tomar medidas (cambio de estilo de vida o tratamientos farmacológicos) que ralentizan el progreso de la enfermedad para no tener que recurrir a un trasplante de hígado.

4. Enfermedad por hígado graso

Como su propio nombre indica, esta patología hepática consiste en una acumulación de grasa en el hígado, una situación que, igual que sucedía con la cirrosis, dificulta el normal desempeño de este órgano. Su causa más frecuente es el consumo excesivo de alcohol, aunque también hay otros desencadenantes.

La obesidad, la diabetes, la hipertensión, pérdidas de peso muy rápidas, infecciones hepáticas, trastornos metabólicos, niveles de colesterol alto… Todas estas situaciones pueden provocar que el hígado acumule más grasa de la que debería. Y es más común de lo que parece. De hecho, se estima que hasta el 25% de la población sufre este problema de forma más o menos grave.

De todos modos, en la inmensa mayoría de casos la afectación es tan pequeña que no hay síntomas. Estos aparecen en los casos más serios, en los que, si los cambios en el estilo de vida no funcionan, quizás es necesario pasar por tratamientos médicos y, en caso de que el daño al hígado sea máximo, someterse a un trasplante.

5. Hemocromatosis

La hemocromatosis es una enfermedad de origen genético y hereditaria en la que el afectado absorbe más hierro del que el cuerpo necesita. Esto hace que haya un exceso de este mineral, el cual, para evitar que circule libremente por la sangre, se acumula, además de en el corazón y el páncreas, en el hígado.

Este exceso de hierro en el hígado compromete su funcionalidad y, a medida que la acumulación progresa, es posible que surja insuficiencia hepática, una condición clínica irreversible que solo se puede solucionar realizando un trasplante de hígado. Para evitar esta situación, los afectados deben someterse a extracciones periódicas de sangre para restablecer los niveles de hierro, además de vigilar la alimentación.

6. Enfermedad de Wilson

La enfermedad de Wilson consiste en lo mismo que la hemocromatosis, pero en lugar de absorber demasiado hierro, el cuerpo tiene un exceso de cobre. Sigue siendo una enfermedad de origen genético heredable.

El cobre se acumula, además de en el corazón, el cerebro, los riñones y los ojos, en el hígado. Y esta sustancia provoca cicatrizaciones el tejido hepático, por lo que si no se toman fármacos que fijan el cobre para eliminarlo durante la micción, pueden acumularse lesiones que terminan requiriendo de un trasplante de hígado.

7. Colangitis esclerosante primaria

La colangitis esclerosante primaria es una patología que consiste en una inflamación de los conductos biliares, los “tubos” que conducen la bilis desde el hígado hasta el intestino delgado. Esta inflamación provoca cicatrización de los conductos, lo que lleva a un estrechamiento y, consecuentemente, a daños graves en el hígado.

Se trata de una enfermedad de origen genético que aumenta el riesgo de sufrir infecciones hepáticas, insuficiencia hepática e incluso cáncer de hígado o de los conductos biliares. No existe cura para esta enfermedad, por lo que la única solución es el trasplante de hígado, aunque incluso así la patología puede volver a surgir.

8. Cáncer de las vías biliares

El cáncer de vías biliares, también conocido como colangiocarcinoma, es un tipo de cáncer que se desarrolla en los conductos biliares, los “tubos” que conducen la bilis, un líquido digestivo, desde el hígado hasta el intestino delgado. No es uno de los cánceres más comunes, pero las personas con colangitis esclerosante primaria, que tengan problemas en las vías biliares o que sufran una enfermedad hepática crónica tienen un riesgo mayor de padecerlo.

El problema es que se trata de un tumor maligno muy difícil de tratar, por lo que incluso detectándolo en etapas iniciales, es complicado que las terapias oncológicas sean efectivas. Es posible que sea necesario realizar un trasplante de hígado

9. Síndrome de Reye

El síndrome de Reye es una patología que aparece siempre después de una infección vírica, como por ejemplo la varicela, y que consiste en una inflamación del cerebro y del hígado. Afecta especialmente a niños y jóvenes y, aunque no es demasiado frecuente, sí que es grave.

Las convulsiones, la pérdida de memoria, la confusión, los vómitos, la ictericia, etc, son señales de que hay que solicitar atención médica inmediata, pues debido al daño cerebral y a la pérdida de funcionalidad hepática, el síndrome de Reye puede resultar mortal en pocos días.

10. Hepatitis autoinmunitaria

Como su propio nombre indica, este trastorno consiste en una inflamación del hígado, aunque en este caso el motivo no está en una infección vírica, sino que es nuestro propio cuerpo el que, por error, ataca a los hepatocitos.

Debido a un trastorno genético, el sistema inmune se desregula y las células inmunitarias reconocen a los hepatocitos como “amenazas”, por lo que los atacan como si de un patógeno se tratara. Debido a este ataque autoinmune, el hígado se inflama y surge una sintomatología igual a la de la hepatitis vírica.

En este caso no hay cura, pues el origen de la enfermedad está en los genes, aunque los medicamentos inmunosupresores y los fármacos antiinflamatorios pueden reducir el daño hepático. De todos modos, en los casos más graves quizás sea necesario recurrir a un trasplante de hígado.

Referencias bibliográficas

  • García Pagán, J.C., Calleja, J.L., Bañares, R. (2006) “Enfermedades hepáticas”. Gastroenterol hepatol, 29(3).
  • Cainelli, F. (2012) “Liver diseases in developing countries”. World Journal of Hepatology, 4(3).
  • Digestive Disease Institute. (2008) “Understanding Liver Disease”. The Cleveland Clinic Foundation
Pol Bertran Prieto

Pol Bertran Prieto

Microbiólogo y divulgador

Pol Bertran (Barcelona, 1996) es Graduado en Microbiología por la Universidad Autónoma de Barcelona. Máster en Comunicación Especializada con mención en Comunicación Científica por la Universidad de Barcelona. Apasionado por la divulgación de la salud y la medicina y aficionado del deporte y el cine.