Los 4 lóbulos del cerebro (anatomía y funciones)

Vamos a conocer las particularidades de cada lóbulo cerebral, y sus funciones.
Lóbulos del cerebro

Algunos siglos atrás el cerebro se consideraba un órgano insignificante, una masa gelatinosa sin otro propósito que rellenar el cráneo. Hoy, en cambio, se trata del eje biológico de todo cuanto nos hace humanos.

El cerebro es un órgano muy complejo, que alberga lo que nos distingue del resto de los mamíferos que habitan el reino animal. Tanto para bien como para mal.

En este artículo detallaremos los lóbulos que forman el cerebro de nuestra especie, tanto a nivel anatómico como funcional. Conocerlos es un viaje apasionante a los cimientos del pensamiento, la conducta y la emoción.

El cerebro: una visión general

Nuestro cerebro es un órgano de grandes proporciones (entre 1300 y 1500 gramos), en relación al volumen de masa promedio de un individuo estándar de la especie.

Tal ecuación, que contempla los pesos relativos del sistema nervioso respecto al resto de los tejidos que conforman el organismo en su totalidad, es la fórmula más utilizada para inferir el potencial intelectual de un ser vivo. Así, el ser humano es el que cuenta con el índice más alto de entre todos los mamíferos.

Nuestro cerebro se encuentra dividido en dos grandes estructuras cuya anatomía tiene una simetría natural, y que son conocidas como hemisferios. No obstante, ambos permanecen unidos mediante un haz de fibras denominado cuerpo calloso, el cual permite el intercambio de información interhemisférica. La totalidad del órgano se ubica en el interior de la bóveda craneal, saliendo de ella a través del foramen magnum y conformando la médula espinal.

El desarrollo embrionario del cerebro permite clasificarlo en cinco grandes partes (las cuales se repliegan sobre sí mismas como "capas"): el telencéfalo (ubicada en la parte más alejada de la médula), el diencéfalo (que participa en la regulación neuroendocrina), el mesencéfalo (región superior del tronco encefálico), el metencéfalo (conformado por el cerebelo y el pons varolii) y el mielencéfalo (que acaba dando forma al bulbo raquídeo).

A nivel general, el cerebro está cubierto de sustancia gris en su corteza (lo que lo dota de su color grisáceo característico), que presenta una apariencia irregular por sus giros y surcos (que sirven como referencia topográfica para ubicar distintas estructuras). El interior está formado por sustancia blanca, como resultado de la densa red de conexiones sinápticas que se extiende bajo su superficie.

Cada uno de los hemisferios cerebrales está formado por lóbulos, grandes estructuras anatómica y funcionalmente conectadas (a un nivel subcortical), pero separadas visualmente por surcos que se extienden a lo largo de la corteza. Estos son el frontal, el temporal, el parietal y el occipital; que procederemos a describir.

Los lóbulos del cerebro

Los cuatro lóbulos cerebrales se encuentran en ambos hemisferios, izquierdo y derecho, siendo un ejemplo de la simetría que gobierna la disposición general del sistema nervioso central. Se ha escrito muchísimo sobre todos ellos, especialmente en lo referente a las funciones que se les atribuye, aunque lo cierto es que resulta difícil determinar este extremo con precisión.

En esta sección detallaremos cada uno de los lóbulos del cerebro, su ubicación anatómica y las funciones que (en términos generales) realizan.

1. Lóbulo frontal

El lóbulo frontal se extiende desde la parte anterior del parénquima cerebral hasta uno de sus surcos más importantes: el surco central (o cisura de Rolando), que además sirve como línea divisoria entre el cerebro “pensante” y el “sintiente”.

Se trata de una de las estructuras más extensas, pues ocupa aproximadamente un tercio del total de la superficie cerebral. Contiene una serie de accidentes topográficos con funciones diferenciadas.

Uno de las más relevantes en este lóbulo es el giro precentral, un área motora primaria necesaria para iniciar los movimientos voluntarios o deliberados, en colaboración directa con otras zonas del sistema nervioso central (sobre todo el tronco cerebral y la médula espinal). Contribuye a la movilidad del rostro, necesaria no solo para la articulación de fonemas, sino para la adopción de un lenguaje no verbal que contribuya a la comunicación interpersonal.

En lo relativo al lenguaje, la tercera circunvolución de este lóbulo (en el hemisferio dominante) contiene el área de Broca, la cual es necesaria para la producción de contenidos verbales. Su lesión produce un enlentecimiento del discurso y una forma de Afasia que compromete la construcción de estructuras gramaticales complejas y limita las capacidades de expresión.

En la parte inferior, este lóbulo contiene el surco olfatorio (fosa etmoidal), en el cual se ubica el bulbo y tracto olfativos (necesarios para la percepción de estímulos en esta modalidad sensorial). Otra estructura relevante, esta vez ubicada en la parte medial, sería el giro cingulado. Este se encuentra implicado en la función de la región límbica y es determinante para diversos procesos de naturaleza emocional, conductual y cognitiva (sobre todo en la memoria y el aprendizaje).

Otras funciones importantes dependientes de esta zona serían el autocontrol y la inhibición de los impulsos. Así, este lóbulo contiene una serie de estructuras necesarias para la preservación de las funciones ejecutivas; entre las que destacan la atención (unión inferior frontal), la solución de problemas (corteza orbitofrontal), la flexibilidad mental (ganglios basales y corteza cingulada anterior) y la planificación del futuro (región frontolateral).

Lóbulo frontal

2. Lóbulo parietal

Este lóbulo se encuentra en una posición privilegiada del cerebro, pues se ubica tras el frontal (separado por el surco central) y por delante del occipital, así como encima del temporal.

Contiene el giro postcentral, donde se encuentra la corteza primaria somatosensorial, la cual procesa sensaciones físicas muy diversas: temperatura, tacto, posición del cuerpo en el espacio y experiencia de dolor; reaccionando a una gran variedad de receptores específicos para cada una de ellas.

Otras regiones importantes de este lóbulo son el giro supramarginal (que integra las sensaciones procedentes de los distintos órganos de los sentidos, sobre todo a nivel visual y auditivo) y el angular (relacionado con la capacidad visuoespacial y la producción del lenguaje verbal, así como el razonamiento matemático). Se trata, por lo tanto, de un cúmulo de estructuras que se relacionan con la integración central de la experiencia y con determinadas dimensiones cognitivas.

En la parte medial, por último, se ubica el lóbulo paracentral posterior y el precúneo. El primero de ellos se encarga de las aferencias y eferencias que se extienden a las extremidades inferiores, así como del control de los esfínteres urinarios y anales (de modo que su lesión puede comprometer todas estas áreas). El segundo, por su parte, coordina importantes procesos cognitivos (sobre todo la memoria episódica) y contribuye asimismo a la autorreflexión y la conciencia del individuo en su relación con el entorno.

Lóbulo parietal

3. Lóbulo temporal

Este lóbulo se encuentra separado de los lóbulos frontal y parietal por otro de los grandes surcos del cerebro: la cisura lateral.

Esta región destaca por la presencia de los giros temporales (superior, medio e inferior). En este punto se encuentra el área de Heschl, también conocida como corteza auditiva primaria (la cual permite que se pueda procesar la experiencia sonora, a través de sus conexiones con el tálamo y el núcleo geniculado lateral).

En este mismo sentido, el lóbulo temporal incluye el área de Wernicke (hemisferio izquierdo en el 90% de las personas diestras y en el 70% de las zurdas). Esta, junto al área de Broca, constituye el eje a partir del cual es posible procesar y producir el lenguaje. Esta zona se relaciona con su recepción y comprensión, por lo que una lesión en la misma produce una afasia de tipo fluente (alteración en la comprensión de palabras habladas y escritas).

Lóbulo temporal

4. Lóbulo occipital

Este lóbulo se extiende desde la región posterior de nuestro cerebro hasta el surco parietooccipital, el cual sirve como línea divisoria entre este y los lóbulos parietal y occipital.

Contiene los giros occipitales superior e inferior, los cuales se encuentran divididos por una cisura transversal conocida como el surco occipital lateral. Esta región es básica para el procesamiento de la visión, y cuenta con zonas específicas para cada una de sus propiedades sensitivas (movimiento, color, etc.).

La parte medial contiene el cúneo y el giro lingual, divididos por un surco que ha recibido el nombre de cisura calcarina. El primero de ellos se encarga de procesar el estímulo visual procedente del segmento superior de la retina contralateral (en el hemisferio izquierdo se recibiría la información del ojo derecho y viceversa), lo que se correspondería con la información inferior del campo de visión (pues en la retina las imágenes se proyectan invertidas y es el cerebro el que “les da la vuelta”).

El giro lingual, por su parte, ha sido objeto de múltiples investigaciones que lo han señalado como una estructura encargada del procesamiento cromático, pero también de la capacidad para imaginar y desarrollar un pensamiento creativo. Contribuye a tareas de almacenamiento mnésico en la modalidad visual.

Por último, se encuentra la corteza estriada y las áreas extraestriadas, que serían las regiones V encargadas del procesamiento visual. La corteza estriada contendría la V1 (percepción de objetos estáticos y móviles, especializada en el reconocimiento de patrones); y las áreas extraestriadas incluirían la V2 (curvas y ángulos), V3 (formas), V4 (color) y V5 (movimiento complejo).

Lóbulo occipital

¿Existen otros lóbulos en el cerebro?

Además de los cuatro citados, que constituyen los lóbulos clásicos, existen estudioautores que también contemplan dos adicionales: la ínsula y el lóbulo límbico. La primera de ellas no resulta visible a priori, y requierepues requiere del desplazamiento de opérculo cerebral, el cual muestra una extensa superficie de tejido oculta tras el surco lateral (o cisura de Silvio).

Se relaciona con el procesamiento de la experiencia emocional, a través del cotejamiento de las sensaciones corporales y sus representaciones afectivas.

Por último, el lóbulo límbico contendría estructuras ubicadas a nivel subcortical; como el hipocampo, el tálamo, la amígdala, el hipotálamo o el septum. En estas estructuras descansarían los instintos de todo ser humano, al ser una región sobre la que se proyectan aprendizajes innatos (de naturaleza filogenética).

El hambre, el miedo y la ira; junto a la búsqueda de la reproducción sexual y la regulación de procesos fisiológicos necesarios para la vida, dependerían de esta parte del cerebro.

Referencias bibliográficas

  • Batista-García-Ramó, K. y Fernández-Verdecia, C.I. (2018). What We Know About the Brain Structure–Function Relationship. Behavioral Sciences, 8(4), 39-41.
  • Ludwig, P. (2019). Neuroanatomy. Central Nervous System. StatPerls Publishing: Treasure Island (Florida).
Joaquín Mateu-Mollá

Joaquín Mateu-Mollá

Doctor en Psicología

Joaquín Mateu-Mollá (Valencia, 1985) es Psicólogo General Sanitario y Doctor en Psicología Clínica por la Universidad de Valencia. Además, cuenta con un postgrado oficial en Psicopatología. Es divulgador científico en revistas digitales del ámbito de la medicina, la ciencia y la salud, como Psicología y Mente, MedSalud y MédicoPlus.