Las 5 principales pruebas de diagnóstico por imagen (y para qué sirven)

Las pruebas de diagnóstico por imagen son técnicas que sirven para obtener imágenes de las estructuras internas del cuerpo. Un repaso de las características y funciones de las más importantes a nivel clínico.

Pruebas diagnóstico por imagen

En el mundo de la Medicina, uno de los conceptos más importantes es el de diagnóstico clínico, que son todos aquellos procedimientos a través del cual se identifican enfermedades, trastornos, patologías o síndromes en un paciente que presenta síntomas de padecer dichas condiciones. Es el paso previo e indispensable antes de iniciar el tratamiento en sí.

Ahora bien, este diagnóstico, si bien hay veces que puede realizarse a través de una inspección externa del organismo viendo los signos clínicos que presenta la persona o realizando análisis de la sangre o de otros líquidos corporales, hay muchas otras ocasiones donde esto no es viable y hay que recurrir a las famosas pruebas de diagnóstico por imagen.

Entendemos por prueba de diagnóstico por imagen todas aquellas técnicas que, basándose en distintas tecnologías, permiten obtener imágenes de las estructuras internas del cuerpo, haciendo posible así conseguir información acerca del estado de órganos y tejidos internos sin necesidad de realizar intervenciones quirúrgicas para acceder a ellos.

Pero, ¿qué clases de pruebas de diagnóstico por imagen existen? ¿Cómo funciona cada una? ¿Qué riesgos tienen? ¿Para qué se utilizan? Si quieres encontrar la respuesta a estas y otras muchas preguntas, estás en el lugar adecuado. Y es que en el artículo de hoy, de la mano de, como siempre, las más prestigiosas publicaciones científicas, vamos a explorar la información más importante de las principales pruebas de diagnóstico por imagen: radiografía, resonancia magnética, TAC, ecografía y gammagrafía.

¿Qué clases de pruebas de diagnóstico por imagen existen y para qué sirven?

Como venimos diciendo, las pruebas de diagnóstico por imagen son todas aquellas técnicas que permiten obtener imágenes de los órganos y tejidos internos del organismo para así detectar la presencia (o no presencia) de distintas enfermedades en pacientes que presentan indicios de padecer un trastorno en alguna de sus estructuras internas.

Ahora bien, más allá de esta definición general, cada una de las pruebas de diagnóstico por imagen que existen tiene unas características y funciones específicas. Las tecnologías, a pesar del nexo en común detallado en la definición que hemos dado, son muy distintas. Por ello, vamos a analizar las particularidades de todos los tipos diferentes de técnicas de diagnóstico por imagen.

1. Radiografía

Una radiografía es una prueba de diagnóstico por imagen en la que dichas imágenes se obtienen exponiendo al paciente a una fuente de radiación de alta energía, generalmente rayos X. La imagen obtenida está en dos dimensiones y solo requiere de que la persona sitúe la parte del cuerpo a analizar sobre una placa de revelado.

Se trata de una técnica rápida e indolora que se utiliza para obtener imágenes de, en especial, los huesos. Los haces de rayos X pasan a través del organismo y se absorben en distintas cantidades en función de la densidad del material que están atravesando. Así pues, los materiales menos densos como el aire de los pulmones aparece de color negro; los relativamente densos como los músculos o la grasa corporal, de color grisáceo; y los más densos, como los huesos y los dientes (o los metales, si tiene alguno), de color blanco.

Su principal y más conocida función es la de diagnosticar fracturas óseas, es decir, huesos rotos. Pero en su papel a la hora de obtener imágenes de huesos y dientes, desarrolla más funciones: detectar infecciones óseas o dentales, diagnosticar artritis, determinar la densidad ósea (para revelar la posible existencia de osteoporosis) y detectar la existencia de tumores óseos.

Al mismo tiempo, también se pueden aplicar radiografías para obtener imágenes no de los huesos, sino de otros órganos del cuerpo (aunque para esto son mejores otras técnicas que veremos), para así diagnosticar infecciones pulmonares, insuficiencia cardíaca congestiva, cáncer de mama, obstrucción de vasos sanguíneos, ingestión de objetos no digeribles y problemas en el sistema digestivo.

En las dosis y tiempos de exposición a los haces de rayos X, las radiografías son absolutamente seguras y, más allá de que a veces pueden haber reacciones alérgicas (casi siempre leves) ante el uso del contraste (un tinte que se inyecta en la sangre para obtener imágenes de mayor calidad), no hay ningún riesgo para la salud. Eso sí, están contraindicadas en mujeres embarazadas, en personas con antecedentes de alergia al medio de contraste y en niños, pero más que nada porque es difícil que se estén quietos.

Radiografía

2. Resonancia magnética

La resonancia magnética es una prueba de diagnóstico por imagen en la que se utilizan imanes y ondas de radio para obtener imágenes de los tejidos blandos del cuerpo. Es una técnica fundamentada en las propiedades del magnetismo para revelar la estructura y composición interna del sujeto. Se usa un gran imán y ondas de radio que inciden sobre la persona.

En este sentido, se trata de un escaneo en el que la persona se tumba en una mesa que se desliza hacia el interior del aparato, el cual tiene forma de túnel. Una vez dentro, el campo magnético realinea las moléculas de agua de tu cuerpo y las ondas de radio hacen que los átomos produzcan unas señales muy débiles que permiten generar unas imágenes transversales que se pueden reconstruir para obtener una imagen en tres dimensiones.

Las resonancias magnéticas duran entre 15 y 60 minutos y se utilizan para detectar patologías en los órganos y tejidos blandos del cuerpo, un aspecto en el que no funcionan tan bien otras técnicas de diagnóstico. Así pues, permiten la detección de patologías en la zona cervical, problemas en los intestinos, rupturas de ligamentos, trastornos musculares, lesiones en el cerebro, daños en el corazón, problemas en los vasos sanguíneos, trastornos en los ojos, aneurismas, tumores, enfermedades hepáticas, alteraciones en los ovarios, etc.

Más allá de la incomodidad de permanecer quieto dentro del tubo durante el tiempo que dure la prueba (algo complicado especialmente para las personas con claustrofobia), de que hay problemas si el paciente tiene algo de metal en el cuerpo (no olvidemos que la máquina es un gran imán) y del mismo problema que hemos comentado del contraste, es una prueba que no tiene ningún riesgo. En la resonancia magnética, simplemente se recogen las señales de ondas de radio para traducirlas en imágenes.

Resonancia magnética imagen

3. TAC

La Tomografía Axial Computarizada, más conocida como TAC, es una prueba de diagnóstico por imagen en la que se utiliza un equipo de rayos X que consiste en una máquina similar a la de resonancia. Un tubo de rayos X va rotando alrededor del paciente, sacando contínuamente imágenes por el mismo principio que la radiografía pero permitiendo obtener imágenes en 3D y de forma más rápida que la resonancia.

Y es que las imágenes obtenidas (en la radiografía solo hacíamos una “fotografía”) son superpuestas para tener así una imagen tridimensional que nos permite observar huesos, tumores, hemorragias infecciones profundas, coágulos de sangre, signos de enfermedad del corazón, afecciones de la médula espinal, etc. Está, en lo que a detección se refiere, a medio camino entre una resonancia y una radiografía.

No requiere que la persona esté inmóvil mucho tiempo, pues una de sus principales ventajas es la velocidad con la que se toman las imágenes y se reconstruyen, además de la precisión, calidad y detalles de las mismas. Además, no pasa nada si el paciente tiene un implante (algo que sí es un problema en la resonancia). Y aunque la exposición a rayos X sea mayor y más prolongada que en una radiografía, el TAC sigue siendo seguro para la salud.

TAC

4. Ecografía

La ecografía es una prueba de diagnóstico por imagen en la que se utilizan ondas de sonido de alta frecuencia para producir imágenes de los órganos internos. Estas ondas, cuando se envían a través de un instrumento llamado transductor, rebotan cuando alcanzan estas estructuras internas, algo que permite una reconstrucción visual del interior del cuerpo.

También conocida como sonograma, es una técnica de diagnóstico basada en el ultrasonido para obtener imágenes en dos o tres dimensiones. Por tanto, a diferencia de la radiografía, no estamos empleando radiación. Además, permite obtener imágenes a tiempo real, pudiendo ver el corazón latiendo, la sangre fluyendo o, en caso de embarazo, el feto.

Y es que hay dos categorías principales de ecografía: aquella asociada al embarazo (para tener información sobre la salud, desarrollo, crecimiento y sexo del bebé) y aquella asociada al diagnóstico clínico, obteniendo información sobre el estado de órganos internos como los vasos sanguíneos, el corazón, la vejiga, los riñones, los órganos reproductores o el hígado, viendo alteraciones y posibles enfermedades en los mismos. Además, las ecografías son perfectamente seguras para la salud, sin riesgos conocidos.

Ecografía

5. Gammagrafía

La gammagrafía o escanografía nuclear es una prueba de diagnóstico por imagen en la que se utiliza material radiactivo para, a través de una cámara especial, observar el funcionamiento de las estructuras internas del cuerpo. El paciente recibe, por inyección (lo más habitual), ingestión o inhalación una pequeña dosis de sustancia radiactiva y se acuesta inmóvil sobre una mesa mientras la cámara va tomando imágenes.

Esta sustancia es un radioisótopo que, en Medicina Nuclear, se conoce como trazador y que se distribuye por todo el organismo, siendo captado por los distintos órganos del cuerpo. La detección de las imágenes se hace gracias a una cámara que es capaz de detectar los rayos gamma (de ahí el nombre de la prueba) que este trazador está liberando.

Se trata de una técnica que se usa para diagnosticar cánceres óseos (o para ver si un tumor maligno ha diseminado a los huesos), hacer estudios sobre perfusión pulmonar, estimar la capacidad pulmonar de la persona, estudiar el bocio y las glándulas paratiroides y detectar problemas en la tiroides, así como trastornos metabólicos asociados.

El radiofármaco tarda aproximadamente una hora en distribuirse por el cuerpo y el posterior examen con toma de imágenes dura unos 30 minutos. Y aunque suele generar inquietud, lo cierto es que estos marcadores radiactivos producen muy poca exposición a la radiación. Es una prueba totalmente segura más allá del inevitable riesgo de que la persona sea alérgica al trazador, aunque en esos casos las reacciones suelen ser leves.

Gammagrafía
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